28 feb. 2015

El Señor Spock

Al igual que las tardes de los sábados y los domingos de "aquellos maravillosos años" eran: los deberes, el fútbol y las excursiones; las mañanas del sábado quedaron en el recuerdo como "Viaje a las Estrellas". Era una gozada tirarse en la alfombra frente al televisor a degustar un bocata de anchoas mientras echaban las aventuras exploratorias de la nave Enterprise, insignia de la flota estelar. 















En un mundo conocido en su integridad, o eso creía yo, la exploración se vertía en los lejanos espacios siderales. La serie era un refrito de la guerra fría que alimentaba las ansias de aventuras de los críos. No había ninguna pretensión y hasta el ejército americano colaboraba aportando extras; sin embargo la serie devino a "de culto". Entre los personajes destacaba un oficial científico de la Federación Galáctica vulcaniano: "el Señor Spock". 







 





El que desempeñaba el papel era Leonard Nimoy, un hijo de judíos ucranianos emigrados que decidió ser actor y cuyos otros trabajos en el teatro, el cine y la televisión se vieron oscurecidos por este personaje. Finalmente compró los derechos de la serie y produjo varias películas y todo tipo de juegos. El papel del vulcaniano marcó profesionalmente a Nimoy, pese a sus esfuerzos por no encasillarse que le llevaron a buscar otras vías creativas en la fotografía y la literatura. En 1975, publicó su primera autobiografía, significativamente titulada "Yo no soy Spock". Sin embargo, veinte años más tarde, ya reconciliado con el personaje y tras reconocer lo que le había aportado, publicó en 1995 la segunda y definitiva autobiografía: "Yo soy Spock". Ayer murió a los 83 años habiendo sido un gran actor que consiguió entretener y estimular a los chavales.






Descanse en paz.

17 feb. 2015

El falso olvido

La idea, muy extendida, de que la democracia española ha cubierto al franquismo y a la Guerra Civil con un velo de olvido es perfectamente falsa. Al contrario que otras de las muy abundantes guerras civiles de nuestra historia tanto el régimen de Franco como el actual no han permitido que se olvide ese periodo nunca. Es cierto que ésta ha sido, dada la magnitud y el momento tecnológico, la más brutal de la que hay recuerdo y también que determinada izquierda no ha asimilado su derrota histórica y sigue en sus ensoñaciones de siempre.







El primer interesado en que no se olvidara la guerra fue el régimen de Franco; toda su legitimidad provenía de la contienda según una leyenda de derecho victorioso; las justificaciones, imágenes, heroísmo y mitos derivaban, no sólo pero sí sobre todo, de la Guerra Civil.
Revistas, literatura, historiografía oficial y no oficial afecta al Régimen recreaba los hechos y justificaba las acciones. En el exilio se producía una reacción hagiográfica pareja y de signo contrario; primero en Hispanoamérica durante la Segunda Guerra Mundial y después en Francia por parte de aquellos partidos e intelectuales dispuestos a acabar con el Régimen de la mano de los aliados. Gentes como Agustín de Foxá y el Marqués de Lozoya contra Álvarez del Vayo y Wenceslao Roces.








Con el tiempo, y ante la continuidad del franquismo de la mano de los americanos, la propaganda cedió a intentos más serios de análisis tanto dentro como fuera de España; tanto españoles como hispanistas extranjeros. Las artes plásticas, el cine y la literatura recordaban los hechos siendo que el Régimen premiaba y socorría a las víctimas de sus enemigos (los de su bando).
En mi infancia recuerdo innumerables programas de TV destinados a recordar la Guerra (España siglo XX) y en las postrimerías del franquismo y la transición, la otra visión fue ocupando cada vez más espacio ("Canciones para Después de una Guerra", "Las Bicicletas Son para el Verano", "Las Largas Vacaciones del 36", Si te Dicen que Caí). Incluso las dos películas españolas que ganaron los primeros Oscar, Tanto "Volver a Empezar" como "Belle Époque" rememoran esos años. 







En cuanto a resarcir a las víctimas republicanas y del antifranquismo, ya en época de Suárez y sobre todo bajo el gobierno del PSOE se hizo un gran esfuerzo; recuerdo un cliente mío que llegó a cobrar una pensión de sargento de milicias socialistas, cargo que había ostentado como galonista.
Aznar y Zapatero dotaron de subvenciones a las organizaciones de la memoria histórica para que se pudiese realizar la prueba del DNA a los restos enterrados. La Ley de Memoria Histórica es un perfecto brindis al sol ya que no ofrece novedad alguna y tampoco anula los juicios del franquismo para evitar el caos jurídico y económico.








¿Si esto es así, por qué cierta izquierda se empeña en resucitar lo que está muerto y enterrado? Lo hacen sin duda para alimentar la batalla política de hoy. Se trata de trasvasar a la acomplejada derecha las culpas del franquismo, y ahí da igual que haya candidatos de la derecha descendientes de republicanos y candidatos de la izquierda descendientes de vencedores, como denuncia el periodista Javier Nart quieren hacer a la derecha de hoy culpable metafísicamente del franquismo. Contra pronóstico, ahora 76 años después, la Guerra está más presente que nunca.