24 jul. 2013

Las riquezas del Vaticano










Hace unos años, hice un viaje por Italia recorriendo las ciudades y destinos clásicos, también Roma, y claro visité el Vaticano; con sus inmensas riquezas artísticas y con su inmensa pequeñez en tamaño. Durante esos días, cené con un matrimonio de bilbaínos retirados los que entre garbanzo y tropezón despotricaban contra las riquezas vaticanas, "cuánto mejor vender esas obras de arte y dar el dinero a los pobres"; cuando se cansaron de su rancio anticlericalismo, me hablaron de sus muchos viajes (Atenas y la Argentina), al parecer ellos estaban exentos de escandalizar con sus posibles.

















Así que decidí contestar; les expliqué que quienes pagaron ese arte querían honrar a su Dios, que si la Iglesia decidiese vender esas obras Italia no lo permitiría, que el turismo permite vivir al Vaticano y que la Iglesia necesita cierto dinero para funcionar en su misión y en su caridad. El hambre y la necesidad se comienzan a resolver cuando a la gente se le enseña a pescar no cuando se le da pescado. Quienes han decidido ayudar económicamente al tercer mundo buscan a la Iglesia, los misioneros son los más fiables.

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