1 jun. 2011

La civilización tecnológica

Como he dicho aquí y aquí la civilización, en cuanto excrecencia de la alta cultura, puede entenderse de varias formas. Hablaremos en esta ocasión de la civilización como el hardware de nuestra alta cultura o civilización en el otro sentido; es decir una referencia a lo material, al conocimiento técnico-científico, que nos dice que dos y dos son cuatro tanto en ascenso de la civilización como en decadencia, tanto para nosotros como para los islámicos o los chinos.



















Cuando Ben Laden, un fundamentalista islámico enemigo de Occidente pero educado en la London School of Economics, estaba exiliado en Sudán, se le ocurrió poner en marcha una fábrica de productos químicos, concretamente antibióticos aunque las malas lenguas dicen que era susceptible de convertirse en fábrica de armas químicas, pudo observar críticamente que los trabajadores de la fábrica tenían grandes dificultades para cumplir con su trabajo por las obligaciones a que su tipo tradicional de sociedad les imponía habitualmente.


















No hay que engañarse, pues esa sistemática, ese aparato científico-técnico a la primera civilización a la que sometió y movilizó, a base de contradicciones, es a la Occidental tradicional.








Algunas culturas han sido susceptibles de adaptar estos sistemas con éxito, como la japonesa, la china o la india, convirtiéndose en serias candidatas a sustituir a Occidente en la hegemonía.












En el concepto de civilización, quedan englobadas aquellas especiales características culturales, históricas, sociales y materiales que un determinado grupo de sociedades consigue mantener y transmitir a lo largo de su recorrido por la historia.













Consideramos la cultura como quehacer subjetivo de un hombre o grupo humano, y a la civilización como la plasmación en realidades objetivas de esa cultura en materiales tales como edificaciones, tecnología, instituciones políticas, laboratorios, fábricas, estructuras legales, etc.












Podemos decir entonces que existen civilizaciones superiores, en cuanto a que con sus elementos se han podido imponer a otras civilizaciones, o a pueblos que carecieron propiamente de elementos civilizatorios.















Esto no entraña forzosamente una superioridad cultural. De hecho, la situación actual, tal como se ve en lo cotidiano, habla más bien de una civilización cada vez más incapaz de resolver nuevos retos históricos, ante lo cual cada vez más hombres y mujeres se sumen en fórmulas irracionales.

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