1 abr. 2011

El antisemitismo

Se ha publicado, últimamente, un libro del escritor Umberto Eco sobre el antisemitismo: "El Cementerio de Praga". Como en todos sus libros se da un gran despliegue de erudición y conocimientos sobre los más diversos temas pero con una trama que es sencilla, inteligente y sin complicaciones psicológicas. No se puede hablar de gran literatura pero sí de divulgación compleja.























En este libro, se abordan las aventuras de un conspirador que, en el París de 1897, representa el nacimiento del antisemitismo moderno. El capitán Simonini, un piamontés afincado en dicha ciudad se dedica a falsificar documentos. Desde joven ligado al noble arte del engaño, ha dedicado su vida a ser espía y falsificador, a moverse en arenas movedizas entre gobiernos europeos y oscuros grupos religiosos.









Su historia nos llevará, precisamente, hasta el cementerio de Praga, donde conseguiremos entender ese confuso siglo XIX y alguna que otra verdad sorprendente del siglo XX… Está escrito al más puro estilo folletinesco (ilustraciones incluidas).





















Como he indicado aquí, los judíos habían ocupado un nicho en los territorios del Imperio Romano y, aunque eran tolerados, había roces por su negativa a adorar al emperador, pero esto se atemperaba ya que, como practicantes de una religión nacional, no hacían proselitismo en el resto de la población.









En el mundo cristiano realizaban ciertas tareas consideradas impuras o pecaminosas, como el crédito con interés, pero necesarias. Habiendo surgido el cristianismo como religión apostólica, en el seno de el propio judaísmo, se daban persecuciones periódicas asociadas a las crisis económicas.








En el mundo islámico estaban relativamente mejor tolerados haciendo las mismas tareas que en el mundo cristiano, aunque al igual que los cristianos estaban sujetos a un impuesto especial.





















En los siglos XVI y XVII, en España, se desarrolla una estrategia de división en la sociedad entre cristianos viejos y nuevos que eleva un escalón más el antisemitismo; ya no es sólo que los judíos descienden de quienes mataron a Cristo sino que aun la conversión sincera no cura de esos orígenes. Las expulsiones son el resultado de esta idea moderna de la homogeneidad poblacional y se produjeron en toda Europa.





















Y de ahí llegamos al mundo contemporáneo, con las teorizaciones racistas en Gobineau y Chamberlain que, desarrolladas cancerosamente, desembocarán en los nazis.

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