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24 ene 2019

Fernando Sebastián

"La Transición" no fue un camino de rosas y entre lo más peligroso el terrorismo se llevó la palma. Los nacionalistas vascos, incluso los radicales, gozaban de cierto predicamento en la Iglesia Católica en el País Vasco. Sebastián cambió el discurso melifluo por una condena dura y áspera. Era de Zaragoza y fue arzobispo de Pamplona.




25 mar 2017

Paloma Gómez Borrero

Ha muerto la corresponsal en el Vaticano de no importa que medio de comunicación, hace poco saltó a la actualidad informando sobre los terremotos del centro de Italia, siempre estaba ahí la mejor embajadora española en Italia y el Vaticano.


Descanse en paz.



Reseña de El Mundo:



2 dic 2012

Científicos en la picota

Se ha publicado en distintos medios de comunicación que, en Italia, varios sismólogos han sido condenados a seis años de cárcel por no prevenir el terremoto del L'Aquila en 2009. Desde luego van a apelar, y es posible que los absuelvan en la siguiente instancia. Me parece entender que no es exactamente por no haber anticipado el terremoto, sino por haber dicho: "tranquilos, no pasa nada", cuando se registraban muchos microseísmos, en lugar de disparar todas las alarmas por la inminencia del terremoto.















El problema es la tremenda incultura científica que se ha instalado en todos los ámbitos sociales, también entre los jueces, lo que asociado a la responsabilidad extracontractual puede llevar a que al final se sea responsable casi de cualquier cosa. La ciencia nos indica simplemente las probabilidades de los fenómenos. El estudio de los terremotos está sujeto a un grado de indeterminación muy alto, de manera que es imposible adivinar el plazo en que se ha de producir el seísmo.

















La región es proclive a tenerlos y el alarmismo no es bueno para la ciencia. Los expertos dijeron a los políticos lo que sabían y ahora éstos se dan cuenta de que hubieran preferido al Oráculo de DelfosAunque al final se resuelva a favor de los científicos, esta sentencia es de locos. ¿La justicia respondiendo a la histeria colectiva con ganas de linchar? El resultado de todo puede ser la paralización de esta ciencia en Italia.









                                  








Yo, si fuera sismólogo o vulcanólogo, me buscaría otro trabajo o me iría a otro lugar. Desde luego, no me quedaría tranquilo en un sitio donde te condenan por no haber conseguido lo imposible. Podrían aplicar la misma vara de medir a las agencias calificadoras que dieron AAA a Lehman Brothers, una semana antes de quebrar.















Ciencia, madre nuestra que estás en la Tierra, danos el bienestar que procede del conocimiento usado con templanza democrática. Elimina nuestro dolor, cura nuestras enfermedades. No nos dejes sucumbir a la superstición ni a las falsas ilusiones, y líbranos de la ignorancia. Aunque pones límite a la potestad de los dioses, que reculan un paso con cada fórmula irrebatible que descubres, caíste a lo largo de la Historia en hondos letargos que acarrearon la desintegración cultural de algunas civilizaciones. Nada emprendes que no sea susceptible de aplicación bélica; pero también prolongas la vida, apaciguas al hombre, lo perfeccionas hasta donde es posible perfeccionar tan defectuosa criatura. Bendito el gobernante que fomenta tu desarrollo. Bendito el Estado que te acrecienta mediante la investigación, te incorpora para bien de todos a su sistema productivo y te acerca a los jóvenes. Acabarás el mismo día que la inteligencia del último curioso.



Fernando Aramburu.

8 oct 2011

Las guerras cristeras

Por su interés voy a reproducir aquí un artículo sobre un periodo poco conocido de la historia de Méjico.











La guerra cristera contra la revolución mexicana
Por Pedro Fernández Barbadillo





















En el verano de 1926 los católicos mexicanos se rebelaron contra un Gobierno inicuo que les perseguía hasta el punto de la proscripción del culto. En los años siguientes, los campesinos derrotaron a los soldados federales y a sus jefes revolucionarios y masones; y habrían vencido de no ser por los obispos.











Desde la independencia, en 1821, México vivió sumido en dos guerras casi permanentes: la exterior contra Estados Unidos, que le amputó la mitad de su territorio, y la interior, entre conservadores y liberales, católicos y masones. El que fue el virreinato más próspero y extenso de las Indias españolas se hundió en la miseria y el caos.










Una vez derrocado el emperador Agustín I, las elites, sobre todo las liberales, se empeñaron en copiar todas las leyes y las innovaciones constitucionales de Estados Unidos: la estructura federal, el mecanismo de elección del presidente, la figura de la vicepresidencia, etcétera. Alexis de Tocqueville sostenía en La democracia en América que, pese a haber copiado esas instituciones y leyes, México no podría "acostumbrarse al gobierno de la democracia".











Las Leyes de Reforma.





La guerra civil entre conservadores y liberales concluyó con la victoria de éstos, apoyados por Washington. Como todos los liberales surgidos del molde francés, los mexicanos incurrieron en la expropiación de tierras comunales y eclesiásticas –para comprarlas a bajo precio– y la persecución de los católicos, al amparo de las Leyes de Reforma, promulgadas por Benito Juárez. Una de éstas ordenaba la exclaustración de monjas y frailes, como hicieron en España los exaltados, lo que supuso, aparte de un atropello a las personas, la destrucción de un inmenso patrimonio cultural. También se prohibía la realización de ceremonias fuera de los templos y que los sacerdotes vistieran sotana o traje talar en la calle.









La primera bandera mexicana, enarbolada por el cura Miguel Hidalgo en 1810, era un estandarte con una imagen de la Virgen de Guadalupe. Pero Benito Juárez llegó a decir:









Desearía que el protestantismo se mexicanizara conquistando a los indios; éstos necesitan una religión que les obligue a leer y no les obligue a gastar sus ahorros en cirios para los santos.






















En 1873 los liberales que gobernaban el estado de Oaxaca, donde nació Juárez, expulsaron a los jesuitas, las monjas y los sacerdotes extranjeros. El sucesor de Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, más anticatólico, llegó a expulsar a 410 hermanas de la Caridad que cuidaban de 15.000 desdichados. Ante el anuncio de nuevas medidas anticatólicas, los fieles se prepararon para la rebelión. En 1874 cientos de partidas de campesinos armados atacaron al Gobierno federal; se les llama "los religioneros". La campaña se extendió desde 1873 hasta 1876, e hizo caer a la facción exaltada del Gobierno.










A finales de 1876 accede a la presidencia el general Porfirio Díaz. Durante su reinado, la Iglesia recuperó gran parte de la libertad que había tenido, pero sólo porque Díaz la necesitaba para mantener la paz y porque guardó las Leyes de Reforma en un cajón. El régimen concedió permisos para erigir nuevas diócesis y parroquias y abrir seminarios y colegios. Sin embargo, la educación mantuvo sus directrices laicistas.










Una Constitución socialista.





En 1911 el régimen de Díaz, el Porfiriato, cayó, dando paso a una larga serie de guerras civiles que se prolongaron hasta finales de los años 30: campesinos contra latifundistas, la ciudad contra el campo, el presidente contra los que querían ser presidentes, los masones contra los católicos, guerrilleros contra soldados... Por supuesto, las potencias extranjeras tuvieron su papel; en especial Estados Unidos, que compraba petróleo a su vecino del sur.






















En febrero de 1917 se la Constitución que, con algunas variaciones, sigue vigente en el país. Fue la Constitución más socialista del mundo... hasta que los bolcheviques hicieron la suya. Ese socialismo no se limitaba a la nacionalización del petróleo y a la formación de explotaciones agrícolas colectivas (los ejidos), sino que daba especial importancia al control de las mentes por un Estado omnipotente: sólo estaba autorizada la educación pública, que era laicista y revolucionaria; la Iglesia católica quedaba sometida al poder, y quien desafiara la revolución acababa en la cárcel o en el paredón.










Entre 1920 y 1928 gobernaron México los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, del clan de Sonora. Ambos detestaban a la Iglesia. En 1925 Calles se decidió a crear una iglesia nacional: cerró docenas de colegios católicos y varias parroquias, expulsó a sacerdotes extranjeros y captó a misioneros protestantes. En el campo político, él y Obregón procedieron a la unificación de los grupos revolucionarios que culminó en los años 30 con la fundación del Partido Nacional Revolucionario, que posteriormente cambiaría ese nombre por el de Partido Revolucionario Institucional; el célebre PRI.










El alzamiento cristero.





El 14 de junio se aprueba la llamada Ley Calles, que desarrollaba el artículo 130 de la Constitución (sólo en 1992 se modificó para permitir la libertad religiosa) y limitaba el número de sacerdotes autorizados para dar culto. En respuesta, el 31 de julio de 1926 el episcopado mexicano ordenó la suspensión del culto.









Desde la aprobación de la Constitución, los católicos estaban organizándose para defender su fe y sus derechos como ciudadanos. La Liga Nacional de Defensa Religiosa, fundada en marzo de 1925, comenzó un boicot económico.





















El 3 de agosto se produjo una batalla en el santuario de la Virgen de Guadalupe tras difundirse el rumor de que el Gobierno iba a cerrarlo. A lo largo de ese mes se producen las primeras escaramuzas entre fieles y uniformados del Gobierno, que prosiguen en septiembre. El Gobierno responde con tal represión, que a finales de 1927 había en torno a 20.000 cristeros en armas.










Los cristeros eran en su gran mayoría campesinos, gente en absoluto rica, que sólo habían recibido del Gobierno de la capital y de los militares y funcionarios revolucionarios insultos, humillaciones, impuestos, requisas y persecuciones de orden religioso. Mientras el Ejército lo formaban mercenarios, conscriptos, delincuentes y hasta asesores de Estados Unidos, armados con ametralladoras, trenes, aviones y cañones, los rebeldes eran todos voluntarios, familias enteras, cuyas principales armas eran machetes, viejos fusiles y sus caballos. Su grito de guerra era "¡Viva Cristo Rey!", por lo que se les conoció como cristeros.










El ejército cristero estaba mandado por líderes populares como los generales Jesús Degollado Guízar y Enrique Gorostieta y el coronel Lauro Rocha. Los brotes armados se dieron de manera espontánea, principalmente, en el centro y occidente del país (Jalisco, Zacatecas, Guanajuato y Michoacán), así como en Morelos, el Distrito Federal y Oaxaca







La Cristiada tuvo un carácter religioso innegable. El general federal Eulogio Ortiz hizo fusilar a uno de sus soldados sólo por llevar un escapulario al cuello. Al "¡Viva Cristo Rey!", de los cristeros, durante las batallas y escaramuzas los soldados respondían: "¡Viva Satán!" Cuando los militares entraban en una población abandonada la víspera por los cristeros, incurrían en represalias tales como el saqueo, la profanación de templos y objetos de culto, la ejecución de sacerdotes, el confinamiento en campos de trabajo o el bombardeo del lugar.










Los Arreglos.






Después de casi tres años de campañas, la guerra resultaba ruinosa y vergonzosa para el Gobierno revolucionario: pese a contar con 70.000 soldados, no podía vencer a los que consideraba unos rebeldes analfabetos en alpargatas ("Una reacción de indios embrutecidos por el clero y sumidos en el fanatismo ", según la versión oficial), la producción agrícola se había hundido y la economía estaba estancada. De modo que en 1929 el nuevo presidente, Emilio Portes Gil, ofreció la paz. Los obispos se sentaron muy a gusto en la mesa de negociaciones, en la que también participó, como mediador, el embajador estadounidense, Dwight Whitney Morrow, que insistía al Gobierno y a la prensa para que no hablasen de cristeros sino de bandidos.










En los Arreglos, el Gobierno revolucionario mexicano sólo se comprometía a no aplicar la legislación anticatólica, pero no a derogarla, y a permitir la apertura de iglesias. Sin embargo, los sectores del clero y de los laicos de las ciudades opuestos a los cristeros aceptaron el ofrecimiento, que nunca se habría producido de no ser por la rebelión. Los obispos forzaron a los cristeros, a los que no se había invitado a las negociaciones, a rendirse y desarmarse.























Una nueva cristiada.





En cuanto dejaron las armas, los cristeros empezaron a ser asesinados. En los años siguientes murieron unos 1.500, más que en toda la guerra. En 1932 Pío XI condenó, en la encíclica Acerba Animi, la ruptura de los Arreglos. Se produjo una nueva rebelión en 1932, que sumó 7.500 cristeros en 15 estados en 1935. Hubo entonces prelados que los desautorizaron y les culparon de los actos anticlericales cometidos por el Gobierno del general Lázaro Cárdenas.










Las partidas sobrevivieron en el norte de Puebla hasta 1938 y en Durango hasta 1941. El último cristero, Federico Vázquez, se rindió en Durango en 1941 y fue asesinado por diez sicarios enviados por el gobernador local, militante del partido que en 1946 pasaría a llamarse PRI.










Mucha de la violencia que sacude hoy México proviene de esa época, tan cruel como desconocida.

7 jun 2010

Inquisición









A pesar de los esfuerzos de la filosofía de la ciencia y de la teoría de la ciencia, hoy nos encontramos en un contexto en el que se utiliza la ciencia a la manera religiosa, como una ideología, de forma que la disensión va pareciendo inaceptable. Desde un punto de vista doctrinal, el desprestigio que sufrió la filosofía del primer positivismo no ha sido suficiente para curarnos de ese defecto.







Los políticos nadan, en el campo ideológico, como peces en el agua; aunque, eso sí, defendiendo en la mayoría de las situaciones sus intereses en materia de poder y dinero.
































Actualmente, la intransigencia y la ausencia de espíritu científico se manifiestan en un sin fin de materias, como por ejemplo el calentamiento global donde se están batiendo marcas.










Hace unos años hubo una propuesta, de un grupillo minoritario en el Senado de USA, para reprimir por ley a los que manifestaban públicamente su falta de fe en el calentamiento global por causas antropogénicas; esto era una vuelta de tuerca de la corrección política, el argumento utilizado era que, al opinar así, favorecían la inacción frente al problema; es decir lo que subjetivamente era un derecho objetivamente era un pecado.






















El año pasado, al Papa Benedicto XVI le hicieron boicot y no pudo dar unas conferencias en una universidad italiana, nadie se preocupó de recordar las enseñanzas de Wittgenstein en el sentido de que la religión no era materia antagónica de la ciencia sino otra cosa, un campo distinto al que, si no se sabe, es mejor dejar en paz.










Determinados cantamañanas como Dawkins han abandonado la investigación científica para dedicarse a atacar la religión, y eso a pesar de que se necesitan modelos evolutivos que sean algo más que hipótesis incompletas.




















Otras materias, como el origen del universo, no despiertan tantas controversias, a pesar de que es el problema científico más importante que existe, quizá como no ofrece beneficio a políticos y propagandistas, no mueve ánimos fuera del campo científico.


















"En cosmología física, la teoría del Big Bang o teoría de la gran explosión es un modelo científico que trata de explicar el origen del Universo y su desarrollo posterior a partir de una singularidad espaciotemporal. Técnicamente, se trata del concepto de expansión del Universo desde una singularidad primigenia, donde la expansión de éste se deduce de una colección de soluciones de las ecuaciones de la relatividad general, llamados modelos de Friedmann- Lemaître - Robertson - Walker. El término "Big Bang" se utiliza tanto para referirse específicamente al momento en el que se inició la expansión observable del Universo (cuantificada en la ley de Hubble), como en un sentido más general para referirse al paradigma cosmológico que explica el origen y la evolución del mismo".





























En una habitación, cuando la inquisición entra por la puerta, sale la ciencia por la ventana.