1 abr. 2011

Granada

Como occidentales, somos hijos de la civilización clásica pero sobrinos de la islámica. Los sabios como Averroes y Avicena fueron los transmisores, hacia Occidente, de grandes conocimientos del mundo clásico oriental.








En Granada aparece la más preclara arquitectura arábigo bizantina y no podemos olvidar que también es heredera de los godos.





















El Reino nazarí de Granada fue un Estado islámico de la Edad Media situado en el sur de la Península Ibérica, con capital en la ciudad de Granada. Fundado en 1238 por el nazarí Muhammed I ibn Nasr, su último rey fue Boabdil el Chico, derrocado por los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492 tras la toma de la ciudad de Granada, que puso fin a la Guerra de Granada. Tras esto fue definitivamente incorporado a la Corona de Castilla como reino cristiano de Granada. El Reino nazarí de Granada fue el último estado de al-Ándalus.






















La capital nazarí, Granada, se convirtió en los siglos XIV y XV en una de las ciudades más prósperas de una Europa devastada por la crisis del siglo XIV. Era un centro comercial y cultural de primer orden que llegó a contar con unos 165.000 habitantes y del que se conservan importantísimos monumentos como la Alhambra y el Generalife. En el Albaicín vivían los artesanos y el resto de la población ocupó la parte llana hacia el sur, con grandes industrias, aduanas y la madrasa (المدرسة). Hoy en día quedan numerosos vestigios como la Alcaicería, el Corral del Carbón o el trazado de las calles hasta la antigua puerta de Birrambla.


















Los árabes fueron conquistadores rapidísimos y dueños de extensas regiones en Asia, África y Europa; tomaron de ellas sus elementos artísticos y los fundieron en un estilo propio, siempre con las variantes debidas a la región dominada. En cuanto a la arquitectura, les suministraron sus elementos componentes a los edificios que hallaron en los aludidos países, sobre todo en Persia, Siria, Egipto y España.









Y una vez formado el estilo árabe en dichos países, y extendido a otros ya sujetos a la dominación mahometana, ejerció notable influencia en los estilos occidentales que iban sucediéndose en Europa, llevándoles algunos elementos constructivos y decorativos de Oriente, sobre todo persas, y contribuyendo al progreso de las artes menores e industriales de Europa, singularmente en España.




















Esta aportación de elementos persas y arábigos en las artes de Occidente ha podido observarse en diferentes estilos arquitectónicos, y aun ha de verse repetida con más detalles en la arquitectura mudéjar y en diferentes industrias artísticas.



















La Granada actual es una ciudad española que tiene en herencia esos orígenes, pero que fuera de esto es completamente española; los cafetines árabes del Albaicín son el resultado de la moderna inmigración magrebí, fundamentalmente llegada de Marruecos tras 1980. La primera vez que estuve ahí, en la calle Cuchillería, había artesanos europeos, pero ahora todo parece islámico.








Menos mal que la ermita de San Andrés está más alta y en lugar más señalado que la nueva mezquita islámica.

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