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27 sept 2023

Neocolonialismo humanitario

Hemos comentado muchas veces el problema de la llegada masiva de inmigrantes ilegales que está agravando el cambio poblacional europeo en dirección a Eurabia.

La verdad es que las tasas de crecimiento demográfico en la Europa castiza son ínfimas y el sentido sería hacia el vaciamiento poblacional si no fuese por los llegados, legales o no, de otros lugares. No es la primera vez en la historia, incluyendo la prehistoria, ni será la última pero como me preocupa el legado que vamos a dejar a nuestros hijos, quiero analizar las soluciones, o las no soluciones, para preservar lo que considero logros de nuestra sociedad. 

 

 

Tenemos las libertades de religión y creencias, de opinión, de libertad personal, intimidad e inviolabilidad de domicilio, libertad de residencia y circulación, libertad de expresión y para no extenderme los derechos personales, políticos y del ciudadano, los derechos sociales y culturales como las tradiciones y la forma de vida. Todos los derechos humanos del artículo 10 de la CE y la igualdad entendida según el artículo 14. 

 

Todo esto no será posible si las comunidades culturalmente no asimilables se siguen encerrando en sus barrios y guetos. No es necesario recordar la opinión autorizada del monarca marroquí Hassan II.

Sólo veo dos soluciones, o nos convertimos en monstruos y sacrificamos nuestra democracia en una cruel expulsión para crear un infierno queriendo salvar el cielo, o exportamos todos estos derechos a los países de origen de los inmigrantes no asimilables; no hay otro método. 

 

 

Hemos sido capaces de forzar a ciertos países por intereses económicos vitales, o no, y tenemos que conseguir los derechos de las minorías en esos países. En el mundo islámico deben vivir en libertad cristianos, budistas y cualquier creencia incluso los ateos y agnósticos. 

La balanza debe equilibrarse; si aquí hay libertades y derechos para ellos, allí deben existir para nosotros y los que son como nosotros y viven allí. Ni que decir tiene que hemos de conseguir que tales derechos se respeten sobre todo aquí, en cualquier barrio, utilizando la fuerza que sea necesaria, con las leyes y actuaciones que sean necesarias.

No deben producirse desbordamientos como en Francia y Suecia.

 

 

Ya sé que a los másters del universo sólo les importa tener masas anómicas de consumidores y trabajadores, por eso va a ser necesario luchar y habrá que educar así a las jóvenes generaciones. 

Queremos tener un mundo mejor y lo conseguiremos.

30 sept 2010

Educación religiosa

Lo religioso es hoy, más que nunca, un problema complejo. A esa condición de problematicidad han contribuido poderosos y múltiples factores. Entre ellos, el progreso científico-técnico. Éste ha ido arrinconando progresivamente a la fe hasta ponerla al borde del K.O. técnico. Para mucha gente, la religión era un recurso fácil, un Deus-ex-machina al que se apelaba ante la menor dificultad: ¿sequía? Los dioses se enfadan luego es precisa una procesión en desagravio; ¿eclipse? Ira de la divinidad: cilicio y tormento, disciplina y autocensura.






























La ciencia que, pese a la hostilidad ambiental, recuérdese el caso de Galileo, ha ido explicando estos y otros muchos hechos sin necesidad de apelar a Dios, se ha instalado ahora en el lugar vacante de un Dios-tapa-agujeros superado, y ha ceñido la corona y el manto como una nueva diosa.


















La ciencia provee, el hombre se abandona a su providencia; la ciencia explica, el hombre asiente. Muchos de nuestros contemporáneos creen que la ciencia es infalible, exacta, indiscutible, obra, en una palabra, de dioses. A una fe superficial en un diosecillo tapafallos humanos le ha sustituido, en un auténtico golpe de estado a trono vacante, otra diosecilla mimosa y de cuando en cuando generosa.









Por lo demás, la ciencia y la técnica han producido un notable aumento del nivel de vida, pese a las injusticias sociales, y han contribuido a alejar de este mundo las antiguas preocupaciones por la salvación ultraterrena.




















Si antaño era considerado este mundo como un valle de lágrimas que había de ser recompensado en el más allá, hoy se promete transformar este mundo en un paraíso terrenal perdido, "el cielo en la tierra". El confort, la propaganda de masas ("massmedia"), la superficialización de la existencia, el trabajo extenuante y maratoniano, todo ello tiene muy ocupado al hombre, y la consecuencia es un cierto olvido de Dios, que otros han denominado "ateísmo práctico": lo religioso no interesa, no preocupa.








No se niega, se ignora a Dios, que no interesa, no es problema. Como consecuencia de esta confianza en la ciencia y de la trivialización en las relaciones humanas, resulta muchas veces difícil encontrar sentido a la existencia.



















Crece, por paradoja, el nivel de suicidios en determinados países desarrollados, el alcoholismo en el marco del subdesarrollo, etcétera. Y de este modo, no solamente no hay creyentes convictos (aunque los haya confesos), sino que tampoco hay ateos convictos, pese a su ostentosa profesión de ateísmo. La nuestra es la era de la trivialidad. Para algunos puede servir de consuelo el que otras épocas, aparentemente hipersensibles a lo religioso, como por ejemplo la Edad Media, fueran dominadas por todo tipo de supersticiones paganas, estando también ausente un sentido de lo religioso profundo. Más que de sentido religioso, se trataba de un simple rito, fruto de la costumbre, el temor, etcétera. Sin embargo, ese sería un consuelo de tontos: el mal de muchos.



















¿Y la instrucción religiosa para aquellos que la deseen o quieran que la reciban sus hijos? Es una opción privada de cada cual que el Estado no debe obstaculizar en modo alguno pero que tampoco está obligado a costear a los ciudadanos aunque el cheque escolar debería permitir a las familias recibir el enfoque educativo que desean, incluidas las actividades extraescolares en la enseñanza pública. La catequesis es libre en una democracia pluralista pero sin duda gana en libertad y diversidad cuando el ministerio público ni la financia ni la administra.








Los planes de estudio deberían incluir alguna asignatura que trate de la historia de las religiones, de símbolos y mitologías, con preferente atención si se quiere a la tradición greco-romana-cristiana que tan importante es para comprender la cultura a la que pertenecemos.



















No es de recibo que toda la tradición, el arte, la estructura física de nuestras ciudades se remita al cristianismo, así como nuestro sentido moral, lo que nos impele a pensar en el otro, sea consecuencia del humanismo cristiano, y nuestra juventud no lo sepa porque nuestras autoridades se lo ocultan como si quisieran facilitar el trabajo de una nueva moral laica que nos debilita y nos entrega a ensoñaciones totalitarias como el islamofascismo.