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14 may 2011

Sicilia en Navarra

Reproduzco aquí el artículo que Santiago González ha publicado en su blog de El Mundo pidiendo disculpas a los sicilianos de verdad, pues tengo constancia de los intensos esfuerzos que hacen parar mejorar y erradicar sus problemas, ya que me refiero a Sicilia en cuanto lugar mítico:
















"Si el gran Leonardo Sciascia hubiera visto esta foto que hoy reproduce la portada de El Mundo se le habría ocurrido de inmediato una novela. Basaburua es un pueblo siciliano. La figura que está de pie junto al atril es la alcaldesa de Pamplona y candidata a la Presidencia de la Comunidad Foral por UPN, Yolanda Barcina. Junto a ella, a un lado, una pintada 'Gora ETA'. Al otro, candidatos locales. En frente, los periodistas encargados de seguir la campaña del partido organizador. En segundo término, una docena de tipos de la izquierda abertzale que intentan boicotear el discurso de la alcaldesa.





Los mítines son así. Ya no se hacen para el público, sino para el intermediario, las televisiones. Cualquier espectador desavisado, pongamos un magistrado del Constitucional, podría decir: Y esta Barcina, ¿no ha podido elegir otro emplazamiento para el atril que la pintada de exaltación al terrorismo? ¡Qué torpeza!







En realidad, estamos ante una foto buscada, según cuenta Diario de Navarra. Escogió el lugar preciso para decir:








Aquí, en Basaburua, durante los próximos cuatro años el alcalde y todos los concejales del Ayuntamiento van a pertenecer a Bildu. Ahora, el alcalde y todos los concejales pertenecen a ANV y, antes, a Batasuna y afines. Los jueces ya han hablado y, aún desde la profunda discrepancia, hemos de acatar su veredicto. Ahora, es la hora de que los representantes democráticos aunemos esfuerzos de nuevo para que impedir que las instituciones democráticas vuelvan a ser soporte y altavoz de quienes apoyan a ETA. Me voy a emplear con firmeza mientras ETA y su entorno existan y mientras la memoria de las víctimas no haya sido suficientemente reparada.







Así está el tema. De aquí en adelante vamos a ver todos los días escenas como esta. Los tipos (y tipas, claro) de la izquierda se plantan en actitud intimidadora mientras ponen música a todo volumen para impedir que se oigan las palabras de Barcina. Todos ellos votarán a Bildu. Sus electos volverán a destinar partidas de los presupuestos municipales para excursiones a las cárceles, volverán a expresar su simpatía con los asesinos presos, está en el ser de las cosas y en su naturaleza. Hoy sabemos que el impulsor de Sortu y apoyo de Bildu, Tasio Erkizia, ha sido condenado a un año por enaltecimiento del terrorismo. Pero no gasten energías pidiendo la ilegalización de Bildu, por la foto que sacábamos ayer. No tiene capacidad probatoria alguna. Es un ex-preso que acaba de cumplir su condena. Sabemos que no se ha arrepentido, pero no se le puede volver a condenar por enarbolar una pancarta en la que se pide votar a un partido al que el TC ha declarado legal.


















Guardemos estas fotos. Quizá dentro de quince años la sucesión de fotos como estas lleve a algún tribunal a proceder por acumulación de indicios. La prueba de la pistola humeante se interpreta muy estrictamente: la pistola ha de estar en la mano del "independiente" y éste sentado sobre el cadáver.

1 abr 2011

El antisemitismo

Se ha publicado, últimamente, un libro del escritor Umberto Eco sobre el antisemitismo: "El Cementerio de Praga". Como en todos sus libros se da un gran despliegue de erudición y conocimientos sobre los más diversos temas pero con una trama que es sencilla, inteligente y sin complicaciones psicológicas. No se puede hablar de gran literatura pero sí de divulgación compleja.























En este libro, se abordan las aventuras de un conspirador que, en el París de 1897, representa el nacimiento del antisemitismo moderno. El capitán Simonini, un piamontés afincado en dicha ciudad se dedica a falsificar documentos. Desde joven ligado al noble arte del engaño, ha dedicado su vida a ser espía y falsificador, a moverse en arenas movedizas entre gobiernos europeos y oscuros grupos religiosos.









Su historia nos llevará, precisamente, hasta el cementerio de Praga, donde conseguiremos entender ese confuso siglo XIX y alguna que otra verdad sorprendente del siglo XX… Está escrito al más puro estilo folletinesco (ilustraciones incluidas).





















Como he indicado aquí, los judíos habían ocupado un nicho en los territorios del Imperio Romano y, aunque eran tolerados, había roces por su negativa a adorar al emperador, pero esto se atemperaba ya que, como practicantes de una religión nacional, no hacían proselitismo en el resto de la población.









En el mundo cristiano realizaban ciertas tareas consideradas impuras o pecaminosas, como el crédito con interés, pero necesarias. Habiendo surgido el cristianismo como religión apostólica, en el seno de el propio judaísmo, se daban persecuciones periódicas asociadas a las crisis económicas.








En el mundo islámico estaban relativamente mejor tolerados haciendo las mismas tareas que en el mundo cristiano, aunque al igual que los cristianos estaban sujetos a un impuesto especial.





















En los siglos XVI y XVII, en España, se desarrolla una estrategia de división en la sociedad entre cristianos viejos y nuevos que eleva un escalón más el antisemitismo; ya no es sólo que los judíos descienden de quienes mataron a Cristo sino que aun la conversión sincera no cura de esos orígenes. Las expulsiones son el resultado de esta idea moderna de la homogeneidad poblacional y se produjeron en toda Europa.





















Y de ahí llegamos al mundo contemporáneo, con las teorizaciones racistas en Gobineau y Chamberlain que, desarrolladas cancerosamente, desembocarán en los nazis.

2 feb 2011

Los totalitarismos

Los totalitarismos han constituido un fenómeno que no se podrá soslayar siempre que se quiera hacer una caracterización del siglo XX. Su estudio necesita bucear en sus orígenes, que para Hannah Arendt son el antisemitismo, el imperialismo y el comunismo.








El totalitarismo no solo requiere voluntad de aplastar sino medios técnicos, es por eso que en otras épocas de la historia era imposible su existencia; para Luis XIV, cuyo lema "el Estado soy yo" intentó llevar a la práctica lo mejor que pudo, era imposible controlar la vida de los ciudadanos como lo puede hacer cualquier líder, incluso no totalitario, del siglo XX y, en ese terreno, no sabemos hasta dónde puede llegar el siglo XXI.


















El totalitarismo es una forma de Estado, es decir, una forma de organizar los cuatro componentes del mismo (territorio, población, gobierno, poder, y según la autora citada anteriormente, también el jurídico o el derecho). El totalitarismo no es simplemente una forma de gobierno, es una organización en cuanto a las personas que ejercen el poder de tipo no democrático, que se caracteriza al igual que el autoritarismo en la falta de reconocimiento de la libertad y los derechos del hombre.


















Sin embargo, se diferencia del autoritarismo en que en el totalitarismo existe una negación de la libertad y los derechos individuales, desconociendo además la dignidad de la persona humana, convirtiendo las clases sociales en masas.









El totalitarismo considera al Estado como un fin en sí mismo, y por tanto lo maximiza; y dado que el poder existe para el fin de las cosas, si consideramos al Estado un fin, estos dos componentes de la política se hacen correlativos, como consecuencia un Estado más grande nos da un poder más grande.









Así, el poder del Estado totalitario lo puede todo porque el fin lo abarca todo. Mussolini (que usó por primera vez el término "totalitarismo") hizo gráfico esto en el eslogan: "todo en el Estado, todo para el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado". No es ya el Estado para el hombre, sino el hombre para el Estado.

















Las barbaridades, ausentes de respeto a la dignidad humana, realizadas por Hitler, Stalin y el rey Leopoldo, entre otros, nos obligan a pensar en que quizá sea necesario volver a valorar aquellas ideologías que dotan al hombre de dignidad intrínseca.







Como dice la Constitución española de 1978 en su artículo 10:


"1. La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la Ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social.


2. Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España.