1 ene. 2016

Suicidio demográfico


Leído en ABC


El secreto de la estabilidad de una pirámide está en su ancha base y su estrecha cúspide. Pero en 2064 el 21% de la población española tendrá más de 80 años. La gráfica de nuestro país será una pirámide, pero invertida. Y así es difícil mantenerse en pie.



Según Alejandro Macarrón, director general de la Fundación Renacimiento Demográfico, «vamos hacia un suicidio demográfico. Se trata del problema de fondo más grave que afronta la sociedad española porque potencialmente nos lleva a la extinción, y ni siquiera se habla de él. En ningún discurso de investidura de ningún presidente, ni siquiera en el del Rey Felipe VI, se ha hablado de la crisis de natalidad. Y es un problema que amenaza dejarle literalmente sin Reino», lamenta.



Para que al menos se sepa a lo que nos enfrentamos, la Fundación Valores y Sociedad, presidida por Jaime Mayor Oreja, organizó ayer en Madrid un debate de primer nivel, en el que intervinieron el expresidente de la Comunidad de Madrid, exalcalde de Madrid y exministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, y el expresidentes de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, que es además demógrafo.





Crisis de valores





«El problema del desplome de la natalidad se debe a una profunda crisis de valores de nuestra sociedad», explica Mayor Oreja. «Se ha perdido el aprecio por el significado de la familia. Nos hemos vuelto muy individualistas, cuando no hay sociedad más progresista que la que reconoce que detrás de una familia con hijos hay una tarea social de primera magnitud», asegura Mayor Oreja.



Incidiendo sobre este aspecto moral, Alberto Ruiz-Gallardón lanzó durante su intervención la pregunta de «¿qué tipo de sociedad estamos conformando y qué valores transmitimos?». Y él mismo intentó responderse. «Quizá no hemos entendido que además del bienestar hay obligaciones generacionales que si no se cumplen (la natalidad) pueden condenar a la inviabilidad el modelo social que nosotros heredamos», dijo el exministro, que reconoció que, de seguir la tendencia, «avanzamos no hacia un invierno demográfico, como dicen los optimistas, sino hacia un suicidio demográfico, como afirman los realistas».



Alejandro Macarrón insistió en la importancia de hacer visible un problema que «solo notan los que ven desaparecer sus pueblos. En un siglo habremos perdido el 75% de los jóvenes entre 20 y 40 años. Ahora mismo nacen los mismos niños que en el siglo XVIII».





Economía en decadencia





Saber a ciencia cierta lo que ocurrirá dentro de cincuenta años es difícil. Pero en base a la proyección de las cifras actuales, el panorama es desalentador. Más aún si, como advirtió Leguina, «seguimos una dinámica de prejubilaciones suicidas. El problema es que la economía durante la crisis actúa como la dinamita, y la demografía como una termita. Por eso los políticos se preocupan más de evitar el estallido que de combatir la carcoma de una sociedad que envejece».



Entre los problemas de ese envejecimiento, Macarrón señaló varios. «La consecuencia más grave es la extinción. Pero antes vendrá un largo período de agonía. Menos gente implica menos consumo y menos inversión. Las propiedades inmobiliarias se desvalorizarán porque cada vez habrá más casas vacías y nuestra fuerza laboral estará cada vez más envejecida. A nivel político, avanzamos hacia una gerontocracia. Los mayores serán mayoría y tratarán de que cada vez se transfieran más rentas para las pensiones, y habrá que subir los impuestos. Pero lo peor de todo será el impacto afectivo. El final de la vida de la gente que no haya tenido hijos puede ser muy triste», aventuró Macarrón.




Ruptura generacional





Gallardón aún quiso incluir un elemento más, el de la posibilidad de una «ruptura generacional». Y lo hizo recordando una frase de Taso Aro, ministro de finanzas japonés en 2013, cuando afirmó que «debería permitirse a los ancianos que se den prisa y mueran».



La caída de la natalidad, según Macarrón, «es el morir de éxito de una sociedad por la prosperidad conseguida. Todo esto puede ocurrir. Y los gobiernos deben contarlo a sus ciudadanos. Luego, que cada uno decida». Leguina recordó que «todas las encuestas confirman que los españoles tienen menos hijos de los que desean».



Cómo evitarlo





Pero en el debate sobre la dramática caída de la natalidad, también hubo ayer cierto optimismo, al menos, por parte de Leguina, que con la frase de Machado, «No está el mañana en el ayer escrito», recordó que, aunque basadas en datos reales, todo esto son proyecciones estadísticas. «Si somos racionales, esto no tiene por qué acabar en catástrofe», terminó diciendo Leguina.




Entre las posible medidas para paliar el desplome de la natalidad en España, los intervinientes en el debate de la Fundación Valores y Sociedad señalaron varios: Que el Estado explique sin eufemismos a sus ciudadanos que vamos hacia un suicidio demográfico, tienen derecho a saberlo; que se recupere el valor de la familia y explicar que nuestra civilización también exige sacrificios como el de tener hijos; que se compense vía impuestos a quienes tienen hijos porque son un bien para el país y no puede cobrar la misma pensión quien no ha tenido hijos que quien ha tenido cuatro; y que se apoye a las madres con reducción de sus cotizaciones a la Seguridad Social o que los años que han tenido que dejar de trabajar para atender a sus hijos computen de alguna manera.


10 claves del suicidio demográfico



a. c. Madrid.




1 Actualmente la media de edad de la población española es de 43 años, en 2060 será 54.


2 Ahora, el 6% de la población tiene más de 80 años, en 2064 serán el 21%. Hoy, los nonagenarios son el 0,9% de la población,en 2064 serán el 8,4%.


3 Ahora hay en España 3,6 personas en edad activa por cada persona en edad de jubilarse, en 28 años pasará a ser de 1,8 a 1.


4 En 2014, el porcentaje de hogares unipersonales era de 25%, en 2029 serán el 30%.


5 Ya hemos perdido el 20% de los jóvenes que había hace 15 años, en medio siglo perderemos la mitad y en un siglo el 75% de los jóvenes.


6 En 50 años, si la inmigración sigue siendo negativo, podríamos perder 10 millones de habitantes.


7 Las tasas de fecundidad son de 1,27 hijos por mujer, si descontamos a los inmigrantes, es de 1,22 hijos.


8 Menos gente implica menos consumo y menos crecimiento económico, además de un mayor gasto en atender a las personas mayores.


9 La caída de la población implica una desvalorización de las propiedades al quedar constantemente casas vacías.


10 Ahora mismo nacen, en números absolutos, las mismas personas que en el siglo XVIII, descontando la aportación de los inmigrantes, estamos con el mismo número de nacimientos que en el siglo XVI.





Ante este panorama se me ocurren algunas ideas para complementar este interesante artículo.
La referencia de estudio es España, país que ha sufrido crisis demográficas a lo largo de la historia por diversas razones. Evidentemente ahora es la primera vez que se produce por edonismo y crisis de valores. 
Sin embargo, no creo que sea sólo el bienestar o el confort lo que puede explicar este fenómeno, hay una política deliberada desde la Segunda Guerra Mundial para conseguir reducir la natalidad y el crecimiento demográfico por temor a una escasez de materias primas en una reedición del mathusianismo. La existencia de una economía que condena a la población a cierto tipo de austeridad, que magnifica la pobreza cómoda (lo que llaman economía sostenible), la ideología de género y la abierta promoción del aborto por la vía de hacer una sociedad imposible para las mujeres con hijos y sin medios. En España tenemos el triste consuelo de haber poblado en su día un continente donde podrán sobrevivir nuestro idioma y, en parte, nuestra cultura y nuestros genes pero el problema no se va a detener en España, o en Europa donde la situación es similar, va a ser un problema mundial.




La eliminación de los ancianos por la vía de una indeseada eutanasia, no como un derecho sino como una obligación, está a la vuelta de la esquina. El cambio en el modelo familiar no es algo natural en la evolución económica de la humanidad sino una programación subversiva por los aparatos de idiotización de masas. El modelo de sociedad y de educación lleva a esta situación; los grupos que buscan paliar o encauzar este problema deben conocer a qué se enfrentan y las claves sociales y económicas del conflicto. 

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