Mostrando entradas con la etiqueta alta cultura y cultura popular. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alta cultura y cultura popular. Mostrar todas las entradas

25 may 2011

La civilización tecnológica

Como he dicho aquí y aquí la civilización, en cuanto excrecencia de la alta cultura, puede entenderse de varias formas. Hablaremos en esta ocasión de la civilización como el hardware de nuestra alta cultura o civilización en el otro sentido; es decir una referencia a lo material, al conocimiento técnico-científico, que nos dice que dos y dos son cuatro tanto en ascenso de la civilización como en decadencia, tanto para nosotros como para los islámicos o los chinos.



















Cuando Ben Laden, un fundamentalista islámico enemigo de Occidente pero educado en la London School of Economics, estaba exiliado en Sudán, se le ocurrió poner en marcha una fábrica de productos químicos, concretamente antibióticos aunque las malas lenguas dicen que era susceptible de convertirse en fábrica de armas químicas, pudo observar críticamente que los trabajadores de la fábrica tenían grandes dificultades para cumplir con su trabajo por las obligaciones a que su tipo tradicional de sociedad les imponía habitualmente.


















No hay que engañarse, pues esa sistemática, ese aparato científico-técnico a la primera civilización a la que sometió y movilizó, a base de contradicciones, es a la Occidental tradicional.








Algunas culturas han sido susceptibles de adaptar estos sistemas con éxito, como la japonesa, la china o la india, convirtiéndose en serias candidatas a sustituir a Occidente en la hegemonía.













En el concepto de civilización, quedan englobadas aquellas especiales características culturales, históricas, sociales y materiales que un determinado grupo de sociedades consigue mantener y transmitir a lo largo de su recorrido por la historia.













Consideramos la cultura como quehacer subjetivo de un hombre o grupo humano, y a la civilización como la plasmación en realidades objetivas de esa cultura en materiales tales como edificaciones, tecnología, instituciones políticas, laboratorios, fábricas, estructuras legales, etc.












Podemos decir entonces que existen civilizaciones superiores, en cuanto a que con sus elementos se han podido imponer a otras civilizaciones, o a pueblos que carecieron propiamente de elementos civilizatorios.















Esto no entraña forzosamente una superioridad cultural. De hecho, la situación actual, tal como se ve en lo cotidiano, habla más bien de una civilización cada vez más incapaz de resolver nuevos retos históricos, ante lo cual cada vez más hombres y mujeres se sumen en fórmulas irracionales.

21 ene 2010

Series de televisión, tebeos

Cierto tipo de eruditos suelen reírse de las series de televisión, de los programas de éxito pensando que, por pertenecer a la baja cultura, no son dignos de su excelsa clase; pero yo creo que, en todos los ámbitos de la vida, se puede alcanzar el nivel de la excelencia, partiendo de la base de que hay momentos para la alta cultura y momentos para los entretenimientos más sencillos. Se puede disfrutar comiendo en Arzak o comiendo unos huevos rotos en cualquier buena tasca.















Como no vamos a pasar todas las tardes de domingo viendo a Bergman y leyendo a Cioran, también podemos ver alguna de las series de calidad ofrecidas por la televisión o leer un buen cuaderno de comic.













Uno de los mas geniales guionistas de comic era René Goscinny, un inteligente y bondadoso pero acerado crítico de la sociedad europea contemporánea, su humor y su conocimiento de la buena escritura en francés nos hizo pasar muy buenos ratos con Astérix, Lucky Luke o el Pequeño Nicolás.












En cuanto a las series de televisión inteligentes, casi siempre extranjeras, quiero destacar hoy Expediente X, una simple serie de televisión, sólo que excelentemente urdida por un hombre genial, como suelen surgir en los medios artísticos norteamericanos, que es Chris Carter.







La cosa es que este gran aficionado al cine y a la televisión leyó, en una revista de una asociación de psiquiatras, el hecho preocupante de que la cuarta parte de los norteamericanos creía en lo posibilidad de ser abducidos por extraterrestres.















Lo pensó y lo hizo, realizó una serie con actores de gran nivel, aquilatando los gastos al éxito y buscando, desde el principio, convertirla en una serie de culto. En ella aparecía una trama de conspiraciones del gobierno federal, idea recurrente en la sociedad americana desde la guerra civil, unida a tramas de extraterrestres y otros hechos paranormales, de los que aparecen en los periódicos como serpientes de verano.







Junto a esto, en los episodios, se homenajea a películas clásicas de la ciencia ficción o de otros géneros, las preferidas del director, y se recrean, en estudio, escenarios originales con gran exactitud.














A todo ello hay que añadir el contrapunto entre los protagonistas Mulder y Scully, uno agnóstico que cree en todo lo paranormal y además conspiranóico, y ella católica que solo cree en el método científico, dando siempre la explicación alternativa. Junto a esto, la tensión sentimental entre los dos elegantemente velada y el gran dolor, por la pérdida de su hermana, del agente Mulder.






La verdad está ahí afuera.