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8 ago 2015

Garrigues

                                          




Los Garrigues han sido desde siempre una familia de tradición política; el padre de la saga fue diplomático y ministro, con Franco y en la transición; un hijo fue uno de los cerebros del cambio de régimen y de la UCD, Joaquín Garrigues, pero murió y el representante actual de esta gran familia, Antonio, no deja de divagar y actuar sin sentido.
Antonio Garrigues, por herencia, figura en los foros de discusión más influyentes como la Comisión Trilateral, su bufete es uno de los más importantes de Madrid pero de vez en cuando nos regala perlas como este artículo en la tercera de ABC.




Inteligencia artificial

ABC | Antonio Garrigues Walker



Stephen Hawking ha planteado esta confrontación en términos dramáticos: «La inteligencia artificial puede suponer el fin de la humanidad». Según este científico, los sistemas avanzados de inteligencia artificial tendrán la capacidad de «tomar el control de los mismos, rediseñándose a un ritmo que aumentará cada vez más», un ritmo que «los humanos, limitados por su evolución biológica, no podrán seguir, y serán superados».

Ray Kurzweil –para algunos, un visionario narcisista, y para Bill Gates, «el mejor predictor del futuro de la inteligencia artificial»– tiene una visión más optimista sobre el futuro de la raza humana, aunque acepta que en 2029 los computadores alcanzarán nuestro nivel de inteligencia, pero mantiene que lograremos superar el proceso de envejecimiento y aspirar a una vida sin límite temporal, aunque sea conectados a un computador. Por de pronto ingiere cada día 150 pastillas diferentes y se inyecta un cóctel de vitaminas, suplementos alimenticios y sustancias químicas.






Entre estas dos posturas hay opiniones de todo género y para todos los gustos. El Wall Street Journal reunió recientemente a varios expertos para debatir estos temas. Un directivo de IBM, Guruduth Banavar, cree que el «peligroso» conflicto entre máquinas y seres humanos es un conflicto falso alimentado por las películas y las novelas de ciencia ficción y que lo que ha mejorado y va a seguir haciéndolo es la colaboración entre ambos y que esa sinergia ha dado lugar ya a avances espectaculares y seguirá haciéndolo en el futuro. Las máquinas aportarán lo que no pueden hacer los humanos –y en concreto el manejo de datos masivos, los «bigdata»–, y los humanos aquello para lo que las máquinas no están capacitadas, como la formulación de preguntas y los razonamientos lógicos.




Jean Tallin –creador de un «centro sobre el riesgo existencial y el futuro de la vida»– es más sensible a los potenciales peligros de la inteligencia artificial y aconseja que se adopten desde ya las debidas precauciones para que las máquinas no estén en condiciones de tomar por sí mismas –como ya ha sucedido en el mundo financiero y en el médico– decisiones irresponsables. «Es importante –afirma– que mantengamos un cierto control sobre la posición de los átomos en nuestro universo y no cederlo inadvertidamente al mundo de la inteligencia artificial».

Paul Saffo, profesor de Stanford y también de la Singularity University (Universidad de la Singularidad) que fue fundada por Ray Kurzweil, afirma que las máquinas podrán hacer cualquier cosa, ¡incluso sushi!, y que, de hecho, ya estamos rodeados de máquinas que hacen todo mejor que nosotros. Añade que el problema no es, por lo tanto, si habrá o no inteligencia artificial, sino cuál será el lugar que ocuparán los seres humanos en un mundo cada vez más influenciado y dirigido por máquinas.






Siguiendo en esta línea, la revista Edge preguntó a varios expertos si las máquinas podrían llegar a pensar, y las reacciones están llenas de interés: el físico y premio Nobel Frank Wilczek lo ve como una posibilidad remota pero asumible, y afirma que «conforme avanza la neurociencia molecular y los ordenadores reproducen cada vez más los comportamientos que denominamos “inteligentes” en humanos, esa hipótesis parece cada vez más verosímil». El astrofísico John Mather coincide con Wilczek y afirma que «hasta ahora no hemos encontrado ninguna ley natural que impida el desarrollo de la inteligencia artificial, así que veo que será una realidad y bastante pronto», teniendo en cuenta las ingentes inversiones que se están realizando. Por el contrario, el filósofo Daniel Dennett considera esta posibilidad una leyenda urbana y afirma que el peligro no está en que existan máquinas más inteligentes que nosotros, sino en la cesión de nuestra autoridad a máquinas estúpidas e irresponsables, que es justamente lo que estamos haciendo.





¿Cómo penetrar en este debate? ¿Cómo orientarse ante tanta complejidad? Además de renunciar a cualquier tentación dogmática, sería útil tener en cuenta las siguientes ideas básicas, que son también enteramente discutibles y necesitan ser discutidas.

—Los seres humanos se han adaptado y se seguirán adaptando con naturalidad y sin excesivos problemas a todos los cambios tecnológicos y científicos que se produzcan. De hecho, ya se han producido cambios (el avión, la imprenta, la luz eléctrica, entre ellos) más esenciales, en términos de situación cultural, que los que estamos viviendo en la actualidad. Es cierto que el proceso se ha acelerado y se va a seguir acelerando de forma significativa, pero si pensamos en las transformaciones tecnocientíficas de los últimos veinticinco años nos asombraremos de que la condición humana se haya mantenido intacta, y, por lo tanto, es perfectamente previsible que suceda lo mismo en el futuro. ¿Es esto así o nos enfrentamos a un cambio mucho más esencial y transformador que los anteriores?

—La diferencia entre máquinas y seres humanos podría residir fundamentalmente en el terreno de las emociones y los sentimientos, y la pregunta inevitable es si las máquinas podrán llegar a tenerlos. En ese terreno no hay duda de que las máquinas podrán crecer asombrosamente en inteligencia, pero la idea de que algún día pudieran también tener emociones (miedo, alegría, celos, amor, envidia, vanidad, etc.) resulta para una mayoría de científicos inasumible, aunque haya también excepciones a esta posición. Para muchos expertos la evolución y la sinergia de la nanotecnología y la biotecnología podrían lograr que los átomos de un robot pudieran funcionar de tal forma que dieran lugar a emociones auténticas. Nuestro médico Pedro García Barreno afirma, en este sentido, que «la apropiación exclusiva por la especie humana del mundo de las emociones es un mero acto de soberbia».

—Lo que parece claro es que este tema requiere un tratamiento multidimensional y multicultural. Como decía Karl Popper, «los problemas pueden atravesar los límites de cualquier disciplina. Somos estudiosos de problemas, no de disciplinas». Lo primero que tenemos que hacer es conocer a fondo –y el desconocimiento real es prácticamente absoluto– lo que está sucediendo en el mundo de la ciencia y la tecnología, incluyendo sus propias inquietudes y dilemas. Y después de ello habrá que organizar debates sobre la inteligencia artificial, y otros muchos temas derivados, en los que, juntamente con los científicos, participen filósofos, sociólogos, juristas, economistas, políticos y representantes del mundo cultural y de las profesiones liberales, para que unos y otros manifiesten sus posturas y sus inquietudes y se enriquezcan con las perspectivas ajenas. Solo así podremos aproximarnos a una forma de verdad sobre la que fijar actitudes y tomar decisiones.

–Y un último pensamiento: visto lo visto en el mundo actual, la idea de que una máquina supere la inteligencia humana no parece un reto excesivo. Ese es uno de los temas que se abordan en la ópera «My square Lady», de Gob Squad, que se acaba de estrenar en la ópera de Berlín, en la que a través del diálogo con el robot Myon se intenta concretar qué es lo que convierte a una persona en persona y cómo podría un robot lograrlo.




Antonio Garrigues Walker, jurista.

30 sept 2010

Ciclos de civilización

Como ya dije en otra entrada del blog (aquí), no creo que sea incompatible la seriedad de la ciencia y la alta cultura con ratos de diversión más relajada y sencilla como es el caso de los libros pulp y las historietas de Conan el bárbaro.















El universo de la trama se reduce a fantasear sobre la existencia de civilizaciones perdidas, grandes ciclos que cuando desaparecen dan lugar a regresiones hasta el paleolítico. Así, en las historias de Conan, se nos habla de Conan de Cimmeria que fue el sucesor de un personaje anterior de Robert E. Howard: Kull de Atlantis.







Durante meses estuvo Howard en busca de un nuevo personaje para el floreciente mercado de venta de relatos pulp de principios del decenio de 1930. En octubre de 1931, presentó un relato corto titulado People of the Dark (La gente de la oscuridad) a una nueva revista titulada Strange Tales of Mystery and Terror (Relatos extraños de misterio y terror) en junio de 1932.


















En dicha historia aparece Conan, un guerrero de pelo negro protegido por una deidad llamada Crom, que los estudiosos de Howard creen que fue un esbozo de lo que vendría después.







En febrero de 1932, Howard tomó unas vacaciones en una ciudad fronteriza en la parte baja del río Bravo para disfrutar de la cultura local. Durante este viaje concibió el personaje de Conan y escribió el poema Cimmeria, gran parte del cual contiene extractos de "Las Vidas Paralelas", de Plutarco.








Según ciertos autores es muy probable que se inspirara en el libro de Thomas Bulfinch The Outline of Mythology (El esbozo de la mitología, 1913) para la concepción de su Era Hiboria. Tras el viaje reescribió la historia de Kull, By This Axe I Rule! (¡Con este hacha gobierno!, mayo 1929) con un nuevo título, The Phoenix on the Sword (El fénix en la espada) y con Conan como protagonista, en febrero de 1932. También escribió The Frost Giant's Daughter (La Hija del Gigante de Hielo), inspirada en el mito griego de Dafne, y envió ambas a la revista Weird Tales, aunque sólo la primera fue aceptada y publicada en diciembre de 1932.
















Esta revista pulp norteamericana de ciencia ficción, fantasía y terror se hizo famosa por publicar relatos de notables autores como Howard Phillips Lovecraft, Clark Ashton Smith, Tennessee Williams, Robert Bloch, Seabury Quinn y otros. La gran aceptación de The Phoenix on the Sword por parte de los lectores causó que el editor, Farnsworth Wright, pidiera a Howard que escribiera un ensayo de 8.000 palabras en el que se detallara la época de Conan.

















Howard escribió entonces el ensayo titulado The Hyborian Age (La Edad Hiboria) y lo usó como directriz para el trazado de su próximo relato, The Tower of the Elephant (La Torre del Elefante), el primero que integraba su nueva concepción de la Era Hiboria.








Al describir el final cataclísmico de la Era Thuria, el período en el que se sitúan los relatos de su personaje Kull de Atlantis, Howard unificó ambos escenarios ficticios en un único universo compartido. Otros relatos de Howard establecieron también un nexo con el mundo real: The Haunter of the Ring, situado en la actualidad, incluye la descripción de un artefacto hiborio y Kings of the Night trasladó adelante en el tiempo a Kull para hacerlo combatir contra las legiones romanas.

















Todo esto son versiones del eterno retorno, en el que nuestra imaginación se complace en que lo que pasa a ocurrido ya una y mil veces.