1 ago. 2010

Hernando de Soto y el valle del Misisipi










En el tiempo de la conquista americana, Extremadura fue una de las principales canteras de exploradores como por ejemplo Hernán Cortes, Francisco Pizarro y muchos otros.
















Extremeño era Hernando de Soto, éste pertenecía a casa fuerte y ejercía de segundón, no tenía vocación de legajos y sacristías y se hizo soldado marchando a América a las ordenes del gobernador de Panamá Pedro Arias Dávila que había sido su descubridor.















Junto con él, avanza en dirección norte hacia Nicaragua donde luchó y venció a rebeldes para luego marchar a servir al gobernador de Cuba. Sirvió a Pizarro en Perú y en el Yucatán. Siendo gobernador de Cuba dejó el poder a subordinados y con ansias de aventura entró en la Florida siguiendo la estela de Ponce de León y Alvar Nuñez Cabeza de Vaca.
















Exploró los actuales estados de Georgia, Carolina de Sur, Carolina del Norte y Tennessee.























Al contrario que otros conquistadores más violentos, utilizó la inteligencia, la diplomacia y el sincretismo cristiano para ganarse a los indígenas que estaban muy molestos por la violencia vivida anteriormente a manos de Pánfilo de Narváez.















Tuvo la suerte de que su lugarteniente Ortiz se uniera a una princesa india y de ese modo obtuvo paso franco en la exploración.

















Según estudios de la Universidad de Minnesota, la actuación de Hernando de Soto fue bastante pacífica y humanitaria para la época; la desgracia de los indios fueron las enfermedades de las que los europeos eran portadores, éstas afectaron en gran medida a los indios que vivían de la caza y la recolección. Quienes no enfermaron se vieron impotentes para conseguir comida para todos, es decir que al final lo que los mató fue el hambre.

















De cada 50 aldeas solo 2 sobrevivirían, tuvieron que reconstruir hasta sus tradiciones y religiones pues estas eran transmitidas de forma oral. Cuando Lewis y Clark llegaron a la zona a principios del siglo XIX la población ya se había recuperado.















Hernando de Soto murió él mismo de fiebres pues el riesgo era compartido.

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