9 dic. 2016

Marco Polo y el orientalismo

A partir de un cierto momento en la historia, el desarrollo de la civilización occidental crea la noción de lo exótico, un término que une lo lejano de un territorio (oriente) pero desde una prespectiva de superioridad. Así pues, el orientalismo supone de hecho un tipo de hegemonía cultural y a la vez un movimiento que tiene por objeto el estudio de oriente tan atractivo a occidente en esta época de globalización en la que hay grupos de jóvenes que se han visto obligados ya sea en la Segunda Guerra Mundial, en la guerra de Corea o en la de Vietnam a conocer ese mundo oriental que hoy gracias al turismo nos es aparentemente tan próximo. 
















Pero resulta necesario conocer la visión de oriente antes del surgimiento del exotismo, cuando no existía esa idea de superioridad y oriente era el misterio y a veces el peligro.  
De esta forma hay que desplazarse a un tiempo anterior al siglo XVI y desde luego muy alejado de la época actual (téngase en cuenta que China y Japón organizaron misiones diplomáticas a España ya a principios del siglo XVIII). Iremos al mundo misterioso de la ruta de la seda y de las especias, al imaginario reino del Preste Juan situado en Catay o en Etiopía, al lugar donde se enviaban mensajeros sin saber muy bien para qué como Ruy González de Clavijo. 





 





Marco Polo, de quien dicen que no estuvo en China pero que recopiló el libro del Millón de las aventuras de su padre y sus tíos, mezcla fantasía y realidad sobre el imperio de Kublai Khan. El viaje, que servía para enriquecer a una familia por generaciones, era una aventura semejante a los primeros viajes espaciales observándose desde fuera las más diversas religiones y prácticas. 





 





Colón fue un declarado admirador de Marco Polo y organizó su viaje a las Indias pensando llegar a Catay en un mundo redondo pero más pequeño que el real.

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