Mostrando entradas con la etiqueta Constitución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Constitución. Mostrar todas las entradas

2 ene 2019

La reforma de la Constitución II

Leyendo un periódico, antes de Navidad, me encontré con el enésimo artículo sobre la necesidad de reformar la Constitución, no en algún punto concreto sino en parte fundamental, para orientar la solución de la crisis territorial. En esta ocasión el autor del artículo, un politólogo en El País, especulaba con que si se pudo llegar al consenso constitucional durante la transición, en condiciones más difíciles, ahora sería mucho más fácil.




Creo, sin embargo, que la apariencia esconde una realidad más complicada. 
En aquel tiempo, las fuerzas políticas de oposición se veían empujadas al acuerdo por dos vías: una de palo y la otra de zanahoria. Llegar a un acuerdo significaba ocupar plaza en la mesa del reparto; negarse, dar pábulo al Búnker para continuidad del Régimen sin hora de finalización.
El pueblo español, entonces joven y esperanzado, empujaba en el sentido del cambio y la situación internacional, con los bloques enfrentados pero apaciguados, también favorecía ese cambio. En esas circunstancias, incluso saliendo de la dictadura, no fue muy difícil que hasta el Partido Comunista y la mayor parte del Régimen pasaran por el aro. No todo iba a cambiar pero lo que cambiaba lo hacía de verdad y abría una ruta de cambio continuo hasta hoy.





La situación en este momento es muy distinta; las fuerzas políticas están ya en la mesa, no hay búnker ni ejército que les asuste, la situación internacional nada tiene que ver tras el fin del comunismo; es más, se da el caso de fuerzas bolivarianas dispuestas a una revolución. El pueblo español ya no es joven ni ingenuo, ni tiene mayor ilusión. 
De hecho, todos hablan de cambios en la Constitución para movilizar al electorado pero cada uno en un sentido diferente. 
La posibilidad de consensos no existe y por lo tanto habrá que procurar seguir las enseñanzas de San Ignacio: "en tiempo de crisis, no hacer mudanza".



18 sept 2013

El fundamentalismo democrático

A propósito de la cadena humana que pretende forzar el reconocimiento del "Derecho de Autodeterminación" para Cataluña, tuve una conversación con un amigo catalán sobre el particular. La pretensión de querer decidir la historia, la razón y lo razonable a golpe de plebiscito es un imposible.  No existe un ente metafísico inseparable que sean los Países Catalanes y, sin embargo, se pueda dividir España.







La Democracia es un sistema para conocer el sentido de la opinión pública, una forma de conseguir la participación popular, pero no hace la "historia" porque ésta no es reversible. La Democracia hace o sirve a las cosas reversibles, ningún Estado o poder permitirá que unos rebeldes se queden con una parte del territorio nacional. En una escena de la reciente película "Lincoln", sobre la guerra civil, en la nación que es la primera democracia que hay en el mundo,  el general Grant espeta a los confederados: "aquí no hay dos naciones, aquí hay una nación y unos rebeldes". 









Durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler consiguió desestabilizar Europa entera por el expediente de obligar a realizar plebiscitos allí donde hubiera una minoría de etnia más o menos alemana; al final, consiguió lo que quería. El derecho del Estado a su unidad nacional se compadece perfectamente con el Derecho de Autodeterminación para las colonias y los territorios ocupados y explotados. 








En los últimos trescientos años, y mucho antes, los catalanes han participados en todas las empresas de España, incluso combatiendo a potencias ocupantes (Gerona, El Bruch), han dado a España presidentes del Gobierno (Prim, Figueras, Pi y Margall) y han mantenido un mercado cautivo español e hispano americano (Cuba, Filipinas). Cataluña, tan poblada porque hay gentes de otras procedencias, no entra en los cánones del Derecho de Autodeterminación. Todo esto sin contar una ley y una constitución aprobada por los catalanes y por el partido de Mas (CiU).








Durante la etapa democrática, CiU ha apoyado sistemáticamente la investidura de gobiernos españoles, la Constitución, Estatutos y presupuestos. Ha aprobado sistemas de financiación autonómica y ha participado en la ejecución de políticas nacionales. ¿Por qué un político que sólo hace unos meses hablaba de la independencia como algo antiguo está en esta tesitura?¿Por qué ese cambio radical en las encuestas?¿A qué se debe el silencio de los empresarios que no se ha producido en el País Vasco con lo que caía (caso Korta)?¿Es la negativa a encarar la crisis, a responsabilizarse del esfuerzo?¿Hay alguien detrás de esto (la Francia de Valls, la Inglaterra de Cameron)? No lo sé, pero si sé que España debe reaccionar con un plan serio de modificación de las estructuras del Estado, potenciar la corresponsabilidad fiscal, modificar nuestras relaciones con la UE, y el euro, y encarar una educación contra el nacionalismo separatista regional. 









Hasta que no nos lo tomemos en serio, la rauxa dominará nuestras relaciones con Cataluña. Si por cualquier causa se produjese la independencia de Cataluña, contra la razón, la historia, la demografía y el sentido común, la locura se apoderará de España y se producirán peticiones de autodeterminación en cascada del País Vasco, Galicia, Andalucía, Valencia y Baleares. Hemos de impedirlo por patriotismo sí pero sobre todo por que es razonable y en defensa propia.

5 nov 2010

La función pública

A propósito de la polémica que le ha tocado protagonizar al flamante empresario de Mango, quién nunca dijo que los funcionarios debiéramos cobrar como encofradores en épocas de bonanza en la construcción, en la que abogaba por suprimir la permanencia de los funcionarios en su puesto de trabajo, es necesario hacer estas puntualizaciones.







Los primeros atisbos de la existencia de algo parecido a la función pública, tal y como ahora la entendemos, surgen en el siglo XVIII cuando algunas materias a tratar por el público no lo iban a ser con el Rey, el valido, ni con nadie del Consejo de la corona, no se iba a ir a casa de esas autoridades, ni a tratar con su servidumbre sino que en el propio palacio real se crearon unas puertas alrededor, que no daban entrada a palacio sino a unas oficinas que estaban ocupadas por los primeros funcionarios, abiertas al público; claro, al público que tenía ciertos intereses. De esa forma nacieron las covachuelas y a esos primeros funcionarios los llamaban covachuelistas.



















Tras la guerra de la independencia, se produjo un crecimiento espectacular de las estructuras administrativas del Estado español, ya constituido como estado nación tras la Constitución de 1812 ("La Nación española se constituye en la reunión de los españoles de ambos hemisferios"). En 1834 se crearán las provincias que desarrollarán la Administración Periférica, sustituyendo a los antiguos reinos de la corona, de tal forma como en Francia se crearon los departamentos. Sin embargo, ante la alternancia en el poder de diversos grupos y partidos, se producía un fenómeno que debilitaba la acción administrativa retrasando acciones necesarias, muchas veces sine die, me refiero al fenómeno de las cesantías.



















Por eso la Administración española se organizó con funcionarios permanentes, independientes e inamovibles para garantizar a los administrados que no serían juguetes de los partidos, las facciones y los intereses corruptos.















¿Os imagináis que haría esta gente si pudieran disponer de todos los niveles administrativos a su antojo?







Art. 103 de la CE

1. La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la Ley y al Derecho.
2. Los órganos de la Administración del Estado son creados, regidos y coordinados de acuerdo con la Ley.
3. La Ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, las peculiaridades del ejercicio de su derecho a sindicación, el sistema de incompatibilidades y las garantías para la imparcialidad en el ejercicio de sus funciones.

20 jun 2010

La televisión en España

La Constitución española, piedra angular de nuestro ordenamiento jurídico, establece en su artículo 20 que:



1. "Se reconocen y protegen los derechos: a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. 4. Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollan y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.












5. Sólo podrá ordenarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial.












Desde el comienzo del régimen político actual, este precepto se ha cumplido excepto en lo que corresponde a los medios audiovisuales. La excusa que se nos daba correspondía al hecho de la limitación del espacio radioeléctrico; así se cercenaba un derecho fundamental, sobre todo sabiendo que la mayoría de la población sólo ve la tele, para evitar que  pudiera resultar peligroso para el partido en el poder o para el establishment.











De esta forma, los poderes públicos estatales, autonómicos o locales otorgaban las licencias en función de su afinidad política o clientelar, abriendo solo un poco la mano a la iniciativa privada. Se dieron licencias de televisión para tres canales más, nacionales, dos en abierto y uno de pago.






Cada autonomía se sacó de la manga una o dos cadenas y el mundo local se llenó de cadenas municipales y algunas de iniciativa privada. Con las radios hubo un poco más de pluralidad pero más o menos fue lo mismo, incluso la televisión por vía satélite en analógico, que tanto juego dio en Estados Unidos, aquí no pasó de unas cuantas cadenas extranjeras o públicas.











La digitalización y la globalización han destrozado la excusa. A través de internet, plataformas de satélite o cable hay espacio para todos, pero ¿creéis que el Estado ha renunciado a la censura? No por cierto, la nueva excusa es que demasiadas cadenas hundirían el mercado publicitario, y se quedan tan anchos.







Además el poder político persigue a los disidentes, no utilizando los tribunales sino con medios a veces indirectos y con presiones económicas y políticas. De esta manera, en España se da una autentica dictadura informativa, y no te menees, que mira lo que le pasó a la COPE y ya le empieza a pasar a Intereconomía. Ya se puede pensar que Chávez está a la vuelta de la esquina.

25 jun 2006

Constitución










Es necesario entrar en un periodo constituyente. A lo largo de la historia de nuestra democracia, se han producido diversos cambios de gobierno y de partido en el gobierno, cada nuevo líder hablaba de la posibilidad de una segunda transición que terminara de desarrollar el Estado de las autonomías, regenerara moralmente el sistema y pusiera coto a la crisis nacional.








Sin embargo, tanto con UCD como con el PSOE de González o con el PP de Aznar, no se puso en tela de juicio la transición. No ha sido así en la etapa de Rodríguez Zapatero; el intento de González de asentar un PRI en el gobierno estaba motivado por la ambición del PSOE pero también por la necesidad de consolidar la transición y desarrollar las autonomías; sin embargo, Rodríguez busca una conexión con la II República que le permita superarla, destruir la actual idea de España, aislar a la "derecha" en un ghetto del Tinell, con cordón sanitario, y marchar a la alianza con ETA, como se ha producido la alianza con el separatismo catalán en el tripartit.







Como dice John Rawls: debe haber, en democracia, un suelo compartido por los partidos, aunque estos defiendan intereses de clases o grupos distintos, deben entender que todos son necesarios y que los intereses de los otros son legítimos.








El intento de aislar a la oposición, capitalizar constantemente el poder, romper la Constitución con estatutos ilegales y no pactar las bases de gobierno lleva a la necesidad de la reforma de la que hablaba. Se va a abrir la caja de Pandora.