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21 jul 2014

El fenómeno "Podemos"


Me hago eco aquí de un artículo interesante sobre los nuevos grupos regeneracionistas surgidos en el 25M.




 

 

 

 

 

La irresistible ascensión de P.I.

El País | Antonio Elorza
La crisis económica ha sido la estructura de oportunidad en cuyo marco han surgido los nuevos movimientos sociopolíticos. En un caso (Syriza de Tsipras en Grecia), por agrupamiento de una izquierda antes fragmentada; en los otros dos (Movimiento 5 Estrellas del italiano Beppe Grillo, y Podemos, liderado por Pablo Iglesias, P. I. por abreviar), desde una radical novedad en medios y mensaje. La estructura de oportunidad puede compararse a un vacío en la vida política, en circunstancias como las actuales de creciente malestar económico y descrédito de los actores políticos tradicionales, que alcanza al propio régimen constitucional.






El espacio político tolera mal el vacío, de manera que para cubrirlo surgen las respuestas, a veces con una mezcla de acción insurreccional y populismo —por algo Chávez es un héroe para Podemos—, otras fundiendo mediante la violencia el carácter antisistémico en lo político con la conservación del orden social. No faltan nunca la visión maniquea de la realidad, la designación consiguiente de un círculo de los enemigos, el componente violento —verbal y/o físico—, la apelación directa al pueblo o a “los ciudadanos”, el menosprecio de la democracia representativa y la modernidad en la comunicación, salpicada de gestos demagógicos.





Hay una diferencia sustancial entre 5 Estrellas y Podemos. Basado en el blog y en las explosiones retóricas de Beppe Grillo, con su discurso de descalificación frente a “las dos castas”, a Europa y a lo que se le ponga por delante, 5 Estrellas eligió una estrategia de ataque frontal, visible en todo momento. En la vertiente opuesta, sin renunciar a una actitud de enfrentamiento con “la casta”, ni a la visibilidad, Podemos intenta conquistar áreas sucesivas del mercado político, y para ello el radicalismo verbal se encuentra acompañado de la simulación. Según P. I. ilustró por medio de una elegante metáfora, se folla desnudo, pero para ligar hay que vestirse. De hecho, propone más un disfraz que un traje, por lo que él mismo aclara al citar como ejemplo la actitud de Lenin en 1917, hablando de paz y no de revolución para lograr un máximo respaldo a su acción revolucionaria.






Sucedió ya con el programa electoral. A P. I. le repugna la democracia como procedimiento; contra ella, lancemos tuercas (título de su espacio en Tele K). Sin embargo, el programa rebosa de la palabra “democracia” como seña de identidad; sus propuestas serían la verdadera democracia. No conviene asustar. Al ocuparse luego del tema, habla de “reformar la Constitución”, solo que al explicarlo su contenido es el proceso constituyente, de raíz chavista. Del mismo modo que su soflama contra la prensa de los millonarios, de apariencia ultrademocrática, invoca bajo cuerda una “regulación” del Gobierno, realmente existente bajo Maduro y Correa y contraria a la libertad.
Ahí está su resuelto apoyo, más que a la autodeterminación, a la independencia de Cataluña y Euskadi, en la línea del “clase contra clase” de los años treinta, por ser procesos que contribuyen a la destrucción del Estado “de la oligarquía”. Hacia la opinión pública, conviene envolverlo en una empalagosa declaración sentimental de apego a España, seguida de un respeto “democrático” al derecho a decidir.
La cosa cambia si P. I. habla en una herriko taberna, ante quienes juzga auténticos representantes del pueblo vasco. El amor encuentra allí otro destinatario: lo mantendrá “cuando os vayáis…”, dice con ternura a los asistentes. Nada tiene de extraño, pues, su apoyo a Herrira, a los presos etarras, o a las negociaciones con ETA, lo cual es tan significativo como legal. La herriko taberna se convierte además en el espacio adecuado para contar una historia de la España democrática al modo abertzale y para progres a la violeta: el régimen de 1977 solo sería “una metamorfosis del franquismo”, la Constitución fue pacto de élites y excluye al “pueblo”, “un papelito”.





Nos movemos, pues, en el terreno de un engaño consciente, pues una cosa es la propuesta abierta y otra la intención real, de acuerdo con la máxima de P. I.: lo importante es ganar. De momento, toca inscribirse en el espacio de una izquierda intransigente, sin más aristas, para absorber a IU y preparar la OPA contra el PSOE. El supuesto de fondo es la necesaria latinoamericación de la política del Sur de Europa, con el ejemplo de los regímenes autoritarios y populistas. No importa que Venezuela sea un caos económico y que aquí no tengamos petróleo a 100 dólares para sostener el tinglado.
En esa dirección no hay crítica: el polo del bien abarca para nuestro hombre a todo país antiimperialista, incluido el Irán de los ayatolás, hasta Corea del Norte. Lo suyo no es la crítica del marxismo soviético. Ni de sus secuelas.
Antes de ponerse la máscara poselectoral, su ideario es claro. Antieuropeismo y antiimperialismo primario, con apoyo a cualquier tirano por el solo hecho de ser antiyanqui; adhesión a un patrón chavista que acepta la forma democrática vaciándola de contenido mediante la satanización y el ataque constante a la oposición, sin división de poderes, más el monopolio parcial de los medios; todo en busca del poder vitalicio del líder (“Chaves inmortal”). ¿Por qué extrañarse de la calificación de antisistema? Y algo peor si añadimos el exterminio del adversario. Ahí está el elogio de P. I. a la guillotina —“acontecimiento fundador de la democracia”— y a Robespierre, por aquello de que castigar al opresor es clemencia y perdonarle, barbarie. “¡Qué actual la reflexión de ese gran revolucionario!”, concluye.






El doble lenguaje permite a P. I. esconder lo que está al otro lado del espejo. Aquí entra en juego la auténtica revolución de Podemos, materializada en la comunicación política, desde la utilización constante de la videocracia, al desarrollo de la técnica de acceso y control del poder mediante la Red. No estamos ante la democracia líquida de los partidos piratas. Beppe Grillo y Casaleggio marcaron otra vía, que ahora sigue Podemos. Quedan configurados dos niveles de poder, el de la política local donde los meet-ups funcionan con autonomía y satisfacen la exigencia participativa, y el nivel central, donde los mecanismos de comunicación y elaboración de decisiones, como se ha visto en Italia, conjugan cohesión interna y dirección monolítica de Grillo. Contra lo previsto, las disidencias fueron rápidamente cercenadas, como aquí el brote de la Asamblea de Madrid. Los tuits resultan óptimos para machacar al adversario, mientras ningún grupo interno tiene capacidad para contrarrestar los mandatos del centro.






Sin duda P. I. y Errejón lograrán lo que una socióloga italiana llama el “centralismo cibercrático”, colocando el uso masivo de la Red, una ilusión de democracia directa, bajo dirección leninista. Solo falta que el PSOE permanezca anquilosado para que P. I. prosiga su ascenso.



Antonio Elorza es catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid.



Propiedad intelectual: los derechos corresponden al autor del artículo o al medio de comunicación en el que fue publicado.
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1 feb 2012

Capitalismo y comunismo

Parece que el culpable de todo lo que nos aflige es el malvado capitalismo, y que el olor a azufre se torna insoportable cuando se le añade la palabra neoliberalismo. Nadie recuerda que es imposible construir una economía moderna sin capital y que incluso el comunismo era una suerte de capitalismo de Estado, con abundante economía sumergida privada.





















La verdad es que la economía mixta de capital privado y estatal ha conseguido fabricar un mundo de más de 7000 millones de seres humanos; tremendo éxito biológico. El brutal crecimiento económico capitalista fue, en su tiempo, admirado hasta por Marx, que lo consideraba necesario como paso previo al socialismo.



















Si bien la utopía socialista no ha funcionado nunca, tampoco lo ha hecho la utopía liberal; todas las economías son mixtas y siempre hay un trasfondo mercantilista en los gobiernos, dado el origen del capitalismo moderno. El dinero no es otra cosa que un medio de intercambio en economías complejas, pues el trueque queda limitado en la complejidad; y hasta en una sociedad de cazadores recolectores se puede considerar capital al territorio de caza.






















La clave para desmontar la utopía marxista está en el reconocimiento del error en la tesis de disminución de la tasa de ganancia de las empresas; esto se puede intuir no solo por la teoría y la econometría sino por el sentido común, pues hay espacios económicos vedados a la gran empresa y aparecen siempre nuevas ideas, necesidades y nichos económicos.





















En cuanto al comunismo, y me refiero no al utópico sino al realmente existente, dos son los principales defectos que lo llevan inevitablemente al fracaso y consiguiente evolución: el colapso fiscal del estado y el paro encubierto. Esto se produce por la imposibilidad de encuadrar toda la actividad económica en el Estado, de manera que una parte muy importante se nos escapa entre los dedos en forma de economía sumergida.



















En realidad el comunismo adolece de los mismos defectos que tiene la economía en países capitalistas subdesarrollados (El Salvador en los ochenta) con una oligarquía que concentra la riqueza y que utiliza al Estado para anular al resto de la sociedad, sin permitir un Estado de Derecho. En estos casos la destrucción del sistema viene acompañada de monopolios con océanos de corrupción.

6 sept 2011

Gobernanza económica europea

La situación económica en Europa es catastrófica; estamos pendientes de un hilo para saber si los griegos podrán hacer frente a sus pagos o si quebrará Grecia.























En el horizonte, lo que aparece es el fin de la soberanía para los países de la zona euro y la entronización de una Alta Autoridad Europea Económico-Financiera. Las medidas de esta autoridad abrirían la puerta a bonos europeos y a la compra de deuda por parte del BCE, el precio: la pérdida de los restos de independencia de España.










Alemania habrá conseguido, sesenta y cinco años después, la victoria y la dirección de Europa. La Alta Autoridad, impuesta por los alemanes, ya que pagan, propondrá una unificación fiscal de la zona euro y fuertes limitaciones al endeudamiento a mayor gloria de las empresas alemanas. Como no tenemos la posibilidad de bajar los tipos de interés y devaluar la moneda, ya sólo nos quedará para competir: los salarios a la baja y aumentar las horas de trabajo.



























Para conseguir esto, se suprimirá la negociación colectiva, cada empresa negociará por separado, se suprimirá el límite de horas semanales de trabajo y, claro, se flexibilizará el despido. España no estará en condiciones de oponerse porque a pesar de que nuestra deuda pública no es la de peor estado en Europa, la deuda privada es descomunal, con todo el sistema bancario quebrado si se hicieran balances reales.










Por lo tanto a tragar; el Gobierno que venga tendrá que enfrentarse a una reestructuración y saneamiento del sistema bancario y a convencer a los sindicatos del fin de los convenios sectoriales o provinciales junto con la bajada de salarios reales, aumentando el tiempo de trabajo.


























Qué Dios nos pille confesados, e ilumine al que venga, dado que la tarea es hercúlea.

18 oct 2009

El futuro









Cuando Europa surgió de la Segunda Guerra Mundial, se encontró con el proceso de creación del Estado de bienestar.



















Occidente se enfrentaba a una URSS triunfante, a pesar de su descalificación económica o científica.


















El Estado de bienestar entró en crisis tras la subida de los precios del petróleo en 1973. En 1978, las ideas neoconservadoras se habían plasmado en la victoria de M. Thatcher en Inglaterra y se preparaba la victoria de R. Reagan en USA; teóricos de la izquierda occidental como C. Offe y J. Habermas hablaban de sustituir al Estado social por el voluntariado y la colaboración social, para evitar el colapso fiscal.

















El hundimiento del comunismo en la URSS, del Pacto de Varsovia y del COMECON parecían dar la razón a los vientos de la historia. ¿Cuál será la consecuencia sociohistórica de la crisis actual?