30 sept 2010

El fracaso del gobierno

Cuando se puso en marcha nuestra democracia, los españoles acabábamos de perder, más o menos, el pelo de la dehesa. Llevábamos algún tiempo, poco, de urbanización con una generación de españoles que había ido a la escuela pero muchos de cuyos padres lo habían hecho también, con una masa crítica de universitarios.










Desde luego era un buen comienzo, pero no hacía tanto tiempo que había existido la España de la necesidad, de los pueblos, clerical o anticlerical dos caras de la misma moneda, guerracivilista, con miedo etc. Claro, todo estaba siendo borrado por esas décadas de desarrollo económico y por unas perspectivas de mejora en otros planos como la libertad y la democracia.

















Sin embargo, desde muy pronto la educación se sustituyó por una formación básica para poder integrarse en el mundo laboral, paulatinamente la partitocracia eliminó a la democracia, el mensaje de los medios es único y mezclado de entretenimientos zafios y materialistas. Sí, es cierto que hay unas clases educadas pero existe una inmensa masa bajo mínimos, exclusivamente centrada en la supervivencia, indigente cultural y espiritual, y la situación se va a agudizar con la crisis económica.










La sociedad no ha continuado formándose en el manejo de la política como lo hacía en la transición y aunque esto ocurre desgraciadamente en todo Occidente, aquí se nota más porque ha empezado de un nivel más bajo. Superamos en ingenuidad política a nuestros vecinos y así se nos cuelan majaderos tipo Zapatero sólo aptos para alimentar la mafia partitocrática.

















Para colmo, a todo este cúmulo de desgracias se une una camarilla política empeñada en romper el consenso constitucional, 30 años después, con intención de reelaborar este país hasta 1931, aislando a la oposición, rompiendo el suelo de Rawls. La ley de memoria histórica, absurdo oxímoron que participa de ese plan, ni siquiera cumple su objetivo teórico de reivindicar a las víctimas del franquismo; todo lo que dice de manera rimbombante ya se ha hecho en el pasado y desde luego no anula los juicios del antiguo régimen.

















Por su parte, la izquierda mostraría una incapacidad congénita para comprender el valor de la cultura en la integración (o resistencia) de la población en la sociedad, en el análisis de ella y en el papel del pueblo en su construcción. Terminará arrodillándose ante el elitismo de las utopías políticas de los intelectuales o las manipulaciones de los nacionalismos, hasta su fin.


















Ahora, la cultura es política y la política se hace desde la cultura. Jamás en nuestra historia se había visto amenazada la existencia del pueblo y las instituciones, es decir de la nación española, como lo está por estos nuevos bárbaros.
















Si, en general, el progreso y bienestar de una sociedad requiere, entre otras cosas, un cierto grado de lealtad y colaboración entre todos los sectores; una reacción capaz de alterar el curso dramático de los acontecimientos, como es el caso, exige la existencia de una conciencia ciudadana.










Pero mal puede hablarse de ciudadanía, que implica un cierto nivel de responsabilidad, cualificación moral y valores que la fundamenten, cuando en buena proporción somos una población que carece de todo ello, en parte a causa de la manipulación y en parte debido a nuestra propia irresponsabilidad y abandono al hedonismo egoísta e indolente, emergido de un período de bonanza económica (sin mérito propio en ello), henchidos de nuevorriquismo y de este individualismo de masas que distorsiona todas las percepciones.









No somos víctimas inocentes sino más bien culpables de habernos convertido en una grey de población vacuna (pedazos de carne con ojos, de mirada obtusa) pasmarotes cobardes, grotescos, deformes, zafios y envilecidos a quienes se puede ofender, escupir e incluso ir matando impunemente.












La observación

Releía, el otro día, al gran científico y erudito Julio Caro Baroja, eminente etnógrafo y estudioso de la historia y costumbres de los españoles y otros pueblos del mundo. Baroja era aficionado a las teorías fisiognómicas del doctor Lombroso.

















Lombroso dijo que las causas de la criminalidad son de acuerdo a la forma, causas físicas y biológicas. Un aspecto particularmente difundido de la obra de Lombroso es la concepción del delito como resultado de tendencias innatas, de orden genético, observables en ciertos rasgos físicos o fisonómicos de los delincuentes habituales (asimetrías craneales, determinadas formas de mandíbula, orejas, arcos superciliares, etc.).







Sin embargo, en sus obras se mencionan también como factores criminógenos: el clima, la orografía, el grado de civilización, la densidad de población, la alimentación, el alcoholismo, la instrucción, la posición económica y hasta la religión (Lombroso, César. "El delito. Sus causas y remedios").

















Un rasgo llamativo en su obra es la crudeza con que expone algunas de sus conclusiones, que resulta aún más chocante a la luz de las ideas que predominan en la criminología luego del ocaso de la escuela positiva. Esta crudeza puede deberse a la tendencia positivista a despojar al discurso científico de toda otra consideración aparte de la mera descripción de la realidad, eludiendo juicios morales o sentimentales.



















Por ejemplo, refiriéndose a lo que él llama la "terapia del delito", dice:







"En realidad, para los criminales natos adultos no hay muchos remedios: es necesario o bien secuestrarlos para siempre, en los casos de los incorregibles, o suprimirlos, cuando su incorregibilidad los torna demasiado peligrosos" (Lombroso, Cesare. "Le più recenti scoperte ed applicazioni della psichiatria ed antropologia criminale", Ed. Fratelli Bocca, Torino 1893, Cap. XIV, pág. 314).

















Otro rasgo característico de la obra de Lombroso es la precariedad de su método científico. Frecuentemente, de la observación empírica, a veces sobre la población y relaciones de causalidad escasamente fundadas, por ejemplo de la comparación entre la temperatura anual media en las distintas provincias de Italia y el índice de homicidios en cada una de ellas, concluye Lombroso que el calor favorece este tipo de delitos (Lombroso, César. "El delito. Sus causas y remedios". Traducción de Bernaldo Quirós. Ed. Victoriano Suárez. Madrid, 1902, cap. III, págs. 43 a 52).








La posición según la cual los delitos son producto de estos diversos factores determinantes, lleva lógicamente a bregar por un código penal que los tenga previstos y ajuste las condenas a la existencia de esos mismos factores, dejando de lado las preocupaciones de la llamada dogmática penal.








La pena tiene como objetivo según Lombroso la defensa social, entendida como neutralización del peligro que para la sociedad representan ciertos individuos que no pueden dominar sus tendencias criminales. Al mismo tiempo, tiene el fin de intentar una readaptación en los casos en que fuera posible.







La concepción de Lombroso torna irrelevante el estudio de la imputabilidad del sujeto, puesto que –según se deriva lógicamente de sus postulados– todos los criminales son inimputables, y cuanto menor sea su responsabilidad, mayor es su peligrosidad.








Esta idea se opone agudamente a las concepciones más frecuentes entre abogados y juristas, a quienes Lombroso criticó, sosteniendo que pretendían aminorar la pena precisamente para los individuos más peligrosos (Lombroso, César. "El Delito; Sus Causas y Remedios". Traducción de Bernaldo Quirós. Ed. Victoriano Suárez. Madrid, 1902, cap. VIII, pág.490

















Una fisiognomía de correlación científica, según la cual hay una relativa correlación estadística entre rasgos físicos (particularmente faciales) y rasgos de carácter, debido a las preferencias físicas de la persona causadas por los correspondientes rasgos de carácter, de manera que la misma causa genética subyacente causaría tal correlación.








Este tipo de fisiognomía se basa en el determinismo genético del carácter. Aunque este tipo de fisiognomía también ha sido generalmente refutado, la idea ha vuelto a aparecer en variantes modernas, como la personología y la morfopsicología, sin fundamentación empírica.















La personología, otra pseudociencia, intenta explicar cierta asociación de los rasgos físicos con valores y hábitos culturales o subculturales. Es un hecho que la mayoría de los líderes comunistas en el mundo actual tienen ojos rasgados. Pero esto se debe al hecho de que dicho rasgo incidentalmente ocupa en gran parte el mismo espacio geográfico que las manifestaciones de regímenes comunistas existentes (Asia Oriental) y no al hecho de que los ojos rasgados sean la causa de ideologías comunistas.













El principal promotor de la fisiognomía en tiempos modernos fue el pastor suizo Johann Caspar Lavater (1741-1801), quien fuera por un corto período amigo de Goethe. Sus influyentes ensayos sobre la materia fueron publicados en alemán en el año 1772 y gozaron de gran popularidad, siendo traducidos al francés y al inglés.








Las principales fuentes de las cuales Lavater pretende extraer la “confirmación” de sus ideas son los escritos del italiano Giambattista della Porta (1535-1615) y del médico y filósofo inglés Sir Thomas Browne (1605-1682), cuya Religio Medici fue leída y alabada por Lavater. En esta obra Browne plantea la posibilidad de discernir cualidades internas a partir de la apariencia del rostro:
"existe ciertamente una Fisionomía,(...) pues hay ciertos caracteres en nuestros rostros que llevan en ellos el lema de nuestras almas, en los cuales incluso un analfabeto puede leer nuestras naturalezas”(R.M. parte 2:2)















La observación es una actividad realizada por un ser vivo (como un ser humano), que detecta y asimila la información de un hecho, o el registro de los datos utilizando los sentidos como instrumentos principales. El término también puede referirse a cualquier dato recogido durante esta actividad.















La observación en términos filosóficos es el proceso de filtrar información sensorial a través del proceso de pensamiento. La entrada es recibida o percibida por alguno de los sentidos: auditivo, vista, olfato, gusto, o tacto para después ser analizada ya sea a través del pensamiento racional o irracional. Por ejemplo: individuo X "ve" a un padre golpear a su hijo, entonces individuo X "observa" y califica tal acción como buena o mala.








Las deducciones acerca de que las conductas son buenas o malas pueden basarse solo en preferencias y no necesariamente en la construcción de relaciones, o estudios de las consecuencias derivadas de la conducta observada. Con el paso del tiempo las impresiones almacenadas en la conciencia relativas a las observaciones, junto con las consiguientes relaciones y consecuencias, permitirán al individuo X construir un concepto acerca de las implicaciones morales de un comportamiento.








La característica definitoria de la observación es que trata de extraer conclusiones, así como construir puntos de vista personales acerca de cómo manejar o calificar situaciones similares en el futuro, en lugar de simplemente registrar algo que ha sucedido. Sin embargo, según Jiddu Krishnamurti, la observación no implica la elaboración de conclusiones y la creación de puntos de vista personales. Haciendo hincapié en la no acumulación de conocimientos. Esta observación, afirma, permite que la mente sea libre.















Desde luego resulta un apasionante método de entrenamiento de la imaginación, observar personas y situaciones y recrear la realidad a través de explicaciones plausibles sobre el carácter de esas personas y las situaciones que viven.








Es un poco como el método científico que contrasta hipótesis con la realidad.

Educación religiosa

Lo religioso es hoy, más que nunca, un problema complejo. A esa condición de problematicidad han contribuido poderosos y múltiples factores. Entre ellos, el progreso científico-técnico. Éste ha ido arrinconando progresivamente a la fe hasta ponerla al borde del K.O. técnico. Para mucha gente, la religión era un recurso fácil, un Deus-ex-machina al que se apelaba ante la menor dificultad: ¿sequía? Los dioses se enfadan luego es precisa una procesión en desagravio; ¿eclipse? Ira de la divinidad: cilicio y tormento, disciplina y autocensura.






























La ciencia que, pese a la hostilidad ambiental, recuérdese el caso de Galileo, ha ido explicando estos y otros muchos hechos sin necesidad de apelar a Dios, se ha instalado ahora en el lugar vacante de un Dios-tapa-agujeros superado, y ha ceñido la corona y el manto como una nueva diosa.


















La ciencia provee, el hombre se abandona a su providencia; la ciencia explica, el hombre asiente. Muchos de nuestros contemporáneos creen que la ciencia es infalible, exacta, indiscutible, obra, en una palabra, de dioses. A una fe superficial en un diosecillo tapafallos humanos le ha sustituido, en un auténtico golpe de estado a trono vacante, otra diosecilla mimosa y de cuando en cuando generosa.









Por lo demás, la ciencia y la técnica han producido un notable aumento del nivel de vida, pese a las injusticias sociales, y han contribuido a alejar de este mundo las antiguas preocupaciones por la salvación ultraterrena.




















Si antaño era considerado este mundo como un valle de lágrimas que había de ser recompensado en el más allá, hoy se promete transformar este mundo en un paraíso terrenal perdido, "el cielo en la tierra". El confort, la propaganda de masas ("massmedia"), la superficialización de la existencia, el trabajo extenuante y maratoniano, todo ello tiene muy ocupado al hombre, y la consecuencia es un cierto olvido de Dios, que otros han denominado "ateísmo práctico": lo religioso no interesa, no preocupa.








No se niega, se ignora a Dios, que no interesa, no es problema. Como consecuencia de esta confianza en la ciencia y de la trivialización en las relaciones humanas, resulta muchas veces difícil encontrar sentido a la existencia.



















Crece, por paradoja, el nivel de suicidios en determinados países desarrollados, el alcoholismo en el marco del subdesarrollo, etcétera. Y de este modo, no solamente no hay creyentes convictos (aunque los haya confesos), sino que tampoco hay ateos convictos, pese a su ostentosa profesión de ateísmo. La nuestra es la era de la trivialidad. Para algunos puede servir de consuelo el que otras épocas, aparentemente hipersensibles a lo religioso, como por ejemplo la Edad Media, fueran dominadas por todo tipo de supersticiones paganas, estando también ausente un sentido de lo religioso profundo. Más que de sentido religioso, se trataba de un simple rito, fruto de la costumbre, el temor, etcétera. Sin embargo, ese sería un consuelo de tontos: el mal de muchos.



















¿Y la instrucción religiosa para aquellos que la deseen o quieran que la reciban sus hijos? Es una opción privada de cada cual que el Estado no debe obstaculizar en modo alguno pero que tampoco está obligado a costear a los ciudadanos aunque el cheque escolar debería permitir a las familias recibir el enfoque educativo que desean, incluidas las actividades extraescolares en la enseñanza pública. La catequesis es libre en una democracia pluralista pero sin duda gana en libertad y diversidad cuando el ministerio público ni la financia ni la administra.








Los planes de estudio deberían incluir alguna asignatura que trate de la historia de las religiones, de símbolos y mitologías, con preferente atención si se quiere a la tradición greco-romana-cristiana que tan importante es para comprender la cultura a la que pertenecemos.



















No es de recibo que toda la tradición, el arte, la estructura física de nuestras ciudades se remita al cristianismo, así como nuestro sentido moral, lo que nos impele a pensar en el otro, sea consecuencia del humanismo cristiano, y nuestra juventud no lo sepa porque nuestras autoridades se lo ocultan como si quisieran facilitar el trabajo de una nueva moral laica que nos debilita y nos entrega a ensoñaciones totalitarias como el islamofascismo.

Cromañón

El nombre de "Hombres de Cromañón", les fue impuesto porque sus restos fósiles fueron descubiertos en Cromañón (Tayac) una cueva ubicada en Francia, en el año 1868, por parte del geólogo Louis Lartet, que halló cinco esqueletos.









Eran hombres altos, de aproximadamente 1,80 de altura, de contextura robusta, de cráneo dolicocéfalo (cráneo ovalado, más largo que ancho) con una capacidad craneana de 1.600 cc., esqueleto ligero y caderas estrechas, cavidad faríngea vertical y flexible, y laringe provista de cuerdas vocales.



























En realidad, los primeros cinco ejemplares descubiertos, no fueron hombres del Paleolítico Superior sino del denominado Epipaleolítico, cuando la glaciación había terminado y en otras latitudes se había producido ya la transición al Mesolítico, incluso hasta el Neolítico. Después, en la misma zona y en otras (Ucrania, Tíbet), se encontraron yacimientos del hombre moderno paleolítico que llamamos Cromañón.










En dos grandes espacios geográficos, en los Pirineos y en el Tíbet, se desarrollaron importantes industrias líticas que culminaron en la aparición de las pinturas rupestres. Estas pinturas se asocian al desarrollo del pensamiento mítico-simbólico y al lenguaje que apareció, entre los cromañones del Paleolítico Superior, hace unos 22000 años, y apareció en toda su complejidad probablemente asociado a la pérdida de la animalidad y a la hominización. Los cromañón poblaron América, que no había tenido homínidos, en esa época cuando la glaciación había remitido pero el estrecho de Bering estaba libre. Fue en dos oleadas: en 20.000 años antes de Cristo y en 12.000.









Como podemos ver, el árbol de la ciencia del bien y del mal, la conciencia de uno mismo y de la propia finitud.
















¿Qué relación pudo tener el hombre de Cromañón con el hombre de Neandertal durante las primeras etapas del Paleolítico Superior en Europa, zona en la que hubo poblaciones de ambas especies durante un breve periodo, hasta hace unos 29.000 años o incluso unos 27.000 años en el sur de la Península Ibérica? ¿Era posible la hibridación? Lo único cierto es que el Neandertal se extinguió. Sus diferencias morfológicas suelen interpretarse como una adaptación a un clima frío en los neandertales y una acusada neotenia en los cromañones. Se ha apuntado también, como he dicho antes, la posibilidad de que los cromañones dispusieran de una mayor capacidad para el lenguaje (tanto del aparato fonético como cerebral, para el pensamiento simbólico), con las implicaciones que esto tendría para la vida social.
























Hablemos ahora de el hombre de hielo denominado Ötzi. Esta momia figura entre las mejor conservadas del mundo entero. La descubrió el matrimonio de Erika y Helmut Simon, quienes emprendieron una excursión a los Alpes de Ötz. Al descender, decidieron abandonar la senda indicada y acortar el camino. Gracias a esta casualidad descubrieron a un hombre, que fue cubierto y momificado por la capa de hielo y nieve hace más de 5000 años. Estamos ante un hombre del Neolítico europeo.





























Tras la revolución neolítica, se produjo un enorme crecimiento de la población humana por la posibilidad de fabricar más alimentos, es decir de abundancia. Si los cromañones llegaron a medir 1.90, 1.80, muchos siglos después en el neolítico con el crecimiento demográfico al máximo y los pueblos al borde del hambre, a pesar de la agricultura, de la ganadería y precisamente por eso, el hombre de Ötzi solo medía 1.60.

Demografía, Europa y el mundo

A partir de los comienzos de la revolución industrial, se produjo en Occidente un incremento descomunal del crecimiento demográfico. En las etapas de la humanidad en las que el hombre se desempeñaba como cazador recolector o en agricultura no mecanizada, el crecimiento demográfico, existente pues el incremento aunque mínimo siempre se producía, tenía una pendiente de la curva pequeña.

















Tras el punto de ruptura de Rostow, el crecimiento no era posible que fuese absorbido por la aparición de puestos de trabajo. Sin embargo, el hombre europeo tenía la salida de la emigración hacia los territorios vacíos de las colonias y de paso favorecer el crecimiento económico de éstas, con el beneplácito de los gobiernos coloniales y después de los nuevos gobiernos independientes.


















Así, los europeos llenaron los USA, Canadá, Hispanoamérica, Brasil, África, Australia, Nueva Zelanda, zonas de África etc. La expansión del hombre y la cultura europea fue formidable. Esto ocurrió desde el siglo XVI al siglo XIX y aún continuó hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, y tras ella con los desplazados; pero después serán las naciones del llamado Tercer Mundo las que generen la mayor cantidad de inmigrantes, y no precisamente a territorios vacíos sino a los muy poblados espacios occidentales, donde una población cada vez más envejecida no puede cubrir los puestos de trabajo que la maquinaria industrial y de servicios genera y muchos puestos en otros sectores que ningún ciudadano occidental quiere cubrir.



















Tras 1975 y la crisis del petróleo, se extendió en determinados ámbitos la especie de un neomalthusianismo, una ideología que pone en tela de juicio la posibilidad de la tierra de dar de sí para sostener a la humanidad y la necesidad de ejercer un férreo control de natalidad.

























El Club de Roma editó un libro apocalíptico sobre las carencias de determinadas materias primas, y repitió los errores de Malthus, quien con mejor intención vaticinó el hambre para la humanidad sin tener en cuenta las mejoras de la producción que habrían de realizarse por las nuevas tecnologías. De lo vaticinado por el Club de Roma nada se ha cumplido, nunca ha habido tantas reservas de todas las materias de las que hablaron y todo indica que sus predicciones eran erróneas, pero gentes como David Rockefeller siguen erre que erre.

27 sept 2010

Batallas fundamentales

A lo largo de la historia de Occidente, ha habido momentos fundamentales, batallas decisivas que han podido marcar el desarrollo posterior de los acontecimientos como si el abanico de lineas del tiempo llegara a un callejón sin salida.
















En las Termópilas, un puñado de espartanos pusieron en jaque al más formidable ejército que el Oriente había conocido. El tiempo que en aquel lugar se ganó, sirvió para poner en armas un ejército griego capaz de derrotar a los persas. La invasión persa fue una respuesta tardía a la derrota sufrida en la Primera Guerra Médica, que había finalizado con la victoria de Atenas en la batalla de Maratón.









Jerjes reunió un ejército y una armada inmensas para conquistar la totalidad de Grecia y, como respuesta a la inminente invasión, el general ateniense Temístocles propuso que los aliados griegos bloquearan el avance del ejército persa en el paso de las Termópilas, a la vez que se bloqueaba el avance de la armada persa en los estrechos de Artemisio.








Un ejército aliado, formado por unos 7.000 hombres aproximadamente, marchó al norte para bloquear el paso en el verano de 480 a. C. El ejército persa, que conforme a las estimaciones modernas estaría compuesto por unos 300.000 hombres, llegó al paso a finales de agosto o a comienzos de septiembre.







Enormemente superados en número, los griegos detuvieron el avance persa durante siete días en total (incluyendo tres de batalla), antes de que la retaguardia fuera aniquilada. Durante dos días completos de batalla, una pequeña fuerza comandada por el rey Leónidas I de Esparta bloqueó el único camino que el inmenso ejército persa podía utilizar para acceder a Grecia.







Después del segundo día de batalla, un residente local llamado Efialtes traicionó a los griegos mostrando a los invasores un pequeño camino que podían utilizar para acceder a la retaguardia de las líneas griegas. Sabiendo que sus líneas iban a ser sobrepasadas, Leónidas despidió a la mayoría del ejército griego, permaneciendo para proteger su retirada junto con 300 espartanos, 700 tespios, 400 tebanos y posiblemente algunos cientos de soldados más, la mayoría de los cuales murieron en la batalla.








Tras el enfrentamiento, la armada aliada en Artemisio recibió las noticias de la derrota en las Termópilas. Dado que su estrategia requería mantener tanto las Termópilas como Artemisio, y ante la pérdida del paso, la armada aliada decidió retirarse a Salamina. Los persas atravesaron Beocia y capturaron la ciudad de Atenas, que previamente había sido evacuada. Sin embargo, buscando una victoria decisiva sobre la flota persa, la flota aliada atacó y derrotó a los invasores en la batalla de Salamina a finales de año.







Temiendo quedar atrapado en Europa, Jerjes se retiró con la mayor parte de su ejército a Asia, dejando al general Mardonio al mando del ejército restante para completar la conquista de Grecia. Al año siguiente, sin embargo, los aliados consiguieron la victoria decisiva en la batalla de Platea, que puso fin a la invasión persa.



















Durante la Segunda Guerra Púnica, los cartagineses estuvieron a punto de cambiar la historia. ¿Qué hubiera pasado si la cultura oriental de Cartago impone su hegemonía en todo el mundo clásico?















Faltaba el golpe de gracia al imperio cartaginés. Escipión pudo haberlo intentado en Italia pero prefirió hacerlo en la misma África, por lo que desembarcó osadamente cerca de Cartago. Con ello obligaba a Aníbal a volver a África, librando a Roma de su amenaza aunque se arriesgaba a sufrir él mismo una derrota fatal. Por fin venció también al gran cartaginés el año 202, en Zama, y se ganó el apodo de el Africano.








Terminaba así, tras diecisiete años de empeñadísima pugna, la Segunda Guerra Púnica; "tuvo tantas alternativas y su resultado fue tan incierto, que corrieron mayor peligro los que vencieron", señala Tito Livio. Roma quedaba dueña del Mediterráneo occidental y, continuando su impulso, proyectó enseguida su poderío sobre el Mediterráneo oriental, imponiéndose a Macedonia y a Siria. En esta última campaña, el Africano volvería a desempeñar un papel clave.

























La Batalla de Poitiers (conocida por la historiografía europea como Batalla de Tours para no confundirla con la Batalla de Poitiers de 1356) tuvo lugar el 10 de octubre de 732 entre las fuerzas comandadas por el líder franco Carlos Martel y un ejército islámico a las órdenes del valí, (gobernador) de Al-Ándalus, Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiki cerca de la ciudad de Tours, en la actual Francia. Durante la batalla, los francos derrotaron el ejército islámico y Al Gafiki resultaría muerto.







Esta batalla frenó la expansión islámica hacia el norte desde la Península Ibérica y es considerada por muchos historiadores como un acontecimiento de importancia macrohistórica, al haber impedido la invasión de Europa por parte de los musulmanes y preservado el cristianismo como la fe dominante durante un periodo en el que el islam estaba sometiendo los restos de los antiguos imperios romano y persa.













Tras la caída de Sevilla, los almorávides incorporaron al-Ándalus a su imperio. En el 1108 todo al-Ándalus está dominado por los almorávides, y el avance de los reinos cristianos es detenido.







El gobierno almorávide estuvo fundamentado en un cuerpo normativo muy complejo pero efectivo. Los descendientes de Yusuf I se dedicaron, como antes lo hicieran los Omeyas, a cultivar la vida palaciega. La corrupción se instaló en el gobierno y la fidelidad al clan pudo más que el sentido del Estado. El intento de reconstruir el califato fracasó, y la dinastía cayó en el norte de África a manos de los almohades, en el año 1145. La descomposición del Imperio almorávide abre el segundo periodo de taifas.








Para frenar la expansión almohade se dio la batalla de Las Navas de Tolosa. Esta decisiva batalla fue el resultado de la cruzada organizada en España por el rey Alfonso VIII de Castilla, el arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de Rada y el papa Inocencio III contra los almohades musulmanes que dominaban Al-Ándalus desde mediados del siglo XII, tras la derrota del rey castellano en la batalla de Alarcos (1195) que había tenido como consecuencia el llevar la frontera hasta los Montes de Toledo, amenazando la propia ciudad de Toledo y el valle del Tajo.








Al tenerse noticia de la preparación de una nueva ofensiva almohade, Alfonso VIII, después de haber fraguado diferentes alianzas con la mayoría de los reinos cristianos peninsulares con la mediación del Papa, y tras finalizar las distintas treguas mantenidas con los almohades, decide preparar un gran encuentro con las tropas almohades que venían dirigidas por el propio califa Muhammad An-Nasir, el llamado Miramamolín por los cristianos (versión fonética de "Comendador de los Creyentes", en árabe).







El rey buscaba desde hacía tiempo este encuentro para desquitarse de la grave derrota de Alarcos. La batalla se produjo en 1212 y si se tiene en cuenta la envergadura de la fuerza almohade en esa ocasión, los españoles tuvieron de nuevo la oportunidad de salvar a Europa.
































En 1340 se desarrolló la batalla del Salado, cuando Abu-l-Hassan cruza el Estrecho y desembarca en Algeciras. Pocos días después, éste y Yussuf I decidieron ponerse en camino y sitiar Tarifa, a la cual llegarían sobre el 23 de Septiembre. Alfonso XI se entera, gracias a un renegado, que Tarifa está siendo sitiada y que los artilugios mecánicos están creando serios destrozos en las fortificaciones de la ciudad. El 1 de Octubre, la flota castellano-leonesa llega a la zona y corta el suministro de los moros, mientras la flota de Portugal estaba en Cádiz reforzando la zona. (Otro encomiable ejemplo de unidad hispánica). Y al fin, ese bendito 30 de Octubre del 1340, los dos ejércitos se encontráron.








La vanguardia castellano-leonesa tuvo sus problemas para cruzar el río Salado ( Provincia de Cádiz ), pues la lucha fue ardua y luenga, pero los hijos bastardos del Rey, esto es: Don Fernando y Don Fadrique, atacaron con su hueste un puente que, tras fervorosa pelea, y la llegada del ala derecha, tomaron y pasaron como también hiciéranlo el Maestre de Santiago y el noble de Castilla, Núñez de Lara. Sin embargo, no atacaron directamente al ejército moro sino que subieron a la tienda del sultán benimerín haciendo huir a su guardia; distracción que pudo costar cara a las armas de León y Castilla, pues con esta bifurcación de fuerzas, la masa moruna se dispuso a atacar el centro hispánico, peligrando la vida de Alfonso XI; acudiendo en última instancia los concejos de Zamora y Córdoba, así como señores de la nobleza y de la Iglesia.



















Sin embargo, las cosas marcharon favorables para la Cristiandad pues la guarnición de Tarifa salió con el refuerzo enviado por el Rey la noche anterior, así como las tropas que saquearon la tienda del sultán, bajaron y atacaron al grueso ejército de la media luna, que, atacado en varios frentes y por sorpresa, aun en abrumadora superioridad numérica, se deshizo. Los portugueses por su parte lucharon con encomiable ahínco y auxiliados por el ala izquierda de Pedro Núñez de Guzmán vencieron a los moros de Granada, que terminaron huyendo…

26 sept 2010

La Unión Europea

A lo largo de la historia, ha habido diversos intentos de unificar el continente europeo; claro, esto ha ocurrido desde que los europeos somos conscientes de la existencia de nuestro continente.








Hoy en día y ya hace tiempo, los geógrafos han definido Europa como el continente que hay entre la Península Ibérica y los montes Urales; en otra época, como en el periodo clásico, Europa era otra cosa, quizá solamente el Mediterráneo oriental.







Tras el Imperio Romano, otros intentos de unificación han sido: el Sacro Imperio Romano Germánico, el Imperio Habsburgo, el Imperio Francés, Napoleón, hasta llegar al intento nazi del III Reich, pero estos eventos hechos por la fuerza no tuvieron éxito.












Fijándonos en una época en la que Europa, que entonces era todo el Occidente aún separado políticamente, estuvo unida espiritualmente como fue el medievo, encontramos la dificultad de unir políticamente a los diversos países. A partir de 1945, se ha intentado una unión de solidaridad voluntaria, basada en los principios del mercado, la democracia, el principio de independencia de las naciones y la colaboración.










El 9 de mayo de 1950, cinco años después de la rendición del régimen nazi, Schuman lanza un llamamiento a Alemania Occidental y a los países europeos que lo deseasen para que sometieran bajo una única autoridad común el manejo de sus respectivas producciones de acero y carbón. Este hecho, acogido de manera dispar dentro de los gobiernos europeos, marca el inicio de la construcción europea, al ser la primera propuesta oficial concreta de integración en Europa.














El hecho es que al someter las dos producciones indispensables de la industria armamentística a una única autoridad, los países que participaran en esta organización encontrarían una gran dificultad en el caso de querer iniciar una guerra entre ellos.



















Alemania, a través de su canciller Konrad Adenauer, acoge entusiasta la propuesta. En la primavera de 1951 se firma en París el Tratado que institucionaliza la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), concretando la propuesta de Schuman.









Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo (conocidos como "los seis"), logran un entendimiento que favorece el intercambio de las materias primas necesarias en la siderurgia, acelerando de esta forma la dinámica económica con el fin de dotar a Europa de una capacidad de producción autónoma.











Este tratado fundador buscaba aproximar vencedores y vencidos europeos al seno de una Europa que a medio plazo pudiese tomar su destino en sus manos, haciéndose independiente de entidades exteriores.















Un impulso de importancia mayor llega en 1957 con la firma de los Tratados de Roma. Los seis deciden avanzar en la cooperación en los dominios económico, político y social. La meta planteada fue lograr un "mercado común" que permitiese la libre circulación de personas, mercancías y capitales. La Comunidad Económica Europea (CEE) es la entidad internacional, de tipo supranacional, dotada de una capacidad autónoma de financiación institucionalizada por este tratado. Este documento formó una tercera comunidad de duración indefinida: el Euratom.















El invento funcionaba, y otras naciones como España deseaban formar parte, pero el acceso estaba restringido por la naturaleza democrática del Mercado Común y por la necesidad de tener un cierto nivel de homogeneidad económica. Sin embargo, los Estados miembros se resistían al desarme arancelario, buscando impedimentos de orden legal en relación a productos y servicios.










La respuesta de la CEE fue la actuación del Tribunal de Luxemburgo y esto sirvió hasta que el número de pleitos creció. A partir de un momento, la antigua UE decidió crear una legislación propia que impidiese estas maniobras y fabricó un cúmulo de normas también referidas a la democracia y a los derechos humanos; paulatinamente se relegó de manera subrepticia el principio de subsidiariedad, que es el que garantiza el derecho de los Estados a legislar de manera independiente en materias de su competencia.








La burocracia comunitaria ha crecido de manera exponencial desde el Acta Única hasta el actual Tratado de Lisboa, prácticamente nadie la controla; el Parlamento Europeo es, pese a la propaganda, inoperante y tanto el Consejo como la Comisión son dominados por el cuerpo de funcionarios, cuando no colaboran con él en la burocratización totalitaria de la UE.








La prudencia del principio ha dado lugar a la entrada alegre de los llamados PECOS, que no están preparados para el mercado interior; la crisis mina el presupuesto de la Unión y ésta se mete cada vez más en el gobierno de los Estados miembros.









En vez de corregir esta tendencia, la burocracia sólo quiere incrementar su poder, por eso ahora propicia la entrada de Turquía que acabará con el espíritu europeo y occidental de la unión. En Europa, poco a poco, surgen movimientos antiburocráticos pero, ¿llegaremos a tiempo?