2 sept. 2012

La mentira mueve el mundo

La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira. La civilización del siglo XX se ha basado, más que ninguna otra antes de ella, en la información, la enseñanza, la ciencia, la cultura; en una palabra, en el conocimiento, así como en el sistema de gobierno que, por vocación, da acceso a todos: la democracia. Sin duda, igual que la democracia, la libertad de información está en la práctica repartida de manera muy desigual en el planeta. Y hay pocos países en los que una y otra hayan atravesado el siglo sin interrupción, e incluso sin supresión durante varias generaciones.









Pero, aunque incompleto y sincopado, el papel desempeñado por la información en los hombres que deciden los asuntos del mundo contemporáneo, y en las reacciones de los demás ante esos asuntos, es incontestablemente más importante, más constante y más general que en épocas anteriores. Los que actúan tienen mejores medios para saber sobre qué datos apoyar su acción, y los que experimentan esa acción están mucho mejor informados
sobre lo que hacen los que actúan.
















Que nuestras opiniones, aunque sean desinteresadas, proceden de influencias diversas, entre las cuales el conocimiento del sujeto figura demasiado a menudo en último lugar, detrás de las creencias, el ambiente cultural, el azar, las apariencias, las pasiones, los prejuicios, el deseo de ver cómo la realidad se amolda a nuestros prejuicios y la pereza de espíritu, no es nada nuevo, desde el tiempo en que Platón nos enseñó la diferencia entre la opinión y la ciencia. Tanto menos nuevo cuanto que el desarrollo de la ciencia desde Platón no cesa de acentuar la distinción entre lo verificable y lo inverificable, entre el pensamiento que se demuestra y el que no se demuestra.









Pero comprobar que hoy vivimos en un mundo más modelado que antaño por las aplicaciones de la ciencia no equivale a afirmar que más seres humanos piensen de manera científica. La inmensa mayoría de nosotros utiliza las herramientas creadas por la ciencia, se cuida gracias a la ciencia, hace o no hace niños gracias a la ciencia, sin tomar parte, intelectualmente hablando, en el orden de las disciplinas de pensamiento que engendran los descubrimientos que disfrutamos. Por otra parte, incluso la ínfima minoría que practica estas disciplinas y accede a este orden adquiere sus convicciones no científicas de manera irracional.






Jean François Revel



















Como he dicho en otra entrada somos monos locos, de manera que lo razonable, más que lo racional, brilla por su ausencia; así los grandes acontecimientos de la historia quizá han sido modelados por esa razón que engendra quimeras más que por la ciencia de la que habla Revel. Fijémonos sin ir más lejos en el propio origen del Occidente, ese Occidente del que saldrá la civilización industrial y tecnológica que se ha impuesto en el mundo entero. En el origen está el camino de Santiago, una ruta que genera una civilización pero ¿por qué la gente peregrina a Santiago?








Porque ha aparecido en el Campus Stellae el sepulcro de un apóstol de Cristo muerto en Palestina en el siglo primero. ¿Y cuándo ha aparecido? En el siglo noveno; démonos cuenta, en una época en la que viajar era una aventura muy cara, trasladan el cadáver de alguien muerto en Palestina para enterrarlo en Galicia y en el siglo nueve Teodomiro encuentra la tumba porque se lo indica una estrella. Éste es uno de los hitos de Occidente, un hito como no podía ser de otra manera cristiano pues el Occidente cristiano se sostiene en el Cristianismo que nos habla de un Dios hecho hombre nacido de una Virgen.


















Y qué decir de la ciencia que se nos aparece como si fuese una religión en la que hay que creer, con sus mandamientos, el santo evolucionismo, el calentamiento global, sus sacerdotes y su inquisición. Por eso es necesario desentrañar críticamente la Historia porque el pueblo que olvida su Historia tiende a repetir lo peor de ella. Estamos viéndolo en el día a día, la mentira se ha impuesto como una virtud y la política se ha convertido en una farsa.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La libertad de información no existe. Todo está manipulado y nos llevan por donde quieren. No hay más que ver las noticias de los distintos canales para verlo.
Además cuando la cosa se "desmanda", nos plantan un partido de futbol y fin del problema, todos distraidos.

interbar dijo...

Por eso es tan importante analizar críticamente la información, intentando encontrar fallos lógicos.