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19 ene 2010

Brujas

A propósito de lo gótico, me viene a la memoria la sorpresa que tuve leyendo sobre la caza de brujas en Occidente, en la Edad Moderna. Siempre había pensado que las grandes matanzas de brujas (pobres mujeres y hombres tomados por brujas) se habían producido en la Edad Media, y que habían sido más frecuentes en la Alta Edad Media, pero la realidad es que esas matanzas se produjeron sobre todo en la Edad Moderna.


















La demonología tomo peso a partir de la peste del siglo XIV y, tras la guerra de los 100 años, en los conflictos cismáticos del siglo XV. Aun así, los fenómenos de autos de fe no dejaban de ser esporádicos, ocurrían en lugares perdidos, en las montañas, en áreas pantanosas; pero no, es necesario llegar hasta el siglo XVI para que se extendiesen a toda la cristiandad. A partir de ahí, la caza de brujas se multiplicó, de manera cada vez más alucinada, hasta alcanzar el paroxismo en el siglo XVII.














El fenómeno coincidió con el nacimiento de los Estados modernos, los grandes imperios, la administración pública, los grandes viajes y el comienzo de la ciencia y la economía modernas en el siglo XVII.














La manía fue exportada a América y, a principios del Siglo XVIII, se realizó el famoso auto de fe en Salem (Massachusetts), que luego fue tomado por el escritor norteamericano Arthur Miller como inspiración para su obra el Crisol que, sin embargo, era una analogía de la histeria anticomunista producida en los años 50, la que llevó a cabo el senador McCarthy.














5 ene 2010

Migraciones

A partir de 1450, aproximadamente, una serie de causas concurrieron para dar un nuevo giro a las tendencias económicas, que culminarían a finales del siglo con nuevos descubrimientos marítimos, cuyos efectos no se sentirían hasta el siglo XVI.











En realidad, hasta que Europa encontró nuevas rutas marítimas se hallaba encerrada en todos los frentes. África, con un desierto inhóspito, un Atlántico sin fin, y al este unos países de difícil penetración.




















Las principales consecuencias de los descubrimientos marítimos fueron las siguientes: se sacaron de continentes lejanos productos, nuevos o ya conocidos, en cantidades que fueron aumentando; las mercancías europeas y en particular los productos manufacturados se extendieron a lo largo de mercados más vastos; el aumento de la riqueza y de los descubrimientos sanitarios aumentaron la población de manera que un número considerable de europeos emigraron a América, explotándola, y en cuyo trabajo se vieron ayudados por los esclavos que llegaban procedentes de África.



















El hacinamiento y la falta de salubridad en los barrios obreros de las grandes ciudades europeas, véase Dickens, supusieron un gran acicate para lo emigración.















Actualmente, el problema es muy distinto en el enfrentamiento Norte-Sur, los inmigrantes no llegan a países vacíos sino a lugares muy poblados, con asentadas tradiciones. Sin embargo, ellos traen las suyas, muchas veces difícilmente compatibles con las nuestras.