16 nov. 2014

La política y el conflicto

Todos nos aferramos a las ideas de las cosas que nos conformaron en la juventud. La guerra es para muchos de mi generación aquello que salía en los ingentes metros de película que veíamos, tarde tras tarde, en la sesión de tarde de los sábados. Pero las cosas cambian con el tiempo e incluso esto ocurre en el cine; así y todo cuando, asombrados por la deriva de la crisis y la política, tememos por la paz en España, nuestro pensamiento vuela hacia aquellas imágenes.







La guerra y la política son dos partes de la misma cuerda. Una de las partes, la del conflicto, tiene en su extremo a la guerra nuclear de destrucción mutua asegurada; la otra parte tiene en su extremo la política colaborativa y diplomática. La cuerda está unida y es posible transitar a través de ella, de un extremo a otro, incrementando y disminuyendo la dosis de conflicto. España evidentemente no está en guerra pero no es nuestra política como la que se desarrolla en Andorra, donde los copríncipes pueden bailar (al menos uno lleva falda), o Luxemburgo, o incluso Dinamarca donde el jefe de la oposición llegó a estar casado con la primera ministra. No, aquí el recuerdo de la guerra, y de la reseca historia que no nos atrevemos a mirar, impiden que la oposición y el gobierno compartan el asado en la mesa de Navidad. 






El pensador americano John Rawls nos cuenta que la democracia realmente existente requiere de un suelo sobre el que se sostengan los diferentes actores. Actualmente el cumplimiento de la Ley y la Constitución no actúa como un suelo sino que se supedita a la política; las certidumbres de antaño oscurecen ante la posibilidad de ruptura del Estado y dependen del poder de un grupo revolucionario que casi no se molesta en ocultarlo. Paralelamente una imagen de corrupción campante se apodera del pueblo sometido a recortes y paro. Los políticos no renuncian a sus gabelas y el sistema se hunde sin remedio. 






¿Quiere esto decir que nuestros gobernantes son de otra pasta distinta a la nuestra? No, mucho peor, lo que pasa es que el sistema lleva a este estado de cosas; como dice Ángel Cristóbal Montes, sin selección adecuada de los políticos, sin financiación adecuada de partidos y ayuntamientos nada podemos hacer. Y es que, a falta de temor de Dios y respeto al propio honor, sólo el temor al castigo sirve para preservar la Ley y la moral pública. Cualquier cambio que no tenga en cuenta esto no servirá más que para ahondar la corrupción, sustituir una casta por otra y profundizar en el camino hacia el conflicto.

15 nov. 2014

Las cloacas del Estado

Desde que existen Estados complejos, e incluso antes, ha sido necesario realizar tareas sucias, ocultas; alejadas del honor, de la fama y de la opinión pública. Quienes trabajaban en esa tarea lo hacían por patriotismo, por dinero, por afán de aventura o... por fidelidad. En el Estado hay sumideros y lugares donde la basura que genera la acción de gobierno es expulsada. A eso se le llama las cloacas del Estado y sus habitantes son las ratas. 











En todas las cloacas hay ratas; las cloacas permanecen y las ratas pasan.  En España como no podía ser de otra manera existen también esas cloacas. El número de los casos conocidos es grande pero probablemente no mayor que los que surgen en otros países; estos casos son los efluvios que a veces emergen de las cloacas y alcanzan la calle. 






Me situaré en un terreno difuso en el tiempo, entre el final del régimen anterior y la transición. La muerte en atentado del Presidente del Gobierno almirante Carrero Blanco, en su momento, fue calificada simplemente como atentado de un grupo terrorista realizado en Madrid precisamente en el día en que comenzaba el juicio por el proceso 1001, precisamente a pocas manzanas de la embajada de los Estados Unidos. No pocos miembros de la policía fueron frenados para no estorbar al comando de bisoños terroristas; incluso algunos soplones levantaron la liebre pero no se hizo nada, ETA recibió información y apoyo de sectores extremistas del PCE en algún caso de sospechosos de infiltración. 






Años después, en plena transición, el Estado reclutó en sus cloacas a aquellos que quisieron servir en la única misión de defensa de la democracia que ha tenido pleno y pronto éxito. Previamente ofreció la reserva transitoria para que aquellos que no se sintieran entusiasmados de defender lo contrario de lo que defendían antes se viesen animados a abandonar. Los que quedaron pudieron servir a Dios y al diablo por dinero, por poder, por prestigio...El caso es que al conocer los entresijos de las camadas negras desde dentro, no en vano las habían formado ellos, pudieron inhabilitarlas sin problemas.







El 23F actuó a modo de vacuna para desactivar cualquier trama militar que pusiera en peligro la deriva del nuevo "Estado de las Autonomías"; nadie volvería a pensar en "reconducir" la situación al margen de los poderes dominantes. Así mismo sirvió de aviso a navegantes a propósito de los límites autonómicos.








Luego le tocó el turno a ETA, poco pues el invento les servía para encuadrar a la población e incluso para deshacerse de personal molesto. Se trataba de convencer a ciertos poderes fácticos de que el gobierno del PSOE iba a ser tan duro con ETA como lo habían sido los gobiernos anteriores si no más. También se trataba de convencer a cierta juventud vasca de los costes de las aventuras y de aprovechar la magnífica veta de los "fondos de reptiles". 









En el 11M nos hicieron creer que unos chorizos dedicados a la venta al por menor de hashish eran capaces de organizar y ejecutar el mayor atentado terrorista de la historia de España, en una compleja acción militar de arriba a abajo. 








Cuando les convino frenaron acciones policiales contra ETA; esto es lo que debió pensar el propietario del Bar Faisán cuando le llegó el chivatazo. 
¿Será el proceso catalán una acción encubierta para distraer a la ciudadanía y provocar un cambio constitucional en beneficio de las ratas? ¿Qué papel desempeña el conde de Godó tan amigo de "el lobo"? 
Son preguntas necesarias para explicarnos nuestra situación como juguetes del destino en esta pobre España.

12 nov. 2014

El referéndum catalán

Sobre este asunto he publicado muchas entradas en el blog, ahora quiero dar publicidad a un artículo interesante. El valor de una consulta sin censo y garantías es nulo y en circunstancias normales no tendría sentido hablar sobre ello, pero las circunstancias no son normales.






El triple significado del 9-n


Lo ocurrido en Cataluña el  día 9 expone a la perfección una gran parte del panorama político del país entero, sometido a una casta política simplemente infame. Se ha tratado de un delito, un acto abierto de rebelión, publicitado de forma masiva en España y en medio mundo;  culminación, por ahora, del golpe de estado permanente promovido por los políticos separatistas, casualmente muy corruptos, aunque ello no sea una excepción en este país llevado a la desdicha. El PP anunció  que no permitiría el acto ilegal, que impediría tamaña vulneración de la Constitución, y dio la impresión de enviar a miles de policías para impedirlo. Los separatistas no se arrugaron: han tomada la talla a los parlanchines del PP. Se conocen bien, y saben que la especialidad de Rajoy y de su partido es el fraude asimismo permanente, ya desde sus promesas electorales. Rajoy ha superado a Zapatero en su capacidad de mentir a la opinión pública. Pero un gobierno que no hace cumplir la ley, tampoco la cumple y por ello se deslegitima, delinque. Como en tantas otras cosas:  la colaboración con la ETA premiando sus crímenes con legalidad, dinero público, etc.; el apoyo y financiación a los separatistas; la corrupción rampante; la ineptitud y mentiras sobre la situación económica; la cesión ilegal de “grandes toneladas de soberanía” a la burocracia de Bruselas, como si el país fuera una finca de la casta...
  Y no se trata simplemente de Rajoy, sino del PP. No dudo de que en él haya habido durante años personas honradas, deseosas de cambiar el rumbo del partido y esperanzadas en que alguna vez lo lograrían. Pero el tiempo ya pasó. Permanecer en ese partido, a estas alturas, es simplemente hacerse cómplice de sus incontables fechorías. Ahora hemos constatado el estruendoso silencio de los Aznar, Aguirre y tutti quanti,  en torno a  este pisoteo flamenco  de la Constitución y de la dignidad de España. El triunfante delito tampoco ha impresionado a jueces y fiscales de ese chiste malo que es la justicia en España, mangoneada y corrompida por la casta política. Realmente, a quien tendrían que procesar es al gobierno del PP. En fin, PP-PSOE-separatistas han converttido a España es un país sin ley, un país de pandereta.  

En segundo lugar, la consulta no ha podido resultar más decepcionante para sus promotores. Aun dando por válidas las cifras de la rebelde Generalidad, apenas ha votado el 33% del cuerpo electoral, y los síes han sido solo el 80% de esa fracción. Ha sido incluso un retroceso con respecto a las votaciones para el ilegal y proseparatista estatuto de 2006, promovido por los socialistas y aprobado por solo un 36% del cuerpo electoral y con una votación total que no llegó al 50% de los electores. Dicho de otro modo: existen hoy en Cataluña 1,6 millones de separatistas, incluyendo musulmanes y adolescentes, entre 6, 3 millones de catalanes con derecho a voto; es decir, una minoríade que apenas pasa de una cuarta parte de la población. Y ello a pesar de 35 años de adoctrinamiento intensivo contra España empleando –ilegalmente, como es costumbre—todos los recursos del estado puestos a disposición de la propaganda balcanizadora por parte de sus compinches de “Madrit”, desde la enseñanza a los medios de comunicación y la corrupción en general. Por mucho que quieran poner buena cara y presentarlo como un triunfo, es  más bien deprimente el fruto de un trabajo tan denodado, tan prolongado y tan costoso (aunque quien ha corrido con los gastos ha sido el conjunto del pueblo español). Ello revela, de paso, el mínimo nivel del separatismo existente al comienzode la transición, antes de empezar a ser cultivado masivamente por la casta. Han sido necesarios los esfuerzos combinados de los gobiernos centrales y del autonómico para llegar a esa cifra de separatistas, que con ser muy minoritaria, es sin embago alarmante. Y no tanto porque se trata de minorías muy activas, impositivas, fanatizadas y cargadas de odio, como porque la casta política, el PP ahora, seguirá la misma política de claudicación y entreguismo de siempre. El País de Soraya, guía tanto del PP como el PSOE, ya ha sacado la conclusión: “¡A negociar!”. Negociación entre delincuentes, de la que solo pueden salir nuevos pasos hacia la balcanización de España.
  En tercer lugar, no debe creerse que por ser una minoría  los separatistas no puedan salirse con la suya. Aunque la gran mayoría de los catalanes haya demostrado su nulo interés por el separatismo, se trata de una masa mayoritariamente amorfa, resignada y confusa, que no ha encontrado aún una orientación y cauce políticos. Es, al mismo tiempo, la gran necesidad y la gran ocasión para reorientar a esa mayoría y convertirla en un bastión activo contra la disgregación o balcanización del país. Quizá Vox pueda lograrlo si consigue clarificar a fondo sus ideas y poner en tensión sus fuerzas.




PIO MOA.

10 nov. 2014

Recordatorio

Hace 25 años, asombrado por el fin de la guerra fría y del comunismo, comentaba con un amigo que ya sólo restaba un desembarco extraterrestre. Hemos olvidado con gran facilidad y conviene recordar. He aquí un artículo interesante.


El Muro de Berlín no fue un accidente histórico

 

 

 







El derribo del Muro de Berlín hace 25 años corre el riesgo de convertirse en una efeméride más acerca de un pasado cuasi prehistórico en lugar de en un valioso recordatorio sobre los horrores del socialismo real. Como suele suceder con la historia, el paso del tiempo difumina las causalidades y vuelve más amables las lejanas responsabilidades. Acaso, desde la distancia, pudiera parecer que el Muro fue apenas un pintoresco accidente histórico, una frivolidad de un régimen megalómano sin conexión alguna con su sustrato ideológico.
Pero el muro de la vergüenza socialista no fue ningún accidente histórico: fue la consecuencia natural e inexorable de una ideología que institucionalizaba la explotación del hombre por el hombre mientras ondeaba propagandísticamente la bandera de su abolición. Hubo –y hay– otros muchos muros socialistas distintos al berlinés: los controles de circulación, la restricción en la concesión de pasaportes o las barreras naturales –como estar rodeado por un océano– son cárceles en muchos casos tan o más efectivas que la barrera germana.
Porque la explotación –la verdadera explotación: la basada en la represión sistemática de la libertad– es forzosamente consustancial a la dictadura del proletariado: no ya porque la dictadura reconoce sin ambages cuál debe ser el destino de los no proletarios, sino porque incluso entre los proletarios existen legítimos disensos de intereses que la dictadura socialista sólo es capaz de resolver manu militari, esto es, convalidando el uso de la fuerza por parte de unos proletarios sobre otros (en realidad, por parte de los cuadros con mayor poder de negociación dentro de la burocracia socialista sobre el conjunto de los proletarios).
Y todo régimen asentado en la salvaje esclavización del hombre por el hombre necesitará erigir muros para evitar que los esclavos escapen del dominio de sus dueños, especialmente cuando existen sociedades mucho más libres a tiro de piedra. Lo comprendió perfectamente el periodista alemán Eugen Richter, quien 70 años antes de que fuera construido el Muro ya anticipó perspicazmente que la eventual implantación del socialismo en Alemania debería ir seguida, por necesidad, de controles fronterizos que impidieran a la gente evitar seguir siendo explotada cual ganado por el Estado. Narraba Richter en su distópica novela Imágenes de un futuro socialista:
Dado que la gente joven ha recibido el adecuado entrenamiento de nuestras instituciones socialistas y dado que se les ha instruido en el honorable propósito de dedicar todas sus energías al servicio de la comunidad, pronto dejaremos de necesitar a todos esos snobs y aristócratas [que quieren escapar del país]. Mientras tanto, [todos ellos] tienen la obligación de ser retenidos en el interior (…) El Gobierno [socialista] hace bien en aplicar implacablemente medidas para evitar la emigración. Con el propósito de ser eficaces, se ha considerado imprescindible enviar tropas a las fronteras y a los puertos. El paso fronterizo con Suiza ha recibido especial atención por parte de las autoridades. Se ha anunciado que las patrullas se incrementarán en varios batallones de infantería y caballería. Esas patrullas tienen estrictas instrucciones de disparar de manera indiscriminada a todos los fugitivos.
Sin criadero de cobayas no hay paraíso socialista. Por eso los muros de contención son imprescindibles: no para evitar que las masas depauperadas por el capitalismo emigren en desbandada hacia los países socialistas, sino para evitar que las masas empoderadas del socialismo huyan hacia los páramos de explotación capitalista. Al contrario, han sido los países capitalistas quienes, por desgracia, han optado por levantar barreras para impedir que la población extranjera busque mejorar sus expectativas vitales en su seno. Los países socialistas, en cambio, fueron los únicos que tuvieron que recurrir a tales muros para retener a su propia población: ni siquiera la República Democrática de Alemania, el más rico de los países socialistas, fue un reclamo lo suficientemente atrayente para evitar que más de 200.000 berlineses cruzaran cada año la frontera antes de la construcción del Muro.
A la postre, los mercados libres se basan en la libre cooperación humana a través de contratos voluntarios: contratos que, a fuer de voluntarios, son mutuamente beneficiosos para las partes. El socialismo, en cambio, se asienta en la coerción: en la explotación violenta del hombre por el hombre. El Muro no fue una carambola histórica. Cada socialismo requiere su propio muro, su propia cárcel.

LIBERTAD DIGITAL.