Mostrando entradas con la etiqueta fin de ciclo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fin de ciclo. Mostrar todas las entradas

8 abr 2018

Europa no existe

Ante la gravedad de los últimos acontecimientos transcribo un escrito que expone con toda claridad cual es la situación.
Seguimos con el golpe en Cataluña pero con sorpresas germánicas.





Que diu un jutge de províncies alemany súper informat que el cop d´estat no va ser res. Que asediar durante un dia entero a una comitiva judicial no es para tanto. Que gastar millones en un referéndum ilegal de secesión no es malversación. Que declarar la secesión en el parlament de la Ciutadella es una bromita jejeje.
Y dice la ministra de justicia alemana que Germania es “un país libre”, porque todos sabemos que España es como Auschwitz. Y reforzando el track record teutón en separación de poderes, desvela que “es la decisión judicial que esperaba” mientras amenaza con que España “lo tiene difícil” para extraditar al golpista.
I en Marianu pone cara de asombro, befo caído, labio colgando, ojos muy abiertos, i ens diu que tranquilos, que el PIB va a crecer dos décimas más y que lo de que Alemania quiera cargarse la unitat del país més vell del continent no es nada grave.
Però ja els espanyols no ens ho empassem. Son muchos años sufriendo el fanatismo nacionalista (ayer apalizaron pacíficamente en Osona a un catalán que limpiaba el entorno de plásticos amarillos). Muchos años de somcollonuts, ensvolenaixafar i anemaCatadisney. Muchas décadas de incomprensión y cesiones en el resto de España. Por eso el 8 y el 29 de octubre salieron más de un millón de catalanes a la calle, para decir que ya basta i que la nostra llibertat la defensarem amb o sense Madrid.
“La extraña derrota. Escrito en el verano de 1940, es el testamento de Marc Bloch, un judío francés, historiador insigne y combatiente de la segunda conflagración mundial. (…) Esta reflexión suya sobre el abatimiento de una nación y el fracaso de sus élites (…) tamaña debacle fue la suma de muchas debilidades individuales. Sin duda, toda gran crisis va inevitablemente precedida de la quiebra de las élites, de modo parejo a como el pescado comienza a pudrirse por la cabeza.
Valga este preámbulo a cuenta de la humillación infringida a la democracia española por la Audiencia Territorial de un pequeño länder alemán -Schleswig-Holstein- al negarle ésta su capacidad para juzgar por rebelión al prófugo Puigdemont, desatendiendo la solicitud del juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena. En vez de circunscribirse a los estrictos términos de la euroorden, verificando si esos delitos tienen su correspondencia en su legislación, la referida Audiencia se ha erigido, en la práctica, en instancia superior.
De esta guisa, ha entrado en el fondo de un sumario -el grado de violencia del golpe de Estado del 1 de octubre- que no le incumbe calificar. El destino de España, de su unidad y de sus derechos inalienables, no se puede fiar a magistrados que dirimen en un plis-plas una compleja instrucción de meses en un contexto de periódicos nativos en los que el independentismo ha colocado su relato ante la pasividad de la diplomacia española y donde se hacen presentes agrupaciones de coros y danzas separatistas que tiran con la pólvora del rey que sufraga el Tesoro Público del Estado que socavan. ¿Cabe mayor grado de estupidez?
Volviendo el trance por pasiva, ¿admitiría Alemania o cualquier Estado que se precie que el presidente del länder de Baviera, por ejemplo, promulgara unilateralmente su independencia, valiéndose de su policía autonómica cual «organización criminal», como ha resuelto la juez Lamela para imputar por sedición al ex mayor de los mossos, se fugara a España con su cohorte y se le brindara impunidad judicial? La respuesta parece obvia sin necesidad de un máster -¡ay!- en Universidad alguna.
Es más, se estaría librando, sin que ello tenga que ver con la inexcusable división de poderes, una guerra diplomática de alto voltaje con insondables secuelas en la Unión Europea. No es para menos estando en juego la integridad territorial. Claro que eso sería así en Berlín, pero no lo está siendo, por contra, en Madrid. Basta ver la displicencia del Gobierno al lavarse las manos como Poncio Pilatos en la jofaina, del modo en que lo ha hecho la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, a la sazón alta comisionada para la Cataluña del artículo 155. Escuchando a estos brigadistas del Aranzadi, cualquiera deduciría que lo que se dilucida es la expropiación de una parcela para trazar una carretera. Esa indolencia indigna más incluso que el veredicto del controvertido tribunal teutón.
En el colmo del desvarío, el mismo Gobierno que ha arrastrado a España a esta situación de alarma transige con que un desatado independentismo campe a sus anchas. Así, sin réplica alguna, sus brigadas entintan con botes de pintura amarilla una nueva leyenda negra sobre España, como si Puigdemont fuera para Felipe VI lo que el vil Antonio Pérez fue para Felipe II. Ante tan desasosegante inacción, pareciera que la rebelión catalana es un asunto particular del juez Llarena y de algunos togados más, en vez de serlo del Estado con todas las de la ley.
No es un fracaso de la Justicia, desde luego, sino del Gobierno, por mucho que éste se ponga de perfil y endose la papeleta a los jueces, como a aquel ministril que dio la cara por su corregidor. «Señor -le transmitió a su alcaide-, cuando un alguacil lleva una orden de Vuesa Merced, ¿no representa vuestra misma persona y vuestra misma cara?». «Muy cierto es», le respondió. «Pues sabed -le expuso- que, en la cara de vuestro alguacil, Perico Sarmiento, que es la misma cara de Vuesa Merced, han estampado una bofetada». Con toda calma, el corregidor, como el Gobierno con respecto al juez Llarena, le arguyó: «Pues ahí me las den todas».
No se persigue -Dios nos libre- reeditar ningún patrioterismo barato ni aquel ardor que inflamó Cataluña cuando, en 1885, Bismarck osó anexionarse de las Islas Carolinas por considerarlas res nullius. Pese a que la inmensa mayoría del pueblo español nunca había oído hablar de este archipiélago del Pacífico, 100.000 barceloneses llenaron las calles con banderas españolas y al grito unánime de «¡Viva la integridad de la Patria!». Incluso La Vanguardia editorializó en rotundos términos: «Ante esta horrible mancha a nuestra altivez, a nuestra honra; ante esta cruenta herida hecha a nuestro honor nacional, no hay partidos políticos: sólo hay españoles, cuyo corazón late al unísono para demostrar a Alemania que no en vano se ataca a un pueblo de fiereza innata como el nuestro (…) Cuando se infiere un agravio a España, nos levantamos airados».
Devuelta esta página a la hemeroteca, conviene remarcar con letras también de molde que un Estado que se respete a sí mismo no puede mantenerse impávido ante una afrenta así. Cuando está en riesgo el porvenir de las libertades fundamentales, no se puede adoptar la actitud del avestruz.
Pero, en fin, ¿qué puede esperarse de un Gobierno (y una oposición) que aplicó el artículo 155 arrastrando los pies y cuando su desistimiento ya rayaba en la complicidad? Ello le llevó a emplearlo con el exclusivo objetivo de convocar unas elecciones en el que el aparato de propaganda se mantuvo a las órdenes del Govern destituido. Tan prosopopéyico artículo no ha valido ni para añadir una mísera casilla para que los castellanoparlantes tengan garantizado su derecho constitucional a estudiar en castellano.
Distraídos con el masterchef de Cifuentes, (…) conviene auscultar los graves quebrantos de salud de una España que se desangra por la úlcera catalana. Cicerón ponderaba que, cuando el Estado alcanza a la más extrema de las humillaciones, le corresponde al pueblo actuar como lo harían en la arena los gladiadores reducidos a la esclavitud.
En vez de fajarse con tan astifina porfía, Rajoy emula al célebre novillero valenciano Tancredo López, introductor a principios del siglo pasado de esa original suerte consistente en recibir al animal encaramado a un pedestal y vestido de blanco con la cara empolvada. Simulando una cérea estatua de mármol, lograba que la res se limitara a olfatearlo y, al poco, desentenderse camino de algún tendido. Todo ello en medio del general regocijo de una afición que pronto le daría la espalda a aquel circunstancial rey del valor. En lo que toca a Cataluña, ese aparente tancredismo -esa maniobra tranquilizadora para soslayar el nudo gordiano de cualquier negocio- le ha hecho perder al presidente el sitio en la plaza hasta el punto extremo de preguntarse, de momento en voz baja, si el PP será capaz de sobrevivir a Rajoy. Acostumbrado a estar él y el tiempo, contra todos, parafraseando a Felipe II, Rajoy desespera hasta al mismísimo tiempo. De hecho, de tanto perderlo, éste se ha vuelto tal vez irrecuperable.
En vez de detener desde primera hora el proceso independentista, haciendo que se derritiera como la bola de nieve a la que se le planta un dedo encima antes de que cuaje y solidifique, el soberanismo ha adquirido una dimensión de alud que amaga con arrollar a todo lo que le sale al paso, principiando por los catalanes ajenos al credo nacionalista. Reeditando la política de apaciguamiento, con la que Chamberlain creyó aplacar a Hitler y obtener «la paz para nuestro tiempo», este espejismo sólo acelera esos planes rupturistas con la facilidad añadida de disponer el camino expedito para ampliar su espacio vital mediante el victimismo y la tergiversación de la realidad. Atendiendo a la máxima churchiliana, por evitar el conflicto, se aceptó el deshonor y ahora se tiene lo uno y lo otro. Las concesiones sólo estimulan las exigencias porque siempre se interpretan como debilidad. Al fin y al cabo, la fuerza de uno deriva primordialmente de la debilidad del otro.”
Adéu Marianu. Ya todos sabemos que para que España salve su democracia tienes que irte a casa. Cuanto antes, chico.
Dolça i humiliada Catalunya…

14 ene 2011

El canto del cisne

La decadencia en el plano político y militar se hizo visible poco después de que la Pax Hispanica, en el primer cuarto del siglo XVII, pareciera asegurar la hegemonía española en Europa, aun a costa de algunos retrocesos parciales. En realidad, fue sólo el preludio de un declive cada vez más rápido, hasta finales de siglo, cuando las nuevas potencias, Francia en particular, se sintieron capaces de determinar el destino de España. Aun así, durante la mayor parte de dicho siglo siguió habiendo una vida artística y literaria de primer orden, por más que el pensamiento también decayó.















El siglo XVIII, sobre todo la segunda mitad, permitió cierta recuperación bajo una Ilustración no desdeñable, aunque ciertamente muy por debajo de la fuerza y originalidad del Siglo de Oro o de los grandes países ilustrados, Alemania, Francia y Gran Bretaña. Durante ese siglo, el país fue reponiéndose de la decadencia anterior, un proceso que resultaría quebrado por completo con la invasión napoleónica.





Un efecto de esta última fueron unas muy graves querellas civiles, antes infrecuentes (durante tres siglos, España había sido quizá el país europeo con más estabilidad interna), y un fuerte retraso en la revolución industrial, que estaba dando a las principales potencias europeas, particularmente a Inglaterra, una ventaja abismal sobre las demás culturas y civilizaciones del mundo. Es esta una etapa que en la Nueva historia de España se ha denominado Edad de Apogeo de Europa, y que coincide en nuestro país con una prolongada depresión.














Por otro lado, la crisis de España lo es también de nuestros valores como empresa colectiva (ahí están esas crecientes tendencias disgregadoras en lo que hasta ahora eran nacionalismos moderados) y como sociedad, que cree en algo por encima de nosotros los individuos. Esta cultura progre que se basa en el multiculturalismo, el relativismo y el secularismo extremo desemboca forzosamente en el ataque a la familia, la institución social básica como se está demostrando frente a la crisis, a la educación y a la vida misma. Y todo eso no nos puede salir gratis. El precio: una sociedad decadente y desentendida del futuro. No es nuestra mala economía, es la falta de nervio colectivo lo que hunde a España.

















Actualmente en España padecemos un gobierno anticatólico y desestabilizador de la Constitución Española, parece que tenga un gran interés en debilitarla y arruinarla. También tenemos un gobierno que coexiste con el independentismo y con los que vocean por una Tercera República. Si a todo esto sumamos las tramas oscuras y conspirativas en las que se encuentra implicado este gobierno desde el 11M, podemos percibir muy de cerca a la masonería.







Francia estaba siendo superada por España en todas las cifras tanto económicas como de empleo y nos estábamos convirtiendo en un serio rival de nuestro país vecino. España tenía bloqueada la Constitución Europea y muchas medidas económicas venían a favorecer la economía española como el pacto de Niza. La historia dentro de muchos años terminará por revelar si los acontecimientos del 11M, para derrocar al gobierno Aznar, tuvieron algo que ver con la masonería, si es así España se enfrenta a otro de sus tristes y peligrosos episodios y a un futuro bastante incierto. Velemos porque no sea así.



















Nuestros triunfos deportivos fruto de una política adecuada desde el COE de Ferrer Salat, de una educación física generalizada, del aumento del nivel de vida y de un ultraprofesionalismo de los espectáculos deportivos no es otra cosa que el canto de cisne de nuestra nación.







Pero la Nación histórica pervivirá, con otras unidades políticas, con otra cultura, como sobrevivirá el solar de Occidente aunque este desaparezca, y desde luego, lo que surja estará influido por nuestra cultura y nuestros genes, pero ésta no será ya más.




No nos pongamos tristes, no se puede vivir del pasado, hay que fabricar futuro, pero tampoco olvidarlo o encerrarlo como pretendía Costa.







Ya se lo dijo Kissinger a Carrero, antes de que éste muriera, cuando España se hace grande eso preocupa.

30 sept 2010

Obama

Comentaba, hace unos meses en este mismo blog, la necesidad de elaborar un sistema que permita acceder a los puestos de responsabilidad y gestión en el gobierno a personas preparadas y con el cerebro bien amueblado.









No pretendo comparar la situación de España con la de los USA, teniendo en cuenta la gran cantidad de contrapesos que existen allí y la mediocridad de nuestra política, al fin y al cabo Obama es profesor de la universidad de Chicago.




















Sin embargo, tras una campaña magnífica frente a un electorado cansado de Bush, ante la novedad y la esperanza, supo ganar y alzarse con una gran victoria. Claro que otra cosa es saber gobernar, tener realmente un plan para salir de la crisis, tener en definitiva ideas claras.


















La crisis se cimentó sobre el agotamiento del ciclo económico, alimentado por una delirante política de bajos tipos de interés, ajenos al mercado, dictados por ucases de Alan Greenspan para mayor gloria de los dirigentes políticos. La crisis no se agravó por el mercado sino por la intervención, la mala intervención con regulaciones que establecían cupos de crédito en función de la pertenencia a barrios o minorías.







Si la FED no hubiese llevado las tasas de interés a niveles artificialmente bajos, jamás habrían aparecido los especuladores, que utilizaron carry trades y un apalancamiento fantástico. Sí, hubo otros errores del gobierno que contribuyeron a las burbujas de varios activos y a inestabilidades asociadas en los mercados inmobiliarios, por ejemplo. Sin embargo, el principal facilitador fue la Reserva Federal y su política monetaria ultra expansiva.








Entre otras cosas, fue la laxitud monetaria de la Reserva Federal la que derivó en la caída del dólar frente al euro y en el aumento espectacular de los precios de las materias primas que llegó a su clímax en julio del 2008.


















Obama intentó solucionar el problema incrementando de manera descomunal y también injusta el gasto público, multiplicando la oferta de Bush sobre el recuerdo de lo que ocurrió en 1929 y olvidando que los tiempos y circunstancias son otros.







Obama prometió salir de Irak y ganar en Afganistán, dando fechas absurdamente al enemigo lo que probablemente provoque la derrota. Obama es un ignorante de la Historia y eso le llevará al fracaso.















Es muy significativo el caso del general McChrystal; como el general estaba desesperado de la ignorancia y estupidez de los políticos, o lo que es peor de las malditas conspiraciones de poder personal, decidió dar un órdago a la administración provocando un escándalo con declaraciones a la revista Rolling Stone.






Y claro como consecuencia Obama despide a McChrystal en Afganistán. El presidente de EU acepta la renuncia del comandante de las tropas de la OTAN en el país asiático y lo reemplaza por David Petraeus.





































Una nueva encuesta publicada este jueves vuelve a poner en entredicho las posibilidades del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de repetir victoria en los comicios presidenciales de 2012, ya que el 54 por ciento de los entrevistados considera que no se merece la reelección.














Según un sondeo de Gallup realizado a 1.029 personas entre el 14 y 17 de octubre con un margen de error del 4 por ciento, sólo el 39 por ciento de los estadounidenses cree que Obama debería seguir en la Casa Blanca, informa la cadena norteamericana CNN.















Para las elecciones legislativas de noviembre sorprende la aparición del fenómeno Tea Party.






Esta es la cuarta edición del bus del "Tea Party Express". Las otras tres, realizadas durante el periodo de primarias, se saldaron con rotundos éxitos, pues ayudaron a la victoria de candidatos como Scott Brown, o Sharron Angle. En este tour, el más ambicioso, se recorrerá el país de costa a costa, pasando por los estados clave en estas elecciones. Después de cruzar estados como California, Texas, Ohio, Pennsylvania terminará un día antes de la contienda en New Hampshire.

18 jul 2010

Revolución juvenil

Primogénito de Ferrante Gonzaga, marqués de Castiglione, quien en 1566, estando al servicio del rey español Felipe II, se casó en la capilla del Palacio Real de Madrid con Marta Tana de Santena, dama de la reina Isabel de Valois. Fue el primero de siete hijos y heredero del título.
Después de la batalla de Lepanto (1571), don Ferrante recibió el encargo de preparar 3.000 infantes para la empresa de Túnez, y se trasladó a Castelmagiore con su hijo Luis que, durante cuatro o cinco años, vivió entre los soldados


















En 1590-1591 la peste hizo estragos en Roma causando miles de muertes, entre ellas la de los papas Sixto V, Urbano VII y Gregorio XIV. Luis atendió con heroísmo a los apestados en S. Giacomo degli Incurabili, en San Juan de Letrán, en S. María de la Consolación, y en el hospital improvisado junto a la iglesia del Gesú, donde contrajo la enfermedad. Así moría a los 23 años, tras una vida rica en experiencias.








Es considerado patrono de la juventud, es decir la misma juventud que, a partir de los años sesenta del siglo XX, decidió independizarse de todo lo anterior.



















Pues si el divorcio, los nacimientos ilegítimos y el ascenso de la familia de progenitor soltero (mayoritariamente madre) indicaron una crisis en la relación entre los sexos, el ascenso de una cultura juvenil específica y extraordinariamente poderosa indicó un profundo cambio en la relación entre las generaciones.








La juventud, como un grupo autoconsciente extendiéndose entre la pubertad, que en los países desarrollados ocurría más temprano que en las generaciones previas, y la mitad de los veinte, ahora se convirtió en un agente social independiente.


















Los desarrollos políticos más dramáticos, particularmente en los 60's y 70's, fueron las movilizaciones de la franja de edad que, en países menos politizados, hizo la fortuna de la industria discográfica, el 75 a 80 por ciento de cuya producción, puntualmente música rock, era vendida casi exclusivamente a consumidores entre los 14 y los 26.







La radicalización política de los 60's, anticipada por contingentes más pequeños de disidentes culturales y marginales de varias etiquetas, perteneció a esta gente joven, que rechazó el estatus de niño, o incluso de adolescente (i.e. adultos aún-no-maduros), a la vez que le negó humanidad completa a cualquier generación por arriba de los treinta, excepto para algún ocasional gurú.
















Excepto en China, donde el anciano Mao movilizaba a los jóvenes con efectos terribles, los jóvenes radicales eran guiados, en la medida en que aceptaran algún líder, por miembros de su propio grupo de edad. Esto fue patentemente cierto en los movimientos estudiantiles de todas partes del mundo, pero allí donde estos detonaron movimientos laborales masivos, como en Francia e Italia en 1968-69, la iniciativa también vino de los trabajadores jóvenes.

















Nadie con una experiencia mínima de las limitaciones de la vida real, es decir ningún adulto genuino, habría podido esbozar los confiados pero notoriamente absurdos eslóganes de los días del Mayo parisino del 68 o del "otoño caliente" italiano del 69: "tutto e subito,", "lo queremos todo y lo queremos ahora".















Gramsci pensaba que para la lucha revolucionaria en países industrializados, como los de Europa Occidental o Estados Unidos, no podía plantearse directamente la conquista del poder político, como pretendía Lenin. En esos países, decía Gramsci, la burguesía ha conseguido lo que él llamaba "la hegemonía ideológica" al controlar las instituciones culturales de la sociedad: los centros de estudio, los medios de comunicación de masas, los núcleos de producción artística, es decir, los centros orientadores del pensamiento, el gusto y la sensibilidad.







El verdadero poder de una clase dominante, decía Gramsci, se apoya en su hegemonía cultural, y si la revolución ha de triunfar es imprescindible primero conquistar ese liderazgo.








De otra forma, el poder político sólo podrá mantenerse mediante una vasta e implacable represión. Los revolucionarios, en vez de apoyarse en un partido elitista y burocratizado, como el "partido de nuevo tipo" de Lenin, debían construir lo que él llamaba una "fuerza contra hegemónica", independiente de las instituciones sociales y culturales que respondían a los valores de las clases dominantes.