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1 nov 2020

Moción de censura II

Las reacciones a la moción de censura de VOX al gobierno social-bolivariano del 21 de octubre han sido sorprendentes; las hay de todos los tipos: desde los que dicen que no es tiempo de mociones, y que por lo tanto sobra el parlamento, hasta los que dicen que era una maniobra de VOX contra el PP.

VOX ha hecho esta moción para liberarse de la tenaza de la censura a su alrededor y poder explicar a los españoles la nefasta gestión del gobierno, las dificultades del Estado de las Autonomías y las maniobras totalitarias del ejecutivo. Abascal indagó la posibilidad de que el candidato fuese Casado, buscar una personalidad independiente e intentó convencer a Casado de que se trataba de denunciar al gobierno no de que dieran los números. No lo ha conseguido; la moción más justificada de la historia ha sido objeto del ataque más decomunal del PP desde el discurso de Elche y eso que Casado decía que la moción no importaba a los españoles. 

El PP ha demostrado que no reconoce el derecho de VOX a existir; aquello de "los conservadores al partido conservador, los liberales al partido liberal" se ha convertido en "todos a votar al PP". 

 

 

 

La noticia del día fue el comunicado "antifa" suscrito por PSOE y todos hasta Bildu, entre la izquierda y los nacionalistas; demonizar a VOX, simplemente una escisión del PP de Aznar, apelando a un antifascismo contra un fascismo metafísico. Éstos no han visto un fascista ni en película.  

El PP haciendo el caldo gordo a un PSOE que pacta con Bildu que es lo que más se acerca al fascismo nacional- bolchevique.

Ahora pactarán el CGPJ como quien se reparte cromos y la ruptura del régimen continuará sin sobresaltos.

18 jul 2019

La muerte de la Nación II

A cuento del párrafo tan conocido de la novela "Conversación en la Catedral": ¿cuándo se jodió el Perú?, nos podríamos preguntar analógicamente cuándo se jodió España.





Quizá habría que retrotraerse a la transición cuando el Estado cedió de facto la competencia de educación en los pactos de 1994, incluso antes con el Título VIII de la Constitución. Tal vez fue en el tiempo oprobioso del atentado de Atocha el 11 de marzo de 2004. Quizá en las negociaciones con ETA, que ahora se están destapando por las vergonzosas cesiones de ZP, o en la comisión de investigación del 11M cuando todo un "Presidente del Gobierno" se negó a condenar unos hechos ilegales aunque comprensibles.





Pero la realidad es que, a partir de la moción de censura, se ha constituido un frente popular que pretende ser cabalgado por Sánchez. 
En septiembre cuando tengamos la sentencia de "el procés" quedará manifiesta la ruptura de España en dos bloques difícilmente conciliables.
Un paso más.

15 ago 2018

El itinerario

A partir del fracaso de Lizarra, ETA y el nacionalismo comenzaron una nueva etapa en su esfuerzo por cambiar la política, la moral y la sociedad española. El atentado de las torres gemelas en Nueva York les convenció de que la etapa del terrorismo armado llegaba a su fin y de que era necesario dar un giro en su lucha para convertirla en política exclusivamente. 


En estas direcciones se nos explican las claves de las políticas y procesos que se desarrollan en este momento.



29 mar 2013

El cantonalismo español

Una de las constantes de la última historia de España es el cantonalismo y eso que en el siglo XVI y la primera mitad del XVII, España es uno de los países más estables. Nuestra realidad, tras el hundimiento del Imperio, entra en un cúmulo caótico de regiones aisladas y tendencias diferenciadas. 







 







Nuestra arisca geografía no terminó de ser vencida pese a los esfuerzos de la Ilustración; las dificultades de comunicación, el fin de la monarquía de derecho divino, los cambios en el ejército y la destrucción de la élite señorial-aristocrática durante la Guerra de la Independencia crean el magma cantonal en el contexto de la construcción de la nación política y la disolución imperial. Las guerras carlistas con la consiguiente división territorial y pérdida de prestigio de la monarquía servirán de palanca al espíritu de campanario; los carlistas se aprovecharán del mito foral de manera que esa rama borbónica romperá la tradición centralizadora de la dinastía por oportunismo. 







 









Un sin fin de sargentadas, asonadas, pronunciamientos y golpes de Estado nos trasladarán a una república que desembocará en la guerra cantonal. El iluminado se hace con el poder y la realidad le abofetea. En la Restauración la política liberal posibilista comienza a fortalecer la estructura económica de España con dos centros industriales: Vizcaya y Barcelona y un centro político financiero que arrastra también el capital del agro andaluz. Quizá, en ese momento, hubiera tenido éxito cierta autonomía provincial gestionada por las diputaciones y los gobernadores civiles, y no en 1979 cuando acercar la Administración al ciudadano empieza a dejar de tener sentido (España se ha convertido en un país pequeño en esa época)









 









Pero la impaciencia de ciertos intelectuales, ante los gobiernos de la Restauración, que generan una corriente de pensamiento con cierto sectarismo: el Regeneracionismo, llevará al final, y tras una dictadura: la de Primo de Rivera, a la República en la que de nuevo resurgen los fantasmas cantonales. Con el Estado Integral de la II República la solución hubiera podido ser la superación de las contradicciones entre el patriotismo constitucional y el regionalismo radical nacionalista, y lo que hubo fue una terrible guerra civil. 










 









El franquismo termina el trabajo estructurador de la Restauración y España entra en la modernidad económica.
En la transición, con un artículo 150 de la CE de 1978 que deja abierto el Estado de las Autonomías, con la pérdida de la soberanía española por nuestra integración en la UE y con la crisis que enturbia las relaciones territoriales, otra vez el cantonalismo está aquí con Mas y Sortu en la linea de Toño Gálvez, Blas Infante, Gaspar Torrente, Sabino Arana, Prat de la Riba y Francisco Maciá.

1 jul 2012

La debilidad del nacionalismo

En los últimos días se han producido dos acontecimientos cuya importancia se ha visto ocultada por el tremendo ruido mediático a propósito de la situación económica y por los triunfos deportivos. Uno de ellos es el resultado de una encuesta en la que se refleja el importante desapego y la tendencia al alza del nacionalismo en Cataluña, el otro es un manifiesto firmado por intelectuales de diverso origen ideológico preocupados por las tres crisis que según ellos hay en España, a saber: crisis económica, crisis política y en último extremo crisis moral.















La economía se derrumba en el seno de la crisis internacional que se ve agravada en España por circunstancias propias. Los recortes exigidos por las autoridades europeas, para justificar ayudas, detraen potencia económica del sistema creando más paro y caída del PIB, con la consecuencia de que paradójicamente aumenta el déficit y disminuye el crédito copado por las administraciones públicas. Esto ocurre porque el Gobierno está recortando en la economía productiva y en los servicios, sin actuar sobre el sistema autonómico; no pueden eliminar administraciones o duplicidades porque eso incidiría en los puestos políticos, redes clientelares y sabrosos presupuestos y en esto están de acuerdo PP y PSOE y si me apuran hasta Izquierda Unida.



 











 

El maremágnum autonómico se gestó en la transición y muy pocas voces avisaron de lo que podría ocurrir. Desde una España en la que el nacionalismo era débil y tenía poca presencia, una España que se desarrollaba económicamente, hemos pasado a unos reinos de taifas con posibilidad de ruptura del Estado. 
En Cataluña sueñan con la independencia y el mangoneo en España a través de las fronteras abiertas de la UE, en Euskadi el riesgo de que habiendo ganado la batalla policial a ETA, después de Dios y ayuda, perdamos la batalla política con la victoria de Sortu es un horizonte posible. ¿Cómo hemos llegado a esto? Cualquiera que lea a los cronistas del comienzo de la modernidad en España: Pla, Unamuno, Baroja y otros verá la poca consistencia que los separatismos tenían en sus respectivos territorios. Arana era un orate que odiaba a la Historia porque no le daba la razón y de las burradas de los catalanistas ya hemos hablado aquí.



 











El nacionalismo creció en el río revuelto de la República y la Guerra Civil, y no hay más que leer a Azaña para ver que las cesiones fueron la causa y la deslealtad la consecuencia. 

Tras el franquismo, minorías escuetas mantenían la llama separatista desmentida por la Historia y desprestigiada por el terrorismo etarra. Pero tras la transición, la mezcla de la soberbia de una UCD con personalidades en muchos campos pero con una tremenda ingenuidad en el terreno histórico-político y una izquierda con veleidades federalistas que ignora para qué sirve el federalismo, unir lo separado y no desunir lo unido, que quiere dotar a España de su misma estructura partidaria y que sólo quiere el poder, le da igual una que cuatro Españas, parirán el Título VIII de la CE de 1978. No ha sido la historia de España fácil y sin embargo los separatistas no han podido destruirla, es ahora cuando más cerca ven su triunfo.

 











En la transición yo era un democristiano de izquierdas, católico practicante, ahora soy liberal y nacionalista español; muchos piensan como yo pero si en algo ha tenido éxito total y rápido el sistema de la transición ha sido en destruir y fagocitar a los partidos defensores de la idea de España. 

Veo dos posibilidades de salida para el problema: una revolución política, enfrentamiento junto con el fin del proceso autonómico o independencia de Euskadi y Cataluña con la persistencia de conflictos fronterizos, del problema de Galicia y al final estallido del proceso autonómico.


 










Una posible solución sería extender el modelo navarro, anterior a la transición, a las Vascongadas y Cataluña que tuvo éxito y que limitó la expansión del nacionalismo separatista; ellos recaudan sus impuestos y le pagan al Estado por sus servicios y por la solidaridad nacional; el remanente serviría para inversiones productivas, hechas junto al Estado en sus respectivos territorios. Pero para eso hay que desandar el batiburrillo autonómico con la educación en manos de los nacionalistas y con la calle en manos de la kale borroka. Quizá sea la bancarrota económica la que despeje el panorama de los excesos autonómicos y partitocráticos.