12 jun. 2012

Joaquín Costa

En 2011 se cumplieron 100 años de la muerte del escritor, intelectual e ideólogo Joaquín Costa. Se trata de uno de esos seres excepcionales que, surgido en la pobreza, consigue a fuerza de tesón y trabajo salir adelante en la vida y cumplir de paso su vocación. A partir de temprana edad tuvo que trabajar duro para pagarse los estudios y aprovechó la ayuda de amigos poderosos y el tiempo libre para llegar a la universidad con un expediente excelente; allí se licenció brillantemente en Filosofía y Derecho optando a plazas de profesor que no obtuvo.

















Consigue ser notario en Madrid y a partir de ahí ya no tuvo preocupaciones económicas aunque nunca se hizo rico pues dedicaba su tiempo a sus trabajos de investigación sociológica, económica, histórica y política.


















El complejo de ser español está muy presente en los estudios, ideas y acciones de Costa; un corpus doctrinal que llamaremos regeneracionismo, y que de una u otra manera va impregnando el panorama intelectual en España tras el desastre del 98. El regeneracionismo propiamente dicho es una difusa secta de honrados publicistas que actúan a lo largo del periodo de la Restauración, presidido por la constitución canovista (1876-1923). A pesar de las simpatías que pudieran despertar en su tiempo, pronto fueron olvidados por la cultura oficial. Las mismas razones para ese injusto olvido son las que hoy acucian a que se les estudie con algún detenimiento. Estamos ante la escuela de pensamiento más autóctona de la España contemporánea, en contraste con el mimetismo de otros caudales ideológicos respecto de las autoridades foráneas. Autoctonía no es sólo mérito sino también limitación.



















Esta ideología continúa impregnando de manera solapada la vida intelectual española hasta hoy mismo. Contiene elementos muy dispares que se dosifican de distinta manera según los autores y los tiempos. Los más estables son: nacionalismo españolista, pragmatismo político, cientifismo, autoritarismo, estatismo, etc. Con estas mimbres encontramos el origen de los fenómenos ideológicos que aquejan a la intelectualidad española y a sus partidos políticos.


















Costa representa un espíritu hijo del desastre del 98 y del ombliguismo hispánico; el pretendido atraso español lo es en relación con las naciones punteras en el desarrollo capitalista. En todo momento de la historia, los diferentes países han adquirido el desarrollo de manera escalonada (los ingleses eran salvajes cuando los egipcios levantaban las pirámides); España no era Rumanía, Polonia o Bulgaria pero tampoco era USA, Inglaterra o Bélgica. Si se observa la evolución de los pueblos antiguos mesopotámicos se ve que algunos entraban en decadencia durante doscientos años para renacer después con imperial fuerza (Asiria). La Historia hay que apreciarla y estudiarla, y no está mal reconocer méritos propios pero no se puede vivir de la Historia en la historia.


















El sepulcro del Cid no debe ser cerrado con más de una llave.
No somos diferentes, los demás no son perfectos. La generación del 98 es más una comunidad artística que ideológica, algunos autores son regeneracionistas y otros no; sin embargo, el regeneracionismo es patente en la obra de Ortega y Gasset. En la vida española hay dos notarios que murieron pobres: Joaquín Costa y Blas Infante, pero sólo uno intentó la mejora de España sacrificándose desde cierta racionalidad: Costa.

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