Mostrando entradas con la etiqueta Europa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Europa. Mostrar todas las entradas

8 abr 2018

Europa no existe

Ante la gravedad de los últimos acontecimientos transcribo un escrito que expone con toda claridad cual es la situación.
Seguimos con el golpe en Cataluña pero con sorpresas germánicas.





Que diu un jutge de províncies alemany súper informat que el cop d´estat no va ser res. Que asediar durante un dia entero a una comitiva judicial no es para tanto. Que gastar millones en un referéndum ilegal de secesión no es malversación. Que declarar la secesión en el parlament de la Ciutadella es una bromita jejeje.
Y dice la ministra de justicia alemana que Germania es “un país libre”, porque todos sabemos que España es como Auschwitz. Y reforzando el track record teutón en separación de poderes, desvela que “es la decisión judicial que esperaba” mientras amenaza con que España “lo tiene difícil” para extraditar al golpista.
I en Marianu pone cara de asombro, befo caído, labio colgando, ojos muy abiertos, i ens diu que tranquilos, que el PIB va a crecer dos décimas más y que lo de que Alemania quiera cargarse la unitat del país més vell del continent no es nada grave.
Però ja els espanyols no ens ho empassem. Son muchos años sufriendo el fanatismo nacionalista (ayer apalizaron pacíficamente en Osona a un catalán que limpiaba el entorno de plásticos amarillos). Muchos años de somcollonuts, ensvolenaixafar i anemaCatadisney. Muchas décadas de incomprensión y cesiones en el resto de España. Por eso el 8 y el 29 de octubre salieron más de un millón de catalanes a la calle, para decir que ya basta i que la nostra llibertat la defensarem amb o sense Madrid.
“La extraña derrota. Escrito en el verano de 1940, es el testamento de Marc Bloch, un judío francés, historiador insigne y combatiente de la segunda conflagración mundial. (…) Esta reflexión suya sobre el abatimiento de una nación y el fracaso de sus élites (…) tamaña debacle fue la suma de muchas debilidades individuales. Sin duda, toda gran crisis va inevitablemente precedida de la quiebra de las élites, de modo parejo a como el pescado comienza a pudrirse por la cabeza.
Valga este preámbulo a cuenta de la humillación infringida a la democracia española por la Audiencia Territorial de un pequeño länder alemán -Schleswig-Holstein- al negarle ésta su capacidad para juzgar por rebelión al prófugo Puigdemont, desatendiendo la solicitud del juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena. En vez de circunscribirse a los estrictos términos de la euroorden, verificando si esos delitos tienen su correspondencia en su legislación, la referida Audiencia se ha erigido, en la práctica, en instancia superior.
De esta guisa, ha entrado en el fondo de un sumario -el grado de violencia del golpe de Estado del 1 de octubre- que no le incumbe calificar. El destino de España, de su unidad y de sus derechos inalienables, no se puede fiar a magistrados que dirimen en un plis-plas una compleja instrucción de meses en un contexto de periódicos nativos en los que el independentismo ha colocado su relato ante la pasividad de la diplomacia española y donde se hacen presentes agrupaciones de coros y danzas separatistas que tiran con la pólvora del rey que sufraga el Tesoro Público del Estado que socavan. ¿Cabe mayor grado de estupidez?
Volviendo el trance por pasiva, ¿admitiría Alemania o cualquier Estado que se precie que el presidente del länder de Baviera, por ejemplo, promulgara unilateralmente su independencia, valiéndose de su policía autonómica cual «organización criminal», como ha resuelto la juez Lamela para imputar por sedición al ex mayor de los mossos, se fugara a España con su cohorte y se le brindara impunidad judicial? La respuesta parece obvia sin necesidad de un máster -¡ay!- en Universidad alguna.
Es más, se estaría librando, sin que ello tenga que ver con la inexcusable división de poderes, una guerra diplomática de alto voltaje con insondables secuelas en la Unión Europea. No es para menos estando en juego la integridad territorial. Claro que eso sería así en Berlín, pero no lo está siendo, por contra, en Madrid. Basta ver la displicencia del Gobierno al lavarse las manos como Poncio Pilatos en la jofaina, del modo en que lo ha hecho la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, a la sazón alta comisionada para la Cataluña del artículo 155. Escuchando a estos brigadistas del Aranzadi, cualquiera deduciría que lo que se dilucida es la expropiación de una parcela para trazar una carretera. Esa indolencia indigna más incluso que el veredicto del controvertido tribunal teutón.
En el colmo del desvarío, el mismo Gobierno que ha arrastrado a España a esta situación de alarma transige con que un desatado independentismo campe a sus anchas. Así, sin réplica alguna, sus brigadas entintan con botes de pintura amarilla una nueva leyenda negra sobre España, como si Puigdemont fuera para Felipe VI lo que el vil Antonio Pérez fue para Felipe II. Ante tan desasosegante inacción, pareciera que la rebelión catalana es un asunto particular del juez Llarena y de algunos togados más, en vez de serlo del Estado con todas las de la ley.
No es un fracaso de la Justicia, desde luego, sino del Gobierno, por mucho que éste se ponga de perfil y endose la papeleta a los jueces, como a aquel ministril que dio la cara por su corregidor. «Señor -le transmitió a su alcaide-, cuando un alguacil lleva una orden de Vuesa Merced, ¿no representa vuestra misma persona y vuestra misma cara?». «Muy cierto es», le respondió. «Pues sabed -le expuso- que, en la cara de vuestro alguacil, Perico Sarmiento, que es la misma cara de Vuesa Merced, han estampado una bofetada». Con toda calma, el corregidor, como el Gobierno con respecto al juez Llarena, le arguyó: «Pues ahí me las den todas».
No se persigue -Dios nos libre- reeditar ningún patrioterismo barato ni aquel ardor que inflamó Cataluña cuando, en 1885, Bismarck osó anexionarse de las Islas Carolinas por considerarlas res nullius. Pese a que la inmensa mayoría del pueblo español nunca había oído hablar de este archipiélago del Pacífico, 100.000 barceloneses llenaron las calles con banderas españolas y al grito unánime de «¡Viva la integridad de la Patria!». Incluso La Vanguardia editorializó en rotundos términos: «Ante esta horrible mancha a nuestra altivez, a nuestra honra; ante esta cruenta herida hecha a nuestro honor nacional, no hay partidos políticos: sólo hay españoles, cuyo corazón late al unísono para demostrar a Alemania que no en vano se ataca a un pueblo de fiereza innata como el nuestro (…) Cuando se infiere un agravio a España, nos levantamos airados».
Devuelta esta página a la hemeroteca, conviene remarcar con letras también de molde que un Estado que se respete a sí mismo no puede mantenerse impávido ante una afrenta así. Cuando está en riesgo el porvenir de las libertades fundamentales, no se puede adoptar la actitud del avestruz.
Pero, en fin, ¿qué puede esperarse de un Gobierno (y una oposición) que aplicó el artículo 155 arrastrando los pies y cuando su desistimiento ya rayaba en la complicidad? Ello le llevó a emplearlo con el exclusivo objetivo de convocar unas elecciones en el que el aparato de propaganda se mantuvo a las órdenes del Govern destituido. Tan prosopopéyico artículo no ha valido ni para añadir una mísera casilla para que los castellanoparlantes tengan garantizado su derecho constitucional a estudiar en castellano.
Distraídos con el masterchef de Cifuentes, (…) conviene auscultar los graves quebrantos de salud de una España que se desangra por la úlcera catalana. Cicerón ponderaba que, cuando el Estado alcanza a la más extrema de las humillaciones, le corresponde al pueblo actuar como lo harían en la arena los gladiadores reducidos a la esclavitud.
En vez de fajarse con tan astifina porfía, Rajoy emula al célebre novillero valenciano Tancredo López, introductor a principios del siglo pasado de esa original suerte consistente en recibir al animal encaramado a un pedestal y vestido de blanco con la cara empolvada. Simulando una cérea estatua de mármol, lograba que la res se limitara a olfatearlo y, al poco, desentenderse camino de algún tendido. Todo ello en medio del general regocijo de una afición que pronto le daría la espalda a aquel circunstancial rey del valor. En lo que toca a Cataluña, ese aparente tancredismo -esa maniobra tranquilizadora para soslayar el nudo gordiano de cualquier negocio- le ha hecho perder al presidente el sitio en la plaza hasta el punto extremo de preguntarse, de momento en voz baja, si el PP será capaz de sobrevivir a Rajoy. Acostumbrado a estar él y el tiempo, contra todos, parafraseando a Felipe II, Rajoy desespera hasta al mismísimo tiempo. De hecho, de tanto perderlo, éste se ha vuelto tal vez irrecuperable.
En vez de detener desde primera hora el proceso independentista, haciendo que se derritiera como la bola de nieve a la que se le planta un dedo encima antes de que cuaje y solidifique, el soberanismo ha adquirido una dimensión de alud que amaga con arrollar a todo lo que le sale al paso, principiando por los catalanes ajenos al credo nacionalista. Reeditando la política de apaciguamiento, con la que Chamberlain creyó aplacar a Hitler y obtener «la paz para nuestro tiempo», este espejismo sólo acelera esos planes rupturistas con la facilidad añadida de disponer el camino expedito para ampliar su espacio vital mediante el victimismo y la tergiversación de la realidad. Atendiendo a la máxima churchiliana, por evitar el conflicto, se aceptó el deshonor y ahora se tiene lo uno y lo otro. Las concesiones sólo estimulan las exigencias porque siempre se interpretan como debilidad. Al fin y al cabo, la fuerza de uno deriva primordialmente de la debilidad del otro.”
Adéu Marianu. Ya todos sabemos que para que España salve su democracia tienes que irte a casa. Cuanto antes, chico.
Dolça i humiliada Catalunya…

20 jun 2017

La unidad de Alemania

Tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial, Alemania quedó finalmente dividida en un estado capitalista, la RFA, y un estado socialista, la RDA. El primero prosperó y se convirtió en motor económico de la UE y en vanguardia militar de Occidente. 



Las cosas cambiaron cuando Gorbachov y George Bush padre pusieron fin a la Guerra Fría y Alemania se reunificó. El piloto de este hecho político fue Helmut Kohl que asumió la crisis económica de la reunificación (la RDA estaba arruinada), realizó elecciones independientes, referéndum de unión y elecciones unificadas ganándolo todo y tomó decisiones económicas duras como la subida de tipos de interés en el contexto del marco unificado. El día 16 murió en Alemania.


Descanse en paz.

31 jul 2013

España frente a Europa


España es Europa geográficamente y espiritualmente (la cristiandad) pero nada tiene que ver con la unión política ni con el movimiento europeo. Nuestro viejo espíritu quizá persista, incluso demográficamente, en alguna parte de las inmensidades hispanoamericanas pero se pierde incesantemente entre nosotros a manos de una caterva de ideas y políticos de un falso progresismo.

















El Imperio español fue desmoronándose, y hace cien años terminó de desaparecer como tal Imperio real. ¿Perdió con ello España definitivamente su identidad? No me corresponde a mí contestar. Pero si algo de esta identidad permanece tras el naufragio, mayores peligros le acometerán cuando la pretendan insertar en la nueva identidad que sus políticos quieren a cualquier medio conseguir para ella, a saber, la identidad europea. Sobre todo si esta nueva identidad se lleva a costa del desmembramiento de su unidad. 

















Los intereses objetivos de los Estados hegemónicos de la Unión Europea -que es la Europa del capitalismo y de la OTAN- tenderán, en principio, a favorecer ese despedazamiento real (aunque no sea nominal) de la unidad de España para así poder negociar desde las posiciones del león con las eventuales nacionalidades soberanistas futuras (asombrosamente la "izquierda socialista" suele considerar la inserción de España en la Europa capitalista como un objetivo central de su programa de izquierda).
















El Imperio español desapareció hace cien años pero queda flotando como "comunidad hispánica" y ésta es ya una alternativa real al islamismo tercermundista y al protestantismo capitalista.

















¿Quiere decir esto que hemos de salir de la UE y de la OTAN? No por cierto, lo que hemos de comprender es que nuestra relación con Hispanoamérica es por amor y nuestra relación con aquellas es por interés. Luchar por nuestros intereses, en una UE que regrese a ser lo que fue en principio y una OTAN cuyo hegemón comprenda nuestra posición, es la única manera de empezar a encarar nuestras crisis: moral, demográfica, nacional y económica. 

5 nov 2010

El arte gótico

En 1989 se publicó una novela histórica del famoso escritor de novelas policíacas Ken Follett, ambientada en Inglaterra en la Edad Media, en concreto en el siglo XII, se titulaba "Los Pilares de la Tierra". La novela describe el desarrollo de la arquitectura gótica a partir de su precursora, la arquitectura románica y las vicisitudes del priorato de Kingsbridge, en contraste con el telón de fondo de acontecimientos históricos que se estaban produciendo en ese momento.







He de confesar que la leí por trozos y a ratos cortos, y que, aunque me evocaba esa época, no terminaba de apreciar la estructura mental de los personajes que debería responder al siglo XII-XIII. Sin embargo, todo se puede disculpar cuando se está hablando del estilo arquitectónico que construyó Europa y por ende Occidente.















El arte gótico fue en España de importación francesa, como en todos los demás países de Europa, pero acaso tan sólo Alemania pueda parangonarse con España por la manera entusiástica de recibir este arte francés y asimilarlo de modo tan perfecto. Ni Italia, ni Inglaterra, ni las demás naciones del centro y el norte de Europa hicieron, durante los siglos que estuvieron bajo la sugestión de las formas góticas, nada más que emplearlas como por necesidad, repitiéndolas como una lección aprendida que se recita de memoria. No ocurrió así en España. Las catedrales de León, Burgos y Toledo, por la pureza de su estilo y la magnitud monumental de su disposición, pueden ponerse al lado de las más espléndidas francesas.







No hay disminución de espíritu ni pérdida de fuerza expresiva en las formas góticas al atravesar éstas los Pirineos, y gran parte de la población se asimiló el estilo gótico francés de tal manera, que los constructores de iglesias rurales, casas particulares, palacios y castillos siguieron empleándolo cuando ya había sido arrinconado en su país de origen.
















Además, el estilo gótico en España no se mantuvo estacionario, sino que evolucionó y aceptó las novedades de las escuelas flamenca y renana, adaptándolas a las características españolas, y nunca los constructores de la Península permanecieron apartados del movimiento internacional. Vale la pena prestar atención a algunas de las vías de penetración de este estilo en la Península; en primer lugar, España había sido preparada para recibir el estilo gótico por los monjes del Císter, que a principios del siglo XIII, o antes aún, construyeron sus grandes conventos de la Orden reformada; después, en el reino de Aragón, influyeron las relaciones que la casa condal de Barcelona tenía con el Languedoc y Provenza y la intimidad de trato de los obispos catalanes con los de Narbona, de Montpellier y de otras sedes en el Mediodía (Midi) de Francia.
















En el reino castellano-leonés existía también una preparación del estilo francés meridional en la escuela de Galicia, pero fueron los casamientos de varios reyes con princesas de las casas de Anjou, Borgoña y Plantagenet los que motivaron la introducción del gótico francés en el centro de la Península. Llegó éste tan pronto, que varias catedrales españolas son anteriores a algunas de las francesas más renombradas.










El primer monumento que hay que tener en cuenta al estudiar el arte gótico en el centro de la Península es la catedral de León, con sus magníficos ventanales, que conservan la mayoría de sus vidrieras policromas, y cuyo interior está matizado y manchado por los rayos de luz que hasta coloran, según las horas del día, a los devotos y visitantes. La catedral de Burgos, sin duda alguna más importante que la de León, es también obra puramente gótica, aunque hoy esté como sepultada entre la acumulación de nuevas bellezas que se le han ido añadiendo con el transcurso de los siglos.
















Se ha dicho que en Burgos hay dos catedrales superpuestas: una del siglo XIII, que lleva adherida otra del XV. La planta de la catedral de Burgos es de tres naves, con girola en el ábside y capillas; el transepto tiene una sola nave, y los pilares que flanquean el crucero, en el centro, son muy grandes, como en las iglesias románicas, para recibir la torre o lucernario octogonal. Por fuera tiene otras dos torres en la fachada; su aspecto, no tan cambiado como en el interior por los aditamentos posteriores, es el de una catedral francesa de buen estilo. Las naves están sostenidas por una hábil combinación de contrafuertes, y tiene, además, grandes ventanas partidas, con vidrieras, aunque no tan grandes como las de León.












Acaso fuera español el primer arquitecto de la catedral de Toledo, aunque de él sólo se sepa que se llamaba Martín y dirigió la obra entre los años 1227 y 1234. Una lápida sepulcral de 1291, todavía en la catedral, pide un recuerdo y gloria eterna para cierto Petrus Petri magister ecclesie Sanete Marie Toletane. ¿Quién era este Petrus Petri (Pedro Pérez) que demostraba tanta originalidad y audacia al planear la construcción? Para los franceses, naturalmente, ha resultado un francés, un tal Pedro de Corbie, el cual, inter se disputando, dibujaba en el álbum de Villard de Honnecourt la planta de un ábside muy parecido al de la catedral de Toledo. Para los arqueólogos castellanos sería un maestro del país que continuó, mejorándola, la traza del maestro Martín. La catedral de Toledo tiene particularidades que demuestran verdaderamente un genio más independiente del que solían tener los maestros que venían del otro lado de los Pirineos.













No está calculada, como las de León y Burgos, con pilares reducidos que fían, para el equilibrio, en los contrafuertes exteriores: en Toledo, los pilares son gruesos y el sistema de contrafuertes es sumamente reducido, casi embrionario. Tiene cinco naves, escalonadas de la central a las laterales, lo que contribuye no poco a contrarrestar el empuje. Las dos naves laterales dan la vuelta al ábside, formando una doble girola o nave anular, de un efecto extraordinario. Posee también grandes ventanales a lo largo de la nave mayor y en las fachadas del transepto, de modo que la iglesia resulta sumamente iluminada.














La catedral de Toledo fue en la época de su mayor esplendor, y lo es en gran parte todavía, algo único en el mundo; una especie de guardajoyas que conserva intactas las esculturas, los sepulcros, los tapices, las alfombras y los muebles con que la catedral primada se ha ido enriqueciendo por el genio fastuoso de Castilla.







Excepcional, única, sin antecedentes ni imitaciones en España, es la catedral de Cuenca, construida en época temprana, pues se consagró el ábside en 1208. Cuenca fue reconquistada por Alfonso VIII, casado con una princesa inglesa, Leonor Plantagenet, y es opinión de Lampérez que la reina debió de llamar a arquitectos anglonormandos para la dirección de la catedral. La iglesia de Cuenca tiene detalles que no se encuentran más que en catedrales normandas o inglesas. Es un monumento bellísimo, que se diría trasplantado, como la catedral de León, con la diferencia de que ésta es de un gótico universal, mientras que la de Cuenca corresponde a un estilo local y peculiar, y efímero como todo lo excesivamente singularizado. Si las de Ávila, Sigüenza y Ciudad Rodrigo son ejemplos de catedrales de transición entre el románico y el gótico, y Toledo, Burgos y León muestran la penetración del estilo gótico francés puro en el siglo XIII, las catedrales de Salamanca y Granada son modelos interesantísimos de otro período de transición entre el gótico y el primer estilo de renacimiento español que ha sido llamado plateresco.


























La catedral de Salamanca no se concluyó hasta fines del siglo XVIII, pero en sus partes principales es todavía de estilo gótico por su estructura y hasta su decoración, pero todo interpretado con un espíritu nuevo. Las basas de las columnas presentan gran complicación de molduras, y las bóvedas son estrelladas, con multitud de nervios entrecruzados que han perdido todo recuerdo del primitivo uso de los arcos aristones. Por fuera, pináculos y torres están llenos de ornamentos superpuestos, aunque establecidos con orden y gusto exquisitos. Las catedrales de Segovia y Granada corresponden al mismo estilo de transición que está presente en la de Salamanca.








Es sorprendente la rapidez con que se verificaba el cambio y los esfuerzos y caudales empleados para estas construcciones de vanguardia. España, después en general recelosa de lo nuevo y lo exótico, acogía entonces con furor los últimos inventos, se los asimilaba y transformaba, quedando ella misma más hispánica por su absorción. Las construcciones en España de fines del siglo XV son de una perfección técnica, de una habilidad de plan y precisión de detalle que admiran más en un país propenso a descuidar lo elemental para abstraerse en la concepción de las síntesis. Y lo más extraordinario es que estos monumentos se construyeron antes de que pudiera emplearse el oro de América.








Si no se temiera la paradoja, podría decirse que no fue el oro de América lo que facilitó la construcción de las últimas catedrales españolas, sino que el mismo espíritu que animaba a canónigos y potentados a levantar monumentos tan descollantes fue lo que les hizo avanzar a través del piélago para recibir un continente en recompensa. Esto se demuestra en el caso de la catedral de Sevilla, empezada en el año 1402, casi un siglo antes del primer viaje de Colón. Es muy conocido el acuerdo del cabildo de "hacerla tal y tan buena que no hubiera otra igual, aunque los venideros los tuvieran por locos". La gigantesca catedral es aún de formas góticas francesas, pero ordenadas de un modo original que no se parece al de ninguna otra.






Es la mayor iglesia gótica del mundo. Tiene cinco naves y las capillas son tan altas, que forman como dos naves más, o sea siete en conjunto. La del centro es mucho más alta que las dos siguientes laterales, y para contrarrestar su empuje hay unos dobles contrafuertes muy bajos que exteriormente apenas se ven por ocultarlos las capillas. La catedral de Sevilla remata en un ábside plano, sin girola, debido tal vez a haberse interrumpido la obra ya en el siglo XVI.Satélites de estos monumentos de primera magnitud son las iglesias catedrales góticas de Burgo de Osma y de Palencia; la de Oviedo, que sustituyó de la antigua basílica del Salvador; las de Calahorra y Astorga; las de Alcalá, Bilbao, etc. Muchas de ellas tienen todavía el claustro con aberturas decoradas con calados. Algunas veces el aspecto de estos claustros resulta modificadísimo por las nuevas capillas abiertas más tarde y los aditamentos posteriores de sepulcros de otro estilo, pero contribuyen a caracterizar la personalidad de cada obra.









Las grandes catedrales francesas perdieron muy pronto los claustros; antes de la Revolución fueron destruidos ya por los cabildos. En cambio, en España la catedral de Pamplona lo único que conserva intacto, de su primitivo edificio gótico, es el claustro. Pero, por regla general, tales claustros se enriquecieron y reformaron continuamente; así es curioso observar en la catedral de Ciudad Rodrigo cómo, siendo aún una de las alas del claustro de puro estilo cisterciense, las otras pertenecen a los últimos tiempos del goticismo. Una catedral románica, como la de Santiago, tiene también un claustro gótico del siglo XV.

26 sept 2010

La Unión Europea

A lo largo de la historia, ha habido diversos intentos de unificar el continente europeo; claro, esto ha ocurrido desde que los europeos somos conscientes de la existencia de nuestro continente.








Hoy en día y ya hace tiempo, los geógrafos han definido Europa como el continente que hay entre la Península Ibérica y los montes Urales; en otra época, como en el periodo clásico, Europa era otra cosa, quizá solamente el Mediterráneo oriental.







Tras el Imperio Romano, otros intentos de unificación han sido: el Sacro Imperio Romano Germánico, el Imperio Habsburgo, el Imperio Francés, Napoleón, hasta llegar al intento nazi del III Reich, pero estos eventos hechos por la fuerza no tuvieron éxito.












Fijándonos en una época en la que Europa, que entonces era todo el Occidente aún separado políticamente, estuvo unida espiritualmente como fue el medievo, encontramos la dificultad de unir políticamente a los diversos países. A partir de 1945, se ha intentado una unión de solidaridad voluntaria, basada en los principios del mercado, la democracia, el principio de independencia de las naciones y la colaboración.










El 9 de mayo de 1950, cinco años después de la rendición del régimen nazi, Schuman lanza un llamamiento a Alemania Occidental y a los países europeos que lo deseasen para que sometieran bajo una única autoridad común el manejo de sus respectivas producciones de acero y carbón. Este hecho, acogido de manera dispar dentro de los gobiernos europeos, marca el inicio de la construcción europea, al ser la primera propuesta oficial concreta de integración en Europa.














El hecho es que al someter las dos producciones indispensables de la industria armamentística a una única autoridad, los países que participaran en esta organización encontrarían una gran dificultad en el caso de querer iniciar una guerra entre ellos.



















Alemania, a través de su canciller Konrad Adenauer, acoge entusiasta la propuesta. En la primavera de 1951 se firma en París el Tratado que institucionaliza la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), concretando la propuesta de Schuman.









Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo (conocidos como "los seis"), logran un entendimiento que favorece el intercambio de las materias primas necesarias en la siderurgia, acelerando de esta forma la dinámica económica con el fin de dotar a Europa de una capacidad de producción autónoma.











Este tratado fundador buscaba aproximar vencedores y vencidos europeos al seno de una Europa que a medio plazo pudiese tomar su destino en sus manos, haciéndose independiente de entidades exteriores.















Un impulso de importancia mayor llega en 1957 con la firma de los Tratados de Roma. Los seis deciden avanzar en la cooperación en los dominios económico, político y social. La meta planteada fue lograr un "mercado común" que permitiese la libre circulación de personas, mercancías y capitales. La Comunidad Económica Europea (CEE) es la entidad internacional, de tipo supranacional, dotada de una capacidad autónoma de financiación institucionalizada por este tratado. Este documento formó una tercera comunidad de duración indefinida: el Euratom.















El invento funcionaba, y otras naciones como España deseaban formar parte, pero el acceso estaba restringido por la naturaleza democrática del Mercado Común y por la necesidad de tener un cierto nivel de homogeneidad económica. Sin embargo, los Estados miembros se resistían al desarme arancelario, buscando impedimentos de orden legal en relación a productos y servicios.










La respuesta de la CEE fue la actuación del Tribunal de Luxemburgo y esto sirvió hasta que el número de pleitos creció. A partir de un momento, la antigua UE decidió crear una legislación propia que impidiese estas maniobras y fabricó un cúmulo de normas también referidas a la democracia y a los derechos humanos; paulatinamente se relegó de manera subrepticia el principio de subsidiariedad, que es el que garantiza el derecho de los Estados a legislar de manera independiente en materias de su competencia.








La burocracia comunitaria ha crecido de manera exponencial desde el Acta Única hasta el actual Tratado de Lisboa, prácticamente nadie la controla; el Parlamento Europeo es, pese a la propaganda, inoperante y tanto el Consejo como la Comisión son dominados por el cuerpo de funcionarios, cuando no colaboran con él en la burocratización totalitaria de la UE.








La prudencia del principio ha dado lugar a la entrada alegre de los llamados PECOS, que no están preparados para el mercado interior; la crisis mina el presupuesto de la Unión y ésta se mete cada vez más en el gobierno de los Estados miembros.









En vez de corregir esta tendencia, la burocracia sólo quiere incrementar su poder, por eso ahora propicia la entrada de Turquía que acabará con el espíritu europeo y occidental de la unión. En Europa, poco a poco, surgen movimientos antiburocráticos pero, ¿llegaremos a tiempo?

3 sept 2010

La decadencia de Occidente

En el año 1918, se publicó un libro que va a marcar la visión de la Historia a partir de aquel momento. La existencia de grandes civilizaciones que, a la manera de organismos, nacen, se alimentan, se reproducen y mueren me parece fascinante.
















Como persona formada en el contexto de la filosofía analítica, la existencia real de esos entes llamados civilizaciones, cuyo fin como todo lo humano es la muerte, me debería resultar metafísica, algo alejado del campo científico y más próximo al religioso.








































Sin embargo, me vienen a la memoria los estudios de economía sobre el desarrollo y formación de los ciclos económicos realizados por el economista ruso Kondratieff, y otros en los que, en las economías complejas, se va apreciando la formación de las crisis económicas por otros motivos que las malas cosechas y aparecen los estados de psicología de masas como si existiese el inconsciente colectivo de Jung.














Los ciclos históricos, más amplios que los económicos, serían el complemento indispensable de éstos y da igual que los entendamos como instrumentos de análisis que como entidades reales. Según Spengler, el autor del libro, cuando la humanidad adquiere capacidad de formar civilizaciones, es decir abandona el estadio de cazador recolector, va creando un conjunto de ideas y artefactos culturales que llamaremos altas culturas, éstas luego desarrollan un conjunto de objetos materiales que son su consecuencia, a esto lo llamamos civilizaciones.









Los movimientos cíclicos de la Historia no son los que corresponden a las meras naciones, Estados, razas o acontecimientos. Son los relacionados con las Altas Culturas. La Historia consignada de la humanidad nos ofrece ocho de ellas: la índica, la babilónica, la egipcia, la china, la mejicana (maya y azteca), la árabe (o "mágica"), la clásica (Grecia y Roma) y la europeo-occidental. El punto más alto de una cultura es su fase de plenitud que es la "fase cultural" por antonomasia.
El comienzo de la declinación y el decaimiento de una cultura está constituido por el punto de transición entre su fase "cultural" y su fase de "civilización", que le sigue de modo inevitable.









De Spengler se dijeron muchas cosas, como que sus hipótesis eran una transposición de su propia mala salud o de la derrota de Alemania en la 1ª Guerra Mundial, pero lo cierto es que, a partir de la fecha dada por él en la segunda mitad del sigo XIX, las bases de la ciencia moderna ya están puestas; la hegemonía de Occidente en el terreno político, económico y militar con el destino manifiesto de Monroe y los avisos de Metternich y Chateaubriand, en un mundo donde el cristianismo popular estaba vivo, la decadencia ya se atisbaba.









Y a quienes piensan que estaba equivocado sólo cabría reiterarles lo ya apuntado antes en esta reseña: miren un poco a su alrededor. ¿Qué es lo que ven?



















Especialista en Filosofía de la Historia, estableció una teoría cíclica sobre el desarrollo de las civilizaciones. Según Toynbee, las civilizaciones no son sino el resultado de la respuesta de un grupo humano a los desafíos que sufre, ya sean naturales o sociales. De acuerdo con esta teoría, una civilización crece y prospera cuando su respuesta a un desafío no sólo tiene éxito, sino que estimula una nueva serie de desafíos; una civilización decae como resultado de su impotencia para enfrentarse a los desafíos que se le presentan.

















Dio gran importancia a los factores religiosos en la formulación de las respuestas a los desafíos. Fruto de esta teoría, Toynbee negó el determinismo en la evolución de las civilizaciones, negando que éstas deban perecer finalmente (en abierta oposición a historiógrafos como Oswald Spengler), y defendiendo que podía esperarse que, la moderna civilización occidental, pudiera escapar a la norma general de decadencia de las civilizaciones.

















El mundo occidental está condicionado por dos fuerzas distintas, la democracia (política) y el industrialismo (económica), que han creado un determinado modo de pensar la Historia en torno a la idea de estados nacionales. Sin embargo, los estados nacionales no son entes inteligibles y autosuficientes de estudio, por lo que debe ampliarse el marco de observación hasta la civilización.

















La civilización occidental, como campo de estudio, puede analizarse en un espacio determinado, también en un tiempo determinado, hasta el origen de la Edad Media. En ese momento es posible reconocer su encuentro con otra civilización distinta, a la que denomina Helénica, y que cobra forma en el Imperio romano.







Siguiendo operaciones similares, llega a determinar la existencia de 21 civilizaciones, más un grupo de otras que han sido abortadas o detenidas.

25 jul 2010

Camino de Santiago

"A San Isidoro (siglo VII-VII), se debe la primera afirmación escrita conocida sobre la misión de Santiago el Mayor en España. La mencionó de pasada en una obra sobre los Apóstoles, lo que sugiere que era una tradición corriente, cuyo origen desconocemos. Como ya quedó indicado, la predicación jacobea en España no está documentada, pero, veraz o no, iba a tener extraordinario efecto religioso-político en siglos posteriores "



















"De Beato, autor de diversas obras, se conoce sobre todo su Comentario al Apocalipsis de San Juan, terminado en 786, donde explica la crisis del cristianismo y traslada los símbolos del Apocalipsis a la España en reconquista frente al Anticristo, es decir, al emirato de Córdoba.








El Comentario, sin pretensiones de originalidad, contiene uno de los mapamundi más antiguos del mundo cristiano. Era esencialmente un llamamiento al combate para recobrar España, y ganaría enorme popularidad como aliento a una lucha que, de entrada, parecía sin esperanza.







De no menor trascendencia es su reivindicación de la predicación hispana del Apóstol Santiago, que tendría desde el siglo siguiente profundos efectos en toda Europa. Probablemente se deba a Beato la consideración de Santiago como patrón y protector de España".


















"Alfonso II el Casto fue un rey muy notable. Gobernó 52 años, de 791 a 842, mientras en Córdoba reinaban Alhakén I y luego su hijo Abderramán II. Sostuvo trato cordial con Carlomagno y, de acuerdo con su reivindicación del reino hispanogodo, fundó Oviedo, tratando de hacerla digna sucesora de Toledo. Pobló la ciudad con labriegos, artesanos, tropas, comerciantes, etc., mandó construir allí un palacio y otros edificios de fuste, en especial una basílica --incendiada por los árabes en 794 y 795.







De ahí surgió un arte nuevo y original, llamado asturiano, manifiesto en sus bellas y pequeñas iglesias y palacios, que combinan elementos godos, mozárabes y locales. Son edificios de espléndida armonía, tan expresivos de la pobreza de medios de la época como de una cultura bastante refinada, fe en el porvenir y decisión de permanencia. Pero la mayor contribución cultural, de alcance entonces insospechable, fue la peregrinación a Santiago.







En 814, el ermitaño Pelayo afirmó haber visto resplandores en un bosque, de donde vendría el nombre de Campus Stellae o Compostela, Campo de la estrella. Avisado el obispo de Iria Flavia, Teodomiro, descubrió el presunto sepulcro de Santiago el Mayor, identificado con una lápida. Acudió Alfonso II al lugar, donde hizo erigir un santuario y declaró al apóstol patrón de España, siguiendo a Beato, que en un poema había llamado a Santiago "Cabeza refulgente y dorada de España / defensor poderoso y patrono nuestro".







El suceso tuvo tal repercusión, también al norte de los Pirineos, que el descubrimiento de la tumba llegó a atribuirse allí a Carlomagno. a partir de entonces la peregrinación crecería, primero desde Oviedo, a través de paisajes espectaculares, donde los reyes construyeron hospitales y albergues.







Pronto se organizó desde la Europa transpirenaica una ruta siguiendo el litoral cantábrico, que reforzó, aún en proporción modesta, los lazos culturales y comerciales, mientras despertaba el fervor y la confianza de los hispanos frente al islam. La empresa asturiana despertaría creciente interés al norte de la península.








Aquellos sucesos nos llegan envueltos en leyendas y milagros. La sepultura de Santiago no es imposible, pero sí harto improbable. El lugar contenía tumbas de época romana, y algunos estudiosos, por pura especulación, atribuyen el sepulcro a Prisciliano, cuyos restos habrían llevado allí sus seguidores tras haber sido decapitado en Tréveris, cuatro siglos y medio antes. El enterramiento del apóstol, real o no, iba a desempeñar un papel psicológico, político, cultural y militar de primer orden".


















Alfonso II el Casto, Rey de Asturias, viajó con su corte al lugar, convirtiéndose así en el primer peregrino de la Historia. Mandó edificar una pequeña iglesia. La noticia se propagó rápidamente, Santiago, tan invocado en el siglo VIII, se manifestaba al fin con la revelación de su sepulcro.
















Aproximadamente a partir de 813 con el hallazgo de las reliquias del apóstol y con el beneplácito de Carlomagno, que quería defender sus fronteras de invasiones árabes, Compostela se convertirá progresivamente en un centro de peregrinaje que recibirá su impulso definitivo durante la primera mitad del siglo XII. Muy pronto, la noticia se extiende por toda la Europa cristiana y los peregrinos comienzan a llegar al lugar del sepulcro, el denominado Campus Stellae, que degenerará en el término Compostela.









Menéndez Pidal opinaba que en cierto sentido se puede considerar al caudillo musulmán Almanzor como el gran revitalizador del Camino y quien provocó su fama internacional. En efecto, los repetidos ataques de Almanzor sobre los reinos cristianos españoles llegaron a inquietar a los monjes de la abadía benedictina de Cluny, en aquel momento el más importante centro del cristianismo europeo.








Religiosos vinculados a Cluny elaborarán el Códice calixtino y la Historia compostelana y los reyes españoles favorecerán en todo lo posible la constitución y proyección de una red de monasterios cluniacenses en el norte de España y singularmente alrededor del Camino. Esa política está íntimamente relacionada con el deseo de los monarcas españoles de romper con su aislamiento respecto de la Cristiandad mediante lazos dinásticos, culturales y religiosos.














Muchos de los primeros peregrinos procedían de regiones de Europa pioneras en la aportación de novedades musicales. Partiendo algunos del norte y otros de zonas más céntricas de Francia, habían pasado por lugares de culto, como Chartres y Tours. Allí pudieron escuchar las melodías que todo el Occidente cristiano consideraba el verdadero legado del papa Gregorio. Poco importaba que aquellos que venían del norte de Italia y que habían tenido que cruzar los Alpes y Pirineos les dijeran que en su lugar de origen el rito litúrgico era más antiguo y venerable que ése al que ellos llamaban romano.

















Tampoco importaba mucho que una vez adentrados en territorio hispánico, y reunidos los peregrinos de distintas procedencias en torno a un mismo Camino, hicieran un alto en algún monasterio riojano y allí se les hablase, no sin nostalgia, de una liturgia que no hacía mucho era el elemento unificador frente a las huestes de Alah que desde hacía siglos ocupaban buena parte del solar hispano.







En esos monasterios riojanos y castellanos aún se miraría con recelo a aquellos caminantes que se dirigían a Campus Stellae. Precisamente siguiendo esa ruta había entrado el principal enemigo del rito hispano. Por la ruta jacobea se fueron contaminando las antiguas ceremonias y costumbres para que aquellos que venían de regiones remotas pudieran entender algo del culto que escuchaban. Tanto es así, que ante los deseos unificadores de Alfonso VI, se abolió el rito autóctono en beneficio de la liturgia llamada romana.







El número de peregrinos aumenta extraordinariamente a partir del siglo X, cuando la población europea logra salir del aislamiento de épocas anteriores e inicia una serie de contactos e intercambios que, en el campo religioso, llevarán a hacer de la peregrinación la forma más difundida de devoción. Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela serán los destinos más importantes: todos los caminos llevan a Roma. Los cruzados y las ciudades marítimas italianas abren la ruta de Jerusalén. Los monarcas de Navarra, Aragón, Castilla y León facilitan el viaje a Santiago mediante la construcción de puentes, reparación de caminos y edificación de hospitales.








Años más tarde, el carácter apostólico de su iglesia y las riquezas acumuladas gracias a los peregrinos permitirían a un obispo emprendedor, Diego Gelmírez, convertir su sede en arzobispado.








Después del siglo XIV se produjeron muchas convulsiones sociales en Europa que desvían a los peregrinos potenciales hacia otros destinos. Por otra parte, la Reconquista desplaza toda la atención económica y gubernamental de los reinos españoles hacia el sur. El Camino de Santiago pierde el esplendor de los siglos anteriores. El Cisma de Occidente en 1378 agrava y divide a la Cristiandad. El siglo XV tampoco ayudó a su revitalización, plagado de acontecimientos desagradables en el viejo continente: guerras, hambre, peste, malas cosechas, sequías...







Aun así, muchos creyentes seguían acudiendo hasta la tumba del apóstol para cumplimentar su penitencia pero, año tras año, el Camino fue cayendo en el olvido.

20 jun 2010

El problema de Bélgica

Bélgica está lingüísticamente dividida. Tiene dos lenguas principales; el 60% de su población, principalmente en la región de Flandes, habla neerlandés, mientras que cerca del 40% habla francés (en la región de Valonia, al sur, y en la región de Bruselas-Capital, una zona oficialmente bilingüe que acoge también una minoría de hablantes de neerlandés). Menos de un 1% de los belgas vive en la Comunidad germanófona, al este del país. A menudo, esta diversidad lingüística lleva a conflictos políticos y culturales, y se refleja en el complejo sistema de gobierno de Bélgica y en su historia política.
















La Revolución belga de 1830 llevó al establecimiento de una Bélgica independiente, católica y neutral, bajo un gobierno provisional. Desde la instalación de Leopoldo I como rey en 1831, Bélgica ha sido una monarquía constitucional y una democracia parlamentaria. Entre la independencia y la II Guerra Mundial, el sistema democrático evolucionó de una oligarquía caracterizada por dos partidos principales, los católicos y los liberales, a un sistema de sufragio universal que ha incluido un tercero, el Partido Socialista, y un papel fuerte para los sindicatos. En sus orígenes, el francés, que era la lengua de la nobleza y la burguesía, era la lengua oficial. Desde entonces, el país ha desarrollado un sistema bilingüe en neerlandés y francés.














Las instituciones políticas de Bélgica son complejas; la mayoría de los poderes políticos están organizados alrededor de la necesidad de representar a las principales comunidades lingüísticas. Los partidos más importantes de cada comunidad pertenecen a tres familias políticas principales: los liberales, los democristianos y los socialdemócratas. Otros partidos importantes, aunque más jóvenes, son los partidos verdes y, especialmente en Flandes, los partidos nacionalistas de ultraderecha. Influyen en la política varios grupos de presión, como los sindicatos y la Federación de Empresas de Bélgica.


















La división del país en una zona neerlandófona, otra germanófona y otra francófona era un asunto muy delicado; surgieron muchas protestas puesto que, en la frontera, convivían los dos grupos lingüísticos y en el sistema anterior los habitantes tenían el derecho a ser atendidos en las dos lenguas.









Para proveer de una solución a estas cuestiones, en 27 municipios que están en una de las fronteras lingüísticas, se sigue no aplicando el principio de territorialidad. Asimismo, como en seis pueblos flamencos alrededor de Bruselas vivían muchos francófonos, por lo que, antes, la administración era bilingüe, se les dan las mismas facilidades lingüísticas. En muchos aspectos, los cambios ocurridos en 1963, no representan mucho, sino que entonces se establece de una vez por todas el status quo.



















La ley del 14 de julio de 1993 se creó para establecer un único Estado federal, basado en tres niveles:
1. Las tres regiones (que difieren de las comunidades lingüísticas con respecto a la Comunidad germanófona y la región de Bruselas):
la Región de Flandes, la Región de Valonia y la Región de Bruselas-Capital.
2. El gobierno federal, con sede en Bruselas.
3. Las tres comunidades lingüísticas: la Comunidad flamenca (es decir, de lengua neerlandesa), la Comunidad francesa (es decir, de lengua francesa), la Comunidad germanófona (es decir, de lengua alemana)


















El origen del conflicto que divide Bélgica desde hace años es el distrito de Bruselas-HalleVilvoorde que engloba a 19 municipios de Bruselas y 35 de la provincia flamenca de Brabante. En seis municipios con alta presencia de francófonos, éstos disfrutan de "facilidades administrativas" especiales que les permiten dirigirse a la justicia en su propia lengua y votar a partidos francófonos en Bruselas. ¿De qué se quejan los flamencos? Rechazan este trato especial.











Los flamencos que viven en Valonia no disfrutan de las mismas prerrogativas. Por eso, exigen dividir el distrito, lo que facilitaría la delimitación de sus fronteras en una hipotética independencia. La supuesta invasión del idioma galo está siempre presente en el discurso nacionalista.








La gran Holanda de 1830 se ha dividido políticamente de forma pacífica, pero desde 1944 han visto la necesidad de unificarse económicamente y lo han hecho, tras la II Guerra Mundial, en 1947 en el BENELUX.










A pesar de las dificultades actuales, me atrevo a pronosticar que los belgas se entenderán de forma pacífica.