8 oct. 2011

11 de septiembre











Cada vez que llegamos al 11 de septiembre reaparece el recuerdo del brutal atentado que destruyó las torres gemelas de Nueva York en 2001, y una de las preguntas recurrentes es siempre: ¿qué hacías tú en ese momento?





















Pues bien, yo había ido a Zaragoza por razones de trabajo y, concluida la jornada, en ese momento estaba comiendo y pensando en regresar. Recuerdo que los demás comensales, se trataba de un pequeño restaurante en las proximidades del edificio Pignatelli, se levantaron corriendo para ir al bar anexo donde había televisión.









Yo hice lo mismo y me quedé clavado viendo las imágenes, pensé que era una película y luego que había comenzado la III Guerra Mundial.























En realidad, lo que había comenzado es la tercera fase del fenómeno terrorista; a saber: tras el terrorismo individual del siglo XIX y el terrorismo organizado con grupos de apoyo al terrorista que se siente soldado en una guerra revolucionaria al actual terrorismo de destrucción masiva.









La posibilidad de un terrorismo con armas de destrucción masiva era ya antigua. Fue un estudiante de Física en Harvard quien demostró en 1977 que era posible fabricar una bomba atómica de bolsillo en el laboratorio de los alumnos, simplemente a falta de material nuclear. Las autoridades académicas transmitieron la información a la Administración Norteamericana quien ordenó un estudio a la Rand Corporation; las conclusiones del estudio eran demoledoras pero no se hizo nada ya que prevaleció el principio administrativo que dice: nada existe si no ha pasado.
























La caída del muro, y el fin de la URSS, supuso el extravío de material nuclear táctico hasta que las autoridades retomaron el control, una parte de ese material ha podido ir a parar a manos de regímenes gamberros o a organizaciones terroristas. De esta manera, la posibilidad de atentados masivos crece de forma exponencial.









En el mundo islámico no existe el Islam moderado, no hay aggiornamiento, y la sociedad se divide en creyentes o no creyentes. Claro que la inmensa mayoría de la población no es capaz, como en todas partes, de matar una mosca, pero hay terroristas que creen a pie juntillas en la guerra a muerte de índole religiosa; ante un atentado con armas de destrucción masiva consideran que los muertos inocentes en realidad reciben un premio al ser llamados por Dios.










Tenemos las armas, los terroristas y las razones junto con la justificación moral; así pues, es cuestión de tiempo.

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