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15 ene 2023

El final del Neolítico

El Neolítico es considerado por los historiadores y antropólogos como la etapa que transcurre entre las culturas de cazadores recolectores del Paleolítico y la Edad de los Metales. Etimológicamente se traduce por Edad de la Piedra Nueva y su característica fundamental es la aparición de la agricultura y la ganadería, probablemente la revolución económica más importante que ha existido. 

Produjo cambios descomunales que no sólo afectaron a los productos consumidos, sino también a nuestra forma de organizarnos socialmente, a los modos de vida y sus efectos sobre el paisaje, a la tecnología, a las creencias, etc. Las primeras comunidades neolíticas, que surgieron en Próximo Oriente y que se expandieron por toda Europa en pocos siglos, de las que somos sus directos herederos y las que surgieron en otros lugares del mundo han dado lugar al mundo tal y como lo conocemos.

 

 

 

Hay dos cuestiones fundamentales; la primera es que la etapa anterior de los hombres y los homínidos, el Paleolítico, duró cientos de miles de años; es decir es la mayor parte de la historia humana; la segunda es que el Neolítico no empezó en todo el mundo a la vez sino que se fue extendiendo desde unos centros que por sus características geográficas y físicas dieron el salto antes que los demás lugares. El Nilo, Mesopotamia, las cuencas de los grandes ríos del Indostán y China, y más tardíamente el sur de Méjico y las cuencas del Perú.

Si nos fijamos en los relatos bíblicos, el mandato divino con toda claridad es, "creced, multiplicaos, poblad la tierra y sometedla".

En realidad en términos espirituales el Neolítico se extiende mucho más allá de su fin según la historia y alcanza nuestro tiempo.

Nosotros somos hijos del Neolítico; la existencia de un "crecimiento sostenido" sería una continuación del mandato bíblico, y nombro la Biblia porque forma parte de nuestra Civilización Occidental y otros pueblos y otros tiempos han tenido textos religiosos similares en cuanto al crecimiento.

En algún momento del siglo XX surgió en Occidente una ideología absolutamente crítica con la idea de crecimiento. Unas veces por unas razones, el maltusianismo clásico por razones humanitarias, y otras por otras, el neomaltusianismo, empezaron a poner en duda el mandato bíblico. El racismo, cierta idea de humanitarismo y, más modernamente, el ambientalismo y el ecologismo. 

De esta manera el mandato nuevo de esa religión es, "decreced, despoblad la tierra y dejaos dominar por Gaia".

Pasada la Guerra Fría y vencido el comunismo real, queda el campo abierto para esta nueva religión neomaltusiana y eugenesta; las organizaciones supranacionales promocionan esta ideología impuesta por cenáculos como el Foro Económico Mundial, Bilderberg, la Trilateral y por supuesto la ONU. La OMS, UNICEF, la FAO y la UNESCO darán las órdenes pertinentes para implementar los Objetivos de Crecimiento Sostenible en todos los países, y entre estos mandatos está el fin de la agricultura y sobre todo de la ganadería que serán sustituidas por comida sintética 4D, cultivos celulares y de algas, insectos y otras lindezas, todo esto en un contexto de disminución poblacional.

Las élites creen que es suficiente en el mundo con ellos y sus siervos; la digitalización y la robótica les servirán y los demás no viajarán, no consumirán y finalmente desaparecerán.

Lo peor es que los gurús de estas "maravillas" no lo ocultan, lo dicen prometiéndonos un futuro radiante gracias a la "Ventana de Overton".

 

 

 

La gente vive tan feliz, convencida de los dogmas que la propaganda les inculca. El calentamiento global, la sostenibilidad, la ideología de género son impuestas con estos objetivos y con idea de producir grandes beneficios económicos a las élites mientras imponen su nuevo orden. Son mandatos antidemocráticos que nadie ha votado, están hechos a beneficio de parte y no respetan la auténtica ciencia pues se basan en cuentecillos y delirios. 

 

 

No hay calentamiento global antropogénico, y si lo hay no es peligroso, el mundo puede dar cobijo a la población, el crecimiento sostenido es necesario para una economía próspera para todos y hay que proteger a la familia, crear una sociedad que estimule la demografía, la vida y no la muerte. 

El planeta puede alimentarnos todo el tiempo que sea necesario hasta que podamos extendernos por el espacio, poblando otros mundos y mucho más allá. No tenemos por qué desaparecer para enriquecer y no molestar a nuestros enemigos. 

https://www.icog.es/TyT/index.php/2022/11/la-geologia-versus-el-dogma-climatico-1a-parte/ 

https://www.eldiestro.es/2023/01/estamos-en-guerra/

https://patrimoniointeligente.com/el-neolitico/

http://www.verdadypaciencia.com/2023/01/los-medios-alternativos-han-advertido-de-todo-lo-que-esta-sucediendo-hoy.ahora-hemos-descifrado-lo-que-sucedera-en-la-siguiente-parte-de-la-agenda-de-exterminacion-cuyo-objetivo-es-la-humanidad.html

 

1 jul 2017

El mantenimiento del medio natural

La preocupación por el medio ambiente y la contaminación, excepción hecha de alguna diatriba contra el ambiente insano y hediondo en las proximidades de fábricas y vertederos, es un fenómeno moderno. 
Sobre la década de 1950 comienza a mostrarse alarma ante la acción humana sobre el medio, especialmente por la acción gratuita y evitable. Ciertamente la preocupación por la biodiversidad y la valoración del coste medioambiental, necesaria para saber el coste de las cosas, es importante pues luego hay que limpiar. Todos sabemos que la mejor forma de limpiar es no manchar, desde luego la más barata; hemos de buscar siempre la manera más limpia de realizar un proceso o implementar una tecnología.





 





Dicho esto queda sobrentendida la necesidad de una valoración racional de los procesos lo que excluye la vertiente utópica y pseudoreligiosa del ecologismo radical. El mismo concepto de crecimiento sostenible está vacío si no se establece el cuanto de crecimiento y sostenibilidad. 
La religión ecologista huye de los planteamientos racionales y cuantificables; somos pues pecadores por procrear, por las emisiones de CO2, por capitalistas y Gea nos va a castigar. Sin embargo, el bienestar económico, el desarrollo de la tecnología, la exploración de mares y espacios requiere un crecimiento sostenido e inteligente incluso en aspectos como el incremento necesario de la población (demografía positiva). 



En estas dos direcciones se puede profundizar en los aspectos racionales de estos procesos.





12 ago 2012

El hambre

No voy a hablar en esta entrada del hambre como sensación orgánica, es decir gana de comer, hablaré del problema social que ha supuesto el tener que alimentar a la humanidad, del cazador al agricultor y luego a la sociedad de la abundancia.

















He oído en la radio una crónica de la crisis en España, donde se cuenta que los comedores de caridad, ya sean públicos o privados, se encuentran desbordados ante la cruda realidad de la vida aunque podamos permitirnos alimentar al hambriento como en la Sevilla del siglo XVII; pero no siempre ha sido así, durante la mayor parte de la historia la escasez ha sido la norma.














De esta manera, los cazadores recolectores dedicaban la mayor parte de su tiempo a cazar y recolectar frutos para ellos, incluso en las épocas de abundancia la búsqueda del alimento era perentoria. Después del descubrimiento de la agricultura se diversificaron las formas de producción de alimentos, de forma que incluso era posible guardar grano para las épocas de hambre. Con el desarrollo del comercio agrícola era posible incluso paliar el hambre de unas zonas con la abundancia de otras, siempre y cuando éstas recibieran compensaciones de las otras.














El incremento de la producción humana y la sobreexplotación pusieron en peligro la estabilidad a plazo; no quiere decir esto que se cumplieran las amenazas de Malthus ya que enormes extensiones de mar y tierra pueden ser explotadas de forma diversa, diversidad que aun será mayor en el futuro. Así mismo, la protección del medio ambiente con una explotación racional da un gran margen. No, a lo que me refiero es que zonas tradicionalmente agrícolas perdían productividad por sobreexplotación; sin embargo, los paliativos tradicionales: barbecho y abonado no eran suficientes y se recurrió al abonado químico, a la selección de especies, la hibridación y a los biocidas y fitosanitarios. De estos últimos se ha desarrollado toda una ciencia para evitar los efectos secundarios y sobre el medio ambiente.













Ahora estamos en la frontera de los transgénicos, donde será necesario estudiar la forma de minimizar sus efectos sobre la biodiversidad. La tierra produce alimentos para todos en abundancia y aun producirá más, estamos en condiciones de producir alimentos industriales y además permitirnos tonterías como la de los biocombustibles.