23 feb. 2011

Jean Lartéguy

En el difuso tiempo que hay entre la niñez y la juventud cayó en mis manos un libro que supuso una revelación sobre el mundo de la guerra y la geopolítica, "Los Centuriones". 









Hoy ha muerto su autor. Fue soldado, periodista y escritor.
Estará en el  Valhalla con sus "lagartos" y el coronel Raspeguy.

4 feb. 2011

Historia del opio









A mediados del siglo XIX, en el momento de máxima fuerza y dominio de la civilización occidental, se produjeron las guerras del opio, en el contexto de la dominación que sobre la nación china tenía el Imperio Británico.





















Lo cierto es que la primera civilización que utilizó los efectos deletéreos, y no solamente los medicamentosos o sagrados, del extracto hidroalcohólico del opio, rico en el alcaloide morfina, fue la clásica romana y, para ello, utilizaban la exudación, el látex, de una clase de amapola existente en Italia que se llama adormidera, Papaver somniferum.
































La usaban para mezclarla con el vino, muy resinoso, que utilizaban; los romanos tenían una gastronomía tremendamente compleja y una cocina sofisticada pero sus gustos se alejaban de los nuestros.









En el siglo XIX, los ingleses desarrollaron una explotación masiva de plantaciones de amapola en la India con prohibición absoluta del consumo; toda la producción se dedicaba a la exportación a China a través de Hong Kong.

















Para el buen éxito del negocio, extendieron redes de fumaderos por la costa china que crearon los clientes necesarios, el consumo se extendió y el negocio creció. A mediados de siglo, los gobernantes chinos se dieron cuenta del problema e intentaron frenar la expansión de la afición, esto fue considerado por los británicos como casus belli y dio lugar a las guerras del opio con derrota china, por lo tanto el negocio continuó.








Hay que esperar a 1949 en que, tras el triunfo de la revolución china, Mao consiguió erradicar el consumo, ¿cómo?, condenando a muerte a toda la cadena de producción, incluido el consumidor final que se negaba a desintoxicarse.

3 feb. 2011

Las revueltas árabes

Se ha producido una extraña revuelta que, a toque de corneta, ha trastornado a un montón de países árabes. Todo comenzó a finales de enero cuando en unas protestas en Túnez, por la carestía de la vida, un individuo se quemó a lo bonzo tal y como hicieron en la guerra de Vietnam.





Los jóvenes árabes ya no viven en la sociedad tradicional, quien más quien menos ha recibido una instrucción y está en condiciones de ponerse en comunicación con el mundo por televisión, teléfono móvil e Internet. Es verdad que han proliferado blogueros, redes sociales y buscadores populares pero yo estoy pensando que detrás de esta extraña unanimidad está la CIA. Me diréis ¿por qué la CIA? Pues porque hoy día USA es el poder monopolar, y el único en condiciones de montar algo así.




















Quizá han comprendido la enorme olla a presión en que se ha convertido el mundo árabe y han decidido dejar salir el gas. En Egipto, El Baradei me recuerda mucho al general Espínola, el de la revolución de los claveles portuguesa, que luego fue desbordado por los hechos. Los islamistas cuentan con dinero e instituciones de caridad que les proporcionan una magnífica red.







Al Jazeera, la pinturera televisión quatarí, amiga de los amigos de Ben Laden y enemiga de los regímenes árabes llamados moderados, es decir, amigos de los americanos, se ha cobrado una pieza importante al poner a los Ben Alí y Mubarak de este mundo en la picota y, como hiciera Marco Antonio en la oración fúnebre de Julio César, cabe utilizar la sorna para mantener que Brutus/ Jazeera son gentes "honorables".


















Pero y ahora, ¿qué? ¿Va a conseguir El Baradei encabezar la revolución pacífica de la inexistente clase media egipcia? ¿Serán los laicos tunecinos capaces de encontrar la estabilidad democrática conjurando la presencia de los durmientes islamistas? ¿Desaprovechará Al Qaida la oportunidad de la revuelta en Yemen para hacerse definitivamente con el poder en el desértico y estratégico país? ¿Qué futuro le espera a la siempre frágil Jordania? ¿No estará acaso Irán esperando la ocasión para profundizar en la desestabilización de la zona a través de Hamas y Hezbollah? ¿Qué opciones políticas y estratégicas quedan para un Israel sometido a presión y a cerco? ¿Cuáles son las barajas residuales en manos de los americanos y sus aliados occidentales para promover estabilidad, prosperidad y democracia en la zona?










Que nadie derrame una lágrima por el sátrapa caído. Que nadie ahorre un grito a favor de la libertad. Que nadie pretenda traficar estabilidad con injusticia. Pero que nadie se llame a engaño; repentinamente abierta la caja de Pandora, tardarán los vientos en volver a su redil. Quieran los hados que sus remolinos no nos cojan desprevenidos. Son muy traicioneros. Y soplan desde muy cerca.

2 feb. 2011

Origen del concepto de nación

En una intervención parlamentaria, durante el debate del Estatuto catalán, nuestro presidente dijo aquello de que el concepto de nación era discutido y discutible; pero claro, en España hay algunas personas que no pueden discutirlo, en relación a la nación española, entre ellas están el Rey y el Presidente del Gobierno.






Sin embargo, por una vez, el iluminado tenía razón; el de nación es realmente, desde el punto de vista científico, un concepto discutible y extremadamente abstracto. Así por ejemplo el Estado como realidad burocrática, persona jurídica, producto de la historia, con soberanía, ejército, potestad y en algunos casos autoridad es una idea mucho más clara. Estados hay, y ha habido, desde que el hombre se organizara políticamente que, aunque sean distintos, tienen en común los puntos citados.














Sin embargo, el concepto de nación política es mucho más reciente; nascio o natio fue el nombre de la diosa romana de los nacimientos y no hace muchos años, en el campo, cuando un animal doméstico paría se decía que había habido nación. A caballo entre el Mundo Antiguo y la Edad Media, Isidoro de Sevilla, en sus etimologías, considera las naciones como grupos de personas de la misma procedencia.

















En las ciudades medievales se solía hablar de calles en las que vivían los caldereros y otros oficios como naciones; así, nación de cordeleros; al ocupar los francos, franceses, determinados oficios se habló de nación de francos.


















En las universidades medievales, los estudiantes se agrupaban en naciones incluso antes de que surgieran las facultades propiamente dichas; por eso en el Concilio de Constanza (1414-1418) se organizaron también por naciones.















Una profunda carga ideológica alteró el concepto de nación en el periodo revolucionario en Francia, la nación se convirtió entonces en el titular del poder constituyente frente al rey absoluto del "Estado soy yo".









De aquellos polvos vienen los lodos actuales pues no existe un criterio de limitación del concepto de nación; me parece imprescindible aprender a separar, en todos los ámbitos, el concepto de Estado de la idea de nación. Pueden coincidir, sí, pero no necesariamente, ya que tienen vida propia. Estado y nación no son el cuerpo y el alma de una única realidad denominada comunidad política.


















De entrada, porque, a diferencia del Estado, la nación no es sólo, ni siquiera principalmente, un concepto jurídico político. Nuestra Constitución habla de la nación como concepto político jurídico pero hay otras formas más ambiguas, antiguas, amplias y sentimentales de hablar de nación.








Nada que objetar, mientras no se obligue a la gente a plegarse al sentimiento nacional de los grupos de presión. Actuemos racionalmente, pero sobre todo seamos razonables.

El mundo de Alejandro Magno

En una breve visita a Madrid, pude ir a ver una exposición sobre los tiempos de Alejandro Magno. Como he dicho aquí y aquí, era ese un mundo en el que los pueblos extendidos por toda la tierra eran muchos y diversos, probablemente más que ahora, ya que, aunque el número de los seres humanos era menor, los pueblos mestizos se forjaban en las fronteras creando innumerables culturas.
















En el espacio de tiempo que hay entre los 15 y los 33 años en que murió, Alejandro conquistó un imperio continental con un territorio mayor que cualquier poder existente. Sin embargo, no se llegó a formar una unidad, los pueblos permanecían ajenos unos a otros y Alejandro con sus generales pacificaba los chispazos rebeldes que surgían aquí y allá.









La cultura griega trasladada por las huestes macedónicas se superponía a las de los muchos pueblos conquistados. Persas, partos, babilonios, escitas, egipcios, sirios, árabes y pueblos del norte de la India formaban una masa heterogénea unas veces civilizada, agrupada en grandes imperios, otras veces semisalvaje y bárbara
.

















A la muerte de Alejandro, se constituyeron los llamados reinos helenísticos gobernados por los diádocos, es decir los generales de Alejandro. Estos reinos eran espacios políticos y militares pero, en muchos casos, no económicos, es decir no eran economías de escala. Quizá ésta es la razón de que no perduraran.

La Historia y los soportes de la información











En los muchos y lejanos años en que el hombre moderno se expandía por el mundo, no tenía Historia. Cuando aprendió a hablar, hace unos 20.000 años, y creó los idiomas complejos, surgieron al principio en toda su complejidad, estuvo en disposición de transmitir a sus hijos ciertos conocimientos y técnicas que hasta entonces se habían transmitido por el ejemplo y la acción.








Sin embargo, no debía de quedar mucho espacio para la especulación y para la Historia; aunque con el tiempo el hombre culminó su gran expansión, encontró a otros hombres y, en algunos casos, tuvo cierta libertad refugiado en las cuevas.








Las pinturas rupestres aparecen como un sistema de fijación conceptual que no está ligado a las actividades de pura supervivencia. En ese momento, debió surgir la figura del hablador, un hombre que representaba, que era la memoria del grupo, es el comienzo de la Historia en la historia.



















Paralelamente, y con el incremento de la complejidad que supone la aparición de civilizaciones, el hombre encontró métodos para grabar en piedra su memoria. Los jeroglíficos mayas, los quipus incas, hasta llegar a la aparición de la lengua escrita fonética como el lenguaje cuneiforme de la estela de Hammurabi, las inscripciones jeroglíficas de los egipcios y las lenguas ideográficas que son los eslabones de una cadena que llega hasta hoy. El hombre inventó otros soportes para la información como el papiro, las tablillas de arcilla, el pergamino y el papel.









La diferente duración de los soportes de la escritura obligaba a copiar continuamente el contenido, así en la Edad Media, en los monasterios, se dedicaban a copiar para mantener y para intercambiar textos. Todo cambió con la invención de la imprenta a mediados del siglo XV, de esta forma era posible hacer copias innumerables con los tipos.





















Ahora hay otros soportes que permiten mantener la información y ahorrar sitio y papel; desde los microfilms, que son micro películas, hasta los soportes informáticos y magnéticos; lo que hace la copia casi instantánea con el consiguiente peligro para los derechos de autor.








La inmensa biblioteca que es Internet permite en la www el hipertexto con acceso a sonido, imágenes, vídeos etc.
La Historia gozará de más fuentes y será muy difícil que nada pueda ser borrado de la faz de la tierra; el trabajo, sin embargo, será autentificar la información para evitar el ruido.

La muerte
























Hace unos días tuve conocimiento de la muerte, y de los pormenores de ésta, de la mujer de un amigo. Desde hacía años cuando le diagnosticaron un tumor cerebral, había tenido noticia de su lucha contra la fatalidad. Aún me acuerdo de su juventud, ha muerto con 38 años, de sus ganas de vivir y del insidioso mal que le atenazaba.









Cuando ocurre algo de estas características, inmediatamente pensamos en nosotros mismos, en nuestra finitud y en la terrible maldición del ser humano condenado a la enfermedad, el envejecimiento y la muerte.










Sin embargo, en este caso particular, de lo que quiero hablar es de los fantasmas del cerebro que se materializan en los enfermos de esquizofrenia y en algunos tumores cerebrales; ¡cómo vivir sin saber si lo que estamos viendo es real o si lo real es efectivamente real!




















Recuerdo un cuento de Poe en el que un moribundo era hipnotizado, de manera que, con un metabolismo muy bajo, era mantenido en vida hasta que al despertarlo se convertía en polvo; o los mitos de Cthulhu en Loveckraft donde los peores monstruos se materializan; o las puertas de la percepción de Blake, en definitiva el horror de Conrad.










Quizá tenga razón Erwin Schrödinger y en los momentos finales se distorsione el tiempo y el espacio, y creamos poder durar.













El asunto David Torres

Leo un artículo en el periódico El Mundo en el que el articulista, a la sazón David Torres, aprovecha mientras se ríe del anuncio de felicitación por las navidades del Partido Popular, desde luego un tanto cursi, para arremeter contra Jaime Mayor Oreja.








Desconozco la razón de ese encono, pues Jaime es un hombre de reconocida militancia democrática y cristiana desde siempre, no estuvo en las organizaciones franquistas y sí en la estructura opositora de Don Juan en Estoril; y esto junto con su tío Marcelino Oreja, para después capitanear las juventudes de UCD en el País Vasco.







Hay una foto de cinco jóvenes vascos, reunidos para la preparación de una campaña, en la que cuatro están muertos asesinados por ETA, el que sobrevive es Mayor. En la época en que Mayor dirigía al PP del País Vasco, trabó amistad con el líder de Euskadiko Ezkerra Kepa Aulestia y accedió a ir a comer con los miembros del comando que lo iba a matar en la época de las juventudes y que ya eran arrepentidos de ETA.









Desconozco el odio que Mayor despierta en ese periodista, pero me huele muy mal; ahora que se va a debatir la enésima legalización del brazo político de ETA, las personas moralmente comprometidas en la lucha contra el terrorismo empiezan a sobrar, porque, ¿cómo vamos a estorbar las maniobras de salvamento del iluminado de la Moncloa?

El fin de las autonomías

El número de febrero de la revista Temas, en la que Alfonso Guerra ocupa el cargo de presidente del consejo de redacción, incluye un artículo en el que se aboga por suspender el sistema autonómico. La tribuna lleva el título: "Una Salida Política a la Crisis Española" y está escrita por Manuel Muela, presidente del Centro de Investigación y Estudios Republicanos y también miembro del consejo de redacción.





















Muela apuesta, según recoge El Mundo, por "la constitución inmediata" de un "gobierno de emergencia nacional" como solución a la crisis para lo que queda de legislatura. Su primera misión sería aprobar una ley orgánica que "suspenda" los "organismos e instituciones autonómicas".















En pleno debate sobre los males del sistema autonómico, y después de las furibundas críticas recibidas por Aznar a causa del informe Faes dedicado al asunto, Muela sostiene que "se ganaría eficacia y se produciría una disminución inmediata de gastos en beneficio de una reducción significativa del déficit público". Añade que la norma para suspender las autonomías "sería transitoria hasta que logremos salir de la crisis y reformar la Constitución".


















Nuestro problema estriba en la optimista redacción del Título VIII de nuestra constitución, donde se crea un Estado autonómico que se organiza muy bien sobre el papel, que lo aguanta todo, pero que es inviable a la larga pues, como indica el artículo 150, queda continuamente abierto y es de imposible coordinación. Por otro lado la cercanía del poder dificulta la crítica y obstaculiza los controles con las consecuencias de todos conocidas.









La imposibilidad del Estado para imponer disciplina fiscal a cada autonomía, el sistema abierto en la asunción de competencias y la creación de castas políticas autonómicas sometidas al clientelismo, cuando no a la pura corrupción, abocan al sistema al fracaso, sobre todo ahora, en un tiempo acuciado por la crisis.

Los totalitarismos

Los totalitarismos han constituido un fenómeno que no se podrá soslayar siempre que se quiera hacer una caracterización del siglo XX. Su estudio necesita bucear en sus orígenes, que para Hannah Arendt son el antisemitismo, el imperialismo y el comunismo.








El totalitarismo no solo requiere voluntad de aplastar sino medios técnicos, es por eso que en otras épocas de la historia era imposible su existencia; para Luis XIV, cuyo lema "el Estado soy yo" intentó llevar a la práctica lo mejor que pudo, era imposible controlar la vida de los ciudadanos como lo puede hacer cualquier líder, incluso no totalitario, del siglo XX y, en ese terreno, no sabemos hasta dónde puede llegar el siglo XXI.


















El totalitarismo es una forma de Estado, es decir, una forma de organizar los cuatro componentes del mismo (territorio, población, gobierno, poder, y según la autora citada anteriormente, también el jurídico o el derecho). El totalitarismo no es simplemente una forma de gobierno, es una organización en cuanto a las personas que ejercen el poder de tipo no democrático, que se caracteriza al igual que el autoritarismo en la falta de reconocimiento de la libertad y los derechos del hombre.


















Sin embargo, se diferencia del autoritarismo en que en el totalitarismo existe una negación de la libertad y los derechos individuales, desconociendo además la dignidad de la persona humana, convirtiendo las clases sociales en masas.









El totalitarismo considera al Estado como un fin en sí mismo, y por tanto lo maximiza; y dado que el poder existe para el fin de las cosas, si consideramos al Estado un fin, estos dos componentes de la política se hacen correlativos, como consecuencia un Estado más grande nos da un poder más grande.









Así, el poder del Estado totalitario lo puede todo porque el fin lo abarca todo. Mussolini (que usó por primera vez el término "totalitarismo") hizo gráfico esto en el eslogan: "todo en el Estado, todo para el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado". No es ya el Estado para el hombre, sino el hombre para el Estado.

















Las barbaridades, ausentes de respeto a la dignidad humana, realizadas por Hitler, Stalin y el rey Leopoldo, entre otros, nos obligan a pensar en que quizá sea necesario volver a valorar aquellas ideologías que dotan al hombre de dignidad intrínseca.







Como dice la Constitución española de 1978 en su artículo 10:


"1. La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la Ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social.


2. Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España.

Tormenta perfecta








En el momento de la presidencia española de la UE, y a la sazón última presidencia española por aplicación de los acuerdos de Lisboa, la entonces secretaria de organización del PSOE Leire Pajín habló de una confluencia estelar extraordinaria; la coincidencia de José Luis Rodríguez Zapatero como presidente de turno en la UE y la presencia de Obama como presidente americano. Dicho esto en un periodo de profunda crisis económica mundial, particularmente intensa en España, y de profunda crisis existencial en Occidente y España parece un sarcasmo.



















La confluencia de estos acontecimientos, estos líderes y el momento histórico más bien parece otra cosa. Qué decir de una situación en la que la UE se debate entre el hundimiento del euro, el hundimiento de las economías de sus miembros, sobre todo de algunos; qué decir de unos USA sujetos al reto de mantener el superpoder monopolar, heredado de la guerra fría, con países emergentes y retadores como Rusia, China, la India, Brasil, Indonesia o Turquía. Occidente se enfrenta al reto nuclear y agresivo de Irán y Corea del Norte; USA se debate en dos guerras, como son Iraq y Afganistán, sin saber si quedarse, irse o incrementar su intervención.














El dólar no parece en mejor estado que el euro, con unas políticas de endeudamiento expansivo que no terminan de sacar a USA de la crisis.









El empuje de poderes ocultos nos avasalla con las armas silenciosas para guerras tranquilas, y no nos queda sino refugiarnos en nuestra propia insignificancia.















La UE debe remitirse a lo que ha sido, es decir a un mercado común y nada más; debemos realizar esfuerzos para gastar lo que tenemos, facilitar el crédito a las empresas y favorecer a la familia y la demografía; hay que combatir por nuestras raíces culturales, si no lo hacemos vendrán fuerzas políticas que impondrán regímenes draconianos, pues las sociedades en riesgo y con miedo suelen reaccionar así.

Historia del felipismo

En realidad, tras la guerra civil el PSOE había desaparecido como partido de masas y sólo quedaban una serie de notables mal avenidos y sus respectivas capillas.













Las vicisitudes del exilio, el tardofranquismo y el nuevo panorama internacional que se ofrecía influyeron en dividir profundamente a la organización partiéndola en dos: la del interior y la del exterior. La necesidad que tenían norteamericanos y alemanes de frenar a un partido comunista que, se creía, monopolizaba a la oposición contribuyó a fortalecer a la organización surgida de Suresnes comandada por Felipe González.













Una vez establecido como principal partido de la oposición, dado el fracaso del PCE en las elecciones de 1977, fracaso achacable también a la turbia historia del comunismo en España y fuera de ella, el PSOE se dedicó a desembarcar en los poderes fácticos, estableciendo una fluida comunicación con ellos.







Una vez en el poder, la reconocida capacidad para ganar elecciones en los diversos teatros de operaciones, el mantenimiento de una disciplina leninista en una organización que estaba fagocitando a partidos de todo tipo en la sopa de letras, pero que debía hacer una política posibilista, y la necesidad de desarrollar el Estado de las autonomías sirvieron para que los cambios se pudieran realizar sin sobresaltos gracias a la figura, un tanto carismática, de Felipe González.













Como logros, haber embarcado al PP(AP) en una serie de acuerdos, entre los que destacan los autonómicos, y llegar en triunfo a la puesta de largo de la democracia española moderna en 1992; como fracaso que la indudable mejora y modernización de la economía española no pudiese absorber la bolsa del paro estructural.












La etapa del felipismo después del 92 es la decadencia y otra fase distinta de la historia de nuestra actual democracia.

Lope de Vega










Félix Lope de Vega y Carpio (Madrid, 25 de noviembre de 1562-27 de agosto de 1635) fue uno de los más importantes poetas y dramaturgos del Siglo de Oro español y, por la extensión de su obra, uno de los más prolíficos autores de la literatura universal.






El llamado fénix de los ingenios y monstruo de la naturaleza (por Miguel de Cervantes), renovó las fórmulas del teatro español en un momento en que el teatro comienza a ser un fenómeno cultural y de masas. Máximo exponente, junto a Tirso de Molina y Calderón de la Barca, del teatro barroco español, sus obras siguen representándose en la actualidad y constituyen una de las más altas cotas alcanzadas en la literatura y la lengua castellana.






Fue también uno de los grandes líricos nacionales y autor de muchas novelas. La vigencia de Lope de Vega queda atestiguada por varias vías.















Su teatro sigue representándose con éxito de público y suscita en los directores de escena nuevos montajes que nos acercan las obras clásicas a nuestro tiempo. La belleza de sus textos nos sitúa a Lope entre los grandes poetas del idioma; muchos contemporáneos, como Rafael Alberti y José Hierro, lo han tenido y lo tienen como referente ineludible.







Asimismo, su rica variedad de obras en prosa y de las que alternan ésta con el verso constituyen un vademécum literario que es documento de la diversidad genérica de la literatura aurisecular española. Por otro lado, la íntima relación que Lope consigue establecer entre vida y literatura sigue atrayendo de manera singular a cualquier lector. La presencia actual de Lope de Vega queda puesta de manifiesto también por el gran número de ediciones de sus obras, bien es verdad que primándose a menudo los mismos títulos, incluido en las colecciones de clásicos de muy diversas editoriales españolas, latinoamericanas y de fuera del mundo hispano.







En cuanto al estudio de su obra, son legión los investigadores que han dedicado y dedican su atención a la figura y la producción de Lope.

















Lope de Vega representa el punto de vista español de la España en triunfo como Calderón, Cervantes y Gracián representan la decadencia.

















Probablemente ese espíritu original que existió, esté representado por Jorge Manrique y Lope de Vega.

¿Depresión o crisis?

La actual crisis se ha generado por las inadecuadas políticas, de tipos de interés artificialmente bajos, en la Reserva Federal americana y en el resto de los bancos centrales; esto unido a la concesión de créditos siguiendo criterios no económicos y a la reducción de riesgos de los bancos extendiendo la deuda, por medio de bonos basura, en todo el mundo.






En España, el crédito barato y las necesidades de financiación de los ayuntamientos, los partidos políticos y las comunidades autónomas que se cubrían especulando con el suelo público, han generado una burbuja que ha estallado con la crisis.






La depresión se ha caracterizado por un parón total de la actividad económica arrastrada por la construcción, un intenso desembolso, con endeudamiento, de dinero público para intentar sanear las cuentas de los bancos, que tienen balances falseados en los valores de activo, y un intento más bien estúpido de relanzar la actividad económica con gasto en obras públicas.






Como las empresas tienen problemas de financiación, no hay relanzamiento, como las administraciones deben cubrir sus pagos suben los impuestos y generan deuda de manera que sube la inflación, ayudada por el precio del petróleo, y hay estancamiento. En este contexto, el dinero pierde valor como lo interpretan los mercados financieros y sí, hay valores refugio pero si las necesidades básicas empiezan a escasear, ¿qué importa tener oro o diamantes? Como en el mito de Midas, no es posible comer oro. La descerebrada política de medio ambiente y la generación de biocombustibles incrementa aún más el precio de los alimentos y la crisis se convierte en una bomba social.
















En la historia, los periodos económicos estables lo son en todos los terrenos, cuando hay crecimiento se producen cambios atemperados pero también se mantienen estructuras obsoletas para evitar problemas sociales e incluso las diferentes fuerzas políticas llegan a acuerdos de autoayuda, si hay crisis el cambio es brutal y sus efectos sociales son rápidos e intensos.















La guerra entre los actores políticos se torna inevitable, éste es el momento que estamos viviendo.

La política de ZP

La política de ZP sigue, incuestionablemente, dos lineas fundamentales, a saber: por un lado busca establecer a través de políticas populistas, incluso aprovechando la crisis para generar clientelismo, una base para una perpetua reelección, un modelo muy agresivo de PRI español, más que el de González, y por otro lado cambiar la naturaleza del Estado hasta ahora basado en la vieja nación española.






La idea es convencer a los españoles de que nuestra nación, nuestra historia, es reaccionaria, que hay que destruir España para crear una "Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas", y ante esto vale la alianza con todos los grupos independentistas, incluso con una ETA que abandona las armas y, heredera del POUM, está dispuesta a exportar su socialismo por todo el mundo pero teniendo sólo posibilidad de hacerlo en España.























Para ello a ZP le sobra cualquier partido, cualquier alternativa, que recuerde nuestros valores y nuestra historia. Aceptará una derecha comprensiva en el proceso pero no en el resultado, el objetivo quiere parecerse a Cuba y Venezuela, claro que disfrazadas en un contexto europeo que se torna cada vez más totalitario y socialista; tampoco los USA dan muestras de reaccionar, y si Dios no lo remedia su actual camarilla de poder camina también en ese sentido.







La existencia de una secta dispuesta a cualquier cosa, incluso a cargarse al Estado, ha sido demostrada por el periodista vasco, excomunista, afincado en Madrid, Hermann Tersch. El objetivo es el mantenimiento del poder y hacer una España a su gusto.
















Los políticos que necesitamos son de tres clases, olvidándonos del militante de base y el simpatizante que sirven para pegar carteles en las campañas, a saber: el político de gestión que tiene que demostrar un cerebro bien amueblado, sólida experiencia y preparación, el político de representación conocido y respetado en su circunscripción, con alto criterio moral y bien asesorado y el fontanero que será hábil muñidor de las interioridades del partido. Si comparamos el currículo de Leire Pagín con los ministros de sanidad de la UE queda claro lo lejos que estamos de lo que he dicho.





Por otro lado, es de destacar el desbarajuste moral que aparece en las últimas declaraciones de Felipe González, en las que se considera por encima de la Ley y el Derecho.





¿Pero por qué hablará ahora?