3 dic. 2013

La alianza de civilizaciones

Dentro de las melonadas en las que se articula el pensamiento progre, me resisto a llamar a ese sucedáneo pensamiento de izquierdas, se creó la especie falsa de que cabe la posibilidad de coexistir, en nuestro propio espacio europeo, con un Islam moderado que además colabore con nosotros en la lucha contra el terrorismo, evolucione en el sentido de la democracia y los derechos humanos, y adquiera, como nosotros, los hábitos científicos y filosóficos de Occidente. 



















Todas estas ideas nacen de las mitologías adquiridas por parte de la progresía actual de la España de las tres culturas y su posible reelaboración en los tiempos modernos. 
Las civilizaciones en cuanto ámbitos culturales y tecnológicos se influyen mutuamente, de ahí que la tecnología y los métodos de producción e incluso los bienes materiales, y cierto tipo de diversiones, se extiendan por todo el mundo pero esto no es así con las altas culturas, menos aún con ciertos aspectos particulares de las bajas culturas, y con la filosofía y las ciencias. 



















Es posible llegar a acuerdos temporales, basados en intereses comunes, con países y gobiernos islámicos pero no puede existir una alianza de civilizaciones porque no hay autoridad ni entidad para firmar semejante acuerdo y hacerlo cumplir. No es posible porque los cánones de funcionamiento moral son distintos y a veces mutuamente excluyentes. Otra vez nos enfrentamos al voluntarismo como rasgo definitorio del pensamiento político español.

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