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17 feb 2010

El descubrimiento de América










Muy atrás, incluso debajo de la historia política (la que tiene nombres propios), hay unas corrientes soterradas, que llamaremos intrahistóricas, marcando unas tendencias cuyo origen se pierde en el tiempo pero que van perdiendo fuerza bajo el dominio de los desarrollos técnicos.
















Uno de estos mecanismos, relatado en "Los Siete Pilares de la Sabiduría", es el que se produce entre el Yemen, el desierto árabe y la zona mesopotámica. El Yemen fue llamado en el pasado Arabia feliz; protegido por altas montañas con abundantes acuíferos y manantiales, tenía una agricultura rica lo que provocaba un fuerte crecimiento de la población, esto traía disturbios políticos cuya consecuencia era la expulsión de tribus sobrantes al desierto.

















Estas gentes tenían dos opciones: morir de hambre y sed o aprender a sobrevivir en el desierto. Los que sobrevivían se convertían en el aporte humano fundamental del nomadismo árabe. Pero los nómadas hostigaban sin descanso las abiertas fronteras de Iraq, país bañado por los ríos Tigris y Eúfrates y, por lo tanto, de pujante agricultura; los nómadas eran la aportación humana más importante para Mesopotamia.
















Otra corriente se producía entre las tribus procedentes de Asia que penetran en Europa occidental, otra intermitente es la de los pueblos que atraviesan el estrecho de Gibraltar hacia Europa y citar por último la marea humana que penetró por el estrecho de Bering, cuando estaba libre de hielos al final de la glaciación, y fluyó por América hacia el sur.


















Incluso Thor Heyerdal ha demostrado una comunicación de este tipo, esta vez marina, entre las costas de Chile y las islas del Pacífico.


















Pero el desarrollo de la era tecnológica dificulta la continuidad o quizá lo vemos demasiado cerca para apreciarlo. Por eso el descubrimiento, exploración y colonización de América es un hecho organizado y consciente de magnitudes descomunales, realizado por un puñado de naciones europeas y creando una neo Europa. Entre estas naciones está España; siempre sorprende la perspicacia de Werner Herzog para representar la aventura equinoccial de los marañones de Aguirre.
















Como dejó dicho Ramiro de Maeztu: "El mismo año en que llevamos la Cruz a la Alhambra descubrimos el nuevo continente. Fue un 12 de octubre, el día en que la Virgen se apareció a Santiago en el Pilar de Zaragoza. La corriente histórica nos hacía tender la Cruz al mundo nuevo".

6 feb 2010

Nación histórica versus nación política







Hay algunas corrientes historiográficas que hablan de la Europa de las cinco naciones; esto no quiere decir que crean en la existencia de unos entes metafísicos de vida eterna o hemieterna.
















No, de lo que hablamos es de la existencia de unos teatros de operaciones históricas, unos espacios geopolíticos, geoeconómicos, geográficos y culturales que se desempeñan en una parte de la historia; es decir, tienen un comienzo y tendrán un final.









Ni que decir tiene que, como sabemos, la mayor parte de la historia de los pueblos que constituyen la especie humana se ha desarrollado sin tener en cuenta estos espacios; las bandas de cazadores recolectores no tenían Historia, es decir Ciencia Histórica, ya que ni ellos ni otros eran capaces de determinar esas realidades.















En el caso concreto de la península ibérica, para que aparezcan estos espacios es necesario que lleguen los fenicios y griegos; estos pueblos, que eran grandes navegantes, fueron capaces de circunvalar la península y apreciar los movimientos intrahistóricos que se producían en su seno. 

Las diferentes tribus y pueblos no eran todavía conscientes de las implicaciones de esas fuerzas.










Tras las guerras púnicas, la península pasa a formar parte del Imperio Romano; los romanos entienden perfectamente el sistema peninsular y denominan al territorio a colonizar y romanizar, Hispania. Sin embargo, el territorio es demasiado amplio para la época y los romanos lo dividieron en tres provincias primero y luego en dos.
















Las corrientes de comunicación, entre los diversos territorios y pueblos, son ya más conocidas por los propios protagonistas. La continuidad histórica de esos espacios alberga en su seno, a lo largo de la historia, diversos entes políticos.










En España existió el reino de los godos, Al Andalus, los reinos cristianos y, finalmente, el naciente Estado español de los Reyes Católicos.










Hemos tenido a Portugal dentro del Estado entre 1580 y 1640, hemos formado parte de un Imperio hispano americano donde no se ponía el sol y ahora formamos parte de la UE.













No podemos descartar que en el futuro, la nación histórica cuente con otras naciones políticas según las vicisitudes que ocurran. 

¿Tienen las naciones históricas fin? Sí, como cualquier obra humana, el fin será cuando las relaciones entre los seres humanos se desarrollen en espacios virtuales y se relegue a secundario el espacio físico, entonces dejarán de operar esas performances geográficas.







Pero ni en el improbable  caso de que se viviese en un Mátrix virtual se podría eludir a la nación cultural que es el idioma. Y aun así la constitución de interlinguas simples (los idiomas se hacen más sencillos con el tiempo lo que conviene a los políticos) podría evitar la división de las lenguas como ocurrió con el latín.