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24 sept 2012

China hoy en día

En el mundo antiguo, cuando Roma surgía como potencia naciente, el emperador chino Qin Shi Huang terminó manu militari con la conquista de los reinos combatientes y creó, de hecho, el Imperio Chino. Ambas superpotencias no interactuaban directamente, no tenían fronteras comunes, las vías de comunicación comercial (ruta de la seda o de las especias) eran casi un secreto. Sin embargo este desconocimiento no era óbice para que los acontecimientos en cada una de esas entidades influyesen en la otra.







                                    






En época de Imperio Romano fuerte, los bárbaros asediaban China, en época de Imperio Chino fuerte los germanos asediaban Roma. En la Europa del siglo XIII todavía creían en el Preste Juan, rey cristiano mitológico de China. Marco Polo de hecho nos ha trasmitido la Historia de China en su libro del Millón donde queda constancia de la repulsa de los emperadores a intervenir fuera del hinterland chino, como queda demostrado en la historia del almirante Zheng He que vio su escuadra destruida y después la prohibición de construir otra, poniéndose de manifiesto el deseo de aislamiento chino.  El deseo de aislamiento chino se ha visto roto modernamente tras la escisión maoista del comunismo, por imperativo del internacionalismo proletario, saliendo China trasquilada de Kenia y Tanzania, pero hoy día el tremendo superávit comercial y sus intereses en todo el mundo la fuerzan a intervenir.








 






China al contrario que el Imperio romano, destruido en su versión occidental en el 475 d.C. y en su versión oriental en 1453 d.C., pervive hoy en día, y eso a pesar de las muchas guerras civiles que jalonan su historia, por citar solo las últimas: la instauración de la República por Sun Yat Sen y las consiguientes rebeliones, la época de los señores de la guerra, la invasión japonesa de Manchuria que desemboca en la II Guerra Mundial y la guerra civil que, entre 1945 y 1949, enfrentó al comunista Mao Tse-Tung con el líder nacionalista Chiang Kai Shek.








 









En realidad, a pesar de esta sucesión de guerras y levantamientos, China siempre vuelve a estar unida; tras la derrota de la dinastía Manchú en las guerras del opio que propiciaron un envilecimiento de la población y en la práctica su sometimiento casi colonial, con los comunistas China vuelve a estar unida y fuerte. No sabemos la causa de ese fenómeno, quizá el realismo chino menos audaz y espiritual que en Europa, quizá la existencia de una base étnica y lingüística común, pero la realidad es que el Imperio pasó a nación china y ésta a república popular multinacional.








 







En el momento en que se produjo la entrega de Hong Kong a China, ésta escenificó la entrada del ejército en la plaza utilizando un pequeño pelotón de soldados, toda la transición de China se escenificó en la plaza de Tiananmen, no cabe duda de que Teng Hsiao Ping ha sido un consumado escenógrafo para llevar a China a ser un país de dos sistemas económicos o gato blanco gato negro no importa si caza ratones, tesis del más descarnado pragmatismo.
















Lo cierto es que una entidad política tan antigua como el Imperio Romano ha pervivido hasta nuestros días y se constituye en potencia global emergente en la época de la globalización.

21 dic 2011

Balanza de poder en Europa

El gran historiador británico, de origen judeoaustríaco, Eric Hobsbawm escribió en el año 2000 un detallado análisis del desarrollo de la nación-estado en los últimos 200 años.






















Se trata de la construcción del Estado moderno, que se produce en Europa occidental en la Edad Media, a medida que el feudalismo, entendido como una forma de reparto del poder, va siendo superado por una centralización a manos de la Monarquía y con el surgimiento difuso de un patriotismo salido del antiguo tribalismo xenófobo.











De esta forma, la Universitas Christiana será sustituida por los Estados; distinguiendo la época marcada por el mercantilismo de origen, que soportará los grandes imperios europeos hijos del Romano que muere, al contrario que el Chino, el cual ha sobrevivido hasta nuestros días.













En los siglos XVI, XVII y XVIII hasta mediados del XIX, se van construyendo los Estados en cuanto realidades en alianza entre el trono y el altar y creando las economías de escala que posibilitarán el mercantilismo.













Con el Imperio Napoleónico y la promoción del mercado libre de Adam Smith, resultado de los estudios de una economía entonces emergente y disolvente para la economía de escala nacional e incluso de Imperio colonial, se producirá una nueva fundación del mundo; de manera que la ideología revolucionaria romperá esta alianza del trono y el altar, buscando la realidad de una nueva religión, la religión del Estado, y una nueva reunión de los territorios en un súper Imperio mundial.












A pesar de los esfuerzos
de las potencias vencedoras de Napoleón en Waterloo por crear un nuevo orden mundial, el Congreso de Viena apenas podrá poner coto a la acción revolucionaria en los terrenos social, económico y político del mundo postnapoleónico.








Tras el engañoso periodo entre 1815 y 1870, se producirá el tremendo estallido de violencia de los nuevos estados con la nueva ideología. Surgirá una Francia que competirá con la nueva Alemania por la hegemonía europea, surgirá una Italia unida como factor fundamental en el Mediterráneo. Esta realidad minará los viejos Estados mercantilistas sin destruirlos del todo (se adaptarán), con mercados de economías de escala, primero regionales y luego continentales, que se compadecerá con el surgimiento de las pequeñas nacionalidades tras la I Guerra Mundial.










El mundo se va a articular en el equilibrio de tres fuerzas: unos Estados que luchan por adaptarse a la nueva realidad, potenciando un espacio de escala continental, unas súper naciones que aglutinan imperios ideológicos o bloques y estructuras económicas mundiales de poderes financieros; siendo las grandes empresas dependientes de los Estados y de los poderes financieros.









Tras la Segunda Guerra Mundial, con el enfrentamiento a tres bandas entre el Eje, la URSS y los USA, emergerá un mundo bipolar al que hemos llamado de la Guerra fría o de bloques. El nacimiento del Mercado Común, con el Acta Única de los años setenta, y el hundimiento de la URSS y del Imperio Soviético, con el resurgimiento del viejo hinterland alemán por la UE, suponen un cambio de magnitud estratosférica que además se acompaña de una brutal globalización y reordenamiento de las poderes en Europa.








Alemania, gigante económico, se convierte en gigante político por su unidad y recupera su posición de liderazgo político cuando digiere al Este, con ayuda de la UE y del euro, hasta quedar en mejor posición respecto a la crisis y con su hinterland abierto en la UE.









La posición solitaria de Francia con un occidente de la UE hecho unos zorros; España, Portugal, Irlanda, Italia y Grecia (El Benelux a medias con Alemania) e Inglaterra a medias en términos transatlánticos.










Nuestras nacionalidades: Cataluña y Euskadi confían en la UE y en el mercado cautivo pero ¿será verdad lo que piensa López Tena o Francia se llevará el gato al agua?









Las realidades internacionalistas en todos los planos: caritativos y políticos, desde Al Qaeda hasta la Alianza Atlántica; los poderes emergentes en China, la India, Indonesia, Turquía, Iberoamérica, el sudeste asiático y los países productores de petróleo, cambian radicalmente la escena mundial.













Éste es el panorama estratégico en el mundo y la Europa de la crisis.