8 oct. 2011

Don Quijote

A veces, una cultura, un país, una literatura sobrepasan sus fronteras y dan a luz un personaje o varios que son arquetípicos; esto es lo que ha sucedido con El Quijote. En realidad, si os fijáis en lo que digo, no he hablado de autores que superan a una cultura sino de personajes.



















Cervantes es español y muy español, en el resto de su obra podemos observar su excelencia como escritor e incluso su lugar en el nacimiento de la novela moderna; podemos observar la creación de personajes que llenan las páginas de las novelas ejemplares y de otras obras, pero en ningún caso son arquetipos, son representaciones ya aparecidas en los trabajos de otros, en otras literaturas.


















En realidad, Don Quijote y Sancho sobrepasan a su propio autor y a su propia cultura, y se convierten por sí mismos en patrimonio de la humanidad, es por eso que reaparecen recurrentemente en autores de otras lenguas y que la novela es la obra más traducida después de la Biblia.






























Pero no nos creamos que esto sale gratis; creo que, a cambio, las obras de su autor y la literatura en español quedaron marcadas a fuego por esta obra. En El Quijote se da tal palo a las obras de literatura fantástica, es tan maravillosamente realista que la grandeza y genialidad de la propia obra alejó para siempre, o al menos dificultó, a cuantos literatos hubieran pensado seguir el camino del idealismo.



















El resultado es que el pueblo español, el castellano fundamentalmente, es realista y práctico; un poco a la manera en la que los romanos lo eran en comparación con los griegos, de forma que quizá tengan razón quienes sitúan la inspiración de Cervantes en la figura de Ignacio de Loyola.

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