6 ago. 2016

Jacques Hamel

El día 26 de julio en una pequeña iglesia normanda, el Padre Jacques Hamel decía misa. Tenía 86 años y estaba retirado hacía tiempo aunque se sentía bien de salud y ayudaba a los sacerdotes más jóvenes para cubrir las bajas. 
Pero esa misa en Saint Etienne du Rouvray no iba a terminar según lo previsto; dos individuos agentes de DAESH entraron en el templo y tomaron a los asistentes como rehenes, luego asesinaron al Padre Jacques según el ritual satánico de esos descerebrados, desclasados. 





 





La vida de los terroristas había transcurrido en Francia pero en sus pocos años ya habían aprendido a odiar. Conviene citar que esa gente no sólo es hija de un peculiar islamismo radical sino también de la llamada sociedad del espectáculo, por eso no mataron sin intentar filmar la puesta en escena: un pobre anciano que representa la vieja Francia, en cuanto pasado monocultural y también en cuanto sin futuro. Un hombre mayor normando de nacimiento y de nombre Jacques (Santiago) y ellos la definitiva versión de un Islam juvenil, el futuro de Europa, Eurabia. 



La puesta en escena, el efecto del terrorismo en cuanto imagen ya se utilizaba en Europa antes de la islamización; una práctica de los grupos iluministas. La realidad, sin embargo, es que la sanguinaria sin razón, que tanto atrae a miles de fanáticos, está atrayendo al cristianismo a jóvenes árabes europeos que se horrorizan del fundamentalismo y la crueldad. Francia y por ende Europa caminan sin pausa hacia una guerra civil de incierto resultado, en un futuro no lejano.

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