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11 feb 2016

Origen de la nueva política











  • DEMOCRACIA / CRITERIO
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¿Qué ha hecho Podemos para obtener casi el doble de votos que Izquierda Unida hace veinte años, cuando, de la mano de Julio Anguita, cosechó sus máximos resultados históricos?

Carlos López Díaz en Actuall.












El año que viene se cumplirán cien años de la Revolución Rusa. En este período de tiempo se han verificado dos hechos fundamentales. Que el comunismo, allí donde se implantó, sólo trajo miseria y pérdida de libertades. Y que la combinación de capitalismo y democracia liberal representativa, a pesar de sus imperfecciones, es el sistema que más ha reducido la pobreza de toda la historia, al tiempo que ha sabido garantizar altos niveles de libertad.

No obstante, desde que Pablo Iglesias anunció, hace sólo dos años, su candidatura para las elecciones al parlamento europeo, una parte considerable de nuestros compatriotas parece dispuesta a someterse (y someternos a los demás) al enésimo experimento neocomunista. Pedro Sánchez, como otros tontos útiles de la historia, sólo precipitaría los acontecimientos.





La pregunta cae por sí sola: ¿qué ha ocurrido? O para formularla con más precisión: ¿qué ha hecho Podemos para obtener casi el doble de votos que Izquierda Unida hace veinte años, cuando, de la mano de Julio Anguita, cosechó sus máximos resultados históricos?

Sin duda, las condiciones de 2016 son distintas de las de 1996, aunque también existen elementos de similitud. Pero cometeríamos un error si ignoráramos el papel de las individualidades en la historia. Sin Pablo Iglesias, Podemos no habría crecido de manera tan fulgurante; probablemente, ni siquiera hubiera llegado a existir.

A fin de responder a esas cuestiones, resulta imperativo recordar algunos datos de la prehistoria de Podemos, centrándonos en la biografía de su líder. Distinguiré dos etapas.




Etapa embrionaria: del 13 de marzo de 2004 a noviembre de 2010. La característica principal de este período es que Pablo Iglesias aún no ha roto el cascarón del mundillo ultraizquierdista: fuera de este, no lo conoce nadie.





Cuando Pablo Iglesias participó en las movilizaciones del 13-M contra el Partido Popular, era ya una joven promesa de la ultraizquierda académica, incubada en la Universidad Complutense. No fue casual que sus padres le llamaran Pablo, en homenaje al político marxista y fundador del PSOE. La madre era abogada de CC.OO. y el padre había sido miembro del FRAP. Parece hasta natural que el hijo militara desde la adolescencia en las Juventudes Comunistas. Pero el 13-M es decisivo porque Iglesias no sólo estaba entre los manifestantes, sino que muy poco después teorizó sobre aquello, extrayendo conclusiones harto significativas.

Para Iglesias, el 13-M no fue una mera protesta contra el PP, sino un cuestionamiento de la democracia representativa. Pero sobre todo fue una revelación del potencial de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) en la práctica política antisistema. Iglesias reproduce una cita del filósofo marxista y activista Franco Berardi, que resume admirablemente la idea: “Por primera vez en la historia humana, hay una generación que ha aprendido más palabras y ha oído más historias de la televisión que de su madre.”





El otro elemento fundamental de la etapa embrionaria es la colaboración que inicia Iglesias con la Fundación CEPS, un think tank anticapitalista que, según la información publicada por El País, cobró cerca de cuatro millones de euros del régimen chavista, entre 2002 y 2012. Durante esta etapa, al igual que otros fundadores de Podemos como Íñigo Errejón y Juan Carlos Monedero, Iglesias adquirió una experiencia crucial en la implantación de regímenes populistas hispanoamericanos, que vio aplicable en España.




Etapa larvaria: del 18 de noviembre de 2010 a enero de 2014. Esta fase se inicia con el primer programa de La Tuerka, presentado por Iglesias, en el canal local de línea izquierdista Tele K. Para que se hagan una idea, el inicio de las emisiones en TDT, unos meses antes, estuvo apadrinado por Willy Toledo, Leo Bassi, Pilar Manjón, Wyoming y el Dr. Sedaciones, Luis Montes.

La Tuerka llegó a tener un relativo éxito gracias a su difusión por internet, y como ha reconocido el propio líder de Podemos, sin él no se hubiera forjado Pablo Iglesias como fenómeno televisivo. El primer programa trató la visita a España de Benedicto XVI, y sirvió para que los tertulianos pusieran a caer de un burro al pontífice. Para abrir boca, Iglesias dio paso a un vídeo groseramente anticatólico, producido por el colectivo de lesbianas gallego MariBolheras Precárias (sic), donde entre otras lindezas se decía: “La Iglesia mata, apostata”.

La Tuerka, con el pretexto de la efeméride de la muerte de Franco, se dedicó a fustigar a la monarquía y a la Transición

El segundo programa, con el pretexto de la efeméride de la muerte de Franco, se dedicó a fustigar a la monarquía y a la Transición. Este era el estilo inconfundible de La Tuerka. Sectarismo en vena contra la Iglesia y el régimen constitucional, además de contra el capitalismo y el “imperialismo”. Pero hasta la primavera de 2013, y pese a una fugaz aparición en Tele 5, Iglesias continuó siendo un perfecto desconocido para la inmensa mayoría de españoles.





El 25 de abril de 2013 Pablo Iglesias fue invitado al programa de Intereconomía TV, “El gato al agua”, para debatir sobre el asedio al Congreso que pretendían varios grupos antisistema. Aquella intervención marcó un antes y un después. A partir de entonces, cadenas de mucha mayor audiencia como Cuatro o La Sexta empezaron a invitar a Iglesias a sus programas, convirtiéndolo en cuestión de semanas en uno de los tertulianos televisivos más conocidos.

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, en la tertulia La Sexta Noche.

Los ingredientes del “fenómeno mediático Iglesias” ya se manifestaron en su aparición en Intereconomía. El futuro líder de Podemos se presentó a sí mismo como un intruso tras “las líneas enemigas”, midiéndose con desparpajo con primeros espadas como Federico Jiménez Losantos o Alejo Vidal-Quadras. Relativizó la violencia de la izquierda antisistema, comparándola con la “violencia” de los recortes sociales, los desahucios y el paro. No dejó de recordar su condición de profesor universitario y de mileurista. Y por supuesto no mencionó sus jugosos ingresos procedentes de la Fundación CEPS, ni de La Tuerka; ni de Hispan TV, el canal iraní en el que dirigía desde enero el programa Fort Apache.





Su intención en la televisión nunca fue convencer con argumentos racionales a sus contertulios, sino influir en la opinión pública, es decir, hacer política

Iglesias quiso dar una imagen de una persona preparada pero de condición humilde y ajena a la clase política, de un David frente a Goliat, más allá de la vieja división izquierda/derecha. Esta es la clave fundamental del éxito del futuro líder de Podemos: el camuflaje perfectamente estudiado de su ideología y sus objetivos comunistas. Por si pudiera existir la menor duda al respecto, él mismo lo explicó con meridiana claridad en la IV Universidad de Verano de Izquierda Anticapitalista (agosto de 2013), donde defendió frente a sus correligionarios la necesidad de “traducir” el lenguaje marxista a un lenguaje popular que entienda todo el mundo, hasta “tu abuela”. Su intención en la televisión, confiesa, nunca fue convencer con argumentos racionales a sus contertulios (“no es un honesto debate entre intelectuales”), sino influir en la opinión pública, es decir, hacer política, en el sentido más puramente maquiavélico.

Esta fue una ventaja no pequeña de Iglesias: que nadie pudo sospechar, en aquellos meses de 2013, su inminente salto a la política. Su credibilidad se fundaba en aparecer como un modesto profesor, es decir, una persona formada y desinteresada. (Es de justicia recordar una excepción. Fernando Sánchez Dragó, en un breve rifirrafe radiofónico en Onda Cero, pocas semanas después de su aparición en Intereconomía, le espetó con clarividencia: “Hablas como un político.”)






A finales de 2013, los acontecimientos se precipitan. Dirigentes del partido Izquierda Anticapitalista (hoy disuelto en el seno de Podemos), en conversaciones con Iglesias y otros, diseñan la “Operación Coleta”, como la denominaron. En una reunión del 30 de noviembre, que conocemos por un boletín interno de la organización filtrado poco después, se trazaron los objetivos y los pasos inmediatos a seguir. Se pretendía aprovechar la “proyección mediática” de Pablo Iglesias (aunque no lo nombraran) para “conectar con sectores de la población de izquierdas insatisfechos con las organizaciones tradicionales”. Pero sobre todo, se trataba de “interactuar con sectores de la población con los que no trabajamos habitualmente”. En definitiva, la teoría pablista de la “traducción”.

En aquella reunión aparecen ya las expresiones “Sí se puede” y “Podemos”, y se redacta un primer borrador del manifiesto que luego se tituló “Mover ficha: convertir la indignación en cambio político”, hecho público el 14 de enero de 2014. Ese mismo día, en Las Mañanas de Cuatro, Pablo Iglesias anunció su intención de encabezar una candidatura a las elecciones europeas de mayo y, con la inestimable colaboración del presentador Jesús Cintora, dio su primer mitin, en horario de gran audiencia. Entre sus propuestas, derogar el artículo 135 (que limita el déficit estatal), incrementar el gasto, nacionalizar empresas de energía y blindar el “derecho” al aborto, “porque no puede ser que haya un lobby de obispos que dicte la política al gobierno…” (Inevitable recordar el primer programa de La Tuerka, tres años atrás.)





En el manifiesto se incluía además el derecho de autodeterminación y el “proceso constituyente”, es decir, la voladura de la Constitución de 1978. La presentación oficial de Podemos, el viernes 17 de enero, fue un ejemplo de la concienzuda estrategia neocomunista: acabar con el sistema democrático entre frases cursis y en nombre de la democracia, adulterándola con formas asamblearias mucho más controlables y engañosas que el parlamentarismo. “El régimen del 78 está muerto, ya es hora de enterrarlo”, dijo Monedero.





El éxito innegable de Podemos ha consistido en presentar un programa comunista, que ataca al mercado libre y la democracia parlamentaria, conectándolo hábilmente con los sentimientos de la “gente normal”. Como dijo Pablo Iglesias en la presentación, “los que estamos aquí somos de izquierdas, pero lo que estamos diciendo va más allá de las ideologías”. La ideología queda como una doctrina esotérica para una minoría de iniciados que ostenta el poder, en la mejor tradición totalitaria.






Interesante valoración sobre la llegada de las nuevas fuerzas antisistema. Sólo destacar algunos errores pues quizá se olvida de la responsabilidad del PSOE (zapateril) en las algaradas frente a las sedes del PP en el dia de reflexión (marzo de 2004). O el origen de la protesta del 15M de 2011 en las páginas web "no nos representan" y " democracia real ya" situadas en la órbita de las JS de Andalucía. También olvida el paso de Iglesias por Público TV (Jaume Roures) y la inestimable ayuda que han tenido por parte de Antonio García Ferreras de La Sexta.

12 dic 2015

Derecho a decidir II



Reflexiones en la página de "Recuperar Navarra" a propósito del famoso derecho a decidir que defiende un partido con aspiraciones a gobernar toda España y que, si Dios no lo remedia, será uno de los cuatro más votados, que quiere aumentar el gasto dando la independencia a parte del territorio y de la riqueza de los españoles, que tiene en sus filas a un antiguo jefe de estado mayor. 



El derecho a decidir puede ser todo lo contrario a la democracia





Que los ciudadanos voten puede parecer la idea más democrática posible, pero fácilmente se puede convertir también en la más antidemocrática.





Hay un acertijo que dice que un bate y una pelota de baseball cuestan 1,10 euros. Si el bate cuesta un euro más que la pelota, ¿cuánto cuesta la pelota? Casi todo el mundo contesta rápido y lo hace diciendo que el bate cuesta 1 euro y la pelota 0,10. Error, el bate cuesta 1,05 y la pelota 0,05. Algo así pasa cuando se contesta rápido y sin pensar sobre lo democrático que es el derecho a decidir.





Cuando un grupo de personas vota para decidir algo, la democracia consiste en que la mayoría gana y la minoría acata la decisión de la mayoría. Si la minoría decide hacer una votación por su cuenta para no acatar la decisión de la mayoría, eso no es la democracia sino todo lo contrario a la democracia. Es un ardid para no aceptar el resultado de una votación democrática. Eligiendo a conveniencia el sujeto de la votación se puede alterar a conveniencia el resultado de la elección. Pensemos algunos ejemplos.





El cementerio nuclear





Hace algunos meses, la Junta de Castilla la Mancha vetó la construcción de un cementerio de residuos nucleares en la localidad de Villar de Cañas. El pueblo quería el cementerio. Al pueblo no se le reconoció el derecho a decidir. Si el sujeto de decisión era el pueblo, el resultado era uno; si se tomaba como sujeto de decisión la comunidad autónoma, el resultado era otro.





El referéndum de Leiza sobre la ikurriña





Hace unos años en Leiza, como en Villava, se quiso celebrar un referéndum para decidir si se colocaba o no la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento. Aparentemente parece muy democrático que la gente del pueblo decida, ¿pero no es una forma de que en un trozo de Navarra se desacate la voluntad mayoritaria del conjunto de los navarros? Eso que parece democrático, ¿no es entonces todo lo contrario a la democracia?






Droga, inmigración, impuestos y pena de muerte






En España no es legal la pena de muerte o el tráfico de heroína, ¿podrían una comunidad, una provincia, un pueblo, incluso un barrio, legalizar la pena de muerte, el tráfico de heroína, la expulsión de los gitanos, la no entrada de inmigrantes o la creación de un paraíso fiscal?






La plaza Conde Rodezno






Pensemos si no en el caso del cambio de nombre de la plaza Conde Rodezno. Si se hubiera hecho un referéndum, ¿debería haber elegido el nombre toda Pamplona o sólo los vecinos del barrio? ¿Hubiera salido el mismo resultado según quién eligiera? Si hubieran elegido sólo los vecinos, de hecho, puede que se hubiera mantenido el nombre de Conde Rodezno. Claro que a lo mejor no se hubiera incluido esa opción en la pregunta, de modo que también en ese sentido se puede predeterminar o evitar un resultado, aunque el procedimiento aparentemente sea consultivo y democrático.






El derecho de las regiones ricas a separarse de las regiones pobres






El derecho a decidir, por otro lado, es algo que casi siempre vemos asociado al nacionalismo y como una demanda separatista. Jurídicamente, lo único que existe en el derecho internacional es el derecho a la autodeterminación exclusivamente de los territorios coloniales, separados de su metrópoli y de su régimen jurídico (no pueden existir colonias españolas dentro de España), y aún así, según la ONU, con una clara limitación:





“El territorio de una colonia u otro territorio no autónomo tiene, en virtud de la Carta de las Naciones Unidas, una condición jurídica distinta y separada de la del territorio del Estado que lo administra, y esa condición jurídica distinta y separada conforme a la Carta existirá hasta que el pueblo de la colonia o territorio no autónomo haya ejercido su derecho de libre determinación de conformidad con la Carta y, en particular, con sus propósitos y principios”.



“Ninguna de las disposiciones de los párrafos precedentes se entenderá en el sentido de que autoriza o fomenta cualquier acción encaminada a quebrantar o menospreciar, total o parcialmente, la integridad territorial de Estados soberanos e independientes que se conduzcan de conformidad con el principio de la igualdad de derechos y de la libre determinación de los pueblos antes descritos y estén, por tanto dotados de un gobierno que represente a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio, sin distinción por motivo de raza, credo o color”.



Es por todo lo anterior que el nacionalismo ya no habla de derecho a la autodeterminación, que es inaplicable a la CAV o a Cataluña, sino de un evanescente derecho a decidir, no se sabe qué, no se sabe quién.



El sujeto a decidir del pueblo vasco, por ejemplo, ¿cuál sería? ¿Qué es el pueblo vasco? ¿Hay un gen que lo identifique? ¿Son vascos todos los habitantes de Navarra? ¿Sólo los que hablan vascuence? ¿Sólo los que tocan el chistu? ¿Tendrían que decidir los habitantes de la CAV, más los de Navarra, más los del País Vasco francés? ¿Quedaría vinculada Navarra por toda esta gente?



Respecto al pueblo catalán, ¿es un pueblo distinto que el de Mallorca, el de Valencia o incluso el del Rosellón? ¿O cualquier grupo de personas puede ser el sujeto de decisión de cualquier cosa sobre cualquier materia en cualquier sitio? Eso, como veíamos, es dinamitar la democracia, no reforzarla.





Reconociendo el derecho a decidir, se está reconociendo el derecho a decidir de las regiones ricas a separarse de las regiones pobres, y de este modo dejar de financiarlas y cortar cualquier redistribución de renta interterritorial. No es casual que las regiones independentistas suelan ser siempre regiones ricas. Paradójicamente, en España la izquierda defiende con ardor este dislate, particularmente la extrema izquierda.



Por todo lo anterior queda claro que el llamado “derecho a decidir” no existe en el derecho internacional, tiene unos límites conceptuales sumamente difusos y puede acabar siendo no una expresión democrática, sino todo lo contrario a la democracia. Pero queda por señalar que el derecho a decidir tiene todavía otro límite, si cabe más importante.



No todo lo que decida una mayoría democráticamente es aceptable



Por ejemplo, la mayoría no puede aprobar en referéndum fusilar a la minoría, ni se puede pedir a las personas de la minoría que, si son demócratas de corazón, acepten ser fusilados.



Hay unos derechos fundamentales (podríamos decir naturales) que no pueden ser objeto de votación, sino que son inalienables, derechos cuyo no reconocimiento es ya una injusticia. Es por esto que se puede hablar de leyes injustas (algo puede ser legal y sin embargo injusto), o por lo que los nazis pudieron ser condenados por sus crímenes pese a haber actuado conforme a la legislación nazi, aunque fuera una legislación respaldada en origen por una mayoría de votos.



Decíamos que la mayoría no puede aprobar en referéndum fusilar a la minoría, y seguramente todo el mundo entiende que esto no sería democrático aunque se votara democráticamente. Pero el derecho a decidir es un poco como si la minoría fusilara a la mayoría. Es decir, el derecho a decidir del que solemos hablar en España consiste en algo tan antidemocrático como que la minoría se separe de la mayoría para decidir por su cuenta, que es un poco como sacar del censo a la mayoría para que decida sólo la minoría, lo cual es a todos los efectos como liquidar a la mayoría, siquiera civilmente, sin necesidad de fusilarla, aunque el efecto sea el mismo.



Otra cosa que puede suceder con los referéndum es que no sirvan para nada. Podemos votar si queremos una renta básica universal de 100.000 euros o si no queremos ser bombardeados por el ISIS, pero en el probable caso de que gane el no, es improbable que el ISIS no nos vaya a poner una bomba por eso.



Más que un poder cercano, lo que mola es un poder pequeño



Cuidado, nos encantan los referéndum, la participación y la horizontalidad del poder, pero por un lado como hemos visto pueden tener su reverso tenebroso y, por otra parte ya están los demás para recitar continuamente las cualidades maravillosas de los referéndums.

2 sept 2011

Los indignados y el Papa

Sa ha producido, en agosto, una reunión en Madrid de jóvenes católicos a la que ha asistido el Papa. La afluencia turística a la capital se ha multiplicado y esto sólo ya justificaría los gastos de organización; pero claro, no todo es la economía, también existe el derecho de libre expresión, de reunión que define nuestra Constitución.









Todos los años, multitud de jefes de estado y dignatarios extranjeros nos visita, y esto tiene un coste; los políticos españoles viajan al exterior y, claro, esto tiene un coste para esos países. Pero la noticia, al margen del éxito de la JMJ, ha sido las acciones delictivas de los llamados indignados, quienes han decidido prohibir por su cuenta las manifestaciones religiosas, legales, cuando ellos nos han impuesto su manifestación constante e ilegal.








Llegados a este punto, sería muy interesante saber el coste de la protesta indignada en dinero y merma de los derechos de los madrileños. Estamos pues en la continuidad de la estrategia del gobierno que se plantea colaborar con el movimiento antisistema de cara a una táctica de lucha chavista contra el PP; lo de menos, como siempre, es el cumplimiento de la Ley.









Ahora, vemos el por qué del cultivo amoroso de la protesta por parte de Ferraz. Es necesario desentrañar la responsabilidad de Ministro del Interior, de la delegada del Gobierno y del señor candidato del PSOE. De Zapatero ya está todo dicho.










El pensamiento libre
Defiendo de viva voz.
Y muera quien no piense
Igual que pienso yo.

18 jun 2011

¡Indignaos! II

Sigue estando de actualidad la extraña manifestación constante de "los indignados", que han tardado tanto en indignarse. Partiendo de la base de que el derecho de manifestación se ejerce en un tiempo y en un lugar, y de que los demás también tenemos derecho a estar en el espacio público, vemos como poco a poco se va agriando el movimiento, mudando su piel, y de los pacíficos principios estamos pasando a la violencia antisistema, precisamente tras unas elecciones en las que la mano negra que hay detrás hubiera querido influir pero los tiempos son los tiempos.









Las soluciones impositivas y pueriles que entraña el manifiesto indignado me recuerdan aquella fábula del enfermo y los setecientos médicos; todos estaban de acuerdo en que el enfermo estaba enfermo, pero surgían muchos grupos cuando se investigaban las causas, y claro, había setecientos tratamientos distintos.










José María Albert de Paco ha escrito un interesante artículo en la revista de Libertad Digital que, por su claridad de ideas, reproduzco en su integridad
:










El manifiesto que precedió al asalto del espacio público por parte de los sedicentes indignados presentaba un vago hervor antisistema que, en una de sus adherencias, daba cuenta de adónde podía conducir el colapso moral de la casta política española: "El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos".







La velada advertencia de que, si no
se atendían sus demandas, la sangre podía llegar al río no sólo no fue condenada por los diarios de referencia, sino que se interpretó (erróneamente) como una declaración gandhiana. En el culmen de la confusión, esos chamizos donde la ciudad tendía a desvanecerse recibieron el nombre de nuevas ágoras, lo que, bien pensado, tiene su aquel.







Con todo, el ingrediente que hizo diana en los medios, el que propició que los indignados se granjearan la simpatía de socialdemócratas y conservadores, fue la evidencia de que la mayoría eran jóvenes y, como tales, estaban exentos de peajes. Apurando la frenada, bien podría concluirse que el mundo les debía algo. Así pareció entenderlo Antonio Pérez Henares, quien, en la tertulia Al Rojo Vivo, declaró sin ambages: "Quien no sienta simpatía por esos chavales es que no tiene humanidad". Así debieron de entenderlo los responsables del programa El Gato al Agua, quienes desplegaron a su infantería por las plazas de España para conferir al movimiento esa brizna de comprensión tan propia de la retórica antipartidos.







Lo cierto, no obstante, es que lo que se dio a conocer como un movimiento regenerador no era más que el embrión de eso que Arcadi Espada ha llamado
"batasunización de España", un sintagma que, allende el País Vasco, presenta como rasgo primordial que la serpiente siempre pica al mismo partido.








En este contexto, que el PSOE se plantee adelantar las elecciones al mes de noviembre resulta una obscenidad, mas no porque pretenda utilizar en su favor la coyuntura veraniega, un móvil ya de por sí funesto. No, lo que de veras es inquietante es que el adelanto se haya empezado a mascar después de la asonada del pasado sábado, con centenares de indignados corriendo a gorrazos a los cargos electos del Partido Popular en Burgos, Valencia, Alicante, Sevilla, Valladolid, Benidorm, Ceuta, Murcia, Castellón, Badalona... En esas y otras ciudades el PP había arrasado, un hecho que, como es fama, conduce a la violencia.







Como ocurriera en los días posteriores al 11-M, el PSOE no sólo no ha criticado que la turba indignada zarandeara a los alcaldes y concejales del PP, sino que ha atizado el zarandeo. Veinticuatro horas después de las algaradas, Alfredo Pérez Rubalcaba aireaba en Barcelona un asunto que jamás le ha alterado el pulso, cual es la supuesta catalanofobia del Partido Popular:








"Hace muchos años que estoy en política, pero no me puedo quitar de la cabeza que este PP es el mismo que hace muy poco fue al Constitucional y que enmienda una y otra vez leyes, que plantea recursos en temas de lengua; y ver a un partido tan catalán como CiU olvidando tan pronto cómo otro partido fue genuinamente anticatalán me cuesta".








Su henchida aseveración, insisto, nada tenía que ver con Cataluña, país incógnito a sus ojos, sino con la posibilidad de clonar una táctica que ya en el 14-M se reveló triunfal. Respecto a los incidentes con que se cerró la campaña en 2004, la indignación presenta, además, una ventaja insoslayable. No en vano, y en virtud de la tortura del lenguaje, quienes escupen a los políticos conservadores se hacen llamar transversales, no violentos y demócratas. O, para ser exactos, real-demócratas. Si la izquierda, en lugar de acometer su necesaria refundación, perseverase en la criminalización del adversario, la democracia, esta democracia tan grotescamente desdeñada por el comando cazuela, sufriría un traspié del que le costaría levantarse.








No soy optimista al respecto. El domingo, a la misma hora en que Rubalcaba envalentonaba a los suyos en la sede del PSC de la calle Nicaragua, el profesor de Economía Vicenç Navarro exhortaba a un puñado de indignados de Plaza Cataluña a seguir confiando en la política bajo el grosero argumento de que "no todos los partidos son iguales".








Es precisamente ese singular desprecio por las reglas del juego lo que está en el origen de cuanto ocurre en las calles. Eso, y la actitud antojadiza de una generación que va camino de cumplir la profecía de que la democracia española es un pálido simulacro. Sobre todo, claro está, por su distinguido sectarismo.







Con todo, lo más reprochable del 15-M será su coartada. No salió bien, pero el propósito era bueno. En el bien entendido de que a la izquierda, como a las ONG, no se la juzga por su reiteración en el fracaso, sino por su encomiable empeño en salvarnos de nosotros mismos.