22 may. 2014

Qué hemos hecho mal II


El proyecto independentista catalán: un proceso bien planeado

20/05/2014 · by Víctor A. Maldonado · in Artículos CRÓNICA GLOBAL.



En un reciente artículo (“La independencia que viene de lejos”, El País 5/5/2014), Francesc de Carreras pone de manifiesto que el actual “proceso de construcción nacional” comenzó por lo menos desde 1980 durante el primer Gobierno de Jordi Pujol a través de una inteligente obra de ingeniería social cuyo objetivo ha sido el de transformar la mentalidad de la sociedad catalana con la finalidad de que sus ciudadanos se convenzan de que forman parte de una nación cultural, con una identidad colectiva muy distinta al resto de España, que sólo podrá sobrevivir como tal nación si dispone de un Estado independiente.



Afirmación grave donde las haya, pues de ser cierta, ello significaría una deslealtad profunda por parte del nacionalismo catalán hacia el resto de partidos políticos y a la sociedad tanto catalana como del resto de España en su conjunto durante el proceso de discusión y negociación que condujo a la ratificación de la actual Constitución española. Y me permito utilizar el término deslealtad porque, como negociador que he sido en representación de la UE en acuerdos internacionales, uno puede tener unos objetivos confesados o escondidos, pero una vez llegas a un acuerdo (tras obtener y realizar concesiones, como en cualquier negociación digna de tal nombre) no puedes iniciar por tu cuenta un proceso que vaya en contra del mismo. En este caso, lo que hay que hacer es cumplirlo lealmente.



Tengo que confesar que yo fui uno más de los que creyó en la palabra dada por el nacionalismo catalán durante la negociación de la Constitución: acordar un punto intermedio entre el objetivo final de todo (o casi todo) nacionalismo, es decir un Estado independiente, y el centralismo del Estado heredado del franquismo. Es decir, renuncia explícita a su objetivo final a cambio de un nivel suficiente de autogobierno que representa la actual Comunidad Autónoma de Cataluña. Pero ya nada me extraña, pues empiezo a creer que la única lealtad a la que se sienten obligados los nacionalismos es a su idea de nación como ente superior por encima de los ciudadanos que la componen.



Evidentemente, el relato dado por el nacionalismo catalán es bien distinto, puesto que desde su punto de vista es “España” la que ha roto el pacto constitucional y, por ello, no se sienten ligados por el acuerdo alcanzado y pueden de una manera clara y determinada encaminarse hacia el establecimiento de un Estado independiente.



Pero, claro, una cosa es especular sobre si el actual “proceso soberanista” es consecuencia de una serie de circunstancias sobrevenidas en el tiempo como sostiene el nacionalismo catalán (es decir, la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el nuevo Estatut, la recentralización de las competencias autonómicas, el ataque a la lengua y cultura catalanas, etc.) y otra encontrar las pruebas o los hechos que pudieren demostrar fehacientemente que la situación actual es sólo parte de un proceso planeado de antemano con el objetivo de llegar a un Estado independiente donde el pacto constitucional sería solamente una etapa intermedia en el camino. Y hay que reconocer que no es fácil, pero una de las ventajas de un Estado democrático donde existe libertad de información es que se pueden encontrar documentos del pasado consultando las hemerotecas. Precisamente, con la inestimable ayuda de un amigo he tenido acceso a un documento que fue publicado en octubre de 1990 en El Periódico de Catalunya titulado “La estrategia de la recatalanización” . No tiene desperdicio. Solo citaré algunos ejemplos, pues el análisis del texto daría para mucho más que el presente artículo.



En su primer capítulo, “Pensamiento”, aparecen cuestiones tales como que Cataluña (Països Catalans) es una nación europea emergente y que la Europa sin fronteras ha de ser una Europa que reconozca a las naciones; que es necesario concienciar a nuestro pueblo de la necesidad de tener más hijos para garantizar nuestra personalidad colectiva; que Cataluña es una nación discriminada que no puede desarrollar libremente su potencial cultural y económico, remarcando la incidencia negativa que esto tiene para el conjunto del pueblo catalán y para cada uno de sus ciudadanos; que Cataluña es un pueblo que camina en busca de su soberanía dentro del marco europeo; que una mayor libertad para Cataluña comporta un mayor bienestar social de todos sus ciudadanos y el sentimiento nacionalista y de liberación nacional han de ir ligados a la promoción social de las personas y a su propia realización individual y colectiva.



En el capítulo “Enseñanza” aparecen elementos tales como que hay que impulsar el sentimiento nacional catalán de los profesores, padres y estudiantes; exigir el correcto conocimiento de la lengua, historia y geografía de Cataluña y de los Països Catalans; la elaboración de un plan de formación del profesorado que tenga en cuenta los intereses nacionales; la catalanización de los programas de enseñanza; reorganizar el cuerpo de inspectores que vigilen el correcto cumplimiento de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza y vigilar de cerca la elección de este personal; incidir en las asociaciones de padres, aportando gente y dirigentes que tengan criterios nacionalistas. En el capítulo “Universidad e Investigación” se propone la potenciación de la Associació Catalana del Professorat Universitari, así como las asociaciones de estudiantes nacionalistas; potenciar a personalidades de ideología nacionalista en los órganos rectores de las tres universidades catalanas.



En el capítulo “Medios de comunicación” se establece como objetivo lograr que los medios de comunicación públicos dependientes de la Generalitat sigan siendo unos transmisores eficaces del modelo nacional catalán; y como medios, incidir en la formación de los periodistas y técnicos en comunicación para garantizar una preparación con conciencia nacional catalana; introducir a gente nacionalista de una elevada profesionalidad y una gran cualificación técnica en todos los lugares claves de los medios de comunicación; la creación de una agencia de noticias catalana, de espíritu nacionalista y de gran solvencia. También hay capítulos dedicados a “Entidades culturales y de ocio”, “Mundo empresarial”, “Proyección exterior”, “Infraestructuras” y “Administración”. Pero no les quiero cansar y dejo a las personas interesadas una lectura detallada del documento.



A la vista de este documento, les dejo a ustedes el determinar si tiene razón Francesc de Carreras. Para mí, no hay duda de que así es. Al menos, hay que reconocer un mayor nivel de honestidad por parte de ERC que desde el principio propugnó una Cataluña independiente.



Víctor Andrés Maldonado

Recuperar educación, sanidad y orden público para el Estado. Detener a los sediciosos tras aplicar el artículo 155 de la CE.

6 may. 2014

Racismo II



El expresidente de la Generalidad Jordi Pujol ha asegurado el viernes 4-4-2014 que el gran éxito que ha logrado el separatismo catalán es que sus movilizaciones estén llenas "de chonis y de gente que se apellida Fernández".

"Esta es la fuerza del país", ha asegurado durante un debate sobre el papel de la inmigración en Cataluña junto a su sucesor en el cargo, el socialista José Montilla, en la Casa de Cultura de San Adrián de Besós.

Pujol ha aludido al concepto choni al citar la canción del grupo catalán Els Catarres "Jenifer" (2011), sobre el romance de una castellanohablante residente en Castelldefels (Barcelona) y un joven catalán de toda la vida con fuertes convicciones nacionalistas y que además simpatizaba con CDC.









Según Pujol, en Cataluña nadie comprueba los apellidos con alguien antes de casarse, lo que prueba que, pese a llevarse más de un siglo recibiendo inmigrantes, se ha logrado una buena integración. Montilla ha celebrado que sólo "opciones minoritarias" hayan enarbolado en Cataluña los discursos populistas y xenófobos, y ha considerado que, ante el reto de integrar a la inmigración extracomunitaria, hacen falta grandes acuerdos.

También lo ha dicho Pujol y ha apreciado que, a diferencia de otros países europeos, en Cataluña y en el resto de España no ha calado este discurso. El ahora senador socialista ha recordado que él mismo es inmigrante: llegó a Cataluña en autocar en el verano de 1971, y antes que él llegaron 1,5 millones de personas procedentes del resto de España; por eso Pujol ha considerado muy importante que alguien con esos orígenes presida la Generalidad.

Montilla ha destacado el papel de la lengua catalana como uno de los elementos fundamentales que "singulariza la nación catalana", y ha abogado por que los poderes públicos sigan impulsando medidas de discriminación positiva hacia el catalán.








- Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/espana/politica/2014-04-04/pujol-cree-que-el-gran-exito-catalan-es-que-haya-chonis-separatistas-1276515095/







Tal y como aparece en el texto precedente, lo que sugiere un Pujol integracionista se deconstruye en un racismo más o menos sutil. Es decir que los componentes de una clase social existente en todos los países (las chonis y los canis), que se encuentra entre lo barriobajero, lo ignorante y lo hortera se asocia a la gente apellidada "Fernández" (alusión al jefe de las CUP). Luego dice que nadie en Cataluña comprueba los apellidos antes de casarse, excepto los Pujol que comprueban la cartera.





Junto a Pujol, de convidado de piedra, un José Montilla travestido de Tío Tom sonriendo como un sacristán a las palabras de Pujol. Este racismo es consustancial al nacionalismo y su explicación, que no comprensión, puede encontrarse en el texto siguiente donde se analiza la imposibilidad del nacionalismo excluyente y la democracia.
 






La diferencia atribuida a vascos y catalanes, se exponga como racial, lingüística, o de cualquier otra forma, implica superioridad, pues de otro modo no tendría mucho sentido. Vascos y catalanes, superiores racial, cultural o europeamente,  estarían por tanto  sojuzgados por gentes agrupadas en España, un estado poco definido pero caracterizado por una inferioridad y maldad esencial. Basta atender  a la propaganda de estos movimientos para percibir un permanente ensañamiento denigratorio hacia España que recoge y amplifica los tópicos de la Leyenda Negra. Propaganda necesaria, por otra parte, para cambiar la mentalidad de vascos y catalanes, pues estos,  durante siglos, se han sentido y considerado españoles.






Que las concepciones separatistas carezcan de apoyatura histórica no es muy importante, porque la propaganda siempre puede moldear  el pasado para adaptarse a ideas preconcebidas, máxime si la crítica que recibe es floja o reducida, como ha sido el caso. En esencia, estos separatismos  combinan el narcisismo de creerse distintos y mejores, con el victimismo de sentirse avasallados por poderes que les impiden llegar a ser la maravilla que imaginan. Esta combinación puede alcanzar una fuerza extraordinaria entre las masas, baste recordar el nacionalsocialismo alemán.







La consecuencia práctica de estos nacionalismos es doble. Por una parte tienden a separar y crear hostilidad entre unas regiones y otras, y por otra a dividir a la población regional entre “buenos” y “malos”, según acepten o no sus doctrinas.  Los separatistas se proclaman automáticamente representantes del pueblo, piense lo que quiera la mayoría de él. Ello tiene, desde luego, poca relación con la democracia tal como normalmente se concibe. Con tal enfoque, las elecciones, por ejemplo, son un método aprovechable, pero nunca serán admitidas las votaciones adversas. Ocurre algo parecido con los comunistas, autoproclamados representantes del proletariado, voten lo que voten los obreros, y que utilizan las elecciones de modo similar.





Pío Moa