25 may. 2015

La decadencia de España


Existen ortogramas cuya descomunal intensidad trasciende a la propia importancia del agente. La grandeza del ortograma sobrepasa la voluntad que lo inició y se deconstruye en el futuro, cuando desde fuera podemos apreciar en qué ha devenido. A partir de la conquista, colonización e independencia de América, parece como si España quedara huérfana de misión y ausente de sentido. En la medida que España siguió creciendo demográficamente, aportó material a la población de la América hispana; independientemente, y quizá sin saberlo, preparó la naturaleza del mestizaje en el actual "hegemón" anglosajón: los EEUU. 

















El viejo espíritu español tendrá continuidad en las vastas regiones americanas y penetrará en USA. Méjico y Centroamérica constituyen una factoría demográfica de producción continua con la que USA mantiene una relación inextricable. La conexión natural entre Méjico y EEUU -geopolítica, histórica y demográfica- es sencillamente demasiado fuerte para suponer que, como Huntington espera, el nacionalismo estadounidense pueda conservarse en el futuro tan puro como hasta ahora. 
















Y a partir de ahí, ¿cuál es la misión a la que se entregó España, al margen de continuar enviando contingentes demográficos a la América hispana? Combatió en guerras civiles entre los que creían en la continuación del reino católico, los carlistas, y los cristinos partidarios de una evolución nacional. Intentó fabricar una nación moderna pero cuando tuvo éxito político, fracasó económicamente, como en la Gloriosa o en la Primera República; cuando tuvo éxito económico, no acertó políticamente como en la Restauración o en la dictadura de Primo de Rivera. Ya hemos hablado de la esperanza de la segunda república, hundida en la teología revolucionaria. El franquismo quiso participar del destino de reserva espiritual de Occidente. La transición hundida moral y demográficamente, persiste en la construcción de una Europa que está en crisis y que no superará el final de la guerra fría hasta llegar más allá del euro.



























España se debate actualmente en un mar de crisis, con una deuda externa impagable que comparte con el resto de los PIIGS; un hundimiento demográfico que favorece, como en el resto de Europa, la invasión de un Islam radical; un populismo emergente pretendidamente regeneracionista pero en realidad ultraizquierdista; unas tensiones separatistas ridículamente nazi fascistas con escraches a los que disienten y totalitarismos antiliberales. Mantener la esperanza de un tiempo mejor es nuestra obligación para con nuestros descendientes pero sólo se atisba hoy un futuro muy negro.

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