Ha muerto la escritora norteamericana Toni Morrison; fue la primera mujer afroamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura. Ésta es la necrológica de El País.
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6 ago 2019
11 nov 2016
Leonard Cohen
Hace unos días celebrábamos la concesión del premio nobel de literatura a Bob Dylan, Leonard Cohen estuvo en las quinielas y siendo amigo de Dylan comentó que conceder el Nobel a éste es como dar un premio de altura al Everest.
Pese al indudable valor poético de Cohen la Academia Sueca prefirió el valor icónico de Dylan.
Cohen ha sido desde siempre heraldo de nuestra sociedad, vio antes lo que se nos venía encima, apreciaba la tristeza y el dolor debajo del relumbrón aparente de nuestra sociedad.
Nunca perdió el humor aunque la vida le jugó malas pasadas, se arruinó por la mala gestión de su patrimonio no achacable a él mismo, pero la fortaleza está en sobreponerse y a sus ochenta años volvió a los escenarios para vivir y que sobrevivieran sus fundaciones.
Descanse en paz.
7 nov 2013
Ciencia ficción II
El género de la ciencia ficción, por otro lado tan relacionado con la literatura fantástica y de terror (como solía decir Arthur C. Clarke: "una tecnología avanzada al límite es magia"), tiene dos características fundamentales: crítica sociopolítica que responde a algo actual pero llevado al límite en la ficción y una ciencia y tecnología no descubiertas, o en la de anticipación tecnología de última generación no descubierta por el público.

Dentro de la trama pueden producirse diversas situaciones jugando con el tiempo y el espacio; así encontramos: distopías, utopías, ucronías y discronías. En realidad, el nombre ya existía: lo había inventado el ensayista inglés William Wilson en 1851. En cuanto al género tenía, al menos, tres siglos de historia. Había nacido junto a la ciencia moderna (el "Sueño Astronómico" de Kepler es de 1610), la ciencia ficción asumió la herencia de las utopías del Renacimiento (Moro, Bacon) y de los viajes maravillosos del siglo XVII (Swift) y hasta se puede rastrear en la Odisea.

Después de la Revolución Industrial le cantó al progreso positivista (Verne) o se unió a la vertiente mágica del romanticismo (Mary Shelley) para alcanzar su madurez con la obra de H.G. Wells (1866-1946), sin olvidar las incursiones de Edgard Allan Poe. Pero la exclusividad nace con las revistas pulp de género norteamericanas. Hugo Gernsback, un inventor aficionado y editor, que propuso el nombre en la revista Amazing Stories.

Las revistas que fueron punteras durante el período clásico (1946-1965) fueron "Galaxy" y "The Magazine of Fantasy and Science Fiction". Esta última la dirigía Anthony Boucher, un profesor de literatura que hizo mucho para acortar las distancias entre la ciencia ficción y la gran narrativa fantástica. Por entonces, Judith Merril ya prefería hablar de ficción "especulativa" en lugar de "científica", mientras que el británico J.G. Ballard proponía privilegiar el "espacio interior".

La obra de Cordwainer Smith, recapitula la herencia de este periodo y marca también su fin. En los años que siguieron las revistas fueron extinguiéndose, y con ellas se eclipsó el cuento, pero el mercado editorial de la ciencia ficción terminó de consolidarse. Nuevos talentos, como Ursula K. Le Guin, hicieron que el género se volviera respetable para la crítica universitaria. Pero este reconocimiento pareció estimular más a la industria que a la creatividad.

Los clubes de lectores y aficionados se convirtieron en una vasta y burocrática red mundial.

Dentro de la trama pueden producirse diversas situaciones jugando con el tiempo y el espacio; así encontramos: distopías, utopías, ucronías y discronías. En realidad, el nombre ya existía: lo había inventado el ensayista inglés William Wilson en 1851. En cuanto al género tenía, al menos, tres siglos de historia. Había nacido junto a la ciencia moderna (el "Sueño Astronómico" de Kepler es de 1610), la ciencia ficción asumió la herencia de las utopías del Renacimiento (Moro, Bacon) y de los viajes maravillosos del siglo XVII (Swift) y hasta se puede rastrear en la Odisea.

Después de la Revolución Industrial le cantó al progreso positivista (Verne) o se unió a la vertiente mágica del romanticismo (Mary Shelley) para alcanzar su madurez con la obra de H.G. Wells (1866-1946), sin olvidar las incursiones de Edgard Allan Poe. Pero la exclusividad nace con las revistas pulp de género norteamericanas. Hugo Gernsback, un inventor aficionado y editor, que propuso el nombre en la revista Amazing Stories.

Las revistas que fueron punteras durante el período clásico (1946-1965) fueron "Galaxy" y "The Magazine of Fantasy and Science Fiction". Esta última la dirigía Anthony Boucher, un profesor de literatura que hizo mucho para acortar las distancias entre la ciencia ficción y la gran narrativa fantástica. Por entonces, Judith Merril ya prefería hablar de ficción "especulativa" en lugar de "científica", mientras que el británico J.G. Ballard proponía privilegiar el "espacio interior".

La obra de Cordwainer Smith, recapitula la herencia de este periodo y marca también su fin. En los años que siguieron las revistas fueron extinguiéndose, y con ellas se eclipsó el cuento, pero el mercado editorial de la ciencia ficción terminó de consolidarse. Nuevos talentos, como Ursula K. Le Guin, hicieron que el género se volviera respetable para la crítica universitaria. Pero este reconocimiento pareció estimular más a la industria que a la creatividad.

Los clubes de lectores y aficionados se convirtieron en una vasta y burocrática red mundial.
El
imperio de la ciencia ficción se extiende hoy hasta los más remotos
confines de la Tierra, pero ha sido fagocitado por la industria del
entretenimiento (cine, cómic, televisión). Desde la exitosa "Dune" de Frank Herbert, el mercado se
llenó de ambiciosas trilogías y tetralogías, suerte de "space operas"
posmodernas, a veces escritas por encargo. Ellas alimentan otros
negocios millonarios, como las películas de efectos especiales y los
juegos de vídeo. En los escritores más recientes predomina el pesimismo:
reniegan del futuro e imaginan una indefinida decadencia. No terminan
de salir del marco imaginativo creado por quien fuera el último de los
clásicos o el primero de los posmodernos: Philip K. Dick.

Autores clasicos de este género son: Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Robert A. Heinlein, Clifford D. Simak, Poul Anderson, Ray Bradbury y Stanislaw Lem junto a los ya citados anteriormente. En español han cultivado el tema Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.
Como vemos hay una cierta asociación con la ciencia en sí, y tanto científicos como servicios de información han buscado inspiración entre sus páginas.
17 sept 2013
Philip K. Dick
Tradicionalmente la ciencia ficción había vivido en un gueto secundario de literatura pulp y cine serie b, pero a partir de 1968 con "2001 Una Odisea en el Espacio" ha entrado en el gran cine como miembro de pleno derecho. Gracias a esto la crítica empezó a mirar con mejores ojos a la literatura de ciencia ficción, así como las grandes producciones cinematográficas arrastrarán también una reivindicación del género policíaco, ya sabemos lo renuente que es la crítica ante la literatura de género.

Philip K. Dick empezó en ese momento a despertar el interés que no había conseguido levantar a pesar de ganar dos premios Hugo y un premio de relatos cortos de ciencia ficción. Los premios Hugo se fijan sobre todo en las ideas originales, quizá más que en la calidad literaria, pero nadie puede dedicarse a escribir en USA sin hacerlo al menos medianamente bien.
En Dick hay una mezcla de novela psicológica y ciencia ficción que no hace ascos a la ucronía ni a la distopía, es una mezcla de Stanislaw Lem y Stephen King.

Philip K. Dick nació en el seno de una familia de clase media, su padre era inspector de seguros agrarios en Chicago (Illinois), pero su infancia no estuvo exenta de acontecimientos extraños. Su hermana gemela murió como consecuencia de las heridas producidas en un accidente y él mismo ingresó en el hospital con síntomas de desnutrición. Sus resultados en la escuela no destacaron salvo por sus bajas notas en redacción (aunque su profesor vio talento en él). Fue a la universidad de California en Berkeley en el momento en que había que estar, pero abandonó sus estudios cuando le pidieron que entrara en el programa de oficiales de complemento (milicia universitaria), a partir de ahí se dedicó profesionalmente a la escritura. Fue amigo de los más conspicuos miembros de la generación beat: Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William Burroughs.

En una época esencialmente optimista, en su obra se ve un futuro atroz lo que probablemente es consecuencia de la naturaleza bipolar de Dick. Consumió drogas en su juventud, y entre ellas LSD, pero más adelante fijó su costumbre en el alcohol, el tabaco y las anfetaminas. Después de tomar analgésicos fuertes, tras una visita al dentista, se desató en él una esquizofrenia paranoica con tendencia a fantasías conspiranoicas religiosas, new age, aunque tenía intervalos de lucidez. Acertó más que otros en su visión del futuro. Aseguró a Ridley Scott que Blade Runner sería un éxito pero no pudo disfrutar de los beneficios de la compra, por parte de Hollywood, de los derechos de sus novelas. Murió de un infarto repentino en compañía de su tercera mujer, a la edad de 54 años.

Philip K. Dick empezó en ese momento a despertar el interés que no había conseguido levantar a pesar de ganar dos premios Hugo y un premio de relatos cortos de ciencia ficción. Los premios Hugo se fijan sobre todo en las ideas originales, quizá más que en la calidad literaria, pero nadie puede dedicarse a escribir en USA sin hacerlo al menos medianamente bien.
En Dick hay una mezcla de novela psicológica y ciencia ficción que no hace ascos a la ucronía ni a la distopía, es una mezcla de Stanislaw Lem y Stephen King.

Philip K. Dick nació en el seno de una familia de clase media, su padre era inspector de seguros agrarios en Chicago (Illinois), pero su infancia no estuvo exenta de acontecimientos extraños. Su hermana gemela murió como consecuencia de las heridas producidas en un accidente y él mismo ingresó en el hospital con síntomas de desnutrición. Sus resultados en la escuela no destacaron salvo por sus bajas notas en redacción (aunque su profesor vio talento en él). Fue a la universidad de California en Berkeley en el momento en que había que estar, pero abandonó sus estudios cuando le pidieron que entrara en el programa de oficiales de complemento (milicia universitaria), a partir de ahí se dedicó profesionalmente a la escritura. Fue amigo de los más conspicuos miembros de la generación beat: Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William Burroughs.

En una época esencialmente optimista, en su obra se ve un futuro atroz lo que probablemente es consecuencia de la naturaleza bipolar de Dick. Consumió drogas en su juventud, y entre ellas LSD, pero más adelante fijó su costumbre en el alcohol, el tabaco y las anfetaminas. Después de tomar analgésicos fuertes, tras una visita al dentista, se desató en él una esquizofrenia paranoica con tendencia a fantasías conspiranoicas religiosas, new age, aunque tenía intervalos de lucidez. Acertó más que otros en su visión del futuro. Aseguró a Ridley Scott que Blade Runner sería un éxito pero no pudo disfrutar de los beneficios de la compra, por parte de Hollywood, de los derechos de sus novelas. Murió de un infarto repentino en compañía de su tercera mujer, a la edad de 54 años.
Etiquetas:
ciencia ficción,
literatura,
locura
9 oct 2010
Mario Vargas Llosa

Como ya indiqué en otra entrada del blog, es decir aquí, Mario Vargas LLosa ha sido uno de mis grandes iconos en la novela. Como no soy crítico literario, ni conozco las claves de la novelística, mi impresión se basa únicamente en el gusto, en el placer que causa leer las historias de este gran contador de cuentos.
Vargas hace entretenido leer sus novelas, pero también leer sus ensayos de crítica e incluso oírle contar anécdotas de su vida. Vemos en él una vida plena realizada en su vocación de escribidor, de político, de hombre, de aventurero. Lo que hace lo hace con un extraordinario rigor, ampliando conocimientos y trabajando duro; desde luego se aprecia en él un tremendo vitalista capaz de divertirse cuando toca la juerga.

De él he leído la mayor parte de sus novelas: "La Ciudad y los Perros" en la adolescencia, "Pantaleón y las Visitadoras" en la mili y luego citar las tres que más me han hecho disfrutar: "La Guerra del Fin del Mundo", "La fiesta del Chivo" y "Quién Mató a Palomino Molero".

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Sólo me queda alegrarme y felicitar al Nobel que prestigia el Nobel, larga vida y que sigas deleitándonos con tu obra Varguitas.
7 may 2010
Lecturas
Tendría yo unos cinco años cuando apareció una amiga de mi tía, ambas han muerto, con un regalo singular, era un TBO un TBO de Pumby, cuyas aventuras eran obra de un dibujante y guionista valenciano de nombre Sanchís.

Hasta entonces yo había leído cuentos, los más infantiles y luego de Calleja, de cara a apuntalar mi capacidad lectora, pero no mostraba creo preferencia por ninguno en especial; sin embargo, ese fue el comienzo de mi carrera como lector.
Por culpa de una enfermedad motriz, cuyas consecuencias se extienden por mi infancia, paulatinamente iba descendiendo mi afición a correr y crecía mi afición a leer, de manera que me fui convirtiendo en uno de esos adolescentes que en el patio del recreo se dedican a comentar el telediario del día pasado o a la tarea de ciencias, antes de jugar al fútbol treinta contra cuarenta.
De ahí la aparición de una sucesión de comics que van desde el Capitán Trueno hasta Asterix y Tintín, con la natural curiosidad por los lugares donde se desempeñaban sus aventuras; curiosidad que pude satisfacer en la enciclopedia Espasa y en un atlas que compró mi padre, y que es una de las cosas que más agradezco.


En relación con lecturas más serias, a los 10-11 años, recuerdo que los Hermanos Maristas ya me proporcionaban libros de biografías célebres, gracias a aquello pude conocer un poco de la vida de Gengis Kan o de Atila.
Mis padres me regalaban libros, y recuerdo entre otros a Los Hollister, novelas de Michael Ende y las aventuras de Pinocho y Bonete.



Sin embargo, en el colegio era muy popular Enid Blyton, que también leí, aunque las auténticas lecturas de mi adolescencia fueron Karl May, Emilio Salgari y Julio Verne.
Estos autores habían escrito para adultos jóvenes, obreros y estudiantes, siendo muy populares en la edad de la inocencia; sin embargo, en mi época ya estaban relegados al público infantil y juvenil.
De Julio Verne ya he hablado en este blog, pero no de los otros; Karl May escribió novelas del oeste sin haber salido de Alemania, a finales del siglo XIX, y de Salgari recuerdo que en algunas de sus novelas los españoles eran los malos, lo que era anatema para mí.
Y de ahí el caos, un desbordamiento de lecturas que van desde los clásicos en español y francés por la escuela, los best sellers, lo culturalmente correcto ("lo que hay que leer") y las novelas policíacas sobre todo en la mili.
En la universidad me interesé por lecturas de ensayo de diversas disciplinas, la mayor parte alejadas de las materias de estudio, y luego he ido leyendo de diversos temas, siempre por impulsos u obligado por cursos de las más diversas materias.
Aunque ahora no leo mucha novela, citaré a tres autores que me interesan mucho: en lengua española Mario Vargas LLosa, en lengua inglesa Joseph Conrad y no puedo olvidar a Thomas Mann en alemán.

La verdad es que no me considero un gran lector, he dedicado la mayor parte de mi tiempo a mi trabajo y a la vida social, que fue intensa en mi juventud; pero aun así, ningún día he dejado de leer un rato, antes de dormir o después de comer.
6 may 2010
Juan Manuel de Prada
En el año 2005, terminó uno de los raros programas de la televisión que cumplían los tres objetivos que, al parecer en otra época decían, la televisión desempeñaba: informar, educar y entretener; me refiero a "¡Qué Grande es el Cine!" de José Luis Garci.

Era de horario nocturno, y en él, además de proyectar una película interesante en la historia del cine, por su belleza, la novedad que representaba o sus habilidades técnicas, se analizaban todas estas cuestiones y la personalidad de sus autores en un debate posterior. El debate casi era más interesante que las películas; participaban críticos de cine, especialistas de diversos campos y escritores.

Recuerdo particularmente la presencia de Juan Manuel de Prada, que demostraba una erudición en los campos del cine y de la literatura que parecía que lo había leído y visto todo. Si tenemos en cuenta que además escribía en periódicos, publicaba libros y hacía crítica, yo lo consideraba un auténtico prodigio pese a su juventud.
Junto a su intensa preparación para ser intelectual, Prada había estudiado no se si una o dos carreras universitarias.

Aún hoy, leo sus artículos con interés, a pesar de la deriva fuertemente religiosa en la que ha entrado, siempre hay un análisis interesante y humorístico (de humor negro) de la realidad que nos ha tocado vivir.
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