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5 may 2010

Español, navarro y vasco

Una de las preguntas más frecuentes cuando la gente sabe que eres navarro es: "¿pero Navarra es vasca o no?" Y es una pregunta que genera un gran cansancio pues obliga a dar una explicación larga, cuando generalmente el que pregunta, aunque tenga buena intención, desea escuchar una respuesta clara y rápida.









Hay tres realidades de una naturaleza distinta, aunque hay partidarios de mezclarlas realmente, ya sea por creencia política o por ignorancia; estas realidades son: España, Navarra y el hecho de ser vasco.



















España es una realidad nacional, si bien deriva de una entidad inicialmente geográfica que nace cuando Roma decide llamar a la península ibérica, de los griegos clásicos, Hispania.


































Poco a poco, esa realidad geográfica inicial va tornándose teatro de operaciones políticas, económicas, sociales y puesta en escena del balance de poder entre las unidades políticas peninsulares.










A lo largo del tiempo, esas unidades políticas, "Estados", que se van dando son de distinta naturaleza; y en este mismo blog he hablado de muchas de ellas: la Hispania romana, los reinos godo, vándalo, suevo, el Emirato cordobés, el Califato de Córdoba, los reinos de taifas, el Reino de Asturias, León, Castilla, Portugal, Galicia, Navarra, Aragón, la Marca Hispánica catalana, el Reino de Mallorca, el Reino de Valencia, el Reino de Murcia, el Reino de Andalucía, etc.





























El tipo de Estado es distinto en cada época, pero nunca es nacional pues la nación es un concepto que, además de ser discutido y discutible, es moderno. Al final de la Edad Media, dos potentes reinos que engloban a otros anteriores, se unen, dando lugar al embrión de lo que será el Estado Español; luego, el Estado Español moderno y finalmente la Nación española.









En este proceso de forja, se creará y se disolverá un Imperio y, aunque Portugal llega a unirse durante más de ochenta años, la unión no cuaja antes de que España se constituya en nación política.







Ya a finales del siglo XVIII, aparece España como realidad nacional política y la puesta en escena se produce en los siglos XIX y XX, aunque esto no garantiza que permanezca en el futuro o no se vuelva a recrear con unos elementos y naturaleza distintos; toda obra humana es perecedera y a la vez hija de su tiempo.





















Navarra es, en origen, un antiguo reino medieval; aunque antes de Roma en ese territorio se condensara una intrincada variedad de tribus de distinto origen con territorios cambiantes, en algunos casos con ciudades comerciales y agrícolas, en otros casos simples bandas de cazadores salvajes.
















Poco se sabe de las realidades políticas en que se organizaban, pero al comienzo de la conquista islámica el Reino se conforma a la manera medieval, con fuerte presencia de clero regular y secular, nobleza, hombres libres y siervos.








Por lo tanto, desde su origen, Navarra es un territorio político que cambia y que desaparece como entidad independiente antes del tiempo de las naciones políticas.







Ahora es una provincia dentro del Estado Español; una comunidad autónoma que tiene en su territorio lo que fue el núcleo, no todo, del antiguo Reino medieval.


















Formar parte del pueblo vasco es lo más difícil de definir entre las realidades anteriormente citadas. Lo vasco es la herencia actual (influida por las culturas española y francesa) de una cultura antigua, anterior a Roma; de una serie de tribus con desarrollo histórico, político, económico y social diverso; junto con las vicisitudes culturales (aportaciones, pérdidas), territoriales (el territorio ha sido cambiante a lo largo de la historia) y políticas (ha habido vascos en distintos espacios políticos).









Además la expansión europea en América, y hacia otros territorios, hace que aparezcan gentes de origen vasco en esas naciones; por otro lado, no todos los vascos participan actualmente de su cultura con la misma intensidad y mucha gente tiene más de un origen cultural.

























Luego, ¿cómo me definiría yo? Soy español de nación política, navarro de región geográfica (patria chica) y vasco de, en parte y lejano, origen cultural.

20 feb 2010

Grandezas del pasado










Lo que en 1700 Europa rechazaba, refiriéndolo a España, y así lo explicarán los autores de la enciclopedia, era su modelo de vida, aunque preferían referirse al poder hegemónico que durante más de un siglo había intentado ejercer. No, en realidad se trataba de los tres grandes significados que atribuimos al Siglo de Oro.






















En primer término la fe católica oponiéndose con las armas a la extensión del protestantismo. Esto llevaba tras de sí una concepción de la persona, del ser humano dentro de esas coordenadas, que valoraba el mestizaje como algo positivo y deseable, hasta tal punto que la mezcla de sangres alcanzaba dimensiones extremas en la América hispana.

















Luego venía el predominio de la nobleza, no tanto como clase social sino como modo de vida aplicado a la conducta humana. Todos los juicios negativos acerca del modelo que los españoles ofrecieron a Europa, se han englobado bajo un título, leyenda negra, porque juzgaban todas las ofertas hispanas como algo negativo que debía ser destruido o al menos superado.

















Una parte de la población española aceptó valores positivos en este planteamiento y, en consecuencia, defendió la teoría de la adaptación y del cambio.

















Pero otra, también suficientemente numerosa y representativa, seguía firme a los viejos principios, ya que de ellos dependía a su juicio la fidelidad a la Verdad. En ese tiempo, en la España de Felipe II en cuyos dominios no se ponía el sol, los valores españoles dominaron Europa, se forjó la América hispano-portuguesa (Portugal formó parte de España entre 1580 y 1640).















La paz de Westfalia (1648) es una especie de término de llegada. Europa rechazaba el modelo presentado y defendido con ahinco por España.








22 oct 2009

Colonialismo

























Los romanos tuvieron un gran éxito en la tarea de colonizar la Galia. La conquista del territorio por Julio César se llevó a cabo en 10 años. En aquella época, la Galia estaba compuesta por el actual territorio de Francia, parte de Bélgica, parte de Alemania y parte de Suiza; el número de habitantes rondaba los 5000.000, cuando acabó la campaña había bajado hasta 3000.000.













A los muertos en combate por los dos bandos, había galos combatiendo con los romanos, hay que añadir: los que fueron llevados a Roma como esclavos y los que fueron como mercenarios o trabajadores de cualquier tipo; así mismo, hubo quienes murieron como consecuencia indirecta de la guerra, de hambre o enfermedades.









A cambio, los romanos enviaron a la Galia colonos que eran los veteranos de César y Craso, así como soldados licenciados del disuelto ejército de Pompeyo, en total unos cientos de miles de almas.











Con esas mimbres construyeron campamentos y ciudades y crearon una amplia red de caminos. Aunque hubo pequeñas rebeliones focalizadas y bandidaje, sólo tuvieron una rebelión general, fracasada, en el siglo II; luego, en los siglos IV y V, sucedieron lo que se puede considerar guerras civiles romanas en el contexto de la caída imperial.



















La Galia fue el granero de Roma, se civilizó y romanizó hasta convertirse en el ejemplo de colonialismo con éxito; la lengua celta pervivió hasta principios del siglo IV, conviviendo con el latín; el bretón que se habla hoy es consecuencia de las incursiones británicas del siglo VI.