28 dic. 2015

Comienza el fin de una época

El 20 de diciembre de 2015 es la fecha en que comenzó el fin del régimen de la Segunda Restauración. Las anomalías sistémicas que lo amenazaban desde el atentado del 11 de marzo de 2004 han dado lugar a una continua decadencia hasta que, aliadas con la crisis económica, han puesto al régimen en el disparadero. Cuando allá por 1977 se puso en marcha, todos pudimos ver, y sólo pocos vieron, los bugs que tenía el sistema  y que a la postre, al no ser corregidos, darán lugar a la situación esperpéntica en que nos encontramos. 





Las elecciones generales han creado un panorama desolador en el que un partido antisistema, aliado de los separatistas y de ETA, ha obtenido 69 escaños; el caos y el anarquismo intrínseco de los españoles, la desaparición de las generaciones prudentes por ley de vida y una juventud desinformada políticamente han propiciado el peor de los escenarios posibles. "Lo quiero todo y lo quiero ahora" dicen, "yo tengo mis derechos" dicen; derecho a decidir, derecho a no informarme, a no estudiar, a ganar dinero tonto en la construcción y frente a eso una clase política abonada a la selección negativa, corrupta y la mayor crisis económica desde 1929 son el caldo de cultivo que provocará el desastre.





Los resultados provisionales, que serán inamovibles, son: PP 123 escaños, PSOE 90, PODEMOS 69 CIUDADANOS 40, ERC 8, DL 8, PNV 6, UP 2, EHBILDU 2 y CC 1.

Han votado el 73.2%, se abstuvo el 26.8%, los votos nulos fueron 0.9% y los votos en blanco el 0.75%; restando abstención, voto nulo y en blanco sale un 71.55% de voto efectivo; en 2011 el voto efectivo fue del 69.03%, es decir que se ha incrementado el voto real en 2.52%. Evidentemente el reparto de escaños no tiene nada que ver.




El gobierno Rajoy ha dedicado sus esfuerzos a contener la prima de riesgo, a contentar a Bruselas y a salvar a las cajas de ahorros; la recuperación económica se produce pero de manera lenta y débil con lo que la percepción de la gente es de un estancamiento largo y penoso.
La posibilidad de una alianza entre PP y C,s se ha esfumado ante el desfonde de los de Rivera al final de la campaña electoral.
¿Qué ocurrirá?¿Gobierno frente populista?¿El PP en minoría? No lo sabemos pero en estas circunstancias Sánchez tiene en contra el mate haga lo que haga. La posibilidad de un triunfo revolucionario en un escenario a dos años es perfectamente posible.

13 dic. 2015

Ataque en Kabul

El viernes, dos policías de la embajada española en Kabul murieron en combate defendiendo la posición de España; dieron su vida por nosotros y son nuestras bajas; han luchado por España, Occidente y por el progreso de Afganistán. Su recuerdo y el dolor por su pérdida no debe ocultarnos la actuación cobarde de la camarilla que destroza al PP. 





Hemos visto los mismos titubeos que nos avergonzaron los días siguientes al 11 de marzo, el mismo temor a una parte de la  oposición que sí, efectivamente, es canalla y traidora y a la que sólo se puede vencer con valor e ideas claras, con patriotismo y acción precisamente aquello de lo que carece el gobierno de Rajoy.

Por nuestros caídos en Afganistán.

12 dic. 2015

Derecho a decidir II



Reflexiones en la página de "Recuperar Navarra" a propósito del famoso derecho a decidir que defiende un partido con aspiraciones a gobernar toda España y que, si Dios no lo remedia, será uno de los cuatro más votados, que quiere aumentar el gasto dando la independencia a parte del territorio y de la riqueza de los españoles, que tiene en sus filas a un antiguo jefe de estado mayor. 



El derecho a decidir puede ser todo lo contrario a la democracia





Que los ciudadanos voten puede parecer la idea más democrática posible, pero fácilmente se puede convertir también en la más antidemocrática.





Hay un acertijo que dice que un bate y una pelota de baseball cuestan 1,10 euros. Si el bate cuesta un euro más que la pelota, ¿cuánto cuesta la pelota? Casi todo el mundo contesta rápido y lo hace diciendo que el bate cuesta 1 euro y la pelota 0,10. Error, el bate cuesta 1,05 y la pelota 0,05. Algo así pasa cuando se contesta rápido y sin pensar sobre lo democrático que es el derecho a decidir.





Cuando un grupo de personas vota para decidir algo, la democracia consiste en que la mayoría gana y la minoría acata la decisión de la mayoría. Si la minoría decide hacer una votación por su cuenta para no acatar la decisión de la mayoría, eso no es la democracia sino todo lo contrario a la democracia. Es un ardid para no aceptar el resultado de una votación democrática. Eligiendo a conveniencia el sujeto de la votación se puede alterar a conveniencia el resultado de la elección. Pensemos algunos ejemplos.





El cementerio nuclear





Hace algunos meses, la Junta de Castilla la Mancha vetó la construcción de un cementerio de residuos nucleares en la localidad de Villar de Cañas. El pueblo quería el cementerio. Al pueblo no se le reconoció el derecho a decidir. Si el sujeto de decisión era el pueblo, el resultado era uno; si se tomaba como sujeto de decisión la comunidad autónoma, el resultado era otro.





El referéndum de Leiza sobre la ikurriña





Hace unos años en Leiza, como en Villava, se quiso celebrar un referéndum para decidir si se colocaba o no la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento. Aparentemente parece muy democrático que la gente del pueblo decida, ¿pero no es una forma de que en un trozo de Navarra se desacate la voluntad mayoritaria del conjunto de los navarros? Eso que parece democrático, ¿no es entonces todo lo contrario a la democracia?






Droga, inmigración, impuestos y pena de muerte






En España no es legal la pena de muerte o el tráfico de heroína, ¿podrían una comunidad, una provincia, un pueblo, incluso un barrio, legalizar la pena de muerte, el tráfico de heroína, la expulsión de los gitanos, la no entrada de inmigrantes o la creación de un paraíso fiscal?






La plaza Conde Rodezno






Pensemos si no en el caso del cambio de nombre de la plaza Conde Rodezno. Si se hubiera hecho un referéndum, ¿debería haber elegido el nombre toda Pamplona o sólo los vecinos del barrio? ¿Hubiera salido el mismo resultado según quién eligiera? Si hubieran elegido sólo los vecinos, de hecho, puede que se hubiera mantenido el nombre de Conde Rodezno. Claro que a lo mejor no se hubiera incluido esa opción en la pregunta, de modo que también en ese sentido se puede predeterminar o evitar un resultado, aunque el procedimiento aparentemente sea consultivo y democrático.






El derecho de las regiones ricas a separarse de las regiones pobres






El derecho a decidir, por otro lado, es algo que casi siempre vemos asociado al nacionalismo y como una demanda separatista. Jurídicamente, lo único que existe en el derecho internacional es el derecho a la autodeterminación exclusivamente de los territorios coloniales, separados de su metrópoli y de su régimen jurídico (no pueden existir colonias españolas dentro de España), y aún así, según la ONU, con una clara limitación:





“El territorio de una colonia u otro territorio no autónomo tiene, en virtud de la Carta de las Naciones Unidas, una condición jurídica distinta y separada de la del territorio del Estado que lo administra, y esa condición jurídica distinta y separada conforme a la Carta existirá hasta que el pueblo de la colonia o territorio no autónomo haya ejercido su derecho de libre determinación de conformidad con la Carta y, en particular, con sus propósitos y principios”.



“Ninguna de las disposiciones de los párrafos precedentes se entenderá en el sentido de que autoriza o fomenta cualquier acción encaminada a quebrantar o menospreciar, total o parcialmente, la integridad territorial de Estados soberanos e independientes que se conduzcan de conformidad con el principio de la igualdad de derechos y de la libre determinación de los pueblos antes descritos y estén, por tanto dotados de un gobierno que represente a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio, sin distinción por motivo de raza, credo o color”.



Es por todo lo anterior que el nacionalismo ya no habla de derecho a la autodeterminación, que es inaplicable a la CAV o a Cataluña, sino de un evanescente derecho a decidir, no se sabe qué, no se sabe quién.



El sujeto a decidir del pueblo vasco, por ejemplo, ¿cuál sería? ¿Qué es el pueblo vasco? ¿Hay un gen que lo identifique? ¿Son vascos todos los habitantes de Navarra? ¿Sólo los que hablan vascuence? ¿Sólo los que tocan el chistu? ¿Tendrían que decidir los habitantes de la CAV, más los de Navarra, más los del País Vasco francés? ¿Quedaría vinculada Navarra por toda esta gente?



Respecto al pueblo catalán, ¿es un pueblo distinto que el de Mallorca, el de Valencia o incluso el del Rosellón? ¿O cualquier grupo de personas puede ser el sujeto de decisión de cualquier cosa sobre cualquier materia en cualquier sitio? Eso, como veíamos, es dinamitar la democracia, no reforzarla.





Reconociendo el derecho a decidir, se está reconociendo el derecho a decidir de las regiones ricas a separarse de las regiones pobres, y de este modo dejar de financiarlas y cortar cualquier redistribución de renta interterritorial. No es casual que las regiones independentistas suelan ser siempre regiones ricas. Paradójicamente, en España la izquierda defiende con ardor este dislate, particularmente la extrema izquierda.



Por todo lo anterior queda claro que el llamado “derecho a decidir” no existe en el derecho internacional, tiene unos límites conceptuales sumamente difusos y puede acabar siendo no una expresión democrática, sino todo lo contrario a la democracia. Pero queda por señalar que el derecho a decidir tiene todavía otro límite, si cabe más importante.



No todo lo que decida una mayoría democráticamente es aceptable



Por ejemplo, la mayoría no puede aprobar en referéndum fusilar a la minoría, ni se puede pedir a las personas de la minoría que, si son demócratas de corazón, acepten ser fusilados.



Hay unos derechos fundamentales (podríamos decir naturales) que no pueden ser objeto de votación, sino que son inalienables, derechos cuyo no reconocimiento es ya una injusticia. Es por esto que se puede hablar de leyes injustas (algo puede ser legal y sin embargo injusto), o por lo que los nazis pudieron ser condenados por sus crímenes pese a haber actuado conforme a la legislación nazi, aunque fuera una legislación respaldada en origen por una mayoría de votos.



Decíamos que la mayoría no puede aprobar en referéndum fusilar a la minoría, y seguramente todo el mundo entiende que esto no sería democrático aunque se votara democráticamente. Pero el derecho a decidir es un poco como si la minoría fusilara a la mayoría. Es decir, el derecho a decidir del que solemos hablar en España consiste en algo tan antidemocrático como que la minoría se separe de la mayoría para decidir por su cuenta, que es un poco como sacar del censo a la mayoría para que decida sólo la minoría, lo cual es a todos los efectos como liquidar a la mayoría, siquiera civilmente, sin necesidad de fusilarla, aunque el efecto sea el mismo.



Otra cosa que puede suceder con los referéndum es que no sirvan para nada. Podemos votar si queremos una renta básica universal de 100.000 euros o si no queremos ser bombardeados por el ISIS, pero en el probable caso de que gane el no, es improbable que el ISIS no nos vaya a poner una bomba por eso.



Más que un poder cercano, lo que mola es un poder pequeño



Cuidado, nos encantan los referéndum, la participación y la horizontalidad del poder, pero por un lado como hemos visto pueden tener su reverso tenebroso y, por otra parte ya están los demás para recitar continuamente las cualidades maravillosas de los referéndums.

8 dic. 2015

La burguesía catalana

Una de las características del "caso español" es la existencia de un centro político, y de servicios, y de dos grandes ciudades industriales separadas de él; me refiero a Madrid, Barcelona y Bilbao. En este caso me ceñiré a Barcelona por tener una entidad e independencia mayor en relación con la estructura económica nacional. 
La dualidad entre Madrid y Barcelona se reconduce en rivalidad en la que se enmarcan también diferencias culturales y la debilidad histórica del centro frente a la periferia en España, tras la muerte de Fernando VII.






 





Los industriales catalanes han tratado siempre de condicionar y presionar al gobierno central utilizando el catalanismo; unas veces para potenciar el proteccionismo económico, otras para favorecer la defensa de las colonias y otras para aumentar la represión frente a los trabajadores industriales díscolos.
Pero he aquí que tras la venta de los activos (más bien pasivos) industriales a las multinacionales europeas (y mundialistas) y con el final del proteccionismo aduanero, los catalanistas se han quedado sin trabajo, ya no serán el mascarón de proa de los intereses capitalistas; por esto, CiU nunca desempeñó el papel exacto de la Lliga Regionalista y por esto, ha tenido que encontrar otra forma de alimentar la economía de sus bases... finalmente el 3%.





 





Pero la crisis económica pone en riesgo la continuidad de la influencia de CiU y, con mayor o menor aquiescencia y agresividad, jueces y fiscales comienzan a acosar a los prohombres convergentes. El independentismo, como expresión del nacionalismo moderado, es un intento desesperado para mantener el poder, los privilegios y huir de la sombra de los barrotes. Los cálculos de Mas no han funcionado; ni la troika, ni Escocia, ni la situación internacional han facilitado la propaganda necesaria y la huida hacia delante le ha dejado en el vacío. 
Los antisistema de la CUP están gozando de su minuto de gloria y ERC tiene prisa por sustituir a CiU como representante del catalanismo. Ésta es la explicación de la deriva grotesca del proceso catalán; pero es peligroso jugar con fuego ante los nubarrones que se avecinan.

24 nov. 2015

La Izquierda y la Nación

Es un hecho reconocido que la izquierda española no ha producido pensadores, intelectuales ni siquiera académicos de cierto nivel; el pensamiento español de izquierdas no pasa de tópicos, lugares comunes y un deseo destructivo sin construir nada a cambio. Resulta curioso que lo mejor de la izquierda europea prefiera el trato con intelectuales españoles huidos de la izquierda y embarcados en aventuras éticas contra el terrorismo y el nacionalismo extremo. 
No, la izquierda realmente existente sigue enfangada en la colaboración más estulta con el campanario nacionalista.






 






Algunos piensan que esta devoción deriva de la colaboración entre esas fuerzas en la Guerra Civil, o en una lectura superficial de los textos de Lenin contra el imperialismo (ya que en España no hay colonias, vamos a agudizar las tensiones vascas, catalanas o gallegas). Parece que el empeño de la izquierda en desvalorizar la unidad y solidaridad del Estado se produce más porque creen que llevará a una ruptura revolucionaria, lo cual nos permitirá construir la Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas. 
Pero no; lo que de verdad acontece es que se hace el caldo gordo al delirio campanudo nacionalista, ciscándose en el pobre votante de izquierdas. La izquierda apuesta en todas partes por una política de redistribución y solidaridad nacional, excepto en España donde apuesta por entregar la riqueza de los españoles a las burguesías nacionalistas en su delirio, dándoles la ansiada independencia, camino de comer berzas.







 







La izquierda española no comprende que el llamado derecho a decidir lo es de todos los españoles, y no sirve para hurtarles la riqueza, el territorio que les pertenece y la solidaridad nacional.





PD. Cuando hablo de izquierda, no me refiero a esos pensadores  y políticos que desde cierta ala del PSOE han defendido la unidad de España, la solidaridad y la libertad sino a esa otra sectaria, apaisada, lobotomizada y fanática de los podemitas y los zapatitos, de los Errejón y Eguiguren.

23 nov. 2015

20 N II

Se cumplen 40 años de la muerte de Franco. Todas las sociedades deben asumir su historia y no preguntarse tanto por qué pasó sino por qué no pasa todos los días. Es necesario analizar los pormenores históricos asumiendo la condición humana de mono loco, y las condiciones sociales, políticas y económicas que propician los fenómenos. No somos especiales; hay que mirar la historia europea. En estas entradas se ofrecen razones para lo expuesto.





14 nov. 2015

ISIS

Noche sangrienta en París; viernes 13 en la peor versión. Como vengo explicando en este blog las fronteras están abiertas a los bárbaros y no diré al Islam porque entre los que llegan, y están, no se encuentra Averroes. 
Bárbaros desclasados, sometidos a la presión de la guerra y la destrucción llegan a una sociedad desguarnecida, secularizada y encuentran la alianza de antisistemas que sueñan con eriales reedificables. Pero no, no quedará piedra sobre piedra, es el fin de nuestra civilización. 

Las preguntas que nos hacemos son: ¿quién alimenta sus conflictos?, ¿quién los entrena y les da las armas y explosivos? y ¿quién suministra la caridad salafista que los nutre?



Una Guerra Despiadada


El ataque terrorista múltiple que ha sacudido el corazón de Francia este viernes atañe a todo el mundo civilizado y exige una respuesta sin ambages. El presidente Hollande no ha dudado en poner en alerta a las Fuerzas de Seguridad y al Ejército y declarar el estado de emergencia. No dudar es precisamente lo primero que debe hacerse en estas situaciones, el primer acierto en medio de la tragedia. En el momento de la primera comparecencia del presidente de la República francesa la cifra de muertos rondaba la veintena pero muy poco después ya superaba el centenar y tardaremos en conocer el balance completo, ya que hay muchos heridos en estado crítico. Sin embargo, la firmeza de Hollande no servirá de nada si después no llega la unidad de acción en Europa, ardua tarea dada la costumbre suicida de aplicar políticas de apaciguamiento.
Los jefes de Estado y de Gobierno de las principales naciones occidentales debe asumir de una vez que estamos en una guerra y ejercer su liderazgo para hacer ver la gravedad de la situación a una sociedades infantilizadas muy reacias a aceptarlo. El primer paso para vencer esta guerra es asumir que se está en ella con todas las consecuencias. El presidente francés lo decía con toda la crudeza, una vez conocida la magnitud del ataque, en las puertas de la discoteca donde los terroristas han masacrado a decenas de personas inocentes: "Será una guerra despiadada". No es el momento de vacilar. El enemigo exterior es temible pero no lo es menos nuestra debilidad interior. Muchos querrán cerrar fuertemente los ojos como hacen los niños para sacudirse el miedo. Y, lo que es peor, no faltarán los que, desde la comodidad de nuestras sociedades libres, comprendan o justifiquen la barbarie. Tendremos que oír las estúpidas alertas contra la "islamofobia", aún con los cadáveres calientes de inocentes asesinados a sangre fría por unos tipos que gritaban "Alá es grande". Sin embargo, podemos estar seguros de que no veremos condenas claras y contundentes en los países islámicos, ni concentraciones de repulsa de musulmanes indignados frente a las mezquitas.
El enemigo exterior cuenta con dos enormes ventajas sobre nosotros: su pretendida indefinición territorial y la consiguiente abulia europea. Corrigiendo la segunda, poniendo fin de una vez por todas a las discusiones estériles sobre política exterior y Defensa, sería mucho más sencillo afrontar esta guerra que nos golpea y nos seguirá golpeando desde Siria, desde Irak o desde Libia, países en los que la comunidad internacional no ha hecho sino dar palos de ciego. La matanza de París es un ataque que debe ser respondido como el acto de guerra que es por más que haya expertos renieguen del término. Sólo identificando al enemigo exterior como enemigo del mundo occidental en su conjunto estaremos en disposición de acorralarlo y acabar con él. Hoy los muertos los ha puesto Francia pero no ha de quedarse sola en su respuesta. Nos han atacado. Hay que defenderse.




Editorial, LibertadDigital. 



PD. En recuerdo de nuestras víctimas en París.

8 nov. 2015

Nosotros y ellos

Para generar la tensión suficiente que lleve a la ruptura con el Estado, los nacionalistas necesitan fabricar un "ellos" que defina un "nosotros". En el caso de Cataluña, con una población mezclada, con orígenes en toda la península y mucha gente de origen catalán viviendo fuera, no es posible encontrar algo parecido a razones objetivas (las tesis disparatadas de Heinrich von Treischke y la llamada hipótesis Sapir-Whorf) ni remitiéndonos a Herder.






Además la Comunidad Autónoma de Cataluña no es una entidad metafísica con origen en la eternidad, se constituye precisamente gracias al artículo 137 de la CE; la imbricación económica tradicional con el resto de España reproduce, incluso con más intensidad, la necesidad de unión; por lo tanto, ante una separación ambas partes tendrían que estar unidas en la UE para que no se produjese el desastre. Los fanáticos nacionalistas están dispuestos a arrostrar cualesquiera consecuencias pero la buena gente no por lo que, para estimular esta pretendida separación de mentira, hay que generar un falso "ellos" a través de la abducción de la población en la educación y los medios de comunicación, hay que generar el convencimiento de que nada va a cambiar y alimentar la creencia de una falsa superioridad espiritual basada en el idioma, por otro lado muy parecido al castellano, la crisis económica ha hecho el resto.





La sucesión de mentiras, a propósito del cuento de la lechera sobre los 16.000 millones de euros que Cataluña tendría nada más obtener la independencia, se refutan con claridad meridiana en "Las Cuentas y los Cuentos de la Independencia" de J. Borrell y J. LLorach. Sin embargo, hay algo más feo; una disparatada insolidaridad de fondo según la cual no interesa el desarrollo de Andalucía o Castilla la Mancha y sí el de Siria como dice Ovejero.
No es posible pasar por alto la responsabilidad de la ciudadanía en contraste con la heróica actitud de José María Korta que habló claro y murió por ello. 




La cobardía del Gobierno central será la que finalmente aboque al conflicto. Tengamos fe de que en esta ocasión no haya tragedia sino comedia.




PD. PODEMOS ha fichado al general reservista José Julio Rodríguez partidario de "dialogar" en Cataluña y no de cumplir la Ley. Sin comentarios.

2 nov. 2015

Elecciones plebiscitarias

Dada la gravedad de la situación, he esperado para comentar las últimas elecciones catalanas que el gobierno de la Generalidad calificó de plebiscitarias. Es cierto que al hablar de "elecciones plebiscitarias" se incurre en un completo oxímoron: tenemos un plebiscito o tenemos unas elecciones. El planteamiento es, ya de entrada, torticero y golpista; la legalidad vigente ha sido votada por los ciudadanos de Cataluña (en adelante catalanes) desde la CE hasta los Estatutos. El gobierno y el parlamento de Cataluña violan por violar hasta sus propias leyes que piden, para modificar el Estatuto, una mayoría de dos tercios de parlamentarios a favor. Sin embargo, ha sido el propio Gobierno de España el que se ha negado a defender el derecho de los españoles ya sean estos catalanes o no, no ha aplicado la ley ante incumplimientos riterados y declaraciones estrambóticas de soberanía.




Escrutado el 100%; sobre 4.115.807 votos emitidos, hay que decir que la abstención ha sido del 22.56%, luego ha votado el 77.44% de los que tienen derecho a voto, los votos nulos han sido 0.39% y los votos en blanco 0.53%. 
El resultado de Juntos por el Sí (CDC, ERC e independientes): 39.54%, C,s: 17.93%, PSC: 12.74%, CSP: 8.94%, PP: 8.50%, CUP: 8.20% y resto: 3.63%. Parece claro que las opciones unilateralmente independentistas tienen el 47.74% de los votos pero en escaños ganan con 72 sobre 135. 





El parlamento y la mesa de edad se han constituido en tiempo y forma pero hasta finales de octubre no ha habido acuerdo para la mesa. Hoy es Presidenta Carmen Forcadell cuyo primer discurso ha sido una llamada a la independencia y a la desobediencia civil. Como consecuencia, y sin acuerdo para la investidura, se ha presentado una propuesta de JpS y CUP para desconectar con España, desobedecer la ley y organizar la sedición en la calle. 




Paralelamente, la policía y los tribunales persiguen a los Pujol y al partido de Mas, CDC, por diversos delitos de corrupción. Se ha abierto la caja de Pandora. 
Simplemente el hecho de admitir a trámite semejante propuesta es sedición, lo que permitiría aplicar todo el peso de la Ley y el artículo 155 de la CE de suspensión de la autonomía. Si es posible aplicar el estado de sitio con las Cortes disueltas, es posible aplicar el 155. 


La fase de conflicto en la que entramos genera desazón e incertidumbre, no estamos en 1934 ni España, ni tampoco Europa, son lo mismo pero hemos de sumar una preocupación más al negro horizonte del futuro.

28 oct. 2015

La decadencia de Occidente II



Desesperanzadora visión de una civilización menguante, cáscara que ha perdido el núcleo y que ya no es reconocible.  La historia que se parece en todo tiempo y lugar.


Leído en la Gaceta.  




Si alguien pensaba que la fórmula “defensa de Occidente” tenía todavía alguna vigencia, la actual crisis siria le habrá extirpado cualquier esperanza. Lo que hemos visto en este horrible avispero es que el “bloque americano”, nuestros aliados “de toda la vida”, han jugado a contemporizar con el Estado Islámico, que es la negación más absoluta de todo cuanto la civilización occidental considera como propio, desde la dignidad individual hasta la herencia cultural cristiana. Los que han hecho engordar a la bestia son los mismos países que financian a nuestros clubes de fútbol, que compran nuestros trenes de alta velocidad o que se sientan con nuestros militares en las asambleas de la OTAN. Son ellos los que han permitido –si no algo más- que los cristianos sean machacados en Oriente Próximo, que el yihadismo se convierta en bandera política y que una ola de desesperación llegue a nuestras fronteras poniendo a Europa en la peor crisis migratoria desde la segunda guerra mundial. Esto no lo han hecho “los malos”. Esto, empezando por el estímulo de las primaveras árabes y pasando por el caos criminal de Libia, hasta desembocar en la fuga masiva de cientos de miles de personas desde Irak, Afganistán y, por supuesto, Siria, lo han hecho “los nuestros”. Y a lo mejor va siendo hora de preguntarse quiénes son realmente “los nuestros”. O aún más hondo: quiénes somos “nosotros”.

Hace medio siglo, uno decía “occidente” y evocaba automáticamente un mundo de libertades públicas, mercado libre con garantías laborales y orden social de inspiración cristiana. No era el paraíso terrenal, pero sí el paisaje más habitable de cuantos habíamos conocido. Por supuesto que el poder era oligárquico –siempre en la Historia lo ha sido-, pero la democracia liberal lo hacía soportable. Por supuesto que el mercado libre tendía a la explotación, pero las políticas de protección social –hicieron falta revoluciones y guerras para hallar el remedio- garantizaban que amplísimas mayorías tuvieran acceso a una riqueza más que suficiente. Por supuesto que el cristianismo languidecía como fe viva, pero sus principios filosóficos, sus ejes doctrinales, eso que se llama “derecho público cristiano”, seguían vertebrando la vida social y separando lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto. Ciertamente, rara vez el cruzado está a la altura de la cruz, pero bastaba ver lo que había al otro lado para resignarse y aceptar que, después de todo, lo nuestro era mejor –o menos malo- y valía la pena luchar por ello. Ese era el mundo hasta hace muy pocos decenios. Bajo esa convicción hemos vivido y hemos muerto. Pero eso se acabó.

Esto no es lo que era

Hoy uno mira alrededor y constata que aquellos viejos pilares se han desmoronado. Del famoso “derecho público cristiano” ya no quedan ni las raspas y en su lugar se ha impuesto una pseudo moral civil compuesta a partes iguales de sentimentalismo, sectarismo y nihilismo. El mercado libre, que alcanzó su apoteosis en los años 90 con la globalización financiera, ha ido desmantelando desde entonces no sólo todo control político, sino también muchas de las garantías sociales y laborales de posguerra. En cuanto a las libertades públicas, no nos hagamos ilusiones: la crisis de las democracias, ahogadas en oligarquías cada vez más alejadas del pueblo, no es algo exclusivo de España y, por otro lado, es una evidencia que hoy, a la hora de hablar en público, hay muchos más tabúes que hace sólo veinte años. ¿En qué se ha convertido “Occidente”?

Hoy uno dice “defensa de Occidente” y la cosa suena a extravagancia, como aquel general del Teléfono rojo de Kubrick que quería lanzar un ataque nuclear contra los soviéticos porque estaban contaminando “nuestros preciados fluidos corporales”. ¿Qué vamos a defender exactamente? Es muy posible que, mañana, aparezca otro escenario bélico forjado a golpes de fuego por la crisis siria, y es muy posible que, ese día, soldados españoles tengan que volver entregar la vida allí. ¿Por qué van a hacerlo? El argumento de la democracia y los derechos humanos ya no cuela; sencillamente, porque no es verdad. ¿Y entonces? ¿Por la estabilidad de un mercado global que ya no es ni quiere ser garantía de paz social? ¿Por los intereses de unos “aliados” que sólo miran por su propio provecho? ¿Por la construcción de un mundo sin alma ni destino?

En los últimos veinte años, eso que antes llamábamos “Occidente” se ha convertido en una suerte de gran mercado anónimo universal regido por una superpotencia hegemónica, los Estados Unidos. Nada más que eso. Las decisiones políticas quedan subordinadas a ese proyecto, al margen de la voluntad o el interés de las sociedades. Nuestras naciones se disuelven. Los principios morales clásicos son combatidos hasta la extinción y reemplazados por un singular mundo de matrimonios homosexuales y abortos por recomendación estatal. El mercado ya no es un instrumento para la prosperidad del mayor número posible de ciudadanos, sino un dios al que hay que adorar y obedecer por su propio poder. En esto nos hemos convertido. Un cuarto de siglo después de la caída del Muro de Berlín, ¿alguien podría decir quién o qué ha ganado exactamente?

Sí, claro: los Estados Unidos. ¿Y su proyecto es el nuestro, el de los europeos? ¿Su hegemonía es nuestra supervivencia? Ya no está tan claro como hace diez años.  “El país no lo sabe, pero estamos en guerra contra América –confiaba Mitterrand a su último confidente, Georges-Marc Benamou-. Sí, una guerra permanente, una guerra vital, una guerra económica, una guerra aparentemente sin muerte. Sí, son muy duros los americanos, son voraces, quieren un poder exclusivo sobre el mundo. Es una guerra desconocida, una guerra permanente, en apariencia sin muerte y, sin embargo, una guerra a muerte” (Le dernier Mitterrand, Plon, 2005). Quizás el viejo socialista francés, ya en sus últimos días, veía las cosas bajo una luz siniestra. Quizá. Pero quizá, simplemente, estaba diciendo la verdad pura y desnuda.

No, la “defensa de occidente” ya no tiene ningún sentido. No, al menos, si de verdad queremos que algo del auténtico occidente histórico sobreviva en el mundo actual. Europa debe empezar a cortar lazos. De lo contrario, esos lazos nos ahogarán. Nos están ahogando ya.


José Javier Esparza

25 oct. 2015

Las televisiones monopolio de la izquierda

Independientemente de que, como hemos visto, la política no se divide en política de izquierdas  o de derechas  sino en acertada a sus fines o errónea, la ficción ha sido útil para encuadrar  a la población y hacer que responda a los requerimientos del grupo de presión dominante. En España, se ha pretendido implantar un cúmulo de ideas y formas sociales que podríamos llamar de "izquierdas" aunque no conocemos los objetivos últimos  y los fines del gobierno en la sombra, y obviamente tampoco sabemos quién forma parte de ese gobierno.






La opinión pública se conforma gracias al aparato mediático del que la televisión, en sus cadenas generalistas convencionales, sigue siendo parte principal. Antes de la TDT, todas eran lo que llaman de "izquierdas", pero hoy éstas se encuentran con ventaja respecto a las nuevas en el conocimiento de las masas y en poderío económico. El guirigay de internet con toda su caótica información no es un aparato de formación, al menos hoy en día, con la potencia suficiente. Informativos, series, tertulias, reportajes son las formas nacidas en la TV que luego inundarán las páginas web de las cadenas. 





El fenómeno PODEMOS es un claro ejemplo de las consecuencias de este dominio cultural y no hace falta ser Gramsci para adivinar el por qué. 
La "derecha" acercará sus posiciones cada vez más al consenso ideológico, dado que nadie cuestiona realmente la posesión de los medios de producción, sólo se pone en tela de juicio la propiedad de los pobres, y el público queda entregado a un debate eterno entre las cesuras (Lipset) de los más diversos asuntos transversales; la sociedad se desestructura y disuelve quedando el personal atomizado.







Reorganizarse y liberarse de este control mediático es tarea fundamental y de supervivencia; ya no estamos en la guerra abierta, hemos perdido y hay que organizar la resistencia.




PD. No pongo en tela de juicio la televisión en cuanto invento que nos permite ver lo que ocurre a distancia, ya sea un curso o un acontecimiento mundial, sino su utilización como aparato de manipulación.

17 oct. 2015

Antifranquismo

Aquí se puede leer una exposición clara de la desgraciada manía antifranquista, a 40 años de la muerte de Franco. Se compadece con la nueva oleada de cambios en los nombres de las calles, en las ciudades españolas en manos de la "nueva izquierda".



El antifranquismo, cáncer de la democracia

 

Hace años vengo denunciando al antifranquismo como el cáncer de la democracia. Parece que otros, Hermann Tertsch, por ejemplo, se van percatando a su vez de esta evidencia.  En política suele ocurrir que las evidencias sean lo último que se percibe.

El antifranquismo, como antaño el anticatolicismo, es el factor común a todos nuestros políticos de medio pelo. ¿Qué es lo que une a De Juana Chaos, Soraya, Zapatero, Urcullu, Mas, Josu Ternera, Rajoy, antes a Carrillo o Bolinaga, a Cebrián, Alfonso Guerra, Susana, Aido, Ansón, Arzallus, Pakito, Chacón, Sánchez, probablemente Rivera, y tutti quanti? Solo una cosa: todos se proclaman antifranquistas en mayor o menor grado, todos identifican antifranquismo y democracia, todos aspiran a borrar de la historia “la era de Franco”, unos “mirando al futuro”, otros de modo más activo; unos privando de historia a los españoles, otros falsificándola. Y ahí se halla la fuente de todos los males que sufre nuestra democracia y que están amenazando la propia subsistencia de la nación. Algo parecido ocurría en el Frente Popular, alianza de izquierdistas y separatistas, hoy ampliada al PP.

   Para entender lo que esto significa basta observar las amenazas y distorsiones más graves que sufre nuestra política, que podrían resumirse así:

La connivencia con el terrorismo, en particular el de la ETA.

Las oleadas de corrupción, que afectan a todos los partidos con poder.

Los separatismos.

La “muerte de Montesquieu”, es decir, la politización de la justicia.

   Estas cuatro amenazas que corroen la democracia y la unidad nacional,  tienen el sello del antifranquismo. En función de la identificación de  antifranquismo y democracia, nadie más demócrata que la ETA y el PCE, que lucharon realmente contra aquel régimen, cosa que no hicieron  los demócratas o los separatistas, exceptuando los etarras. No había demócratas en las cárceles de Franco, y los pocos existentes en la sociedad vivían y prosperaban en aquel régimen sin más oposición que alguna intriga menor o algunas quejas.

  Nótese que no incluyo entre los peligros para la democracia al terrorismo etarra, sino a la connivencia con él. Hay un hecho violentamente antidemocrático, antinacional, un golpe tremendo al estado de derecho, que debiera bastar para ver en qué ha degenerado  el sistema actual: desde la transición, la ETA ha disfrutado de un estatus especial, del intento de alcanzar una “salida política” negociando con los asesinos. Negociación implica aquí colaboración, puesto que convierte al asesinato en un modo de hacer política. La excepción fue el período de Aznar, cuando se trató a la ETA como debe hacerse en un estado de derecho y con resultados extraordinariamente buenos. Según confesión de sus jefes, el grupo terrorista se hallaba al borde del precipicio. Vino entonces el PSOE, después del 11-m, a rescatar a los criminales mediante la colaboración más espectacular, refrendada por un Parlamento corrupto hasta la médula, y no solo en lo económico: cientos de asesinatos premiados con legalidad, cargos políticos,  dinero público en abundancia, proyección internacional... Entre la ETA y el PSOE hay demasiadas coincidencias políticas: ambos se proclaman socialistas, aparte de otras muchas cosas como abortistas, homosexualistas,  etc. Y la una es radicalmente antiespañola y el otro, como poco, indiferente a España. Pero, sobre todo, los dos se definen como visceralmente antifranquistas. Tienen mucha base para “negociar”. Y a todo ello se ha sumado el PP.

   ¿Por qué casi ningún analista ha denunciado o siquiera  ha querido ver el gravísimo delito contra las leyes, contra la Constitución, contra la convivencia social, que ello ha supuesto? Cuando se habla de corrupción se piensa en el dinero, pero hay otras corrupciones más profundas  e infecciosas, empezando por la intelectual.

    Como máximo argumento, en una conferencia unos charlatanes me preguntaron intimidatoriamente si yo condenaba al franquismo. Respondí: "claro que no lo condeno. El franquismo no venció a una democracia, sino a un proceso revolucionario que amenazaba disgregar España y destruir la cultura cristiana. Después libró a España de la guerra mundial, que habría multiplicado los  desastres, derrotó al maquis, que intentaba volver a la guerra civil, hizo que los españoles olvidaran los odios que destrozaron a la república y dejó un país próspero y reconciliado. La democracia o lo que hay de democracia, ha sido posible por la herencia del franquismo". Y todas las amenazas a ella provienen, insisto, de ese antifranquismo zascandil de después de Franco, colmo de la estupidez. Pero la estupidez, como la mentira, juega un gran papel en la historia

Los bergantes habituales dicen que en la transición se reconciliaron los españoles. Nada de eso: los españoles estaban en su inmensa mayoría reconciliados. Quienes se reconciliaron entonces fueron  unos mediocrísimos políticos, y lo hicieron sobre bases falsas que han conducido a la crisis actual. De no haber contado con la herencia de paz, prosperidad y reconciliación legada por el régimen anterior, aquellos botarates nos habrían conducido de nuevo, en muy pocos años, al desastre republicano. Al que, por fin, tienden nuevamente. A eso conduce la falsificación de la historia por unos y  el intento de olvidarla por otros.

   Todo esto lo he tratado con detenimiento en Los mitos del franquismo. Va dedicado “a quienes respeten la verdad y sientan la necesidad de defenderla”. Es por tanto un libro de combate. De combate contra la mentira profesionalizada que denunció reiteradamente y en vano Julián Marías.

 

Pío Moa

 

http://www.gaceta.es/pio-moa/antifranquismo-cancer-democracia-16102015-0823 

7 oct. 2015

La situación en Cataluña

Excelente análisis de un hispanista emérito que vive en Cataluña.




El drama de un hogar dividido. El Mundo.



Muchos de los que piensan que conocen Cataluña -y esto no significa simplemente aquellos que viven en España, sino también los que viven fuera de España y que han tenido un contacto estrecho con los catalanes y con los intereses catalanes- parecen haber aceptado una perspectiva de la situación política que coincide con demasiada facilidad con la imagen cuidadosamente creada y difundida por un puñado de publicistas y periodistas. De acuerdo con esta imagen, hay un conflicto profundo, arraigado en siglos de historia, entre la cultura y los intereses de la región y la cultura y los intereses del Estado nacional. Eso, al parecer, ha provocado las actuales tensiones, y -dice su argumento- deberíamos hacer un intento para resolver esas tensiones entre la región (Cataluña) y el Estado (España).





Esta presentación, tratando de tensiones entre España y Cataluña, me parece hoy casi irreal. Las tensiones que veo a mi alrededor aquí en Cataluña son de un orden diferente. Son, de hecho, tensiones que no tienen nada que ver con el conflicto histórico entre el Estado y la región. Más bien, las tensiones están en sumo grado dentro de la región. El verdadero conflicto es de Cataluña contra Cataluña. Es un conflicto que ha sido provocado artificialmente para servir a las ambiciones políticas personales y específicas en el principado, y que tiene pocas raíces en la historia o la cultura de la región.









El fenómeno no es nuevo, y estudios recientes han puesto de manifiesto la forma en que ha salido a la superficie en áreas tan distintas como Bélgica, Japón, Canadá y Australia. Muy recientemente, un escritor en Australia hizo la siguiente observación: “dos son las Australias que se miran la una a la otra a través de un abismo ideológico y ambas afirman ser custodias de la autentica identidad nacional australiana. Somos una casa dividida, cada vez más cerca al resto del mundo, pero cada vez más lejos la una de la otra”. Si ese es el caso de Australia, es aun más cierto en el caso de la Cataluña de hoy.






Un puñado de políticos en Cataluña, completamente ajenos a su obligación primordial de servir a los intereses del público, han decidido perseguir un objetivo que imaginan ser el medio idóneo para mantenerse en el poder. Con este fin, han tratado de crear un elaborado espejismo político que pretende seducir al viajero cansado y asegurarle que está al alcance de la Tierra Prometida. ¿Cuáles son los medios que se han empleado en la hoja de ruta hacia este objetivo?






En primer lugar, han tirado por la borda cualquier pretensión de ideología o de creencia política. Las aspiraciones de toda una generación de catalanistas tradicionales, de socialistas, de progresistas, han sido rechazadas. En su lugar han afirmado que no hay diferencia entre la izquierda y la derecha, que los conservadores ahora deben alinearse con los comunistas, y que deben compartir el mismo objetivo indiviso. Por supuesto, ese “objetivo” no se explica o define y cualquier petición de que se explique es rechazada bruscamente. El impacto en el esquema político tradicional ha sido devastador. Los catalanistas de toda la vida, que se han dedicado por entero a las ideas que tenían sobre cómo promocionar el bienestar de su país, han sido eliminados de la escena política, simplemente porque se niegan a creer que su objetivo ahora debe coincidir con el de los demagogos radicales. Los socialistas de toda la vida, que siempre se habían identificado con el pueblo y con los trabajadores, han tenido que abandonar esa perspectiva e identificarse en cambio con la tradicionalista élite burguesa.


En segundo lugar, los predicadores del nuevo evangelio han declarado en repetidas ocasiones que la hoja de ruta no pretende ser democrática. Es verdad que han pedido reiteradamente el apoyo popular, pero siempre con la condición de que los votos de las personas no siempre cuentan. Proclaman que en una futura elección la mayoría de escaños será decisiva, aunque apenas represente el 30% de los votantes, cifra que es la última estimación citada en el periódico ‘La Vanguardia’. Ese 30%, según ellos, es la auténtica Cataluña, y suficiente para justificar una proclamación de la independencia. Las elecciones, según ellos, son realmente un referéndum, y deben ser aceptadas como un referéndum, incluso si no se reúnen las condiciones requeridas normalmente por una consulta democrática y constitucional de la opinión.


En tercer lugar, con el fin de preparar el camino para la hoja de ruta, han llevado a cabo una campaña masiva para reescribir la historia de su país. El proceso ha sido generosamente financiado por la Generalitat, que dedicó millones a la creación de centros para la “Historia” de Cataluña, y la “Historia” de Barcelona. Más recientemente, un respetado historiador, marxista de toda la vida, ha sido persuadido para producir un estudio sobre la identidad catalana que otro historiador, también catalán y trabajando en París, ha criticado como “culmen del nacional comunismo romántico”. La fusión de comunismo y romanticismo burgués es ahora, de hecho, un ingrediente crucial de la hoja de ruta. Sirve para confundir la información sobre el pasado a disposición de millones de catalanes, cuya historiografía siempre ha sido víctima de la ideología, y nunca tanto como hoy.


En cuarto lugar, ha habido una campaña de desinformación que ha servido para confundir y dividir a los catalanes. La señora que dirige un grupo autodenominado Asamblea Nacional de Cataluña ha hecho discursos afirmando que el pueblo será feliz y libre en la nueva Tierra Prometida, donde estarán a salvo de la depredación del Estado español. La idea es hacer público que todos los catalanes están unidos en su apoyo a la hoja de ruta, que es el único camino a seguir. En la capital comarcal cerca de donde vivo, todas las banderas públicas de los partidos políticos se han eliminado y por lo que yo puedo ver sólo una bandera vuela libremente, una bandera que, como es el caso, no es la bandera nacional de Cataluña, sino la bandera exclusiva de la coalición burguesa comunista que apoya el separatismo. La práctica eliminación de la bandera catalana es, por supuesto, no un hecho de los españoles, sino de los catalanes. Nada demuestra más claramente que el verdadero conflicto generado en los últimos meses ha sido provocado por algunos catalanes contra otros catalanes.






El resultado de estos hechos, respaldado y generado por un puñado de personas, ha sido la creación de un malestar social generalizado. En tiempos pasados, la personas se criticaban unas a otras libremente y por encima de todo criticaban a los españoles, contra los cuales tenían quejas bien establecidas y sobre la base de razones genuinas. Ahora la situación es diferente. Los vecinos ya no se hablan abiertamente entre sí acerca de sus problemas por temor a provocar tensiones. Se ha convertido en indeseable cuestionar las mitologías fabricadas en apoyo a la hoja de ruta. Las falsedades han sustituido a las verdades, la desunión ha sustituido a la antigua unidad entre los sectores de la comunidad. Cataluña se ha vuelto contra sí misma, en lugar de permitírsele continuar con sus opciones históricas auténticas. Ese es el verdadero logro de la alianza electoral entre burguesía y demagogos: la destrucción de la calidad de Cataluña y del genio de su pueblo.



Henry Kamen es historiador británico. Su última obra, publicada por La Esfera de los Libros en 2014, es "España y Cataluña. Historia de una pasión".