23 feb. 2014

Easy rider

Cuentan las crónicas que hubo una época optimista y alegre donde era posible trabajar 6 meses y vivir el resto del año. En ese tiempo no había paro y sí existía una gran generosidad. El lugar donde todo esto era posible, los USA, marcaba el rumbo de Occidente y todos querían conseguirlo.
Recuerdo un grupo de música pop: "Mamas and the Papas", un grupo juvenil compuesto por parejas que no hacían ascos a ser músicos, vivir en la farándula y ser padres; ¿hay algo parecido en la sociedad actual, temerosa, egoísta y vieja?









 





Aquellos años los jóvenes disfrutaron de ventajas nunca antes vistas, ni repetidas hasta ahora; acceso a la universidad, dinero, pleno empleo, seguridad social, escasa delincuencia, libertad aparentemente sin límites (restringida en España esta última, pero no demasiado). Esas maravillas parecían caídas del cielo, aunque del esfuerzo y sacrificio de los padres, la generación de posguerra que había reconstruido Europa y la generación norteamericana que había liberado a Europa. Natural, por tanto, que los beneficios de ese esfuerzo “matasen” moralmente a los benefactores. 















 



¿Cómo iban a disfrutar de tales dones, si no? La dura posguerra quedó como “ los años de plomo”. ¡Qué contraste con los nuevos años de oro, sólo lastrados por la vieja y pesada generación, incapaz de comprender las ansias de paz, amor y diversión de la nueva era!









 





Es verdad que en esos tiempos se destruyeron cosas que habría que haber conservado y se crearon otras negativas o innecesarias. En ese contexto la película "Easy rider" nos habla de un viaje iniciático para llegar a Nueva Orleans al carnaval, aunque al final resulta que todo era un sueño. Durante el trayecto comen en casa de un campesino que vive en autoconsumo, con su mujer mejicana y sus hijos. Me quedo con el comentario: "este hombre vive bien aquí".

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