7 mar. 2015

Los iluminados

Para intentar entender el rompecabezas nacional resulta conveniente fijar patrones similares de otros momentos de la historia. Así por ejemplo, veríamos a Pablo Iglesias y a PODEMOS comparándolo en su ascenso con el de Hitler y el NSDAP sin que entre ambas figuras exista, no se me entienda mal, ningún parecido. 
En el caso alemán observamos a un buen orador al que los poderes fácticos seleccionaron para orientar y encuadrar a los alemanes, tras el fracaso de la República de Weimar. Los partidos dominantes habían conseguido estabilizarse a partir de la firme posición del canciller Ebert, a la sazón jefe del gobierno y socialdemócrata, que actuó exactamente al contrario que Kérenski en Rusia. 
Pero la crisis del 1929 se llevó por delante a Weimar; los potentados alemanes confiaron en Hitler y su plan expansivo, y lo auparon facilitándole dinero y presencia en la radio. 








Cuando las naciones padecen crisis sistémicas de decadencia, los actores normales de la contienda política (bajo el franquismo sólo había un político que era Franco, siendo el resto del Gobierno simples funcionarios algunos muy buenos como López Rodó) son sustituidos por los iluminados. De acuerdo con este enfoque, la política no sería similar ni al boxeo (mero choque o gestión entre actores ya existentes) ni siquiera al ajedrez (alianzas, movimientos y tácticas con piezas ya dadas) sino a una continua guerra de posiciones para construir los bandos (las identidades), los términos, y el terreno mismo de la disputa. 







En el caso español, donde algunos firman ya el Acta de defunción del bipartidismo cuando éste no es un simple deseo del electorado sino que está forzado por el sistema electoral y la circunscripción provincial (UCD desapareció y fue sustituida por el PP), se ha querido sustituir la fuerza hegemónica de la izquierda y para ello han utilizado a una camarilla de profesores universitarios (Ciencias Políticas) buenos dialécticos, entrenados en internet y en televisiones locales pero lanzados por los canales nacionales controlados por grandes empresarios. Unos individuos a sueldo de Venezuela e Irán por trabajos desconocidos, miembros de las corrientes rojas, amigos de Batasuna y del separatismo radical catalán. 







De los potentados alemanes sabemos sus objetivos gracias a los historiadores; de los españoles, Roures y Lara, no sabemos las razones pero sí que hay algo en común entre Hitler y Pablo Iglesias: que se consideran investidos de una misión y que ambos han escrito sendos libros revelándola.  La abstracción politológica no tiene nada que ver con el arte de la política al igual que ser inspector de hacienda no tiene nada que ver con ser empresario. Otra diferencia entre PODEMOS y el resto de los movimientos populistas europeos e hispanoamericanos es el nacionalismo, ya que el movimiento español se presenta decidido a destruir el Estado. Son los iluminados y se llevarán por delante a quien les ha dado vuelo en sus medios de comunicación, en sus televisiones.

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