22 nov. 2011

El patriotismo económico

A propósito de las descalificaciones por falta de patriotismo a los defraudadores a Hacienda, inversores en el extranjero, deportistas, etc., no se puede dejar pasar la oportunidad para hacer unas puntualizaciones.












Ante la necesidad de financiación de los servicios públicos y ante unos impuestos justos, acordes con la necesidad del Estado en su justa función en la sociedad, no se puede decir nada, quien defrauda es un delincuente insolidario y como tal debe ser tratado.











Pero, ¿qué hacemos cuando hay unos impuestos desaforados y casi confiscatorios que no son inconstitucionales porque no hay un tribunal constitucional justo? ¿Qué hacemos cuando una casta cleptocrática nos roba el dinero para tirarlo a mayor gloria suya?











Políticos nefastos que se refocilan en la mala gestión de la crisis, océanos de corrupción, empresarios y banqueros ventajistas que son favorecidos, contra el esfuerzo y el mercado, con nuestro dinero.











































Yo, porque no tengo un duro. Sin embargo, estaría dispuesto a esforzarme y apretarme el cinturón por sacar a España de la crisis moral, histórica, política y económica. Estamos dirigidos por unos payasos que venderán el circo entero. Da igual aquí que en los USA; es necesario leer a Leopoldo Abadía autor de "La Crisis Ninja" para ver cómo se ha fraguado la crisis con las maniobras de la administración americana y de Alan Greenspan.

21 nov. 2011

El resultado de las elecciones

Por fin, hemos terminado con el asunto de las elecciones. Una España agónica con 5.000.000 de parados, acosada por el mercado de deuda ha conseguido situar en el poder a un partido con mayoría absoluta, lo que permitirá que podamos actuar ante la crisis con cierta independencia.




















El partido perdedor mantiene 110 escaños que le permiten ser el primer partido de la oposición y poder realizar la necesaria catarsis que, si saben hacerlo, eliminará de la cúpula del partido a seres incompetentes e iluminados como el que ha gobernado hasta ahora.




















Entre las cosas buenas: el ascenso difícil y costoso de UPyD, partido que desde una perspectiva de centro izquierda quiere reconducir las autonomías devolviendo competencias al Estado y eliminar el bipartidismo con una reforma de la Ley electoral, quitando fuerza a los nacionalistas; entre las cosas malas: el ascenso de Amaiur y del nacionalismo en general que pondrá a Rajoy en dificultades.









No soy optimista; hasta que las cosas no cambien en Europa, y volvamos al Mercado Común abandonando esta UE sovietizada, las dificultades económicas van a continuar. Los cambios en el régimen político, de cara a poner a los nacionalistas en su sitio y a dar nueva forma a la idea de España, no parece que estén en la agenda del nuevo gobierno. Ya veremos que pasa.










P.D. Cuidémonos de los idus de marzo.

18 nov. 2011

La Iglesia Católica

En el origen de la Civilización Occidental se encuentran la civilización clásica, que mezcla la racionalidad de los griegos con el espíritu práctico de los romanos; junto a esto existe la masa de una Europa creada por el genio de César de la misma forma que los griegos preservaron de Asia el espíritu europeo.
















El cuerpo de esa Europa será fundamentalmente celta pero tras la decadencia imperial, aparece otro elemento que es el germanismo traído por las masas de los bárbaros que penetraban el Imperio; las virtudes militares y el elitismo de los pueblos germánicos elaborarán las naciones.

























¿Pero cuál será el magma espiritual de ese mundo para darle la cohesión perdida ante el hundimiento espiritual del mundo clásico? Será la Iglesia Católica. La substancia de ese joven Occidente, de nuestro propio origen, será la fuerza de la Iglesia; fuerza emanada de las creencias judaicas tamizadas en la Biblia de Cristo, hijo de Dios y Dios Él mismo, dentro del Dios único de la Trinidad, impregnadas de los cultos orientales que llegaron a Roma en el Bajo Imperio. Comentan que un político e historiador inglés de siglo XVIII decía que el Papa era un monarca que reinaba sobre el fantasma del Imperio Romano; probablemente esto sea una crítica ladina a la Iglesia desde el mundo protestante, pero ¿qué es el protestantismo sino una vuelta a los orígenes del cristianismo?

















En la cristiandad, será necesario ubicar esta fuerza espiritual liberándola de la soberanía de poderes terrenales, ésta será una dificultad que, a lo largo de los siglos desde la Edad Media, basculará sobre la Iglesia. Los Estados Vaticanos sucumbirán a la formación de la moderna Italia, pero como he indicado aquí en los años veinte del siglo XX se constituirá, en el marco de los acuerdos de Letrán, el Estado del Vaticano con presencia física mínima pero que permite situar la enorme fuerza de prestigio espiritual en una soberanía propia.
















Como la modernidad del humanismo surgido en el seno de la Civilización Occidental cristiana actúa a veces contradictoriamente sobre la tradición de esa misma civilización, es conveniente fijarse en las fuentes de esa misma tradición. Nuestras fiestas, las costumbres, nuestro sentido moral, las iglesias y catedrales, y la masa social de quienes permanecen en la práctica religiosa que en el pasado lo fue de la totalidad de nuestros ancestros, en España muy próximos.















Sin embargo, el hecho de la muerte, y la decrepitud física, es un valladar que protege la creencia y de alguna forma la influencia de la Iglesia. La Iglesia como fuerza multinacional se defiende y lucha contra sus enemigos a través de su diplomacia y hasta de su servicio secreto; no es posible desdeñar que la propia creación de los estados nación modernos encuentra en los católicos competidores en sus intentos de uniformización (véase el caso extremo de la encíclica:
"Mit Brennender Sorge" contra el nazismo).








El aggiornamiento de la Iglesia con la propia modernidad occidental se realizó a través del Concilio Vaticano II, que era la continuidad de esfuerzos anteriores; considérese la tremenda dificultad de una organización dogmática para asimilarse a la libertad sin perder su esencia. Las dificultades, los pelos en la gatera y la heridas cicatrizaron en el pontificado de Juan Pablo II, siendo que la Iglesia siempre actúa con la táctica de dos pasos adelante uno atrás, pero no del todo, y que los acuerdos más difíciles de un pontificado se resuelven en el siguiente.

















La victoria sobre el marxismo, contra pronóstico, llevó a la alianza de compromiso con los USA; sin embargo, la utilización, por parte de poderes fácticos, del escándalo de los curas pederastas (como si no hubiera muchos más en otros grupos sociales) frenó la actividad política de la Iglesia, un poco.








La limpieza interior, también en términos económicos (caso Marcinkus), dio lugar a una ofensiva contra el materialismo que aún se mantiene. El materialismo, cáncer de Occidente, ha chocado con la crisis, y ésta es una oportunidad gracias al buen funcionamiento de Cáritas y de la escuela católica; porque hay gente que se entrega gratis, por eso funcionan mejor que otras organizaciones.

6 nov. 2011

La vejez

Como comentábamos aquí desde una perspectiva distinta, hablaremos hoy, no de la realidad física, temporal y biológica del envejecimiento sino de los sentimientos, carencias, disminuciones y dificultades que éste causa en nosotros.






















Digo esto después de haber leído en un blog una entrada sobre lo efímero que resulta la etapa de la juventud y la penosa decadencia física en que nos encontramos con el paso del tiempo.


















El proceso de envejecimiento va gradualmente modificando nuestro organismo. El anciano va percibiendo los cambios físicos propios y los de su entorno. También lo psíquico sufre una transformación en lo que se refiere a las creencias, los valores y las conductas.























Se produce una mutación, en lo físico y en lo social, donde la persona se desenvuelve; el medio social se va reduciendo y, por consiguiente, la movilidad y los nuevos panoramas cada vez se estrechan más.











Los hechos internos y externos afectan y preocupan al anciano, que modifica los hábitos de conducta y su forma de relacionarse. Este cambio se produce en forma gradual y progresiva.
El anciano no solo decae físicamente sino que se encuentra más dependiente en cuanto a su desenvolvimiento humano y económico.





















Al comparar una persona de setenta años con otra de la misma edad pero con una vida espiritual rica, con formas distintas de encarar la vida y los problemas de la existencia, surgen diferencias claramente visibles en lo que se refiere al envejecimiento.









La vejez de cada ser humano depende de cómo ha vivido en la sociedad, de su profesión u oficio, de los beneficios obtenidos, de la alimentación, etc. Los factores físicos o biológicos y los psicosociales influyen y gravitan en su proceso de transformación en la tercera edad.
Las transformaciones o, mejor dicho, las transfiguraciones operadas en las facultades del alma por la vejez son admirables. Este trabajo interior se resume en una sola palabra: la sencillez. La vejez es eminentemente simplificadora de toda cosa.










Simplifica primero el lado material de la vida; suprime todas las necesidades ficticias, las mil necesidades artificiales que la juventud y la edad madura habían creado, y que habían hecho de nuestra complicada existencia una verdadera esclavitud, una servidumbre, una tiranía. Lo diremos más alto: es un principio de espiritualización.
En la vejez se pierde pues la vanidad pero se gana en experiencia y lo que es más importante se puede seguir viviendo, aprendiendo y experimentando.

2 nov. 2011

Los talentos

Durante un reciente viaje a Italia he visitado la ciudad de Florencia, y no he podido menos que preguntarme como es posible que, en una época tan concreta, nacieran en la ciudad tal cantidad de genios en las más diversas materias, desde el arte a la ciencia. Daba pasmo verlos, en efigie, en la plaza ante la galería Uffizi.





















Como una cosa lleva a otra, me acordé de la parábola de los talentos; en ella se recuerda la necesidad de cultivar los talentos para que se desarrollen al máximo, de forma que dice al final:
"porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará". Recuerdo como un profesor mío criticaba el talante acomodaticio de un farmacéutico de pueblo que prefería la tranquila, y productiva económicamente, vida en la farmacia a cultivar el mucho talento universitario que al parecer poseía.





















Es curioso como la Biblia se introduce en conceptos tan modernos; la existencia de diversas inteligencias es tema de la obra del reciente premio Príncipe de Asturias Howard Gardner (Proyecto Zero).






















En su libro "Estructuras de la Mente" se describen 8 tipos de inteligencia: lingüística, lógico–matemática, musical, espacial, cinestético–motriz o corporal, interpersonal, intrapersonal y naturalista.









Hasta ahora, se suponía que la cognición humana era unitaria y que era posible describir en forma adecuada a las personas como poseedoras de una única y cuantificable inteligencia. Pero la realidad es que existen por lo menos ocho inteligencias diferentes, cuantificadas por parámetros cuyo cumplimiento les da tal definición. Por ejemplo: tener una localización en el cerebro, poseer un sistema simbólico o representativo, ser observable en grupos especiales de la población tales como: "prodigios" y "tontos sabios" y tener una evolución característica propia.





















La mayoría de los individuos poseen la totalidad de este espectro de inteligencias, cada una desarrollada de un modo y a un nivel particular, producto de la dotación biológica del individuo, de su interacción con el entorno y de la cultura imperante en su momento histórico. Todas ellas se combinan y se usan en diferentes grados, de manera personal y única.

El franquismo

Como he dejado dicho en muchas entradas del blog, no considero a España como un caso especial entre las naciones europeas (habría que analizar las guerras civiles y las venganzas que se produjeron en Europa tras la liberación de la ocupación nazi); y algunos episodios tienen justificación no en el sentido moral sino en el sentido político, que ya sabemos desde Max Weber que a veces no coinciden.
























Sobre el franquismo, distinguiría varias fases, siempre en el contexto de tiempo y lugar: la intervención
militar, fase primera o fase totalitaria, el poder del Estado es omnímodo y existe una tupida red de agentes en la sociedad, todo se supedita a la victoria; la fase dos, disminuye la fuerza represiva que sin embargo, sigue siendo alta, hay fuerte intervención en la sociedad y se produce persecución de inocentes; la fase tres es la de los tecnócratas, gobierno técnico, hay menos represión y ésta es más selectiva, no es muy diferente a la que se produce en Francia frente a los argelinos o en el Macartismo norteamericano, incluso es inferior; se produce cierta intervención en la alta economía con preponderancia del Estado, aunque en la pequeña empresa hay más libertad y aparecen emprendedores como los que inventan la fregona o las jeringas desechables.



















Llegados a este punto, la situación era tal que, si no te metías en política clandestina, se atentaba poco contra la intimidad; es la época de López Rodó, el mejor funcionario que ha tenido España, y de lo que decía Vázquez Montalbán: "los profesionales pequeño burgueses viven bien bajo el franquismo practicando cierto grado de resistencia liberal".































Finalmente señalar que los regímenes nacen, se desarrollan y mueren, convirtiéndose después en una cáscara vacía. Si el régimen de la Restauración culminó la construcción del Estado español moderno, la entrada en el mundo contemporáneo se produjo bajo el franquismo; la Segunda República fue una esperanza, desgraciadamente fallida, que podría haber resuelto el gran problema del nacionalismo regional español y el de la justicia social.




















El origen de estos tres regímenes es golpista, como el de tantos en el mundo; en todo caso habrá que analizar la etapa actual cuando culmine.

El buen Gobierno

En el discurso político actual, a nuestros representantes no se les cae de la boca la palabra democracia y nunca tan gran palabra ha sido tan arrastrada por el barro. No, la verdad es que las restricciones de la libertad de prensa, el desinterés, la incompetencia lógica del público para la resolución de los problemas políticos y de gobierno, la multitud de intereses creados y el poder de los grupos de presión falsean siempre el discurso democrático.















Lo que pido al sistema político democrático es respeto a la libertad y capacitación técnica del gobierno, cerebros bien amueblados, conocimiento de la Historia y por ende de las necesidades de defensa estratégica,


















Si quieres la paz prepara la guerra; la frase de Tácito está más vigente que nunca pues muchas y grandes son las fuerzas dispuestas a competir por el poder y la riqueza; y muchas no son estados. Una de las agencias federales norteamericanas que más influencia tienen en el desarrollo tecnológico y científico es DARPA, la agencia que desarrolla proyectos de defensa; y eso es válido también para Europa ya que la hegemonía se dirimirá en el campo tecnológico y no en el financiero.
















Otra de las características que definen a un régimen eficaz y decente es el respeto escrupuloso a la propiedad de los pobres; los ricos ya se defienden solos. ¿Qué más da que en un país haya comunismo y toda la riqueza sea de la camarilla del poder o que todo se reparta entre cuatro oligarcas?















La forma de elegir el gobierno es instrumental o a veces casual pero sin embargo, una democracia representativa es útil para elegir el poder legislativo, la participación del pueblo en el poder, el factor de moderación.











Son necesarios políticos de calidad técnica en el gobierno, políticos de categoría moral en el poder representativo y políticos listos en el aparato.

Pompeya

Dentro de la Península italiana, en la región de Campania, se situaban las ciudades romanas de Pompeya y Herculano que fueron destruidas por una erupción del Vesubio durante el pontificado del emperador Tito.



















Estaban localizadas en una región con grandes posibilidades agrícolas y próximas a la ciudad de Nápoles. Si bien constituían ciudades de poca relevancia dentro del Imperio romano, la lava y las cenizas de un volcán como el Vesubio, que prácticamente las enterró y facilitó su conservación, nos permiten conocer cómo eran en época romana.



















Este hecho se produjo en el mes de Agosto del año 79 d.C., cuando un alud de fango enterró a la ciudad de Herculano, mientras que Pompeya recibía una lluvia de cenizas, junto a trozos enormes de piedra pómez. Finalmente los vapores de azufre envolvieron a estas ciudades y asfixiaron a sus habitantes. El naturalista Plinio el joven describió la erupción de la que fue superviviente, por eso a este tipo de erupciones se les llama plinianas.



















Una parte importante de sus habitantes murió en el momento de su destrucción, entre ellos el famoso naturalista Plinio el viejo mientras observaba la actividad del volcán. En un radio de dieciocho kilómetros el paisaje quedó afectado y también los campos fértiles que rodeaban a estas ciudades quedaron arrasados. Muchas de las muertes se produjeron por asfixia y envenenamiento con monóxido de carbono.

















La bahía de Nápoles estaba poblada por un cúmulo de pequeñas aldeas y estas dos ciudades; pero en la entrada, algo más alejado del volcán, se encontraba un puerto militar que era el ancestro de la actual ciudad de Nápoles; cuando se destruyeron Pompeya y Herculano la historia dio vía libre a Nápoles para crecer hasta la gran ciudad que es hoy.


















Antes de la erupción, el volcán aparecía apagado; por eso la gente habitaba sus alrededores; sin embargo, a partir de la gigantesca explosión, el volcán sigue activo hoy en día.

El mundo líquido

La interrupción, la incoherencia, la sorpresa son las condiciones habituales de nuestra vida. Se han convertido incluso en necesidades reales para muchas personas, cuyas mentes sólo se alimentan […] de cambios súbitos y de estímulos permanentemente renovados […] Ya no toleramos nada que dure. Ya no sabemos cómo hacer para lograr que el aburrimiento dé fruto. Entonces, todo el tema se reduce a esta pregunta: ¿la mente humana puede dominar lo que la mente humana ha creado?






Paul Valéry.




















La caracterización de la modernidad como un tiempo líquido; la expresión, acuñada por Zygmunt Bauman, da cuenta del tránsito de una modernidad sólida, estable, repetitiva, a una líquida, flexible, voluble, en la que los modelos y estructuras sociales ya no perduran lo suficiente como para enraizarse y gobernar las costumbres de los ciudadanos y en el que, sin darnos cuenta, hemos ido sufriendo transformaciones y pérdidas como el de la duración del mundo, vivimos bajo el imperio de la caducidad y la seducción en el que el verdadero Estado es el dinero. Donde se renuncia a la memoria como condición de un tiempo post histórico. La modernidad líquida esta dominada por una inestabilidad asociada a la desaparición de los referentes a los que anclar nuestras certezas.




















Una de esas características es el individualismo que marca nuestras relaciones y las torna precarias, transitorias y volátiles. La fragilidad de los vínculos humanos que ya no son duraderos los torna enormemente interesados de manera que el individuo se debate en la incertidumbre y el mercado penetra incluso en las relaciones afectivas.







Bauman nos habla de la superficialidad que supone considerar a las personas no integradas en la esfera normal como si fuesen auténticos deshechos humanos, no nos sentimos vinculados con los excluidos.







Para Bauman la identidad en esta sociedad de consumo se recicla. Es ondulante, espumosa, resbaladiza, acuosa, tanto como su monótona metáfora preferida: la liquidez. No sería mejor hablar de una metáfora de lo gaseoso.







Otra de las características del mundo líquido es la desterritorialización, nos negamos a ubicarnos en un entorno como en la sociedad industrial o en la campesina.







Nos hemos convertidos en ciudadanos adictos a la seguridad pero siempre inseguros de ella, lo aceptamos como si fuera lógico, o al menos inevitable, hasta tal punto que, en opinión de Zygmunt Bauman, contribuimos a normalizar el estado de emergencia.


















Sociólogos especializados en movimientos migratorios y demógrafos prevén que el número de musulmanes que vive en Europa puede duplicarse nuevamente para el año 2015. La Oficina de Análisis Europeos del Departamento de Estado de Estados Unidos calcula que el 20% de Europa será musulmana en el año 2050, mientras otros predicen que un cuarto de la población de Francia podría ser musulmana en el año 2025 y que si la tendencia continúa, los musulmanes superarán en número a los no musulmanes en toda Europa occidental a mediados de este siglo, puestas así las cosas, Europa será islámica a finales de este siglo.


















Con el pretexto de la seguridad, los voceros de la nueva militancia dan rienda suelta a tendencias autoritarias cuyo origen hay que buscar en otro sitio; la angustia colectiva, cuidadosamente mantenida, hace que la gran mayoría de los mimados consumidores de seguridad de Occidente se sume a la comedia de lo inevitable.

José Antonio Labordeta

Hace un tiempo, vi por televisión una serie en la que José Antonio Labordeta hacía como si recorriese España andando y nos presentaba un grupo de personas un tanto raras en los diferentes territorios españoles que visitaba.
















En realidad, buscaba los lugares menos conocidos dentro de las diversas comunidades autónomas. Así, de Aragón Tarazona y el Moncayo, de Navarra Roncal, de Cataluña el Delta del Ebro, del País Vasco las Encartaciones, de La Rioja la sierra de Cameros. Como me consta la participación directa de José Antonio en el guión, puedo ver su barojiana mano llevándonos a conocer y amar esos sorprendentes y olvidados rincones de nuestra geografía.


















La serie me gustó tanto que me la compré entera en vídeo, y simpaticé todavía más con el gruñón cantautor del "Canto a la Libertad" y "Aragón". Labordeta, persona entrañable, era un poco actor; cuando rodaba el programa procuraba andar lo menos posible, su amor a lo rural era perfectamente descriptible, vivía en Madrid. Pero Labordeta nos transmitía muy bien su amor a España, la querida España de Cecilia.




















Labordeta era muy amigo de sus amigos y no se fijaba en mandangas ideológicas; cierta vez cuando en la TV3 catalana una periodista le preguntó, en broma, por qué no intercedía con F.J. Losantos para que fuera más leve en sus críticas al nuevo Estatuto de Cataluña contestó: pues mire, cuando yo lo trataba estaba a punto de irse a trabajar a Barcelona y era comunista, pero no sé qué le hicieron ustedes aquí..., la entrevistadora cambió de tema inmediatamente.




















En otra ocasión, cuando se enteró de que elementos de las juventudes de Chunta Aragonesista compadreaban con Jarrai, lanzó un órdago a la dirección: "o ellos o yo", y ganó el órdago; él siempre se sentía federalista, es decir aragonés y español.









Un hombre íntegro, algo tan raro hoy en día.

Joseph Conrad y Ernest Hemingway

Una vez en televisión escuché una entrevista que le hicieron al escritor norteamericano John Irving, era el programa "Encuentros con las Letras", en la que decía, comparando a Ernest Hemingway con Joseph Conrad, que en el primero su vida era más interesante que su obra y en el segundo exactamente al contrario.










La verdad es que ambos escritores representan, un poco, las dos caras de la misma moneda. El norteamericano busca agotar la angustia de la existencia por la acción, a la manera de Pío Baroja; el anglopolaco busca la ubicación psicológica de la angustia, el horror interior.




















Hemingway forma parte de los escritores de la llamada generación perdida, en palabras de Gertrude Stein; es decir, de aquellos que habían perdido tiempo, juventud e ingenuidad en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial. Convertidos en cínicos y alcohólicos, no creen en los fantasmas de moralidad sólo en la supervivencia y la acción.










El norteamericano entendió el bautizo de perdidos y puso un comentario sobre la generación perdida, citando al Eclesiastés, en su primera novela, "Fiesta" (The Sun Also Rises).























He leído poco de Hemingway, solo "Por Quien Doblan las Campanas" de la que me gusta sobre todo el título, e "Islas del Golfo" que me entretuvo; sin embargo, los que lo han leído creen que con diferencia su mejor novela es "El Viejo y el Mar", en donde la lucha entre el hombre y la naturaleza se saca de un contexto extraordinario para ir a la sencillez de la existencia; un poco como lo hace el marinero Shanti Andía de Pío Baroja.










En cuanto a Joseph Conrad, es de una generación anterior y como buen marino odiaba los viajes y los peligros que sabía encierra el mar.







Conrad, cuyo nombre original era Józef Teodor Konrad Korzeniowski, nació en Berdichev, Polonia (actualmente en Ucrania), hijo de un noble polaco. De su padre heredó el amor a la literatura. Quedó huérfano a los 12 años, y a los 16 abandonó la Polonia ocupada por los rusos y se trasladó a Marsella.
















Durante los siguientes cuatro años navegó en barcos mercantes franceses, también luchó en España en las guerras carlistas, en las tropas de don Carlos, y vivió una historia de amor que lo llevó al borde del suicidio.









Posteriormente se puso al servicio de la Marina mercante inglesa, y obtuvo la nacionalidad británica en 1886; al cabo de unos años cambió su nombre para que sonara más inglés. Durante la década siguiente, navegó mucho, sobre todo por Oriente. Las experiencias de Conrad, especialmente en el archipiélago malayo y en el río Congo durante 1890, se reflejan en sus relatos, escritos en inglés, que era su cuarta lengua tras el polaco, el ruso y el francés. Publicó su primera novela y se casó con Jessie George en 1895.






















Conrad escribió dos de las novelas que me han gustado más: una es "El Corazón de las Tinieblas"; una descripción perfecta del horror que entraña el salvajismo y de como nadie está exento de él; y otra "La Linea de Sombra", sobre una enfermedad que se extiende en un barco sometido a la calma chicha. He leído otras novelas de Conrad y todas me han resultado estimulantes: Nostromo, Lord Jim, Azar, El Agente Secreto...








"Porque hay un ángel bueno y un ángel malo en la naturaleza humana, y el bien no siempre triunfa".







"Tiene que ser una tentación, allá entre los nativos, sentirse Dios"

Amaiur

Desde que los nacionalistas vascos se dieron cuenta de que carecían completamente de razones históricas para defender sus postulados, volvieron su vista a Navarra. No es que Navarra hubiera mostrado, al menos en el pasado, un entusiasmo grande hacia las ideas aranistas, es que, además de una Historia como reino medieval independiente, tenía un territorio con el que alimentar y proporcionar espacio vital a la futura Euzkadi independiente.











Los nacionalistas han creado toda una rama pseudohistórica donde se confunden los episodios narrados en la conquista de Navarra con el origen de la lucha por la independencia vasca, obviando todo el tiempo que transcurre entre 1521 y 1968, cuando ETA empieza a asesinar; y claro es mucho olvidar, sobre todo teniendo en cuenta los acontecimientos de la Guerra Civil (1936-1939).










Para estos historiadores, la ciencia no es la búsqueda de la verdad, aunque sea parcial y subjetiva, sino una forma de manipulación y justificación política.










Intentaré, de todas formas, explicar los acontecimientos porque, incluso en el país de la nación discutida y discutible, puede haber gente que se interese por otras verdades, otras explicaciones menos épicas pero más realistas.





















A partir de fines del siglo XV, el Reino de Navarra se va a ver envuelto en una guerra civil y esto será el origen de la pérdida de la independencia. Antes, desde la muerte de Alfonso I de Aragón y Navarra, el Reino había recuperado su independencia por voluntad de sus nobles y, durante los reinados de Alfonso VI el Sabio y Sancho VII el Fuerte en el siglo XIII, perdió las provincias vascongadas excepto parte de Álava.









Los historiadores nacionalistas (vascos) quieren ignorar que esa pérdida se produce con la complicidad de los señores de tales territorios y con el refrendo de sus Juntas Generales, instituciones no democráticas pues la democracia moderna es un fenómeno del siglo XIX.










En otra guerra subsiguiente Navarra perderá, frente a Castilla, los territorios de La Rioja, Álava y La Bureba. A partir de entonces, el Reino estabilizará su territorio frente al exterior aunque se sucedan acontecimientos como las guerras de los burgos en Pamplona o la epidemia de peste del siglo XIV.





















Pero en esa época, surge la guerra civil entra agramonteses y beamonteses de manera que, en un primer momento, ambos bandos estarán dirigidos respectivamente por el Rey Juan II de Aragón, viudo de la Reina de Navarra, y por El Príncipe de Viana, su hijo y competidor.










El fortalecimiento paulatino de los reinos de Francia, Castilla y Aragón colocará al pequeño Reino de Navarra en una tesitura insoportable desde el punto de vista estratégico. Habrá dos acontecimientos que terminarán en la conquista del país, uno la unión de Castilla y Aragón en un solo Reino y otro las bulas papales contra los reyes agramonteses de Navarra Juan III de Albret y Catalina de Foix; muy duras, pues castigaban a Navarra por apoyar al Rey de Francia con más dureza que a la propia Francia.









Hecha la paz a finales del siglo XIV, las hostilidades se reanudan en 1512 en el contexto de la guerra entre España y Francia; el Reino de Navarra será conquistado.




















En 1521, una ofensiva de la Francia de Francisco I contra la España de Carlos I entrañará la entrada de tropas francesas en Navarra y la respuesta de los españoles y de los beamonteses; la punta de lanza de España serán tropas alavesas, vizcaínas y guipuzcoanas.





















El resultado de la guerra es catastrófico para los franceses que no consiguen Nápoles, pierden Milán y Navarra, cayendo su propio rey prisionero.







Antes, en la expulsión de los franceses de Navarra, los nobles agramonteses se harán fuertes en el castillo de Maya en Baztán (Amaiur ), no podrán resistir y caerán prisioneros; entre ellos los señores de Jaso, Don Pedro de Navarra y otros; serán perdonados por el Rey Carlos I de España entrando la mayoría a su servicio.




















El Rey agramontés de Navarra, exiliado en Francia, se convertirá en hugonote por lo que, según la Ley católica, perderá el Reino aunque cuando, por gracia de Felipe II Rey de España, su descendiente ascienda al trono de Francia (fue el primer Borbón), se convertirá en católico y martillo de protestantes al grito de "París bien vale una misa".


















Navarra pactará, a través de sus Cortes (estamentales) y de las castellanas de Burgos, la unión eqüe-principal a la corona de Castilla. En el siglo XVII España pierde la Merindad de Ultrapuertos o Baja Navarra, ya indefendible desde los tiempos de Carlos I, a pesar de su juramento de fidelidad al Rey Fernando de España en 1516. La situación actual será sancionada, tanto por Francia como por España, en la Paz de los Pirineos del año 1659, en el contexto de la pérdida de la hegemonía española.