1 abr. 2011

La soberanía en el siglo XXI

En El Mundo del 25 de febrero, Felipe Fernández Armesto escribe un artículo en el que se analiza la vigencia actual del concepto de soberanía. El fundamento del escrito es que, según el autor, la soberanía es un concepto insignificante por pasado de moda y que Mas, presidente de la Generalidad de Cataluña, se equivoca luchando por ella para su región.























Se hace, en él, un análisis genealógico a los conceptos de soberanía, Estado y nación, realizando también una aplicación en los casos de España, Reino Unido y los USA.









Nos habla el artículo de las naciones como comunidades imaginadas (Gellner), que no tienen existencia fuera de las mentes de quienes sienten pertenecer a ellas. Según eso, la soberanía carece de sentido en un mundo globalizado como el actual, en el que las decisiones se toman en diversos ámbitos supranacionales.
















En su estudio temporal, establece que la genealogía del término soberanía no tiene que ver con el poder del Estado Absoluto sino con la jerarquización. Es evidente que en parte tiene razón, la época de las naciones casi absolutamente independientes ha pasado a la historia. Ocurre un poco como en la teoría del caos, si una mariposa bate alas en Vladivostok surge un huracán en Cuba, es decir que las decisiones político económicas se toman en foros internacionales ajenos al Estado-nación.









Sin embargo, los encargados de aplicar las políticas a nivel local siguen siendo los Estados. Los nacionalistas catalanes, ante la debilidad del Estado, se creen en condiciones de llevar a cabo el sueño de Prat de la Riba: autogobernarse, en la medida de lo posible, al margen de España y mangonear en España.















El argumento del artículo sirve también para demostrar la poca necesidad que Cataluña cree tener de España, ya que la compensación histórica del mercado cautivo piensan que continuará por proximidad, manteniéndose abierto ese mercado, por estar todos en Europa.

















De acuerdo que la tesis de Fernandez Armesto es real; el marco estatal lleva tiempo siendo superado y la articulación de las fuerzas protagonistas del mercado global influye decisivamente en las políticas, pero no hay que olvidar que esto ya estaba produciéndose de manera intensa en 1940 y la hipertrofia del nacionalismo desató la Segunda Guerra Mundial.














Como dice Anthony D. Smith: "pocas ideologías poseen el poder y la resonancia del nacionalismo, y ningún otro movimiento político o lenguaje simbólico tiene un atractivo y una fuerza comparables". Y yo añadiría que una de esas fuerzas sería la religión, incluso que lo más peligroso es una conjunción entre el fenómeno nacional y el religioso.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me alegro de ver un blog que hable un poco de Ciencia Política, aunque no comparta el enfoque del artículo.
En primer lugar, la teoría de la nación como comunidad imaginada es de B. Anderson, no de Gellner. Además, el argumento posmoderno sobre el Estado y la nación atenuados cada vez es mñas falaz desde que apareció la crisis y, con ella, nuevas medias proteccionistas, conservadoras y hasta xenófobas (si esto no es un revival nacionalista, se le parece mucho).

interbar dijo...

Sí, desde luego, la crisis hace crecer el miedo y el nacionalismo, pero los poderes decisorios están fuera del Estado-nación.