30 sept. 2010

Educación religiosa

Lo religioso es hoy, más que nunca, un problema complejo. A esa condición de problematicidad han contribuido poderosos y múltiples factores. Entre ellos, el progreso científico-técnico. Éste ha ido arrinconando progresivamente a la fe hasta ponerla al borde del K.O. técnico. Para mucha gente, la religión era un recurso fácil, un Deus-ex-machina al que se apelaba ante la menor dificultad: ¿sequía? Los dioses se enfadan luego es precisa una procesión en desagravio; ¿eclipse? Ira de la divinidad: cilicio y tormento, disciplina y autocensura.






























La ciencia que, pese a la hostilidad ambiental, recuérdese el caso de Galileo, ha ido explicando estos y otros muchos hechos sin necesidad de apelar a Dios, se ha instalado ahora en el lugar vacante de un Dios-tapa-agujeros superado, y ha ceñido la corona y el manto como una nueva diosa.


















La ciencia provee, el hombre se abandona a su providencia; la ciencia explica, el hombre asiente. Muchos de nuestros contemporáneos creen que la ciencia es infalible, exacta, indiscutible, obra, en una palabra, de dioses. A una fe superficial en un diosecillo tapafallos humanos le ha sustituido, en un auténtico golpe de estado a trono vacante, otra diosecilla mimosa y de cuando en cuando generosa.









Por lo demás, la ciencia y la técnica han producido un notable aumento del nivel de vida, pese a las injusticias sociales, y han contribuido a alejar de este mundo las antiguas preocupaciones por la salvación ultraterrena.




















Si antaño era considerado este mundo como un valle de lágrimas que había de ser recompensado en el más allá, hoy se promete transformar este mundo en un paraíso terrenal perdido, "el cielo en la tierra". El confort, la propaganda de masas ("massmedia"), la superficialización de la existencia, el trabajo extenuante y maratoniano, todo ello tiene muy ocupado al hombre, y la consecuencia es un cierto olvido de Dios, que otros han denominado "ateísmo práctico": lo religioso no interesa, no preocupa.








No se niega, se ignora a Dios, que no interesa, no es problema. Como consecuencia de esta confianza en la ciencia y de la trivialización en las relaciones humanas, resulta muchas veces difícil encontrar sentido a la existencia.



















Crece, por paradoja, el nivel de suicidios en determinados países desarrollados, el alcoholismo en el marco del subdesarrollo, etcétera. Y de este modo, no solamente no hay creyentes convictos (aunque los haya confesos), sino que tampoco hay ateos convictos, pese a su ostentosa profesión de ateísmo. La nuestra es la era de la trivialidad. Para algunos puede servir de consuelo el que otras épocas, aparentemente hipersensibles a lo religioso, como por ejemplo la Edad Media, fueran dominadas por todo tipo de supersticiones paganas, estando también ausente un sentido de lo religioso profundo. Más que de sentido religioso, se trataba de un simple rito, fruto de la costumbre, el temor, etcétera. Sin embargo, ese sería un consuelo de tontos: el mal de muchos.



















¿Y la instrucción religiosa para aquellos que la deseen o quieran que la reciban sus hijos? Es una opción privada de cada cual que el Estado no debe obstaculizar en modo alguno pero que tampoco está obligado a costear a los ciudadanos aunque el cheque escolar debería permitir a las familias recibir el enfoque educativo que desean, incluidas las actividades extraescolares en la enseñanza pública. La catequesis es libre en una democracia pluralista pero sin duda gana en libertad y diversidad cuando el ministerio público ni la financia ni la administra.








Los planes de estudio deberían incluir alguna asignatura que trate de la historia de las religiones, de símbolos y mitologías, con preferente atención si se quiere a la tradición greco-romana-cristiana que tan importante es para comprender la cultura a la que pertenecemos.



















No es de recibo que toda la tradición, el arte, la estructura física de nuestras ciudades se remita al cristianismo, así como nuestro sentido moral, lo que nos impele a pensar en el otro, sea consecuencia del humanismo cristiano, y nuestra juventud no lo sepa porque nuestras autoridades se lo ocultan como si quisieran facilitar el trabajo de una nueva moral laica que nos debilita y nos entrega a ensoñaciones totalitarias como el islamofascismo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La primera parte no tiene pies ni cabeza... No se que opinarán los pamplonicas...
Respecto a la parte aperturista del final, te veo muy "suelto", no sabía yo que te interesara tanto el conocimiento de las demás religiones como tal. POdemos hacer un CCC de esos y con la matricula regalar un burka.

interbar dijo...

Hay que ver con los efectos del Sirhga.