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22 jul 2012

San Pedro el Viejo

La iglesia de San pedro el Viejo de Huesca es una magnífica representación del románico altoaragonés. Se sitúa en el casco antiguo de la ciudad. Antes de ser iglesia católica fue templo romano sin que pueda descartarse que hubiese sido también templo de los antiguos indígenas. Como se puede apreciar es un lugar cargado de resonancias taumatúrgicas, un sitio mágico en un país mágico. Fue también templo visigodo, luego mozárabe y finalmente románico.

















Según la bula del papa Pascual II, de mayo de 1107, "La antigua iglesia con su cementerio era la única que había subsistido en la ciudad de Huesca, habiendo dispuesto de ella los cristianos durante la dominación musulmana"
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Del primitivo templo mozárabe ha quedado muy poco. La zona más significativa es la capilla de San Bartolomé, que fuera sala capitular del monasterio benedictino y que hoy ostenta la función de panteón real.



















En el panteón real están enterrados importantes reyes aragoneses que lo fueron también de Navarra, lo que demuestra la estrecha ligazón de los reinos hispánicos en sus orígenes.

















Quizá la figura más destacada allí enterrada, junto al Batallador, sea Ramiro II el Monje. Este rey tuvo que hacerse cargo de la corona por fallecimiento sin herederos del gran monarca Alfonso I el Batallador. Antes había estado como religioso en Francia y después en Huesca precisamente en San Pedro el Viejo siendo más tarde Obispo de Roda; su hija Petronila se casó con Ramón Berenguer IV conde de Barcelona, de manera que ese es el origen de la Casa de Aragón.

5 nov 2010

El Conde de Aranda












D. Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea, X conde de Aranda, nació en su castillo de Siétamo (Huesca) el 1-VIII-1719 y se graduó en la Universidad Sertoriana de Huesca, en cuyo paraninfo ocuparía lugar de honor su retrato.




























A lo largo de su vida se cuenta con el servicio a cuatro reyes: Felipe V, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV, resulta difícil establecer una escala de valores que dé la medida exacta de este aragonés dos veces grande de España de 1ª clase, que llegó a ser el capitán general más joven de Carlos III y que alcanzó, entre otras metas, la de embajador en Portugal (1755-56), director general de Artillería e Ingenieros (1756-58), embajador en Polonia (1760-62), general jefe del ejército invasor de Portugal (1762-63), presidente del Alto Tribunal Militar que juzgó a los oficiales que perdieron La Habana, conquistada por los ingleses (1764-65), capitán general, presidente de la Audiencia y virrey de Valencia (1765-66), presidente del Consejo de Castilla y capitán general del mismo reino (1766-1773), embajador y ministro plenipotenciario de España en París (1773-1787) y, finalmente, secretario interino de Estado o primer ministro de Carlos IV (1792), para luego seguir como decano del Consejo de Estado (1793-94).




















De su preocupación americanista, para conservar las posesiones españolas de ultramar, hay testimonios que dejan constancia de que ésta era una idea obsesiva en Aranda, la cual le llevó a proponer una serie de soluciones que no fueron atendidas, a pesar de que la historia acabaría dándole la razón en lo que maravilla su profética visión del futuro.








Entre las soluciones destaca la de conceder la independencia de los virreinatos, otorgando la corona de estos a infantes de España, había muchos, de manera que inventó la Commonwealth antes que los ingleses.



















De la vinculación del conde de Aranda a Aragón quedan pruebas fehacientes a través del célebre "Partido Aragonés" o de la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, donde manifestó su especial interés por las obras de Aragón, como la construcción del Canal Imperial de Aragón, o sus proyectos por hacer navegable el Ebro, o simplemente sus esfuerzos por paliar "tantos daños y abandonos que de siglos tienen aniquilado el Reino de Aragón".