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24 ene 2013

Los nacionalismos y el PSOE

Como estaba previsto, el Parlamento catalán ha llevado a cabo su pantomima soberanista mientras exige o ruega al Estado que rescate Cataluña por su situación económica catastrófica. Nada de esto es nuevo, y no es la primera vez que hablamos de ello, pero lo que no deja de sorprender es la postura del PSC-PSOE.







 








De la apuesta meramente semántica para las elecciones: "el federalismo" hemos pasado a una estrambótica defensa del derecho a decidir pero dentro de la legalidad lo que es una contradictio in terminis, y una oposición al concepto de soberanía para Cataluña lo que es otra contradicción (¿qué se decide si no hay soberanía?). Junto a esto un grupo de 5 parlamentarios se abstienen protestando contra la -¿postura?- de su grupo. 

















Lo que subyace en todo este cúmulo de despropósitos es la desafección de cierta izquierda ante el concepto de solidaridad nacional y la secreta fe en las ideas nacionalistas entendiéndolas como progresistas. No deja de sorprender que quienes así piensan son los adalides de los impuestos y del deseo de castigar a los ricos para dar bienestar a los pobres (otra contradicción). 









Cuando he visitado países como Francia e Italia, y he visto manifestaciones de los sindicatos o la izquierda, no ha dejado de sorprenderme la proliferación de banderas francesas o italianas. La sorpresa deriva de que en España uno puede encontrar banderas nacionales en las manifestaciones deportivas, culturales o en manifestaciones de todo tipo excepto en las de la llamada izquierda. ¿A qué puede deberse esto?














Quizá a una aplicación particular de las doctrinas leninistas del imperialismo como último eslabón del capitalismo (entendiendo por imperialismo el de Madrid sobre Cataluña y Euskadi, qué ya es entender), quizá a una mala interpretación del pesimismo regeneracionista que lleva a pensar en España como un error histórico a deshacer para rehacerla después sobre otras bases o a que el campanario, tan querido en toda España, afecta también al corazoncito de la izquierda que de paso sueña con un PRI frentepopulista que gobierne siempre.
















Lo cierto es que la lógica de la solidaridad, tan cara a la izquierda, no es fuerza suficiente para romper esta tradición. El PSOE prefiere condenar al ostracismo a quienes valoran la unidad nacional que cambiar de discurso aunque esto ponga en riesgo su influencia en ciertas zonas de España.

12 jun 2012

Joaquín Costa

En 2011 se cumplieron 100 años de la muerte del escritor, intelectual e ideólogo Joaquín Costa. Se trata de uno de esos seres excepcionales que, surgido en la pobreza, consigue a fuerza de tesón y trabajo salir adelante en la vida y cumplir de paso su vocación. A partir de temprana edad tuvo que trabajar duro para pagarse los estudios y aprovechó la ayuda de amigos poderosos y el tiempo libre para llegar a la universidad con un expediente excelente; allí se licenció brillantemente en Filosofía y Derecho optando a plazas de profesor que no obtuvo.
















Consigue ser notario en Madrid y a partir de ahí ya no tuvo preocupaciones económicas aunque nunca se hizo rico pues dedicaba su tiempo a sus trabajos de investigación sociológica, económica, histórica y política.

















El complejo de ser español está muy presente en los estudios, ideas y acciones de Costa; un corpus doctrinal que llamaremos regeneracionismo, y que de una u otra manera va impregnando el panorama intelectual en España tras el desastre del 98. 

El regeneracionismo propiamente dicho es una difusa secta de honrados publicistas que actúan a lo largo del periodo de la Restauración, presidido por la constitución canovista (1876-1923). A pesar de las simpatías que pudieran despertar en su tiempo, pronto fueron olvidados por la cultura oficial. Las mismas razones para ese injusto olvido son las que hoy acucian a que se les estudie con algún detenimiento. Estamos ante la escuela de pensamiento más autóctona de la España contemporánea, en contraste con el mimetismo de otros caudales ideológicos respecto de las autoridades foráneas. Autoctonía no es sólo mérito sino también limitación.


















Esta ideología continúa impregnando de manera solapada la vida intelectual española hasta hoy mismo. Contiene elementos muy dispares que se dosifican de distinta manera según los autores y los tiempos. Los más estables son: nacionalismo españolista, pragmatismo político, cientifismo, autoritarismo, estatismo, etc. Con estas mimbres encontramos el origen de los fenómenos ideológicos que aquejan a la intelectualidad española y a sus partidos políticos.

















Costa representa un espíritu hijo del desastre del 98 y del ombliguismo hispánico; el pretendido atraso español lo es en relación con las naciones punteras en el desarrollo capitalista. En todo momento de la historia, los diferentes países han adquirido el desarrollo de manera escalonada (los ingleses eran salvajes cuando los egipcios levantaban las pirámides); España no era Rumanía, Polonia o Bulgaria pero tampoco era USA, Inglaterra o Bélgica. Si se observa la evolución de los pueblos antiguos mesopotámicos se ve que algunos entraban en decadencia durante doscientos años para renacer después con imperial fuerza (Asiria). La Historia hay que apreciarla y estudiarla, y no está mal reconocer méritos propios pero no se puede vivir de la Historia en la historia.

















El sepulcro del Cid no debe ser cerrado con más de una llave.
No somos diferentes, los demás no son perfectos. 
La generación del 98 es más una comunidad artística que ideológica, algunos autores son regeneracionistas y otros no; sin embargo, el regeneracionismo es patente en la obra de Ortega y Gasset. En la vida española hay dos notarios que murieron pobres: Joaquín Costa y Blas Infante; pero sólo uno intentó la mejora de España sacrificándose desde cierta racionalidad: Costa.