8 ago. 2010

Golpe a la hegemonía británica

Me sorprendo, poco a decir verdad, de la mínima importancia y el olvido en que caen siempre en España nuestros grandes héroes militares. He aquí un pequeño esbozo de los que consiguieron alargar nuestro periodo de hegemonía y retrasar el advenimiento de la hegemonía inglesa.
















La Invencible Inglesa o Contraarmada fue una flota de invasión enviada a la Península Ibérica por la reina Isabel I de Inglaterra en la primavera de 1589, en el marco de las operaciones de la Guerra anglo-española de 1585-1604.







Los anglosajones se refieren a ella como English Armada, Counter Armada o Drake-Norris Expedition. Esta última denominación se debe a que la expedición fue mandada por Sir Francis Drake, que ejercía de almirante de la flota, y por Sir John Norris en calidad de general de las tropas de desembarco.

















La intención de esta fuerza de invasión era aprovechar la ventaja estratégica obtenida tras la derrota de la Armada Invencible enviada por Felipe II contra Inglaterra el año anterior.








Los objetivos ingleses eran destruir los buques españoles supervivientes de la Grande y Felicísima Armada que se encontraban en reparación en los puertos de la costa cantábrica, principalmente Santander, para posteriormente provocar una rebelión en Portugal, país que había sido recientemente incorporado al Imperio Español, y finalmente hacerse con alguna de las Islas Azores.

















Esto último permitiría a Inglaterra tener una base permanente en el Atlántico desde la que atacar los convoyes españoles procedentes de América, lo que supondría un avance significativo hacia el objetivo más a largo plazo de arrebatar a España el control de las rutas comerciales hacia el Nuevo Mundo. La operación acabó en una derrota sin precedentes para los ingleses y constituyó un rotundo fracaso de dimensiones comparables a las de la famosa Armada Invencible española. A raíz de este desastre, el que había sido hasta entonces héroe popular en Inglaterra, Sir Francis Drake, cayó en desgracia.
















Otra de las grandes ocasiones en las que España vendió cara su hegemonía a los ingleses es la defensa de Cartagena de Indias por Blas de Lezo.
Los ingleses tuvieron entre 8.000 y 10.000 muertos y unos 7.500 heridos, muchos de los cuales murieron en el trayecto a Jamaica. En Cartagena había sucumbido la flor y nata de la oficialidad imperial británica.







Entre los navíos perdidos destacan seis navíos de tres puentes, 13 de dos puentes y cuatro fragatas, más innumerables barcos de transporte. Además perdieron 1.500 cañones e innumerables morteros, tiendas y todo tipo de pertrechos. Esto suponía una grave pérdida para la flota de guerra británica, que quedó prácticamente desmantelada y tardó mucho en reponerse.







La Royal Navy había sufrido la mayor derrota desde la Contraarmada y la más humillante derrota inglesa de toda la historia, que aún perdura en la actualidad.






Como resultado de esta batalla España fortaleció el control de su Imperio en América y quedó afirmado el dominio español sobre los mares durante 70 años más aproximadamente (hasta la batalla de Trafalgar) y con él la prolongación de la rivalidad marítima entre españoles, franceses y británicos hasta comienzos del siglo XIX. Para el Reino Unido, las consecuencias a medio plazo fueron mucho más graves.







Gracias a esta victoria sobre los ingleses, España pudo mantener unos territorios y una red de instalaciones militares en el Caribe y el Golfo de México que serían magistralmente utilizados por el teniente coronel Bernardo de Gálvez para jugar un papel determinante en la independencia de las colonias inglesas de Norteamérica, durante la llamada Guerra de Independencia Estadounidense, en 1776.






Las consecuencias estratégicas de esta victoria todavía se sienten, pues en hispanoamérica se habla español.















Otra ocasión es la que sigue, se trata del convoy apresado por los españoles en 1780 en el cabo de San Vicente. Estaba formado por 55 transportes, de los que fueron apresados 52 (36 fragatas, 10 bergantines y 6 paquebotes).Al divisar a la escuadra española (con algunas unidades francesas) al mando de don Luis de Córdoba, en vez de hacerle frente la escolta del convoy, ésta se dio a la fuga, y los mercantes, algunos de ellos poderosos indiamen con más de 30 cañones, apenas opusieron resistencia. Jamás España sufrió un desastre semejante en sus convoyes, y eso que “el mar era inglés”.















En época de Fernando VI como rey de España La labor más importante durante el reinado fue llevada a cabo por el Marqués de la Ensenada, secretario de Hacienda, Marina e Indias que llevó a cabo la modernización de la marina. Una poderosa marina era fundamental para una potencia con un imperio en ultramar y aspiraciones a ser respetada por Francia y Gran Bretaña.





Para ello, Ensenada incrementó el presupuesto y amplió la capacidad de los astilleros de Cádiz, Ferrol, Cartagena y la Habana, lo que supuso el punto de partida del poder naval español en el siglo XVIII.






Otra hazaña que se realizó a costa de los ingleses fue la realizada por el Duque de Montemar en Italia y el Mediterráneo, unos 50.000 hombres, contando los italianos, que había que aprovisionar y reforzar desde España. Como los ingleses disponían de fuerzas muy superiores pronto organizaron el bloqueo de fuerzas navales españolas, así al almirante Norris se le ordenó bloquear el puerto Ferrol donde había un pequeño destacamento.





Sin embargo, para cuando llegó la flota inglesa las unidades españolas, a las que vinieron a unirse las estacionadas en Cádiz, ya habían partido. Al frente de la escuadra, compuesta por 12 buques de línea, se encontraba Don Juan José Navarro al que se había ordenado dirigirse al Mediterráneo para asegurar las comunicaciones con Italia.





La flota logró pasar el estrecho a pesar de la presencia de una flota inglesa al mando del Almirante Haddock que le siguió y había casi alcanzado a los españoles a la altura de Cartagena cuando una flota francesa al mando del almirante De Court salió de él y se unió a la española.





El R.U. no estaba todavía en guerra con Francia pero, por el pacto de familia suscrito en 1733, Francia estaba dispuesta a apoyar a las fuerzas españolas si eran atacadas por un tercero. Así pues, si el almirante inglés atacaba a la flota de Navarro tendría que enfrentarse también a la escuadra francesa. Considerando que no tenía fuerzas suficientes para ello se retiró a Mahón a la espera de refuerzos.





La flota española, de acuerdo a la misión que tenía asignada, logró pasar un importante convoy de tropas de Barcelona a Génova (enero de 1742). A su vuelta se reunió con la flota francesa en las Islas Hieres y de común acuerdo decidieron entrar en el vecino puerto de Tolón para reparar sus buques, ya que unos y otros, españoles y franceses, habían sido muy maltratados por duros temporales.













España apoyó desde el principio la Guerra de Independencia de los Estados Unidos mediante Bernardo de Gálvez, quien negoció directamente con Thomas Jefferson, Patrick Henry y Charles Henry Lee. Gálvez bloqueó el puerto de Nueva Orleans para que los navíos británicos no pudiesen utilizar el río Missisispi y también facilitó el tránsito de los rebeldes americanos a través de todo el territorio al sur de la zona de guerra, ayudando al envío de armas y municiones destinadas a las tropas americanas de George Washington y George Rogers Clark.







En 1779 el capitán general de la Luisiana española asaltó las guarniciones inglesas de la Luisiana Oriental: Manchac, sin una sola baja, Baton Rouge y Natchez liberando la cuenca baja del río Mississipi de fuerzas inglesas que pudieran hostigar su capital, Nueva Orleans.







En 1781, aprovechando la mayor velocidad de los correos marítimos españoles, es informado de un nuevo comienzo de hostilidades entre España e Inglaterra. Toma sorpresivamente las plazas de Mobila y Panzacola recuperando para España las dos Floridas (Florida Occidental y Florida Oriental), lo que hizo que los ingleses se quedaran sin plazas en el Golfo de México, exceptuando la isla de Jamaica. Por la recuperación de la Florida Occidental fue recompensado con los grados de mariscal de campo y teniente general-gobernador del territorio conquistado.







Su intervención se consideró tan decisiva para el triunfo de las tropas americanas que, durante la parada militar del 4 de julio, desfiló a la derecha del mismo Washington en reconocimiento a su labor y apoyo a la causa americana. Los franceses también participaron en esa guerra con el cuerpo expedicionario del Marqués de La Fayette.









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