21 oct. 2012

El Imperio Americano

A lo largo de la historia, los diversos imperios que han existido se han constituido en relación con los condicionantes económicos y tecnológicos, siguiendo siempre las categorías de tiempo y lugar. El Imperio Americano, heredero del Inglés, es material y espiritualmente distinto a éste. Los ingleses hicieron evolucionar su imperio hacia un mecanismo de obtención de materias primas y mercados que requería el control de la soberanía del territorio. Los USA utilizan su poder para realizar esos mismos negocios con naciones más o menos soberanas; sin embargo, los norteamericanos no están exentos de razones espirituales que van más allá de la carga del hombre blanco. 








                                









Casi desde el momento de su independencia, los USA han sido una potencia al menos de índole regional, y esto ya lo vio Napoleón en su prisión de Santa Elena. La existencia de colonos americanos en los territorios de Nueva España, muy despoblados, llevó a conquistar las provincias del norte de Méjico, luego el hundimiento accidental, si no autoprovocado, del navío USS Maine les dio la excusa para llevar a la práctica el deseo señalado 70 años antes por el Presidente Monroe. El trato dado a España posteriormente, los americanos compraron Cuba, Puerto Rico y Filipinas, demuestra ya una cierta preocupación por la moralidad de sus actos, al menos de forma aparente, de cara a su propia opinión pública.






 







La intervención en la Primera Guerra Mundial, con unos USA constituidos en la primera potencia económica que no militar, pone de manifiesto un interés en las cosas de la gobernanza mundial, aunque todavía ese interés no alcanzaba a convencer a amplias capas de su élite ni al pueblo. La intervención fue consecuencia del hundimiento del navío comercial Lusitania que, ahora, sabemos se produjo tras el aviso dado por Alemania de que conocía la existencia de transporte ilegal de armas y repuestos bélicos para Inglaterra. El Presidente Franklin Delano Roosevelt, a pesar de ser un "liberal" convencido, casado con una mujer criptosocialista y el padre del programa socialdemócrata New Deal, comprendió que una potencia del tamaño y poder de los USA debía ejercitar ese poder o de lo contrario generaría un vacío que llevaría a la agresión. 







 








La excusa para entrar en la Segunda Guerra Mundial fue el ataque a Pearl Harbour, producido sin previa declaración de guerra, aunque los americanos sabían que se iba a producir y por eso preservaron sus grandes portaaviones. Todo cambió tras la guerra, el enfrentamiento de bloques y su poderío llevaron a los USA al liderazgo de Occidente y, como dijo el Presidente Eisenhower, al predominio nacional del complejo militar e industrial.



















La Historia de la guerra fría está salpicada de guerras calientes, como la de Corea (tablas) y la de Vietnam con derrota de la Superpotencia. La excusa para bombardear masivamente Vietnam del Norte fue el famoso incidente del golfo de Tonkín, donde los norteamericanos simularon un ataque a sus navíos. La victoria en la guerra fría, y el mundo de la globalización e internet, lleva a nuevos retos al Hegemón resultante. ¿Cuál será el papel de las organizaciones plurinacionales de defensa que se crearon en la guerra fría?¿Cuáles los retos de esta posguerra fría?







 







La primera de las amenazas que prevalece en estos tiempos es la de la "guerra en red", redes armadas de actores estatales y no estatales. Incluyen grupos paramilitares organizados en torno a un líder carismático, señores de la guerra que controlan territorios concretos, células terroristas, voluntarios fanáticos como los mujahidines, organizaciones criminales, unidades de fuerzas regulares u otros cuerpos de seguridad estatal, así como mercenarios y compañías militares privadas. 







 








Un segundo tipo de guerra es la llamada "guerra espectáculo". Es la guerra que lleva a cabo principalmente Estados Unidos. La guerra espectáculo implica guerra a larga distancia, utilización de aviones ultramodernos y tecnología de misiles o, para prevenir bajas en las filas propias, "guerra por poderes", como la de la Alianza Norte en Afganistán.







 







El tercer tipo de amenaza puede describirse como "guerra neomoderna". Y tiene en cuenta la evolución de las fuerzas armadas clásicas en los grandes países en transición. Estos países están experimentando una transición: de economías centralizadas, están pasando a sistemas más abiertos al exterior y orientados al mercado, que, sin embargo, son lo suficientemente grandes como para mantener un sector público considerable e impedir la descomposición. Los ejemplos típicos son Rusia, China y la India. 







 






Ante este panorama, la perspectiva norteamericana, y sobre todo tras los ataques del 11 de septiembre, se reafirma en el uso de la fuerza como instrumento de política exterior y en su sesgo hacia un unilateralismo que olvida demasiadas veces el derecho internacional. La alianza radical y estabilizadora entre USA y Europa propia de la guerra fría, que apoyaba el Mercado Común, no se compadece con la desconfianza y desinterés de los USA actuales frente a la burocrática UE y al euro. La disminución de fuerzas norteamericanas en Europa es consecuencia de esto y de la necesidad de tropas en otros escenarios (Iraq o Afganistán), por eso de manera paralela a Rusia, aunque no sincrónica ni tan rápida, los USA retiran efectivos de sus bases en Centroeuropa permaneciendo en las bases mediterráneas: Rota, Morón, Aviano e Incirlik con jefatura en Inverness.







 







La llamada primavera árabe, que no se podría haber producido sin el visto bueno de los USA y que tiene como característica la subida al poder de gobiernos islamistas (promocionan la caridad), la crisis económica que desestabiliza a Europa, el surgimiento de tensiones nacionalistas en todo el globo y el creciente interés norteamericano en los países asiáticos productores de petróleo y el sudeste asiático, van a marcar en buena medida la evolución de los acontecimientos y la acción hegemónica de los USA, con la posibilidad de guerras calientes en China, Palestina y en el mundo árabe, sin contar la política occidental de rapacidad en África.

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