27 jul. 2010

El arte románico catalán, aragonés y navarro

El periodo de transformaciones en torno al año 1000 dio lugar a un nuevo estilo arquitectónico llamado "prerrománico", que constituyó un puente entre el arte carolingio y el románico. Sus construcciones civiles sólo se conocen a través de la arqueología; su arquitectura religiosa, en cambio, incluye las muestras mejor conservadas de este periodo en el terreno monumental.






En efecto, Occidente se cubrió de iglesias nuevas gracias a los numerosos donativos y a la gran devoción de los constructores. Estas obras, que sustituían los edificios destruidos durante las invasiones, prefirieron la piedra a la madera. Sus mayores dimensiones se adaptaban al aumento de fieles y miembros de las comunidades monásticas.







Además, presentaban ante el pueblo una riqueza arquitectónica innovadora que pretendía honrar con dignidad la gloria divina y constituir un lugar apropiado para las preciosas reliquias. Partiendo de las herencias antigua, bizantina y carolingia, el mundo del año 1000 nos dejó, pues, una creación artística muy original. La Italia del siglo X se vio marcada por algunas innovaciones arquitectónicas que superaron su propio patrimonio paleocristiano. Apareció la cripta, que elevaba el nivel del suelo en el coro.















La noción de deambulatorio o girola se introdujo en Ravena y Verona durante la segunda mitad del siglo X. Las iglesias de Ivrea y Aosta presentan asimismo un coro rodeado de torres. Por su parte, la ciudad de Roma continuó fiel a la tradición paleocristiana, como demuestra la iglesia de San Bartolomeo all'lsola, construida por Otón II, que conserva la planta basilical. Sin embargo, el norte de Italia ya presentaba, en pleno siglo X, unos rasgos característicos del primer arte románico meridional, que se extendería por el sur de Francia y Cataluña medio siglo después.














La arquitectura meridional anterior al siglo X se inscribe en la continuidad de la Antigüedad tardía. Se siguieron utilizando las basílicas paleocristianas durante toda la Alta Edad Media. Puede apreciarse una buena muestra de las diferentes etapas de esta arquitectura en el grupo episcopal de Tarrasa (Cataluña): las cabeceras de Santa María y San Pedro presentan una sillería pequeña y bien alineada que debe datar del siglo IX, aunque en ocasiones las han adscrito a la época visigótica. San Miguel, que se utilizó posteriormente como baptisterio, es de planta central y presenta el mismo tipo de aparejo.







Este conjunto permite, además, estudiar el emplazamiento de las construcciones religiosas episcopales en las poblaciones del sur y hacernos una idea del aspecto de los otros similares de Cataluña (en La Seo de Urgel y Vic). En el sur de Francia, la arquitectura del siglo X sólo nos ha dejado, en esencia, edificios menores que presentan, por lo general, planta rectangular con nave única o en ocasiones con naves laterales (Arles-sur-Tech), y una cubierta de armazón. Los ábsides suelen ser pequeños y estar cubiertos con bóveda de cascarón o de cañón; en un primer momento, su planta estaba realzada en el interior y era cuadrada o poligonal en el exterior; más tarde, realzada por completo, para terminar en la planta semicircular característica del ábside románico.


















Esta evolución apareció, al principio, en las absidiolas laterales, como en Sant Quirze de Pedret (en el Pirineo catalán), y se definió después en el ábside principal, como en Saint Genis-des-Fontaines y Saint André-de-Sorède. Sin embargo, a lo largo del siglo X, las formas más comunes de los ábsides eran rectangulares y trapezoidales. Es posible encontrar un transepto más alto que la nave, como en San Pedro de Tarrasa o en Canapost, o, al contrario, más bajos, como en Saint-Genis-des-Fontaines. La escultura es básicamente arquitectónica y los capiteles constituyen aprovechamientos antiguos o derivados del corintio.



















En cualquier caso, la construcción más coherente de la segunda mitad del siglo X de entre las que se conservan en la actualidad continúa siendo la iglesia abacial de San Miguel de Cuixá, en el departamento francés de los Pirineos Orientales. El edificio presenta tres naves cortas (la anchura de la central es el doble que la de las laterales) divididas en tres tramos por pilares rectangulares y arcos. El conjunto se abre a un transepto de escasa elevación cuyo extremo norte no se ha conservado. La cabecera presenta un ábside central rectangular, típico de la arquitectura del siglo X, pero completado por cuatro ábsides laterales semicirculares que ya anuncian la llegada del románico. En un principio, dos puertas situadas a ambos lados del ábside principal se abrían al exterior. La nave central cuenta con una estructura de madera y está iluminada por ventanas abocinadas.








A estas características de la arquitectura del siglo X se añaden los muros de aparejo irregular, embebido en el mortero y reforzado en las esquinas con grandes sillares. Este edificio se reconoce, en especial, por los arcos túmidos que presentan sus arcadas, construidos en su parte inferior mediante desplomo de sus piezas, para adquirir en la superior su estructura radial (arcos enjarjados). Este tipo de arcadas no está vinculado a ninguna escuela islámica, sino que deriva de una tradición clásica, hispánica y local.


















Este edificio nos informa sobre la importante arquitectura prerrománica y hace referencia a monumentos desaparecidos, como las antiguas catedrales de Vic y La Seo de Urgel y la antigua iglesia de Ripoll. En el Rosellón, esta última fase del prerrománico catalán se aprecia en las cabeceras con tres ábsides y los anchos transeptos de las iglesias de Saint-Genis-des-Fontaines o Saint-André-de-Soréde. Este prerrománico catalán se extendió por las zonas más cercanas a la región languedociana, como los departamentos de Hérault y Aude. En definitiva, la abadía de San Miguel de Cuixá desempeña un papel fundamental porque permite seguir la evolución de la arquitectura prerrománica a la del primer arte románico meridional.


















En España, el arte románico abarca más de dos siglos y se centra en los siglos XI y XII. Se extiende por un territorio que fluctúa en función de los avances de la Reconquista. Podemos dividirlo en tres grandes periodos: el primer arte románico, el románico pleno y, por último, coincidiendo ya con los comienzos del gótico, el románico tardío. En el siglo XI, los reinos del norte de la península Ibérica, y en particular el condado de Barcelona, mostraron, por una parte, un fuerte espíritu de independencia frente a los musulmanes y los francos, y por otra, entre ellos mismos. Este estado de ánimo desembocó en luchas individuales contra el islam. En el terreno artístico, el románico siguió una evolución "regional" vinculada a la situación política y social, aunque también a los progresos técnicos y a la economía de los notables. Estos motivos explican la aparición del románico en las zonas con un marco político y unas fronteras más establecidos.






Durante esa época, y más precisamente durante el primer cuarto del siglo XI, surgió la arquitectura del primer arte románico en el reino de Navarra y el condado de Barcelona. Puig i Cadafalch fue el primero en definir y localizar este estilo. A su modo de entender, varias construcciones catalanas están relacionadas con conjuntos del sur de Francia y el norte de Italia, pues en todas ellas se destacan rasgos comunes, como las arcaturas y las lesenas, la sillería pequeña y las bóvedas de piedra. Henri Focillon estableció que el primer románico meridional derivaba del arte otoniano del norte. La arquitectura románica se extendió con rapidez por Cataluña en el periodo comprendido entre los años 1000 y 1075 gracias, por una parte, a los numerosos intercambios con el exterior durante el mandato de los abades Garín, Oliba, y sus sucesores y, por otra, a las diferentes peregrinaciones que trajeron a Cataluña algunas influencias artísticas. Estos contactos permiten atribuir los primeros edificios románicos a los maestros-albañiles lombardos. Suelen ser construcciones de planta basilical, de tres naves y un transepto que las separa de la cabecera.







Este estilo presenta diversos aspectos. Por ejemplo, la iglesia abacial de San Miguel de Cuixá, ampliada a petición del abad Oliba antes de 1040, se dotó con dos torres monumentales alzadas en los extremos del transepto y una falsa girola con absidiolas en torno a la cabecera. La basílica del monasterio de Ripoll, consagrado en 1032, con cinco naves y transepto, dispone de siete ábsides alineados, muy semejantes a los de San Pedro de Roma. Cabe citar, asimismo, la basílica del monasterio de San Pedro de Roda, consagrada en 1022, de cabecera con deambulatorio y órdenes superpuestos que se inspiran en los cánones clásicos y las proporciones lombardas; la colegiata de San Vicente de Cardona, que se caracteriza por sus bóvedas y el escalonamiento de sus volúmenes, y la colegiata de Ager, de soluciones múltiples.






Apenas quedan vestigios de las grandes catedrales del primer románico, como Barcelona, Vic o Gerona, pues se sustituyeron por construcciones góticas o neoclásicas. Resulta, pues, difícil reconstituir estos conjuntos monumentales, de los que, con frecuencia, sólo se conservan ciertos elementos arqueológicos o algunos restos. Por lo que respecta a los reinos occidentales de España, encontramos las primeras huellas del románico en la época de los intentos de unificación política de Sancho III el Grande (1000-1035), hombre abierto y relacionado con los clérigos de origen catalán. Los primeros edificios románicos navarros se asemejan en gran medida a los monumentos catalanes.







En esas fechas se comenzaron grandes obras, como la construcción de la catedral de Pamplona, la ampliación de San Juan de la Peña o, incluso, la reconstrucción de la abadía de San Salvador de Leire, cuyo monasterio está considerado como el edificio principal del primer románico. Esta construcción monumental de sillería de gran tamaño se caracteriza por una cripta de proporciones sorprendentes. El reinado de Fernando I el Grande (1037-1065), repleto de contradicciones políticas, dejó su huella en las producciones artísticas que favoreció. La iglesia de San Pedro de Taverga introdujo un nuevo tipo de capiteles en la nave central y en el pórtico, si bien de estilo visigótico. La penetración del románico pleno se vio facilitada por distintas circunstancias históricas durante el reinado de Alfonso VI (1072-1109). En 1080 se adaptó la liturgia romana; se crearon lazos matrimoniales entre Castilla, León, Aragón y Navarra; lo que había caracterizado hasta entonces la Reconquista se convirtió en cruzada, y se organizó el camino de Santiago de Compostela según el flujo de los peregrinos. Todo esto tiende a relativizar el papel que desempeñó Francia en la implantación del arte románico en España.







En el Camino de Santiago aparecieron las primeras construcciones románicas de plena madurez durante el primer cuarto del siglo XI, que se extenderían por el territorio a medida que avanzaba la Reconquista. En el siglo XII, coexistieron dos formas del románico: una, derivada del primer románico meridional, se limitó a Cataluña mientras que la otra, más completa, se desarrolló en los territorios navarro-aragoneses que acababan de reconquistarse. Las innovaciones francesas entraron lentamente en España. Las donaciones a la orden del Cister (La Espina y Las Huelgas, Osera, Poblet y Santes Creus) se multiplicaron durante los reinados de Alfonso VII (1126-1157), Alfonso VIII (1158-1214) y del conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV (1131-1162). Algunos elementos arquitectónicos góticos, como la bóveda de crucería o el arco apuntado, se introdujeron en las catedrales de Tarragona, Lérida, Zamora y Salamanca, aunque se trata de edificios románicos tardíos en su conjunto. En Cataluña, la arquitectura del siglo XII fue producto de las experiencias del primer arte románico.






Se erigieron o se restauraron las catedrales de Vic, Lérida, Barcelona, Gerona y Tarragona, y los monasterios urbanos de San Pablo del Campo en Barcelona y San Pedro de Galligants en Gerona. La catedral de La Seo de Urgel, empezada en 1131, parece que fue el edificio más respetuoso con la tradición constructora del primer románico, al que añadió elementos italianos (el cabildo de la catedral contrató al arquitecto de origen italiano Raimundo Lombardo a partir de 1175). Las iglesias de San Pedro de Besalú o de San Juan de las Abadesas ilustran, por su parte, los contactos artísticos con Francia, mientras que el estilo gótico ya se anuncia en las grandes basílicas de Lérida, Tarragona o Sant Cugat del Vallés. Esta última iglesia, empezada a construir al final de la época románica se terminó en estilo gótico durante el siglo XIV. El rosetón principal es un buen ejemplo de los rosetones góticos catalanes de formas pesadas y llenas, cuya decoración deja mucho espacio al labrado de la piedra en detrimento del vidrio.








Además, aquí se encuentra uno de los claustros románicos esculpidos más importantes del románico catalán: cuatro galerías muy abiertas a un inmenso patio central se hallan decoradas por destacados capiteles que atestiguan la gran calidad conseguida por el románico de finales del siglo XII. En los reinos de León y Castilla, la planta central se extendió hasta Salamanca y Segovia, donde la iglesia de la Vera Cruz (1208) constituye una muestra excelente de dos niveles. San Vicente de Ávila, en cambio, testimonia las influencias de Borgoña en tierras castellanas. En un primer momento se construyó una planta parecida a la de San Isidoro de León: nave con cuatro tramos, abierta a un transepto saliente, que conduce a tres ábsides paralelos. En la segunda fase se prolongó con dos tramos la nave central, dotada de tribunas y una bóveda de crucería. Un pórtico occidental con dos torres, que recuerda los grandes nártex borgoñones, precede el conjunto. Esta influencia también se aprecia en la decoración esculpida de la gran portada, semejante a la de Avallon, San Benigno de Dijon o Vermenton.













No resulta fácil fechar la antigua catedral de Pamplona. Se erigió durante el mandato episcopal de un prelado francés (1082-1114) y, al parecer, en 1101 ya se comenzaron las obras bajo la dirección del arquitecto Esteban, responsable al mismo tiempo de la catedral de Santiago. Sabemos que por fin se consagró en 1127. La catedral se caracteriza por su cabecera con transepto sobresaliente y tres ábsides. Los dos laterales, alejados del principal, son semicirculares en el exterior y poligonales en el interior y, al igual que en Francia, tienen contrafuertes que sirven para sostener la bóveda. La datación de Santo Domingo de Silos, en Castilla, también resulta incierta. La iglesia, así como la parte más antigua del claustro (las galerías oriental y septentrional), es probable que se remonten a finales del siglo XI.






El monje Grimaldo habla en La vida de Santo Domingo de Silos (entre 1088 y 1109) de la reconstrucción total del edificio. Incluso precisa que, en 1073, el cuerpo del santo fue inhumando ante la puerta de la iglesia, en el claustro del monasterio. Años más tarde, sin duda en 1076, sus reliquias se debieron instalar en el interior de la iglesia, ante el altar de San Martín. La fecha de consagración de 1088 no debió pertenecer a la iglesia superior como se creía, sino a la inferior, como han demostrado I. Bango Torviso y J. Wiliams. Se deduce, pues, que el claustro fue, en realidad, posterior a la muerte del santo. Diríase que el brazo meridional del transepto de la iglesia superior ilustra, con sus capiteles esculpidos, un estilo más evolucionado en esta parte del edificio, que incluye la portada de la Virgen, fechada por P. Klein entre los años 1120 y 1130.














Las construcciones rurales castellanas manifiestan importantes vínculos con el mundo islámico, sobre todo en los detalles ornamentales, como en los baldaquinos y las arcadas del claustro del monasterio de San Juan de Duero, en Soria. Estas últimas se asemejan a las formas de Amalfi (sur de Italia) o Sicilia. Los pórticos de entrada también son característicos de esta arquitectura: forman una galería cubierta, abierta al exterior por una serie de arcadas y, en ocasiones, acogen sepulcros, como en San Isidoro de León. Estos pórticos poseían asimismo un papel funcional, pues servían de lugar de reunión a los laicos (San Esteban de Gormaz, Sepúlveda, San Miguel y Nuestra Señora del Rivero, Rebolledo de la Torre). En realidad, esta arquitectura se acercaba mucho a la vida cotidiana de la época románica.






Otra creación hispánica surgió de los contactos entre los mundos occidental y oriental: las cúpulas de los cimborrios que se erigían sobre el crucero. Las más características son las de las catedrales de Salamanca y Zamora. El primero de los dos edificios adopta la misma planta que San Isidoro de León o San Vicente de Ávila: un transepto emergente se abre a tres ábsides semicirculares, con bóvedas de cascarón y precedidos por un tramo recto. La construcción comenzó en 1151 y duró unos 75 años, razón por la que presenta claras influencias de la arquitectura gótica. Las bóvedas de crucería sustituyen a las de cañón románicas del transepto y cubren la nave central y las laterales. El cimborrio que se eleva sobre el crucero se llama torre del Gallo y presenta un tambor circular sobre pechinas con dos hileras de ventanas.






En Toro se siguió el mismo modelo. La cúpula de la «vieja» catedral de Salamanca presenta en el exterior algunas afinidades con los campanarios lemosines, sobre todo la alternancia de linternas en los ángulos con gablete muy puntiagudo y forma alargada. Asimismo, está relacionada con la cúpula de la catedral de Zamora, que deriva más bien de modelos bizantinos. El edificio se empezó en 1151 y se concluyó en 1174, por lo que la huella gótica resulta menos evidente. Sólo la nave central está cubierta de bóvedas de crucería; el transepto dispone de bóveda de cañón, y las naves laterales, de bóvedas de arista. En el crucero, un tambor circular sobre pechinas sirve de apoyo a una cúpula constituida por dieciséis plementos cóncavos. Dichos plementos se manifiestan mediante los nervios de las ojivas decoradas que convergen en una clave central. Galicia y Portugal se vieron influidos por la arquitectura de Santiago de Compostela, como demuestran las catedrales de Lugo, Orense, Tuy y Coimbra. Esta última, abovedada por completo, adopta una planta basilical provista de un transepto sobresaliente con absidiolas y una cabecera sin girola. Como en la catedral de Santiago de Compostela, también aparece el alzado de tribunas en la nave central, modelo que se repite en la catedral de Lisboa.






Aparte de estos dos grandes edificios, algunos monumentos del norte de Portugal poseen una única nave que se prolonga con un ábside rectangular, de tradición prerrománica, y se halla cubierta por una estructura de madera. En el sur, en cambio, la catedral de Évora, cuyo alzado presenta un falso triforio y una bóveda de cañón apuntada de tradición completamente románica, ya anuncia con sus dimensiones la evolución hacia la arquitectura gótica.













Lo más importante en el estudio de la arquitectura románica reside en el papel que desempeñaron las diversas áreas geográficas e históricas en la elaboración del estilo. Las experiencias arquitectónicas del románico permitieron la evolución de la arquitectura gótica. El románico de Normandía e Inglaterra enseguida imaginó un tipo de bóveda para cubrir sus amplias naves que legaría al estilo gótico: la bóveda de crucería. Con el fin de cubrir espacios más amplios, los arquitectos incluyeron una ojiva adicional que pasaba por la clave y dieron, de esta manera, con la bóveda sexpartita. En el siglo XIII, la planta cuadrada se sustituyó por otra oblonga, y las ojivas y los arcos fajones, antes de medio punto, se tornaron apuntados. En el siglo XIV; el diseño de las bóvedas se complicó con la aparición de nervaduras que enlazaban la clave de las bóvedas con la cabeza de los arcos fajones, cuyas bases estaban unidas por arcos terceletes. Más tarde, este procedimiento se desarrolló y condujo a bóvedas con numerosos pequeños paneles y múltiples nervios. El otro elemento esencial de la arquitectura gótica es el arbotante, derivado del contrafuerte disimulado bajo la armazón del tejado de las naves laterales y que servía para contener los empujes de las bóvedas de la nave. La importancia del campanario durante la época del románico continuó, pero agraciado con la tendencia general del gótico por destacar la verticalidad.






El origen del arte esculpido gótico se localizó en la abadía real de Saint-Denis, cuya fachada occidental (anterior a 1140) presenta la primera consecución definida de la portada gótica, con las estatuas-columnas que sustituyen a los personajes, situados en los vanos abocinados del románico. Mientras que en el norte, el estilo gótico se formó rápidamente, con sus bóvedas de crucería, sus portadas con estatuas-columnas y sus vidrieras cada vez más presentes en el monumento, el sur e Italia continuaron fieles al románico. Las estatuas de los santos Pedro y Pablo de la fachada de Ripoll, hacia 1170-1180, no recuerdan precisamente a las estatuas-columnas de la portada de Saint-Denis, como muestra el tratamiento de la cabeza un poco adelantada y el del nimbo que esconde la columna. Estas figuras mantienen una función iconográfica básica y la representación prevalece sobre la función. El arte meridional continuó siendo, pues, románico, mientras que el arte septentrional ya era gótico. Entre 1120 y 1130 se concluyeron de manera paralela, y casi al mismo tiempo, el nártex de la iglesia abacial de Vézelay y la portada real de Chartres.






Las características formales, más que las cronológicas, sitúan a cada uno de estos dos monumentos en un contexto diferente, el uno románico y el otro gótico. Asimismo, señalan profundos cambios en el emplazamiento y las funciones de la imagen.

25 jul. 2010

Los Blogs

Un blog, o en español también una bitácora, es un sitio web periódicamente actualizado que recopila cronológicamente textos o artículos de uno o varios autores, apareciendo primero el más reciente, donde el autor conserva siempre la libertad de dejar publicado lo que crea pertinente.

















El nombre bitácora está basado en los cuadernos de bitácora, cuadernos que se utilizaban en los barcos para relatar el desarrollo del viaje y que se guardaban en la bitácora. Aunque el nombre se ha popularizado en los últimos años, a raíz de su utilización en diferentes ámbitos, el cuaderno de trabajo o bitácora ha sido utilizado desde siempre.
















Este término inglés blog o weblog proviene de las palabras web y log ("log" en inglés = diario). El término bitácora, en referencia a los antiguos cuadernos de bitácora de los barcos, se utiliza preferentemente cuando el autor escribe sobre su vida propia como si fuese un diario, pero publicado en la web (en línea).














El blog no es un ensayo, es decir una representación literaria de un trabajo científico o cultural, no es un artículo periodístico sujeto a unas normas éticas de comprobación de veracidad y tampoco es un diario que está sujeto a la intimidad, tanto del tema tratado como del alcance de las personas que tienen acceso, es decir fundamentalmente el propio autor o sus herederos salvo que tengas la importancia de Baudelaire.

















No, el blog quiere llegar a gente, quiere suscitar debates, no es íntimo y en él hay opiniones o creencias, leyendas o interpretaciones libres. En español los han bautizado como bitácoras, pero aunque la bitácora está destinada a ser leída por el almirantazgo, debe circunscribirse a las vicisitudes del viaje, es decir no es libre.








La imagen que le daría es la del mensaje dentro de una botella, arrojado al océano, en este caso de las ondas.
















El blog está suponiendo una autentica revolución en la difusión de información como por otro lado toda la informática. A través de la red, emite opiniones sin censura y permite una fácil comunicación entre grupos o gente alejada. Gracias a los buscadores es más fácil encontrar los temas que interesan, gracias a las enciclopedias podemos tamizar sus contenidos.








La revolución mediática que se está llevando a cabo por imperativo del comercio y el beneficio económico, despierta recelos tanto en los gobiernos como en las empresas de medios tradicionales, aunque confían en la indolencia de la gente, saben que siempre hay grupos activos. En el fondo, temen más por su ruina que por la corrección política.

Camino de Santiago

"A San Isidoro (siglo VII-VII), se debe la primera afirmación escrita conocida sobre la misión de Santiago el Mayor en España. La mencionó de pasada en una obra sobre los Apóstoles, lo que sugiere que era una tradición corriente, cuyo origen desconocemos. Como ya quedó indicado, la predicación jacobea en España no está documentada, pero, veraz o no, iba a tener extraordinario efecto religioso-político en siglos posteriores "



















"De Beato, autor de diversas obras, se conoce sobre todo su Comentario al Apocalipsis de San Juan, terminado en 786, donde explica la crisis del cristianismo y traslada los símbolos del Apocalipsis a la España en reconquista frente al Anticristo, es decir, al emirato de Córdoba.








El Comentario, sin pretensiones de originalidad, contiene uno de los mapamundi más antiguos del mundo cristiano. Era esencialmente un llamamiento al combate para recobrar España, y ganaría enorme popularidad como aliento a una lucha que, de entrada, parecía sin esperanza.







De no menor trascendencia es su reivindicación de la predicación hispana del Apóstol Santiago, que tendría desde el siglo siguiente profundos efectos en toda Europa. Probablemente se deba a Beato la consideración de Santiago como patrón y protector de España".


















"Alfonso II el Casto fue un rey muy notable. Gobernó 52 años, de 791 a 842, mientras en Córdoba reinaban Alhakén I y luego su hijo Abderramán II. Sostuvo trato cordial con Carlomagno y, de acuerdo con su reivindicación del reino hispanogodo, fundó Oviedo, tratando de hacerla digna sucesora de Toledo. Pobló la ciudad con labriegos, artesanos, tropas, comerciantes, etc., mandó construir allí un palacio y otros edificios de fuste, en especial una basílica --incendiada por los árabes en 794 y 795.







De ahí surgió un arte nuevo y original, llamado asturiano, manifiesto en sus bellas y pequeñas iglesias y palacios, que combinan elementos godos, mozárabes y locales. Son edificios de espléndida armonía, tan expresivos de la pobreza de medios de la época como de una cultura bastante refinada, fe en el porvenir y decisión de permanencia. Pero la mayor contribución cultural, de alcance entonces insospechable, fue la peregrinación a Santiago.







En 814, el ermitaño Pelayo afirmó haber visto resplandores en un bosque, de donde vendría el nombre de Campus Stellae o Compostela, Campo de la estrella. Avisado el obispo de Iria Flavia, Teodomiro, descubrió el presunto sepulcro de Santiago el Mayor, identificado con una lápida. Acudió Alfonso II al lugar, donde hizo erigir un santuario y declaró al apóstol patrón de España, siguiendo a Beato, que en un poema había llamado a Santiago "Cabeza refulgente y dorada de España / defensor poderoso y patrono nuestro".







El suceso tuvo tal repercusión, también al norte de los Pirineos, que el descubrimiento de la tumba llegó a atribuirse allí a Carlomagno. a partir de entonces la peregrinación crecería, primero desde Oviedo, a través de paisajes espectaculares, donde los reyes construyeron hospitales y albergues.







Pronto se organizó desde la Europa transpirenaica una ruta siguiendo el litoral cantábrico, que reforzó, aún en proporción modesta, los lazos culturales y comerciales, mientras despertaba el fervor y la confianza de los hispanos frente al islam. La empresa asturiana despertaría creciente interés al norte de la península.








Aquellos sucesos nos llegan envueltos en leyendas y milagros. La sepultura de Santiago no es imposible, pero sí harto improbable. El lugar contenía tumbas de época romana, y algunos estudiosos, por pura especulación, atribuyen el sepulcro a Prisciliano, cuyos restos habrían llevado allí sus seguidores tras haber sido decapitado en Tréveris, cuatro siglos y medio antes. El enterramiento del apóstol, real o no, iba a desempeñar un papel psicológico, político, cultural y militar de primer orden".


















Alfonso II el Casto, Rey de Asturias, viajó con su corte al lugar, convirtiéndose así en el primer peregrino de la Historia. Mandó edificar una pequeña iglesia. La noticia se propagó rápidamente, Santiago, tan invocado en el siglo VIII, se manifestaba al fin con la revelación de su sepulcro.
















Aproximadamente a partir de 813 con el hallazgo de las reliquias del apóstol y con el beneplácito de Carlomagno, que quería defender sus fronteras de invasiones árabes, Compostela se convertirá progresivamente en un centro de peregrinaje que recibirá su impulso definitivo durante la primera mitad del siglo XII. Muy pronto, la noticia se extiende por toda la Europa cristiana y los peregrinos comienzan a llegar al lugar del sepulcro, el denominado Campus Stellae, que degenerará en el término Compostela.









Menéndez Pidal opinaba que en cierto sentido se puede considerar al caudillo musulmán Almanzor como el gran revitalizador del Camino y quien provocó su fama internacional. En efecto, los repetidos ataques de Almanzor sobre los reinos cristianos españoles llegaron a inquietar a los monjes de la abadía benedictina de Cluny, en aquel momento el más importante centro del cristianismo europeo.








Religiosos vinculados a Cluny elaborarán el Códice calixtino y la Historia compostelana y los reyes españoles favorecerán en todo lo posible la constitución y proyección de una red de monasterios cluniacenses en el norte de España y singularmente alrededor del Camino. Esa política está íntimamente relacionada con el deseo de los monarcas españoles de romper con su aislamiento respecto de la Cristiandad mediante lazos dinásticos, culturales y religiosos.














Muchos de los primeros peregrinos procedían de regiones de Europa pioneras en la aportación de novedades musicales. Partiendo algunos del norte y otros de zonas más céntricas de Francia, habían pasado por lugares de culto, como Chartres y Tours. Allí pudieron escuchar las melodías que todo el Occidente cristiano consideraba el verdadero legado del papa Gregorio. Poco importaba que aquellos que venían del norte de Italia y que habían tenido que cruzar los Alpes y Pirineos les dijeran que en su lugar de origen el rito litúrgico era más antiguo y venerable que ése al que ellos llamaban romano.

















Tampoco importaba mucho que una vez adentrados en territorio hispánico, y reunidos los peregrinos de distintas procedencias en torno a un mismo Camino, hicieran un alto en algún monasterio riojano y allí se les hablase, no sin nostalgia, de una liturgia que no hacía mucho era el elemento unificador frente a las huestes de Alah que desde hacía siglos ocupaban buena parte del solar hispano.







En esos monasterios riojanos y castellanos aún se miraría con recelo a aquellos caminantes que se dirigían a Campus Stellae. Precisamente siguiendo esa ruta había entrado el principal enemigo del rito hispano. Por la ruta jacobea se fueron contaminando las antiguas ceremonias y costumbres para que aquellos que venían de regiones remotas pudieran entender algo del culto que escuchaban. Tanto es así, que ante los deseos unificadores de Alfonso VI, se abolió el rito autóctono en beneficio de la liturgia llamada romana.







El número de peregrinos aumenta extraordinariamente a partir del siglo X, cuando la población europea logra salir del aislamiento de épocas anteriores e inicia una serie de contactos e intercambios que, en el campo religioso, llevarán a hacer de la peregrinación la forma más difundida de devoción. Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela serán los destinos más importantes: todos los caminos llevan a Roma. Los cruzados y las ciudades marítimas italianas abren la ruta de Jerusalén. Los monarcas de Navarra, Aragón, Castilla y León facilitan el viaje a Santiago mediante la construcción de puentes, reparación de caminos y edificación de hospitales.








Años más tarde, el carácter apostólico de su iglesia y las riquezas acumuladas gracias a los peregrinos permitirían a un obispo emprendedor, Diego Gelmírez, convertir su sede en arzobispado.








Después del siglo XIV se produjeron muchas convulsiones sociales en Europa que desvían a los peregrinos potenciales hacia otros destinos. Por otra parte, la Reconquista desplaza toda la atención económica y gubernamental de los reinos españoles hacia el sur. El Camino de Santiago pierde el esplendor de los siglos anteriores. El Cisma de Occidente en 1378 agrava y divide a la Cristiandad. El siglo XV tampoco ayudó a su revitalización, plagado de acontecimientos desagradables en el viejo continente: guerras, hambre, peste, malas cosechas, sequías...







Aun así, muchos creyentes seguían acudiendo hasta la tumba del apóstol para cumplimentar su penitencia pero, año tras año, el Camino fue cayendo en el olvido.

Andalucía y Huesca

La Corona de Castilla fue conquistando paulatinamente los territorios del sur peninsular. Fernando III protagonizó la conquista de todo el valle del Guadalquivir en el siglo XIII. El territorio andaluz quedó dividido en una parte cristiana y otra musulmana hasta que en 1492 la conquista de la Península finalizó con la toma de Granada y la desaparición del reino homónimo.






















En la etapa que va desde el siglo XIII al XVI, Andalucía fue la California española, riadas de gente fluían a ella para alimentar la mano de obra agrícola, los servicios de las ciudades o la realización de obras. En Sevilla había algo tan inusual en la época como la sopa boba.








Es en el siglo XVI cuando Andalucía explotó más su posición geográfica, ya que centralizó el comercio con el Nuevo Mundo donde tuvo un papel fundamental en su descubrimiento y colonización. Sin embargo, no existió un verdadero desarrollo económico en Andalucía debido a las numerosas empresas de la Corona en Europa.










El desgaste social y económico se generalizó en el siglo XVII y culminó con la conjura de la nobleza andaluza contra el gobierno del Conde-Duque de Olivares en 1641.




















Las reformas borbónicas del siglo XVIII no remediaron que, España en general y Andalucía en particular, fueran perdiendo peso político y económico en el contexto europeo y mundial. Asimismo, la pérdida de las colonias españolas de ultramar irá sacando a Andalucía de los circuitos económicos mercantilistas.











Esta situación se agravó durante los siglos siguientes, y Andalucía pasará de ser una de las regiones más ricas de España a una de las más pobres, a finales del fallido proceso de industrialización en el siglo XIX. A partir de ahí, Andalucía va a exportar trabajadores a la escuálida revolución industrial vasco-catalana.




















El eje estructural de la economía española contemporánea pasaba por Andalucía, Madrid y Vizcaya; de manera que el incremento de la producción agrícola, propiciado por la mecanización del campo andaluz, creaba capitales que gestionados por el poder financiero vasco, ubicado en Madrid, se invertían en la industria, primero vizcaína y luego vasca; todo ello vigilado por el poder político-militar situado en Madrid en hermandad con el poder financiero.








Cataluña se industrializa de manera autónoma, creando su propio poder financiero, pero la necesidad de controlar el mercado español le llevará a situar sus bancos también en Madrid, en connivencia con los vascos, aunque más tarde.

























A Huesca, los musulmanes que la conquistaron sobre el año 713, la denominaron "Washka". Se convirtió en un importante y estratégico punto de defensa islámico frente a las invasiones de los cristianos y los francos. Pedro I de Aragón la reconquistó el 26 de noviembre de 1096.






Se convirtió en la capital del Reino de Aragón hasta el año 1118. La diversidad de culturas que se dieron cita en la ciudad hicieron que ésta floreciera económicamente, destacando la producción de artesanía.
















La expulsión de los judíos en el año 1492 y la disgregación de la comunidad morisca en el siglo XVI acabaron con la producción y el comercio de artesanía que tanto esplendor había alcanzado, convirtiendo a Huesca en un mercado agrícola y entrando en un proceso de profunda depresión económica.








Huesca, en el siglo XVII, recuperó parte de su poderío agrícola, que había propiciado la gran riqueza del románico altoaragonés; la sustitución de la población morisca por colonos procedentes de Francia y la llegada a Huesca de capital procedente de los mercenarios aragoneses que luchaban en Europa dieron lugar a la construcción de los magníficos caserones fuertes de los valles pirenaicos.
Fue el centro de operaciones del guerrillero Felipe Perena durante la Guerra de la Independencia.








La mecanización del campo y la caída de los precios agrícolas, así como la exigua y tardía industrialización, han dado lugar a una emigración masiva sobre todo a Barcelona, ya se sabe que "som six millons" pero sin inmigrantes seríamos dos.









Su economía tradicional, perteneciente al sector primario con predominio de los cultivos cerealistas y forrajeros apoyados por una cabaña ovina importante, se ha visto muy modificada en los últimos años por el ascenso imparable del sector industrial, de servicios y comercio, seguido del turismo. A estos efectos, es de destacar el papel de Zaragoza y su capacidad comercial y logística en el sector noreste peninsular, que influye claramente en Huesca.

20 jul. 2010

Impulso tanatófilo

Hay en el aire de nuestra sociedad un sentimiento de orfandad y pesimismo que no existía en otras épocas de crisis, recordad los años sesenta con la revolución juvenil y su confianza en el futuro; así es que tenemos la sensación de estar viviendo el fin de una época, de un ciclo histórico, que lo va a ser de Occidente, de Europa y de España.


















Resulta extraño comprobar cómo el avance científico no ha tenido su correspondiente reflejo social y cultural. Desde Einstein sabemos que el espacio y el tiempo son inseparables y la estructura del mismo depende del observador. Sin embargo, a nivel social, seguimos pensando en un tiempo "limpio" y lineal, sin ninguna influencia en los acontecimientos.



















Eso es algo tan absurdo como suponer que el espacio que nos rodea no tiene accidentes geográficos, como montañas, ríos, mares, etc. De la misma forma que la geografía condiciona la sociedad, formando países y pueblos, el tiempo posee una estructura que también influye en el ser humano inmerso en él, aunque a primera vista resulte imperceptible.



















De ahí que periódicamente aparezcan momentos especiales en la historia, señal de que se ha producido un cambio en la estructura del tiempo que se refleja en un cambio social profundo. El tiempo tiene su propia estructura, y en estos momentos estamos viviendo en un profundo cambio temporal. Eso ha provocado un cambio social, de manera que los esquemas sociales que nos regían ya no son útiles. De la misma forma que la masa deforma el espacio en la relatividad de Einstein, el materialismo social dominante en el último ciclo deforma la percepción del tiempo de los individuos provocando una deformación social.

















Igual que un individuo está sometido a crisis vitales, la sociedad humana también está sometida a crisis históricas. Pues, a fin de cuentas, la sociedad humana es un tejido orgánico formado por células de individuos. Y es lógico que se reflejen en el tejido los mismos problemas que en las células. En principio, las crisis históricas no tienen por qué ser negativas. Recordemos que el significado etimológico de la palabra "crisis", que proviene del griego, es cambio. Y los cambios pueden ser para mejor o para peor.


















¿Cómo se producen las crisis individuales? Por la suma de experiencias no superadas en los recuerdos del individuo. El peso de estas experiencias inclina la conciencia, ya que no han sido transmutadas en elementos válidos para la construcción de los valores. Pero como hay una relación entre los individuos y la sociedad, la sucesión de acontecimientos históricos no transmutados en experiencias válidas produce las crisis históricas. Los valores y motivaciones sociales han perdido su validez, deben ser renovados.


















Quizás sea ésta la mayor paradoja del siglo XX; que el desarrollo tecnológico y científico haya permitido un enorme crecimiento económico que no ha sido equilibrado a nivel artístico, religioso y político. En la era de la globalización y de internet, todavía nos regimos por sistemas políticos de hace dos siglos, y las religiones continúan ancladas en dogmas más propios de la anterior Edad Media que de los tiempos actuales.


















Será que me hago viejo, pero a veces tengo ganas de que todo se vaya por los aires para que todo empiece de nuevo, pero ya lo decía Kropotkin.

18 jul. 2010

Revolución juvenil

Primogénito de Ferrante Gonzaga, marqués de Castiglione, quien en 1566, estando al servicio del rey español Felipe II, se casó en la capilla del Palacio Real de Madrid con Marta Tana de Santena, dama de la reina Isabel de Valois. Fue el primero de siete hijos y heredero del título.
Después de la batalla de Lepanto (1571), don Ferrante recibió el encargo de preparar 3.000 infantes para la empresa de Túnez, y se trasladó a Castelmagiore con su hijo Luis que, durante cuatro o cinco años, vivió entre los soldados


















En 1590-1591 la peste hizo estragos en Roma causando miles de muertes, entre ellas la de los papas Sixto V, Urbano VII y Gregorio XIV. Luis atendió con heroísmo a los apestados en S. Giacomo degli Incurabili, en San Juan de Letrán, en S. María de la Consolación, y en el hospital improvisado junto a la iglesia del Gesú, donde contrajo la enfermedad. Así moría a los 23 años, tras una vida rica en experiencias.








Es considerado patrono de la juventud, es decir la misma juventud que, a partir de los años sesenta del siglo XX, decidió independizarse de todo lo anterior.



















Pues si el divorcio, los nacimientos ilegítimos y el ascenso de la familia de progenitor soltero (mayoritariamente madre) indicaron una crisis en la relación entre los sexos, el ascenso de una cultura juvenil específica y extraordinariamente poderosa indicó un profundo cambio en la relación entre las generaciones.








La juventud, como un grupo autoconsciente extendiéndose entre la pubertad, que en los países desarrollados ocurría más temprano que en las generaciones previas, y la mitad de los veinte, ahora se convirtió en un agente social independiente.


















Los desarrollos políticos más dramáticos, particularmente en los 60's y 70's, fueron las movilizaciones de la franja de edad que, en países menos politizados, hizo la fortuna de la industria discográfica, el 75 a 80 por ciento de cuya producción, puntualmente música rock, era vendida casi exclusivamente a consumidores entre los 14 y los 26.







La radicalización política de los 60's, anticipada por contingentes más pequeños de disidentes culturales y marginales de varias etiquetas, perteneció a esta gente joven, que rechazó el estatus de niño, o incluso de adolescente (i.e. adultos aún-no-maduros), a la vez que le negó humanidad completa a cualquier generación por arriba de los treinta, excepto para algún ocasional gurú.
















Excepto en China, donde el anciano Mao movilizaba a los jóvenes con efectos terribles, los jóvenes radicales eran guiados, en la medida en que aceptaran algún líder, por miembros de su propio grupo de edad. Esto fue patentemente cierto en los movimientos estudiantiles de todas partes del mundo, pero allí donde estos detonaron movimientos laborales masivos, como en Francia e Italia en 1968-69, la iniciativa también vino de los trabajadores jóvenes.

















Nadie con una experiencia mínima de las limitaciones de la vida real, es decir ningún adulto genuino, habría podido esbozar los confiados pero notoriamente absurdos eslóganes de los días del Mayo parisino del 68 o del "otoño caliente" italiano del 69: "tutto e subito,", "lo queremos todo y lo queremos ahora".















Gramsci pensaba que para la lucha revolucionaria en países industrializados, como los de Europa Occidental o Estados Unidos, no podía plantearse directamente la conquista del poder político, como pretendía Lenin. En esos países, decía Gramsci, la burguesía ha conseguido lo que él llamaba "la hegemonía ideológica" al controlar las instituciones culturales de la sociedad: los centros de estudio, los medios de comunicación de masas, los núcleos de producción artística, es decir, los centros orientadores del pensamiento, el gusto y la sensibilidad.







El verdadero poder de una clase dominante, decía Gramsci, se apoya en su hegemonía cultural, y si la revolución ha de triunfar es imprescindible primero conquistar ese liderazgo.








De otra forma, el poder político sólo podrá mantenerse mediante una vasta e implacable represión. Los revolucionarios, en vez de apoyarse en un partido elitista y burocratizado, como el "partido de nuevo tipo" de Lenin, debían construir lo que él llamaba una "fuerza contra hegemónica", independiente de las instituciones sociales y culturales que respondían a los valores de las clases dominantes.

5 jul. 2010

Las oleadas islámicas

Hégira (en árabe hiyra هِجْرَة), indica el traslado de Mahoma. Es la emigración de los musulmanes de La Meca a Medina, ocurrida en el año 622 de la era cristiana. Dicho evento marca en el mundo islámico el año primero. Los musulmanes toman desde el año 632 d. C. el primer día del año lunar en el que se produjo (16 de julio de 622) como referencia para su calendario.









El término, por extensión, se aplica a cualquier fuga o emigración semejante. En el año 639 d. C., el califa Umar señaló el año de la Hégira como el primero de la era musulmana. En consecuencia, el 622 d. C. se convirtió en el 1 ah (anno hegirae, "año de la Hégira") en el calendario musulmán.




























Esa gran expansión islámica marca la primera oleada del islam en el mundo. En poco menos de un siglo (711), habían conseguido llegar hasta las puertas de Afganistán por un lado y a la tierra, que ellos llamaban Al Andalus (tierra de los vándalos) por otro.

















La segunda gran expansión tiene lugar entre los siglos XIII y XVII cuando el Imperio Turco es capaz de conquistar los santos lugares y las tierras bizantinas, llegando el Islam hasta la India, el sudeste asiático y las fronteras de China.


















Frenado en Viena y en Lepanto, el Islam entra en una especie de inmovilismo autista siendo dominado por los grandes imperios europeos hasta llegar al momento actual, en el que se está produciendo una tercera gran expansión.









La pujanza demográfica, el dinero del petróleo, la espina clavada de Israel, así como el entrenamiento propiciado por la CIA en el combate contra la extinta URSS en Afganistán están dando lugar a una doble abrazo contra Occidente, por un lado el terrorismo y por otro la inmigración, impermeable
a nuestra forma de vida e inasimilable.

























Como dijo Huari Bumedian: "Os conquistaremos con el vientre de nuestras mujeres"








Tendencias disgregadoras











Dicen que uno de los más importantes problemas de la España moderna, y que se agrió en la época de la República, era el de la tierra. Éste, por obra y gracia del desarrollo económico e industrial, se ha conseguido resolver; claro que la parte fundamental de su resolución deriva de los avances en la mecanización del campo.


























El otro gran problema de la España moderna resulta ser el del separatismo, y las recetas que nos hemos dado en nuestra Constitución no han tenido éxito. Parece que las tendencias disgregadoras en el Estado Español se han manifestado, a lo largo de la historia, independientemente del tipo de régimen político o etapa histórica; puede ser que la geografía tan agreste y escarpada de España haya impuesto incomunicación de tiempo inmemorial o la ausencia de una estructura económica unida hasta épocas tardías o el caciquismo y el campanario; no lo sé, pero el resultado es la tendencia al aislamiento de las comunidades.































Claro que, por otro lado, esta tendencia no ha conseguido imponerse del todo y, a lo largo de la historia, ha habido proyectos políticos unitarios con éxito como, hasta ahora, el Estado Español moderno y la Nación política española de la Constitución de 1978.