Mostrando entradas con la etiqueta construcción nacional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta construcción nacional. Mostrar todas las entradas

6 dic 2013

La Constitución y la nación española

Hoy se cumplen 35 años de la Constitución de 1978, último intento, hasta hoy, de dotarnos de un régimen adecuado para nuestra gobernanza. No hablaré de los defectos de esa Constitución ni de los retos de España y los cambios que sería necesario acometer sino de la evolución histórica de la nación hasta ahora.






Nuestro país aparece en la historia como un poder político unido, modernamente, en el siglo XV siendo que desde entonces a permanecido unido aun perdiendo algún territorio. El Estado así surgido no era un Estado moderno pero algunas instituciones embrionarias ya llevaban a eso que se formará a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII a la vez que un gran Imperio y una gran cultura. La existencia de una clase social nacionalista burguesa a finales del XVIII da lugar a las primeras manifestaciones de nacionalismo moderno pues el españolismo ya había producido literatura mucho antes. 














Tras la puesta de largo de la nación en la francesada de 1808 a 1814, se han producido varios intentos de constitucionalizar la nación en 1812, 1834, 1837, 1845, 1869, 1876, 1931, Leyes Fundamentales del franquismo 1938-1967 y 1978. En todas ellas se reconoce la soberanía del pueblo español, primero junto al monarca y luego solo. En el año 2004 comienza a hablarse de una posible reforma de la Constitución que debería haber sido, según sus impulsores, el colofón de la segunda oleada de Estatutos de autonomía; las fases de esta reforma serían: cambiar el orden de sucesión a la corona haciéndolo compatible con la igualdad de sexos, convertir al Senado en cámara territorial al estilo alemán y nombrar a todas las Comunidades Autónomas constituidas. 
















No pudo ser ya que la crisis, en sus diversas variantes, se la llevó por delante, apareciendo conceptos voluntaristas y nominalistas como el federalismo; las autonomías tienen más competencias que un Estado federal. Como homenaje a esta Constitución vigente desde el 29 de diciembre de 1978 hasta hoy, citaré el preámbulo, donde se exponen los objetivos que pretende la acción del Estado y el ordenamiento jurídico encabezado por la Constitución,  y los artículos 1ª y 2ª









Constitución Española

PREÁMBULO

La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de:

Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo.

Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular.

Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones.

Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida.

Establecer una sociedad democrática avanzada, y colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra. En consecuencia, las Cortes aprueban y el pueblo español ratifica la siguiente Constitución.







Artículo 1



1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.



2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

3. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.

Artículo 2

La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.

14 may 2011

La Guerra de Independencia

Dentro del largo devenir de la nación histórica española, menos largo que el discurrir de la historia en nuestro solar, destaca la Guerra de la Independencia por ser el primer grito popular de la nación política española. El problema es que precisamente entonces el Imperio en el que participaba España estaba feneciendo y el mundo entraba claramente en otra fase histórica.



















Lo cierto es que la última fase del Imperio, la que fue gobernada por los primeros borbones, ya dio en alumbrar una clase social consciente de la nación y que pensadores no pertenecientes a la nobleza como Mayans o el coronel Cadalso teorizaban sobre la "Nación" española.








En aquel tiempo, uno de los hombres de Estado más importantes de nuestra Historia, el Conde de Aranda, había intentado poner en práctica una solución que permitiera sobrevivir a nuestra comunidad de naciones hispánicas de la inevitable decadencia e impotencia para mantener la colaboración. No lo consiguió, y el hundimiento del Imperio creo una conjunto caótico de estadillos independientes enfrentados entre ellos y no una Commonwealth.






















La guerra comienza el 2 de Mayo de 1808 con la rebelión del pueblo madrileño contra el ejército francés cuando los soldados pretendían llevarse a la fuerza, del palacio real, al infante Francisco de Paula (hijo de Carlos IV) con destino a Bayona.








La dureza de la represión francesa, dirigida por el Mariscal Murat que manda fusilar a todos los que han participado o se muestran contrarios a su ejército, junto con las noticias del heroísmo de militares (capitanes Daoiz y Velarde) y pueblo de Madrid van a difundirse en los días siguientes y el levantamiento pronto se generaliza. La rebelión se extiende por las dos Castillas, Extremadura, Andalucía y otros puntos del territorio nacional.



















Pequeños núcleos del ejército regular, el estacionado en España pues había parte luchando bajo las órdenes de Napoleón, junto con las milicias guerrilleras, en algunos casos auténticos ejércitos populares, consiguieron mantener en jaque al mejor ejército de Europa entonces: el ejército francés.



















La guerra fue el primer grito estentóreo de la nación política española, ya nacida pero callada en el seno del Antiguo Régimen. Con los reyes exiliados, el ejército desorganizado cuando no luchando para Napoleón y la nobleza desorientada, fue el pueblo dirigido ideológicamente por los clérigos de aldea, seculares y regulares, y por una minoría de ilustrados nacionalistas liberales, el que se organizó en milicia popular.

































Hombres como Espoz y Mina, Javier Mina, Santos Ladrón de Guevara, el Barón de Eroles, Jáuregui, Oráa, Zumalacárregui, Milans del Boch, Cabrera, el Cura Merino, Juan Martín el Empecinado e innumerables exbandidos reconvertidos en guerrilleros (el bandidaje era muchas veces hijo de la injusticia y el hambre) crearon auténticos ejércitos.

































El Duque de Wellington despreciaba su acción, probablemente por prejuicios de clase, pero Napoleón, hijo del pueblo y de un pueblo ultracatólico y religioso como el corso, reconoció en su encierro de Santa Elena que la guerrilla española lo había derrotado en Rusia por impedirle trasladar tropas a ese lugar.































Napoleón surge de la revolución y él mismo no era creyente, pero además de militar era político, por eso insistió en devolver a Francia al calendario tradicional, las iglesias al clero católico y él como emperador quiso ser ungido por el Papa. Quizá sus soldados en España no lo entendieron tan bien.

15 nov 2010

Cataluña II

Me produce repelús lo que está dando de sí la campaña política en Cataluña; recuerdo la primera impresión que me produjo la ciudad de Barcelona allá por el año 1977 en el que fui por primera vez para ver una carrera de motos, las 24 horas de Montjuic, aquello parecía Marte o Hollywood; era Europa y yo venía de España.

















Después han tenido lugar muchos viajes a Cataluña por distintas razones, incluso actualmente trabajo muy próximo a la Franja de Ponent, y la impresión que ahora me produce es la de llegar a un sitio limitado y cerrado. Cataluña sigue siendo un emporio industrial pero ahora está dirigida por un puñado de provincianos aprovechados, obstinados en robar la cartera a los catalanes promocionando el victimismo y usando los medios que deben utilizarse en el desarrollo del mundo empresarial y en los servicios en absurdas políticas de construcción nacional.

















Ahora mismo en Cataluña se da la mayor tasa de abstención electoral de toda España, el pensamiento único y los silencios informativos son asfixiantes. Estamos viendo una campaña electoral plagada de groseras apelaciones al sexo, de muy bajo nivel, de baja estofa y sin ningún fair play hacia el adversario.
















Cataluña es mucho más que ese puñado de advenedizos; es los que han sido y los que vendrán; cuando nació el catalanismo había muchos catalanes que amaban a Cataluña como una región de España y no eran catalanistas, es decir no creían que Cataluña debiera desempeñar una misión histórica diferente; tampoco todos los catalanes son nacionalistas, y muchos piensan que el nacionalismo es una desgracia para Cataluña; muchos catalanes no han votado al tripartito ni a CIU y es legítimo ser buen catalán y pensar que una Ley Orgánica como el Estatut es mala para España, mala para Cataluña y anticonstitucional. Tachar esta opinión legítima como anticatalanismo tiene un nombre y éste es fascismo.