23 jun. 2013

El nacionalismo y la demografía

A propósito de las diferencias étnico culturales que nos empeñamos en descubrir en la Piel de Toro, resulta que, desde el punto de vista demográfico y según la cátedra de Demografía de la facultad de Sociología en Madrid, si no se hubiese producido la descomunal emigración hacia Cataluña desde finales del siglo XIX hasta los años ochenta del XX, en casi un siglo, los habitantes de Cataluña hubieran sido 2.000.000 y no 6.000.000 como eran en 1980.













En el caso vasco, en el mismo periodo, se produjo una inmigración de intensidad similar, y si ésta no se hubiese producido su número de habitantes en 1980 hubiera sido un tercio de los reales. Hay que fijarse en el hecho de que no hablo más que de un periodo muy corto de unos 90 años ya que antes había habido inmigración y ésta ha continuado después con muchos extranjeros. Tampoco hay que olvidar que tanto vascos como catalanes se han instalado en el resto de España, de manera que uno de los apellidos españoles más comunes es García, de origen vasco, y que comerciantes catalanes los ha habido en todas las capitales de provincia y en pueblos grandes.





 






Tanto en Cataluña como en el País Vasco hay que irse más allá del puesto diez en abundancia para encontrar apellidos que no sean López, Pérez, Martínez, Sánchez y Rodríguez. El castellano es tan común en el 70% del territorio vasco que muchos fueros estaban redactados en esa lengua por otro lado vasca, nacida en la Bureba ese territorio común a Álava, La Rioja y Burgos. El castellano es lengua común y jurídica en Cataluña por lo menos desde el Compromiso de Caspe. Viendo estas realidades se observa la enorme impostura y la tremenda estupidez a la que estamos sometidos.





Cuando se nos habla de los derechos forales como de las antiguas constituciones que sustentan el "derecho a decidir", hay que especificar que el Derecho foral no era de Cataluña o del País Vasco sino de los catalanes (y de los vizcaínos  o guipuzcoanos), es decir un derecho subjetivo. Era un derecho de linaje, de manera que los habitantes no naturales del país no lo tenían. Si dos tercios de los genes vascos (y catalanes) vienen de fuera, en esa medida su derecho es común y no foral. Todo esto de manera independiente a que el derecho foral a quien otorga la soberanía es al Rey, es decir al pueblo español.

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