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17 feb 2021

Pablo Hasél

De Laura Garofano periodista de El Mundo en su muro:

«Vamos a ver, compañeros. NADIE en España va a la cárcel por tuitear y cantar cosas, ya cante bien o mal o sean verdad o no. Nadie va a la cárcel por injuriar a la Corona imputandoles delitos por los que no hay condena alguna o por enaltecer el terrorismo de ETA y los GRAPO, por pegarle un tiro en la cabeza a José Bono, o desear que el coche de Patxi López salte por los aires como el de Carrero Blanco, y todo ello en 64 tuits.

Se va a la cárcel por hacer todo eso y ADEMÁS por tener antecedentes penales como los siguientes:

-Condenado en enero de 2020 a seis meses de prisión por un delito de lesiones y coacciones al agredir a un periodista en la Universidad de Lleida (la misma donde se ha atrinchereado y ha sido detenido) durante una rueda de prensa. El juez consideró probado que Hasel empujó, insultó y roció con un líquido de limpieza al periodista, y por este motivo, además de la pena de prisión, le obligó a indemnizar a la víctima con 12.150 euros y a una multa de 5.400 euros por coacciones por haber impedido que los periodistas grabaran tapándoles las cámaras. La libertad de expresión y tal. La sentencia no es firme, pero los antecedentes penales no se los quita nadie.

-Condenado en junio de 2020 a dos años y medio de cárcel y a una multa de 2.400 euros por agredir a un hombre que fue testigo en un juicio y cuyo testimonio iba en contra del de un amigo.

Cuando le cayeron estas dos condenas, él ya sabía que iba a entrar en la cárcel. Y os explico por qué.

Ya tenemos dos condenas por agresiones, una por coacciones (no firmes, pero que no le eximen de tener antecedentes) y una imputación por actos de naturaleza violenta que todos pudimos ver por la tele. Bien. Seguimos:

-Imputado por los sucesos acaecidos en 2018 ante la Subdelegación del Gobierno de Lleida tras conocer la detención en Alemania del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. Pendiente de juicio.

Y por último, y la clave de todo, es que en 2015, la Audiencia ya le había condenado a dos años de prisión por otro delito de enaltecimiento del terrorismo. Entonces sí logró que se suspendiera esa primera condena al no superar los dos años y carecer de antecedentes penales. La AN estableció como condición para dejar en suspenso la condena que Hasél no volviera a cometer algún delito durante durante TRES AÑOS años o no fuera condenado en firme por algún otro delito EN TRES AÑOS ya que entonces ingresaría automáticamente a prisión.

Ahora entra en la cárcel por esta segunda condena de enaltecimiento del terrorismo de 2018 (lo de las injurias a la Corona es nuevo con respecto a la anterior), que es por nueve meses y que ya fue reducida de dos años medio a nueve. Como ahora ya tiene antecedentes, por eso va a la cárcel.

Es que leo muchos titulares de "estos son los tuits por los que Pablo Hazel va a la cárcel". No, no va a la cárcel por esos tuits. Aqui no está en cuestión la libertad de expresión. Va a la cárcel por injurias, calumnias, enaltecimiebto del terrorismo y sobre todo porque TIENE ANTECEDENTES PENALES Y ES REINCIDENTE. Si no los tuviera no entraría en prisión, como le pasó en 2014. Además la condena es de nueve meses, pero como se ha negado a pagar la multa, serán dos años y medio.

Él mismo y su abogado lo sabían, cuando este verano pasado empezaron a caerle condenas por las agresiones, que éstas iban a precipitar su ingreso en prisión. Lo dijo él mismo y hay hemeroteca.

A llorar a la llorería, Pablo Hasel. No manipules a los medios que esto no va de la libertad de expresión.»

 

https://patximendiburu.blogspot.com/2021/02/hasel-mendiburu-y-la-libertad-de.html

 

En este artículo atribuido al twitter de una periodista de El Mundo, se da una explicación y una respuesta a quienes afirman que en España se encarcela a los raperos que se sobrepasan en "libertad de expresión". Han olvidado los posibles delitos de Hasél por acción que le colgaban antecedentes. 

En la siguiente entrada se comentan los "otros" antecedentes, los familiares, del prenda.

 

 

http://info-krisis.blogspot.com/2021/02/cronicas-desde-mi-retrete-pablo.html

 



 

14 nov 2018

Un poco de Historia


Millones de españoles se preguntan cómo ha sido posible que los catalanes hayan llegado a este punto de rechazo y odio a España. Se trata de un proceso de larga duración que fue puesto en marcha por Jordi Pujol y que voy a intentar explicar con un caso práctico.
Desde hace algunos años rebota sin cesar por el ciberespacio un texto al que llaman Juramento de Felipe V mediante el que numerosos separatistas pretenden apuntalar tres argumentos centrales de su ideario: la existencia secular de la nación catalana; la existencia ya en aquel tiempo de una Constitución catalana, siglos antes de la Pepa, y el reconocimiento de aquella nación y el juramento de aquella Constitución nada menos que por el gran enemigo de Cataluña y fundador de la dinastía hoy reinante. Mediante este texto, según se dice, la nación catalana queda demostrada y cualquier otra explicación sobra.
El juramento en cuestión reza así:
La nación catalana es la reunión de los pueblos que hablan el idioma catalán. Su territorio comprende: Cataluña con los condados del Rosellón y la Cerdaña, el Reino de Valencia y el Reino de Mallorca. Los tres pueblos que forman la nación catalana tienen una constitución política propia y están federados entre sí y con el Reino de Aragón mediante ciertas condiciones que son objeto de una ley especial. Cataluña es el Estado político formado, dentro de la Confederación, por los catalanes del Principado y de los condados del Rosellón y de la Cerdaña. El Principado de Cataluña es libre e independiente.
El texto suele presentarse acompañado de la portada de la edición de las Constitutions y altres Drets de Cathalunya dada a la imprenta en 1704, tras las Cortes celebradas por Felipe V dos años antes. Y, junto a dicha imagen, el argumento de que se trataba de la Constitución catalana que evidenciaba el carácter democrático de la Cataluña de aquellos siglos y que tuvo que jurar Felipe d’Anjou para ser aceptado por los catalanes como su legítimo monarca.
Empecemos, pues, a desbrozar el camino aclarando que las Cortes catalanas de aquel tiempo eran estamentales –brazos eclesiástico, militar y real–, como las de toda la Europa del Antiguo Régimen, por lo que no tenían nada de democráticas.
En segundo lugar, el término constitutions no tiene nada que ver con la ley fundamental de un Estado, cuya primera manifestación tardaría casi un siglo en ver la luz en los Estados Unidos. Las constitutions catalanas –así, en plural, pues no era una, sino muchas– fueron las normas de todo tipo (procesales, civiles, penales, tributarias, comerciales) de aplicación en todo el Principado y dictadas por el rey con la aprobación de las Cortes. Eran de rango superior a otras fuentes legales como los capítols, los actes de cort, los usatges, los privilegis o las pragmàtiques.
Pero, regresando al famoso juramento, no es difícil darse cuenta al primer vistazo de que algunas cosas no encajan. En primer lugar, eso no es un juramento, sino una enunciación. En segundo, el anacrónico término Confederación, tan frecuente en la historiografía nacionalista, era completamente ajeno a la España del XVIII. Y, por supuesto, la identificación entre lengua y nación tendría que esperar todavía un siglo a que comenzaran a enunciarla Herder, Fichte y otros románticos alemanes. Solamente con esto debería haber bastado para haber sospechado que se trataba de un texto apócrifo. Sin embargo, ha sido y sigue siendo citado por miles de personas convencidas de una autenticidad probada precisamente por su repetición.
El problema es que ninguna de esas personas se ha tomado la molestia de comprobar la autenticidad de un texto que, como es comprensible, encaja muy bien en su discurso. El hecho de que haya sido citado en algún periódico, o incluso en alguna carta al director, es suficiente para darlo por cierto. Pero tiremos del hilo. El origen de la cita es el libro La victòria catalana de 1705, de Antoni Porta i Bergadà, editado por Pòrtic en 1984 y presentado en sociedad por el expresidente del Parlamento de Cataluña Heribert Barrera. Según una reseña anónima aparecida en La Vanguardia el 8 de noviembre de aquel año, Antoni Porta luchó en el frente de Lérida durante la Guerra Civil y posteriormente se ordenó sacerdote en Argentina. "¡Menudo libro y menudo historiador!", exclamó entusiasmado el anónimo redactor al comienzo de un artículo que, tras reproducir el texto de marras, concluyó reiterando que se trataba de un libro de historia "realmente ejemplar".
Pero Porta no se inventó nada, ya que el origen del fraude se encuentra un siglo atrás, en 1878, año en el que José Coroleu e Inglada (republicano, masón, militante de la Unió Catalanista y redactor de la ponencia sobre municipios de las Bases de Manresa) y José Pella y Forgas (conservador y militante de la Lliga Regionalista) escribieron al alimón un libro titulado Los fueros de Cataluña. En él se sacaron de la chistera una "Constitución política de Cataluña" inspirada, según ellos, en las viejas leyes catalanas pero "siguiendo modernas formas constitucionales (…) para mayor claridad del público" (cursivas añadidas). No hay mejor explicación que sus propias palabras:
Con la mira de dar más gráfico relieve a los principios de derecho escrito y consuetudinario que formaban la constitución histórica del Principado, los hemos clasificado, por decirlo así, a la moderna, lisonjeándonos de que nuestros lectores no tomarán a mal esta impropiedad en que incurrimos voluntariamente (…) En una palabra, los autores se han creído en la necesidad de sistematizar y presentar en forma moderna ese conjunto de disposiciones. [Énfasis añadidos].
Sin embargo, los buenos de Coroleu y Pella no modificaron solamente la forma, sino también el fondo introduciendo conceptos (nación catalana, confederación) e ideas (el pancatalanismo, la lengua como elemento definidor de la nación) completamente ajenos a la legislación histórica catalana que tan falsamente pretendían estar compilando. Y, efectivamente, los artículos 1 a 3 de dicha "Constitución" consisten en el párrafo hoy anunciado como el texto que tuvo que jurar Felipe V casi dos siglos antes de haber sido escrito.
Respecto a la idolatrada nación, merece la pena subrayarse el hecho de que, aunque curiosamente no lo recogieron Coroleu y Pella, aparece mencionada, ciertamente, en el texto redactado en 1702, en concreto en el encabezamiento dedicado al nuevo rey:
(…) cuida ab tota solicitut del consuelo de sos vassalls, y seguritat y defensa de sa Monarchia, disposant per aquest efecte un gran Exercit, que trobantse aquest Any de 1704 dins lo Regne de Portugal, gosa nou lustre ab la presencia de tant animos y valeros Rey, que infundint major valor a las Armas Espanyolas, se espera lograràn, ab lo favor de Deu, molts felices y prosperos successos para major gloria sua y honra de la Nacio Espanyola.
A esta primera falsificación de 1878 se añadió un siglo más tarde la sorprendente cita de Antoni Porta, aquel pedazo de historiador que, por inmenso error o inmensa voluntad de mentir, ignoró los cristalinos párrafos de Coroleu y Pella y presentó un texto inventado en 1878 como uno auténtico de 1702. Y tras él, todos los engañados que lo han repetido un millón de veces en todo tipo de medios y formatos. Falsedad recurrente, verdad fehaciente.
Así se han construido el rechazo a España y el subsiguiente sentimiento nacional catalán: con incesantes falsificaciones, mentiras y ocultaciones. He aquí sólo un ejemplo, y no sobre un asunto marginal o irrelevante. En el improbable caso de que algún separatista llegue a tener conocimiento de ello, le resbalará puesto que el cerebro humano es impermeable al razonamiento, el argumento y el documento, sobre todo cuando se encuentra cautivo de una fe nacionalista sabiamente inoculada. ¿Habrá alguien capaz de comenzar a darse cuenta de que es víctima de un gigantesco engaño llamado nacionalismo catalán? No parece probable, pues lo que cuenta es el sentimiento. Y ese sentimiento nunca será cuestionado ni aun sabiendo que ha sido provocado por patrañas como ésta.


2017-10-20